La MILF esposa de mi jefe

Por obvias razones no podré usar mi nombre real y tampoco el de ella. Yo soy Gabriel, 44 años, casado, mido 1.77, complexión normal, mexicano de rasgos árabes. No diría que soy guapo, pero tampoco feo.

Ella, a la que llamaremos Linda, tiene unos 50 años, un tono de piel moreno bronceado (color que me encanta). Es del centro del país, también casada, delgada, se cuida mucho, pelo negro, muy inteligente.

Tal vez nuestros matrimonios no pasan por el mejor momento sexual, pero seguimos casados cumpliendo con nuestras parejas. En varias ocasiones habíamos coincidido en reuniones tanto de trabajo como de fiesta.

Yo disimuladamente siempre he estado al pendiente de su tan estilizado cuerpo. Aún cuando al día de hoy ella jura que jamás se había dado cuenta de mis miradas que la terminaban desnudando en mi mente.

La gota que derramó el vaso fue un evento donde ella apareció espectacular con un vestido multicolor pegadísimo a su figura tan espectacular. A contra luz me volaba la cabeza tratando de adivinar si traía una tanga o un hilo tan delgado, ya que definitivamente no llevaba bra.

Confieso que ese día muy probablemente terminé haciéndome tanto daño pensando en ella. Los días pasaron hasta que una noche noté que ella había abierto su cuenta en Telegram.

A lo que procedí, con todo el temor del mundo, a saludarla. Siempre hemos tenido una buena relación tanto de trabajo como de amistad. Entre esas pláticas fueron saliendo comentarios de mi parte hacia ella que denotaban mi interés.

Gran sorpresa la mía al denotar similitud en sus comentarios. Los días pasaron y nuestras pláticas fueron subiendo de tono. Fuimos intercambiando fotos.

Esas fotos también empezaron a subir de tono hasta convertirse en fotos de lencería y bóxer. De ahí pasamos a un poco más explícitas.

Pero todo comenzó momentos previos a una comida en la oficina. Durante una junta previa empezamos a tener roces al parecer involuntarios, mismos que se volvieron abiertamente voluntarios. Eso fue muy excitante.

Yo ya tenía una erección y ella ya estaba muy húmeda (situación que pude comprobar más adelante). Al momento de la comida empezó a poner su mano sobre mi pierna sin que nadie se diera cuenta.

Sin remordimiento alguno se aferraba a mi paquete, con toda la mesa llena de compañeros. De igual manera logré tocar su entrepierna por debajo de la mesa, lo cual me ponía más caliente de lo normal.

Durante la comida nos vimos en la necesidad de ir por refrescos al OXXO más cercano. Momento que ella aprovechó para tomar la batuta de la situación y pedirme que la llevara por ellos.

Más tardamos en subirnos a mi auto cuando su mano ya estaba en mi paquete y la mía haciendo a un lado su tanga (ya que llevaba vestido) para sentir su humedad. Así llegamos al lugar de las compras y los besos no se hicieron esperar.

Volvimos a la oficina de la misma manera. Obviamente yo no me podía bajar del vehículo hasta que la erección se me calmara.

Todo esto fue aumentando de intensidad, pero eso ya se los contaré en próximos relatos.

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seryuca19
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