Mi cuñada sensual (II)

Visitas: 30,020

Ya estando ambos descansados, Gaby quien ahora estaba encima de mí, de frente y con sus piernas sobre mi muslo izquierdo, mientras me acaricia el pecho y yo igualmente su cabello, me dice: ¿Sabes que tenía como cuatro meses que te deseaba? A lo que le contesto que no?… ella en tono de burla me dice que si no me había dado cuenta que se me insinuaba, pero yo ni idea, nunca me había percatado.

Entonces me cuenta que todo se debe a que sus amigas, entre las cuales estaban las dos que estuvieron estudiando hasta hace rato, cuando supieron que estaba viviendo en su casa, le preguntaban sobre mí y la incitaban a que estuviera conmigo y fue desde entonces en que comenzó a verme ya no como su cuñado sino como hombre. En eso me dice: “Te voy a confesar un secretito?… hace como dos meses me levanté a medianoche para tomar agua y al pasar frente a la habitación de ustedes, los oí mientras hacían el amor?… ¿Y eso? Le pregunto?…entonces me cuenta que se paró frente de la puerta para oírnos, que se excitó mucho con los gritos que proferíamos tanto su hermana como yo, lo que le motivó a acariciarse sus partes íntimas y que cuando sintió que habíamos llegado al orgasmo, se dirigió al lavadero y consiguió una camisa mía, que era la que ese día había utilizado y se la llevó a su habitación, que al olerla sentía mi presencia y terminó de masturbarse pensando en mí. “Ahora siempre me masturbo oliendo una camisa tuya, acabo ricooo” me dijo. “Además ?- continuó – sí supieras lo que me dicen mis amigas, todos los días me preguntan sí ya hice el amor contigo, incluso, cuando las estaba despidiendo, me insistieron que hoy era el momento”.

Ante esta confesión, le digo, “Bueno Gaby?… ya me tienes, soy todo tuyo”. Nuevamente comenzamos a besarnos efusivamente, ella encima de mí con su lengua me la pasaba por toda la cara y verdaderamente era una sensación muy exquisita sentir sus pechos firmes restregándolos sobre mí, al igual que sentir la humedad que se escapaba de su vagina al frotarla contra mis muslos. En eso, es ahora ella quien comienza a lamerme hacia abajo, dándome pequeños mordiscos por todo el cuerpo. Cuando llegó a mi pene, lo tomó fuertemente con sus manos y lo besaba por la punta a la vez que me masturbaba con las manos. “Ven… pon los pies en el piso y quédate acostado” a lo que le obedecí a la vez que Gaby se arrodilló frente a mí y comenzó a succionar mi pene, se lo introducía todo aunque con cierta inexperiencia, pues, sentía a veces que sus dientes me lastimaban, pero era tan grande el placer, que me estremecía cuando me dolía. Ella se daba cuenta de ello, pero lejos de aplacarla, lo hacía cada vez con mayor velocidad, ayudándose con las manos.

Gaby jadeaba y se pasaba el pene por toda su cara, yo no aguantaba tal placer, incluso, trataba de alejarla de mi pene cada vez que sentía una sensación como eléctrica cuando succionaba con fuerza mi pene?…no aguantaba más y sujetándola por su cabeza la alejé del mismo, pero ella siguió masturbándome con sus manos, no aguantaba, le decía… “Coño Gaby, me voy coño” entonces Gaby se puso de frente al pene acelerando con sus manos la masturbación hasta que me fui. El semen se le regó por su cuello y todo el pecho, ella continuaba como exprimiendo hasta la última gota y yo me tiré de espaldas completamente exhausto. Gaby me dice entonces: “Ahh no mi amor?… ahora yo estoy caliente, tienes que metérmelo”. Entonces se arrastra hacia mí rápidamente, sentía aún por todo mi cuerpo el semen tibio que ahora Gaby restregaba con su cuerpo, que también estaba ya bastante sudado.

Percibir esa sensación de humedad y viscosidad, aparte de extraña fue muy sensual. Ahora Gaby toma mi pene con sus manos y se lo dirige a su vagina, que estaba sumamente lubricada. Claro yo estaba totalmente agotado, por lo que Gaby era quien ahora se movía y me apretaba hacia ella. ¿Crees que me ibas a dejar caliente? “Pues no?…ahora me toca a mí” Gaby no solo se retorcía, sino que estaba tan excitada que incluso me clavaba sus uñas y me mordisqueaba el cuello, sintiendo su cada vez mayor respiración y demás sonidos que emitía “Así papá, así lo tienes duro, dame que rico coño, así siii?…” Cuando llegó al orgasmo se dejó caer sobre mí, no tenía fuerzas para moverse, sus piernas se estremecían con cortos movimientos de vez en cuando y sentía la contracción de los músculos de su vagina sobre mi pene. Así estuvimos, uno sobre el otro mucho tiempo, pues, ambos nos quedamos dormidos hasta que los primeros vestigios de claridad comenzaban a filtrarse por la ventana e hicieron que me despertara.

Hasta acá la segunda parte. Aún quedan muchas más sesiones de amor entre mi Gaby y yo, teníamos que aprovechar al máximo los pocos días de que disponíamos.

Autor: Anónimo

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *