Una fantástica noche
Visitas: 33,232
Era sábado por la noche y mis amigas y yo habíamos salido de marcha. Llevábamos en el bar unas dos horas. Hacia tiempo que las había perdido de vista pero tampoco me había preocupado de buscarlas. Tenía enfrente a un tío con el que me lo estaba pasando de miedo. Era graciosísimo y salidísimo. Nos conocíamos hacia dos horas y ya hablábamos tranquilamente de nuestros gustos sexuales. Lo que hace el alcohol.
A los quince minutos empezamos a besarnos. Me metió la mano por debajo de la camiseta y comenzó a rozarme la espalda suavemente. Incluso sus besos eran suaves, movía su lengua despacio y de dentro afuera en pequeños círculos y a mí me estaba volviendo loca. Sus manos descendieron hasta mi pantalón, los desabrochó aprovechando que yo estaba contra la barra y él me tapaba, y metió las manos por detrás. Me acaricio el culo y toco mi tanga que ya comenzaba a estar ligeramente mojado. También su pene se volvía mas duro por momentos y yo lo notaba a través de los pantalones. Estábamos a cien. Dejó de besarme y me susurro al oído que si quería ir con él a su casa.
Yo no soy de las que se van a casa de tíos que conocen desde hace 3 horas, pero en ese momento pensé que si no lo hacia iba a arrepentirme toda mi vida. Así que pillé mis cosas y cogimos un taxi. Dentro me quite el abrigo y lo puse sobre mis piernas. El se acerco y metió la mano por debajo de él. Me bajo un poco los pantalones y el tanga y empezó a acariciarme el pubis y toda mi rajita. El taxista nos miraba ceñudo, yo creo que porque no tenia perspectiva para vernos. Me metió un poco un dedo y lo saco. Estaba mojadísima. Luego bajo un poco y paso por encima de mi ano. Yo di un respingo, primero porque no me lo esperaba y segundo porque me encantaba que me lo tocaran. Él se dio cuenta y me preguntó que si me gustaba. Yo le conteste que si y él me susurro “entonces te voy a hacer algo esta noche que te volverá loca”. Sentí miedo porque yo nunca había practicado el sexo anal y no sabía si estaba preparada. El me dijo “No te preocupes, esto te gustara seguro” y siguió masturbándome por debajo del abrigo con el conductor mosqueado.
Llegamos a su casa y ni siquiera me moleste en abrocharme el pantalón. Estábamos excitadísimos y tal y como entramos a su casa empezamos a desnudarnos el uno al otro y a tocarnos sin el más mínimo reparo. Como si conociéramos nuestros cuerpos desde hacía siglos. Él también estaba cachondísimo porque su pene estaba como una roca. Tenia el tamaño perfecto, un poco ancho para mi boca pensé. Me aupó y me llevo hasta la habitación diciéndome guarrerías. Me lanzo a la cama y se tumbo encima. Nos besamos y baje a comprobar si realmente su pene cabía en mi boca. Si, cabía un poco justo, así que decidí humedecerlo lamiéndolo de arriba a abajo despacio. Luego cogí su glande entre mis labios y empecé a chuparlo en círculos metiéndomelo cada vez mas adentro. Su respiración era fuerte y se había acelerado. Agarré su pene con mi mano y mientras lo movía baje con mi lengua por sus ingles y sus testículos, metiéndomelos en la boca. Se depilaba, así que estaba muy suave. Me encantan los tíos que se depilan.
Él ya daba gemidos cortos. Subí hasta la punta lamiendo todo con mi lengua y volví a bajar hasta los testículos sin dejar de meneársela. A la tercera vez que lo hice sus gemidos se habían transformado en auténticos gritos. Me la metí en la boca hasta el fondo y sin dejar de moverla se corrió en ella. Cuando acabe no sabia que hacer. Se quedo muy quieto y me acosté sobre él. El corazón le iba a cien, lo mismo que a mí. Me abrazo, me dio un morreo y me dijo “ahora te toca disfrutar a ti preciosa” y salió de la habitación. Me quede tumbada en la cama tocándome durante unos 5 minutos. Ya pensaba que se había fugado o quedado dormido cuando entro con algo en la mano. Lo dejó en el suelo pero no vi lo que era porque estábamos a oscuras.
Me cogió de la cintura y me dio la vuelta tumbándome boca abajo en la cama y me separo las nalgas. Pronto note su húmeda lengua rozando mi ano. Descendía y volvía a subir desde la entrada de mi vagina hasta el final de mi culo. Y cada vez presionaba más. Era el séptimo cielo y yo notaba como mi flujo me humedecía. El lo recogía con su lengua y lo elevaba hacia mi ano introduciendo suavemente su lengua en el, cada vez mas adentro. Empecé a gemir y el metió un dedo muy despacio sin dejar de lamerme los alrededores. Con el flujo yo notaba su dedo suave entrando y saliendo, dando vueltas. Volvió a meter su lengua y esta vez la metió hasta el fondo. Mi ano estaba dilatadísimo porque no hacia ninguna fuerza y yo notaba como entraba y salía entera.
De repente paró y note que algo frió y duro entraba, no era muy ancho. Yo estaba tan extasiada que ni siquiera me gire para ver que era. Tras unos segundos una descarga de líquido caliente me invadió. Era un enema. Sentía como me iba llenando de placer, como me recorría por dentro. Que gozada.
El me siguió besando y lamiendo las nalgas hasta que todo el enema, que no fue poco, estuvo dentro y saco la cánula. Mi relax acabo porque tuve que apretar el culo muy fuerte para que no se saliera. Entonces el comenzó a lamer mi ano y yo no podía aguantar más. Mi culo comenzaba a relajarse sin que yo pudiese remediarlo. Le pedí que me dejara ir al lavabo y su respuesta fue apoyarse sobre mi e introducirme la lengua. Sentí que el enema empezaba a salir poco a poco ya que el lo controlaba con sus labios y su boca. Salía calentito y mi ano estaba muy sensible. Note que mis músculos se iban tensando y un cosquilleo empezaba en alguna parte transformándose en mil pequeñas descargas eléctricas. Estaba llegando al orgasmo. En el primer espasmo lo controle pero con los que vinieron ya no pude sujetarlo. Mi ano se dilato del todo y el líquido comenzó a salir a chorros con cada espasmo. Era como mear pero más placentero.
El seguía chupandome y además estaba tocando con sus dedos mi clítoris cubierto de los flujos que habían descendido hasta el pubis por estar bocabajo. El enema salía ya con menos fuerza e intente incorporarme en medio del mejor orgasmo que haya tenido en mi vida. Me volví y vi que el se estaba masturbando. Yo estaba avergonzada porque el me viera en esa situación pero a la vez pensaba, que coño, el lo había querido así, le estaba gustando y yo acababa de tener el orgasmo mas largo y profundo de mi vida.
Acabamos echando un polvete y por la mañana me llevo a casa. Seguimos viéndonos. Hubo más enemas, pero ninguno como este.
Autor: devicio
