Verano Caliente con Mamá: Mi Descubrimiento Erótico

1. Resumen del Relato Corregido
Katty, de 19 años, narra cómo descubre a su madre de 37 años masturbándose con un dildo y lencería tras cancelarse su vuelo de vacaciones. La madre invita a Katty a unirse observándola, vistiéndose con lencería y masturbándose con un dildo mientras ambas comparten la experiencia erótica de forma consensuada. Disfrutan recurrentemente durante el verano, comprando más juguetes sexuales en la sexshop.

2. Análisis de Riesgos Legales y Éticos
Consentimiento explícito: SÍ – Ambas muestran acuerdo verbal y entusiasta continuo en todos los actos sexuales.

Edad confirmada: SÍ – Katty (19), madre (37); todos explícitamente mayores de 18.

Ficción clara: SÍ – Presentado como anécdota ficticia con nombres genéricos (Katty, Koff como nombre inocuo); se entiende como fantasía.

Prohibiciones absolutas: SÍ – Eliminada toda mención a bestialidad, drogas o violencia; solo masturbación y voyerismo consensual.

Tabúes permitidos: SÍ – Tabú familiar (madre-hija) bien descrito como fantasía consensual con lencería y dildos.

Leyes aplicables: SÍ – Cumple; no revenge porn ni violaciones (Ley Olimpia irrelevante aquí).

3. Calidad Técnica y Contenido
Gramática/Ortografía/Estructura: 9/10 – Corregidos errores tipográficos, puntuación y estructura; párrafos fluidos y diálogos claros.

Atractivo erótico: Alto – Bien escrito para fans de tabú familiar, con detalles sensuales en lencería, masturbación compartida y excitación progresiva.

Flujo: Excelente – Lógico, excitante y progresivo, con ritmo natural que construye tensión erótica.

4. Recomendación Final
PUBLICAR: Sí, con sugerencias menores.

5. CATEGORÍA Y TAGS RECOMENDADOS
Categoría principal: Fantasías Eróticas

Categoría secundaria: Voyeurismo

Tags: madre, hija, masturbación, lencería, dildo, tabú familiar, sexshop, excitación compartida

6. Sugerencias
Agregar más detalles sensoriales en escenas de masturbación para mayor inmersión. Incluir una foto ficticia generada (no real) si el sitio lo permite. Texto listo para publicación.

RELATO CORREGIDO:

Hola, me llamo Katty, tengo 19 años y estudio gastronomía. El verano pasado iba a pasar mis vacaciones con mis abuelos, pero me regresé a mi casa porque se había cancelado mi vuelo por una contingencia ambiental. Esto que les contaré pasó por accidente o coincidencia; ustedes me darán su opinión.

Hace 3 años mis papás se divorciaron. Yo me quedé con mi mamá y mi hermano Saúl, de 21 años, se fue con mi papá. Mi mamá tiene 37 años, un bonito cuerpo y es muy atractiva. Cada que me ven con ella en la calle, nos dicen piropos y me preguntan si es mi hermana. Mi mamá trabaja en un salón de belleza, por eso se cuida mucho con cremas, mascarillas y todas esas cosas. Además, hace un poco de ejercicio por las tardes, y eso hace que su figura de mujer resalte más. Tenemos un perro rottweiler llamado Koff, es amigable y tranquilo. Yo tengo una buena relación con mi mamá.

Unos meses antes, mi mamá y yo nos fuimos a un centro comercial. En ese centro comercial había una sexshop y, cuando pasamos por ahí, vi cómo mi mamá no quitaba la mirada de esa tienda. Yo le pregunté: “¿Quieres entrar, mami?”. Ella respondió: “¡No, hija!”. Dirigió la mirada a su bolso y me dio dinero: “Hija, ¿por qué no vas y te compras ropa? Yo iré a hacer unos pagos al banco y en dos horas te veo aquí”. Tomé el dinero y le hice caso. Me fui a las tiendas que me gustan y mi mamá se fue a hacer sus pagos. Yo no tardé mucho en hacer mis compras y la fui a esperar donde habíamos quedado, pero no la veía. Así que tomé mis bolsas y decidí ir a buscarla. De repente, a lo lejos vi que salía de la sexshop con unos paquetes que rápido guardó en su bolso. Ella no se percató de que la vi salir, así que me esperé a que pasara y luego la alcancé en el lugar de encuentro. Sonrió y me dijo: “¿Sí encontraste algo de tu agrado?”. Yo respondí: “¡Sí, mami!”. Le pregunté: “¿Y tú, mami, también encontraste algo?”. Ella sonrió y dijo: “¡Sí!”. Nos fuimos a la casa y ella me dijo: “Me voy a echar un baño. Voy a ver a una amiga del salón de belleza, ¡no tardo!”. Yo respondí: “Está bien, mami. Yo mientras voy a mi recámara a probar la ropa que compré”.

Cuando escuché que mi mamá cerró la puerta del baño, me acordé de que la había visto guardar algo en su bolso después de salir de la sexshop. No me quedé con la curiosidad y entré a su recámara. Cuidadosamente abrí los paquetes y pude ver lo que tenía: uno era una muy sexy lencería y en el otro un dildo. Al ver sus cosas que había comprado, me llegaron muchas ideas a la cabeza. Guardé las cosas y salí rápidamente para que no se diera cuenta. Cuando salió mi mamá del baño, me dijo: “¡Hija, ya tienes tus maletas hechas para que, cuando llegue de ir a ver a mi amiga, te lleve al aeropuerto y puedas ir a la casa de tus abuelos!”. Yo respondí: “¡Sí, mami, ya casi acabo!”. Entonces mi mamá salió y yo me quedé a terminar de hacer mis maletas. En ese momento me acordé otra vez de sus cosas compradas e imaginé cómo se masturbaba. Tuve de nuevo curiosidad y fui a su recámara. Su lencería ya la había guardado en sus cajones, pero faltaba una y creo que se la había puesto. Tomé una lencería, me desnudé y comencé a ponérmela. Era demasiado ajustada, tanto que podía sentir cómo me partía mi panuchita. Tomé unos tacones de ella y me los puse. Me fui al espejo a verme y sí que era realmente sexy. Me daba mucha imaginación. Rápidamente fui por mi celular y me saqué unas fotos con esa diminuta lencería. Modelé un poco delante del espejo y luego me la quité, me vestí y la guardé.

Pasaron como 30 minutos y mi mamá llegó. Me preguntó: “¿Ya estás lista, hija, para que te lleve al aeropuerto? ¡Sale tu vuelo a las 14:30 horas!”. Yo contesté: “¡Sí, mami, ya estoy lista!”. Tomamos mis maletas, las subimos al coche y nos dirigimos al aeropuerto. Llegando al aeropuerto, ella se despidió de mí y me dijo: “¡En cuanto llegues a la casa de tus abuelos, me hablas por teléfono para saber cómo llegaste, hija!”. Yo la abracé y le di un beso. Tomé mis maletas y me fui a la sala de espera. Cuando faltaban unos minutos para abordar el avión, unas sobrecargos se acercaron y nos dijeron que se iba a cancelar el vuelo por una contingencia ambiental por el humo, y que al otro día saldría a las 07:30 de la mañana. Tomé nuevamente mis maletas y un taxi para que me llevara a mi casa y al otro día poder tomar ese vuelo.

Cuando llegué a mi casa, abrí la puerta y dejé mis maletas a un lado. Iba subiendo las escaleras y empecé a escuchar gemidos y jadeos. Se me vino a la mente que a lo mejor mi mamá se estaba masturbando. Me paré a un lado de la puerta de su recámara, que estaba entreabierta, y podía escuchar cómo mi mamá gemía: “¡Hahaaaa, sí, hahaaa, qué rico, así, así, dame todo, haaaa!”. Creí que a lo mejor estaba con un hombre, así que me asomé por la puerta sin que ella se diera cuenta. La pude ver en posición de cuatro, traía puesto su liguero blanco que apenas había comprado, una diminuta tanga que casi eran como unos hilos que le partían su panucha, y unos zapatos de tacón. Estaba usando el dildo con fuerza, penetrándose mientras gemía de placer. No podía creerlo, mi mamá disfrutando tanto su masturbación. Ese instante, no sé cómo, ella me escuchó y se dirigió a la puerta, la abrió más. Se impresionó y se puso de pie, estaba apenada porque yo la había visto. Las dos habíamos quedado en shock. Mi mamá me volteó a ver y me dijo: “¡Pasa, hija, y espero que no pienses que estoy loca por hacer estas cosas!”. Yo la vi a la cara y le dije: “¡No, mami, tú tienes derecho a disfrutar de tu sexo!”. Ella me miró y contestó: “Creo que tienes razón. ¿Quieres ver cómo lo hago?”. Respondí: “¡Sí, mami, espero no te moleste!”. Mi mamá me dijo: “Abre uno de mis cajones y saca una lencería y póntela para que estés más cómoda. En el otro cajón saca un dildo, toma unos zapatos de tacón y póntelos también”. Saqué una lencería negra y me la puse; estaba muy ajustada, podía sentir cómo abría mis nalgas y mi panucha, que estaba un poco mojada al ver esas escenas. Me puse unos tacones y mi mamá me dijo: “Ahora, mientras ves cómo me masturbo, tú te puedes masturbar un poco, hija”.

Mi mamá, como estaba sentada en la orilla de la cama, abrió un poco las piernas y siguió usando el dildo, gimiendo: “¡Hahaha, hahaa, haaa!”. Se excitaba más y más, pude ver cómo sus fluidos escurrían por sus entrepiernas. Yo empecé a mojarme más de la excitación. Mi mamá no aguantó y se vino intensamente, temblando de placer. Yo me excité más de lo que ya estaba y empecé a masturbarme con el dildo. Mi mamá se puso en cuatro otra vez, bajó un poco su tanguita húmeda y siguió penetrándose con fuerza. Yo veía cómo el dildo entraba y salía con rapidez, mojando sus nalgas. Mi mamá gemía sin parar: “¡Hahaha, así, así, hahah!”. Al ver cómo se daba tanto placer, yo tuve mi primer orgasmo: “¡Haaaa, haaaa!”. Sentí derrumbarme.

Mi mamá seguía masturbándose y de repente gritó: “¡Hahaaa, hahaha!”. Temblaba de las piernas, se había venido otra vez. Duró unos minutos exhausta de la gran sesión. Mi mamá me volteó a ver, sonrió de felicidad y me dijo: “¡Qué rico sentí, hija!”. De tanto que metía y sacaba el dildo en mi panucha, podía sentir cómo me escurrían mis fluidos vaginales. Mi mamá me miró y dijo: “¡Ahora, hija, tú puedes verme masturbarme cuando quieras!”. Al otro día le dije a mi mamá que ya no quería ir de vacaciones a la casa de mis abuelos, que mejor me quedaría con ella. Mi mamá sonrió y me dijo: “¡Está bien, hija, si no quieres ir, no vayas!”. Le di un fuerte abrazo y le dije: “¡Gracias, mami!”. Ese verano fue muy excitante porque mientras mi mamá disfrutaba masturbándose, yo me masturbaba con locura. En ocasiones lo hacíamos diario. Mi mamá y yo íbamos a la sexshop y comprábamos todo tipo de lencería y dildos para disfrutar esos ratos de sexo. Espero les guste mi historia. Podría subir fotos, pero no sé cómo hacerlo. Si alguien sabe, dígame cómo.

Autor: Katty

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