Almuerzo de navidad en un bar
Me despedí de mi marido con un beso y él añadió con el burlón comentario, que me portase bien. Eran las vísperas de las navidades y habíamos quedado siete compañeras del trabajo para ir a almorzar a un bar que precisamente yo había elegido, porque sabía que se comía bastante bien de haber ido anteriormente con mi marido.
Me arregle para la ocasión con una falda de cuero negra por encima de la rodilla, una camisa también negra y algo desabotonada, lo suficiente como para que se me viera el canalillo de mis pechos, que tengo que reconocer que son de lo más sexys y unas botas también altas de piel negra de tacón que junto con mí 1,70 me hacia verme bastante bien.
Cuando llegue al bar ya había algunas de mis compañeras esperando y cuando estuvimos todas entramos y nos acomodaron en una mesa que ya anteriormente había reservado. Al ser un día entre semana el bar estaba solo ha esas horas y los tres camareros del bar nos atendían con los consiguientes comentarios picarones al ser también un grupo de mujeres. Mientras almorzábamos me tome tres copas de rioja y me note que estaba algo mareadilla. A la misma vez note que uno de los tres camareros cada vez que me servía me rozaba con su paquete de forma muy sutil en mi hombro y me miraba de forma nerviosa mi camisa algo entre abierta y mis mulos con mis medias negras, por lo que su paquete cambiaba de tamaño. Mis compañeras notaron algo por lo que hubo alguna mirada cómplice y alguno que otro guiño.
Cuando estábamos en los principios del postre pedí disculpas mis compañeras y me dirigí a los W.C. porque tenía la vejiga con la bebida que me iba a estallar y de camino darme algún toque de maquillaje.
Los servicios no eran muy grandes pero si estaban muy limpios con un dulce y suave aroma de ambientador. Me senté, me baje mis medias y mis braguitas y estaba en ese momento de placer cuando no puedes más y sueltas toda tu orina, cuando se abrió la puerta del servicio y entró el camarero que no me quitaba ojo. Me dí cuenta que no había echado el cerrojo de la puerta. Se acercó hasta mí sin decir ni una sola palabra y sin dejar de mirarme de forma que me dejo totalmente petrificada y sin poder reaccionar, tal vez por la situación y también quizás por las copas de más.
Era alto 1,80 m aproximadamente, de cuerpo atlético, su pelo muy corto y una mirada tímida pero muy penetrante. Cuando estuvo a medio metro de mí se abrió la cremallera de su pantalón y sacó una enorme polla que ya mi hombro se había encargado de calentarla. Yo seguía sentada de forma ridícula y la orina se había cortado por la situación. El se acercó y me cogió con sus manos ambos lados de mi cara y me introdujo el caliente y latente polla en la boca. Estaba como drogada, el corazón me latía a mil por hora, al principio no reaccioné, pero el con sus manos me acompañó y mi boca fue chupando aquella enorme verga. Tenía perdida la noción del tiempo y del espacio, sentía como de nuevo empezaba brotar el orín de mi coño y la saliva no la podía contener dentro de mi boca. Mientras orinaba él metió la mano por mis muslos y toco mi coño mientras meaba. Me dio placer y llegué a mi primer orgasmo, mientras devoraba su polla con mas ansiedad. Me abrió la blusa y empezó a jugar con mis tetas con sus manos mojadas por mis orines. Se arrodillo ante mí me tiro de las rodillas para él y metió la cara entre mis piernas devorando mi mojado coño de flujo y de orín y chupándomelo como si de un salvaje se tratara.
Yo ya en ese momento me sentía totalmente perdida y me dejaba llevar totalmente por la situación. La falda de cuero la tenía enrollada en mi cintura, la blusa abierta dejaba mis pechos totalmente a lo que quisieran hacer con ellos, mis labios brillantes por la saliva de la felación y mi mirada perdida pero sin dejar de mirar aquella polla que latía y que sabía que me iba a penetrar. Me puso en pie me puso mirando para la pared me abrió algo las piernas, a lo que yo le facilité sacándole algo el culito y me mostré dispuesta a recibir aquel fantástico regalo.
Me cogió por la cintura y note como me clavaba con ansiedad aquella caliente polla dentro de mi vagina, a lo que le respondí con un enorme suspiro de placer. Mientras me penetraba con fuerza me cogió mis tetas desde atrás y comenzó a masajeármelas y pellizcarme los pezones, por lo que llegue de nuevo a un enorme orgasmo. El al notar como le movía mi culo con el orgasmo que estaba teniendo, no pudo contenerse mas y note como su polla le había engordado y soltaba dentro de mi coño calientes cantidades de su semen. Yo al notar como aquel chaval se corría dentro de mi, no pude evitar tener un nuevo orgasmo y sentir que me meaba de placer, llenando todas mis medias.
Me dio la vuelta de nuevo y me besó metiéndome la lengua hasta la campanilla y sin dejar de tocarme mi mojado coño. Se separó se subió la cremallera de su pantalón y se marchó de la misma forma que había llegado. Me quedé allí un momento aturdida por lo que había pasado. Me arregle algo me quite las medias y salí. Todas mis compañeras me miraban con cara de asombro imaginándose lo que había ocurrido, pero ninguna hizo comentario alguno. Le dije que me disculparan que me encontraba algo mareada.
Cuando llegue a casa me esperaba mi marido, y me preguntó que tal me lo había pasado. Le contesté que bien, que había bebido algo y que estaba algo mareada. Le besé y le dije que por favor que me hiciera el amor.
Rosa M.
Autor: Anónimo
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