Con mi vecinito mientras mi marido y mi hijo ven fútbol

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El día que sucedieron las cosas, mi marido y mi hijo estaban, como casi siempre, embobados viendo fútbol y programas por cable; mi hija había salido con su noviecito. Decidí salir a hacer compras al Walmart y distraerme, sabiendo que tenía horas por delante.

Me puse jeans ajustados, playera polo negra y zapatillas. Caminé a la esquina para un taxi (mi camioneta no circulaba) y me encontré con Kevin, amigo de mi hijo (misma edad que él, unos 20 años; moreno claro, ojos café, 1.69 m, pelo negro estilo mohicano y cuerpecito marcado). Iba a buscarlo para ir al mercado, ya que su mamá estaba de guardia en el hospital y le encargó víveres. Le dije que mi hijo probablemente no iría por el fútbol, y le ofrecí comprar lo suyo.

Se quedó callado y me miró de arriba abajo. «¡Guau! No había notado lo bien que se ve, señora», dijo recorriendo mi figura. Me incomodó un poco su descaro, pero le informé que me iba y pregunté si quería que le comprara. Sorprendentemente, se ofreció efusivo a acompañarme. No me agradó mucho, pero su aire pícaro y simpático me convenció; fuimos juntos.

Desde subir al taxi fue caballeroso: abrió la puerta (para verme nalgas, claro). Un cosquilleo me recorrió; me excitó su atrevimiento decente. En el trayecto charlamos agradable, pero no perdía chance de mirarme piernas (yo las cruzaba coqueta). Al bajar, igual abrió puerta y ofreció mano; alcé nalgas para mejor vista, emocionada.

Contagió su juventud: hicimos compras entusiastas. Me halagaba constante, rozaba nalgas «accidentalmente»; yo correspondí acercándolas. Mi falta de sexo me impulsaba, aunque me sentía extraña.

En taxi de regreso paramos en su casa (no arriesgarme con familia). Abrió puerta; alcé nalgas planeado, pasando bolsas, sonriéndole sensual. Notó taxista baboso; se enojó celoso: «¿Y al taxista por qué no le dijo? Me molestó que le viera todo». «¿Sería celoso?». «No te enojes, quería que solo tú vieras», respondí dulce. Sonreímos cómplices; me invitó a pasar. Quise negarme, pero su sonrisa tierna-maliciosa ganó. No me gustan jóvenes, pero lo prohibido me llevó.

Casa amplia con jardín. En sala, su hermano jugaba Xbox encerrado (fortuna). Noté su erección marcada. Atrevida: «¿Te gustó lo del taxi?». «Sí, mucho». «¿Más que el taxista?». «Sí». Pegando senos a su pecho: «¿Te gustaría verme completamente las nalgas?». «Sí». Me quité sudadera, giré contoneándome; ojos saltones.

Se acercó acariciando piernas, metiendo manos en jeans sobre cacheteros, apretando nalgas. Desesperado, su virilidad contra mí venció mi moral. Lo aparté fingiendo: «¡Estate en paz! ¡Tu hermano!». Pero jadeaba. «Perdón, desde taxi quería tocarte». «¡Y nalgas, verdad?». «Sí, es la mujer más bonita». Acaricié su miembro sobre pantalón; bajó cierre. «¡Aquí no!». Me llevó sigiloso a su cuarto, cerró pasador.

«¡Quítate la ropa!», ordené sugestiva. Obedeció; volteé para desnudarme pudorosa. Tiró cachetero, besó/mordió/lamió nalgas exquisito. Me incliné en cama, parando glúteos; abrió posaderas, lengua hurgando. Esposo nunca así.

Se puso de pie, rodeó cintura, frotó pene tieso entre nalgas (no penetraba, pero erizaba piel). «¡Quítate brasier!». Desabrochó besando espalda. Frente a mí, besó/succionó senos, mordiendo pezones al delirio. De rodillas, lengua en vulva con dedito; transportó al paraíso, vagina escurría.

Detuve: mi turno. Arrodillé, chupé su miembro tieso experta, testículos; quejidos placer. Sujetó cabeza, pero paré: quería más. Acosté en cama; montó, abrió piernas, penetró con dificultad. ¡Tremendo placer! Movimiento rítmico, flexioné piernas cruzándolo.

«¡Aaahhh! ¡Así! ¡Más rápido! ¡Fuerte!». Cambié: boca arriba, monté acomodando pene, caderas zumba (adelante-atrás, arriba-abajo). Sudaba; él tocaba nalgas/senos/cintura. Vagina contrajo, temblor: orgasmo potente, mordí labios gritando ahogado. Caí sobre él, lagrimitas felicidad.

Sin tregua, misionero otra vez; embestidas poderosas. «¡Papito, no vayas dentro!». Vano: aumentó fuerza, eyaculó inundando vagina palpitando. Agotados, sudados, abrazados.

«¿Por qué lloró? ¿La lastimé?». «Lagrimitas placer; me hiciste feliz». «Pensaba en esto siempre». Besos juguetones; se hacía tarde. «Ni palabra; me voy». Vestí apresurada. Pidió cacheteros recuerdo; negué (sin llegar sin ellos), prometí otros bonitos. Cumplí días después: tanga roja encaje con moño; prometí modelarla.

Al salir: «Me hiciste feliz; no digas nada». «No. ¿Otra vez?». «¡Sí!». Corrí a casa; remordimientos vanos (esposo infiel). Orgasmo interminable por prohibido. Aseé sin que notaran aroma sexo. Escalofrío embarazo: pill anticonceptiva emergencia (otra historia).

No única madura con jóvenes; contacten para opiniones/amistad.

Autor: AngelicaAceves

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2 comentarios

  1. ¿Por qué modificaste el relato?

    Antes estaba perfecto y ahora hasta tiene faltas de ortografía. Por cierto, yo estaba esperando una parte 2.

  2. Solia leer este relato de vez en cuando; pero con las modificaciones que le hiciste, hechaste a perder todo el erotismo que tenía, al simplificar todo con una inteligencia artificial. Ahora tiene muchas fallas de sintaxis y se perdieron muchos detalles que daban más realismo a la historia.

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