La Dama de la Selva
LA DAMA DE LA SELVA
Esta es una historia en la que relata un encuentro con una entidad mágica de la selva, altamente sexual, que toma a los hombres y los acaba.
Soy un Antropólogo, estudié eso porque desde niño escuchaba relatos sobre mitos, leyendas, cuentos, en fín cosas que parecían mágicas pero que las personas aseguraban que habían ocurrido.
Poco a poco me fui decantando por los mitos en lo que los personajes principales eran Mujeres, del tipo de la Llorona, la Mulata de Córdoba, etc.
Me dediqué a recorrer el país, visitando pueblos alejados de las ciudades.
Cierto día, viajando por la provincia me metí a una cantina en la que también vendían comida, me senté, pedí algo de comer y empecé a revisar un mapa de la región, estaba en el estado de Veracruz, en México. Al poco rato se acercó una persona claramente ebria, me dijo que si le invitaba un trago me contaba una historia, siempre he aceptado cualquier información venga de quien venga, así es que acepté, le pedí una cerveza y se sentó.
Entonces me dijo que conocía a una mujer que decía haber perdido a su marido, su cuñado y un hijo mayor en la selva, que después de cierto tiempo al buscarlos los habían encontrado totalmente desecados como si fueran momias con el miembro y los testículos arrancados casi de raíz y con un rictus en la cara de miedo supremo. Después de otra cerveza aceptó llevarme con la mujer, que dijo era su comadre.
Llegamos, me presentó a la señora, quien de forma muy reacia aceptó contarme.
Dijo que sus familiares salieron hacia otra ciudad y que tuvieron que atravesar la selva, que se suponía que el viaje -iban en una camioneta algo vieja- se debía hacer máximo en un día y que al llegar a la otra ciudad le llamarían para avisar su llegada. Después de 5 días sin noticias decidió acudir a la policía, estuvieron buscando por días y no encontraron nada. Después de bastante tiempo, le llamaron diciéndole que alguien había encontrado unos cuerpos en un estado muy extraño, que fuera a verlos para saber si eran sus familiares, le advirtieron antes de verlos que era algo fuerte la visión.
Acudió y lo que vio la afectó muchísimo, era su familia pero los cuerpos estaban secos, como si algo les hubiera chupado todos su fluidos y además a todos les habían arrancado la verga y los huevos.
Finalmente dijo que el hombre que los había encontrado dijo que de seguro se habían encontrado con la Dama de la Selva, una mujer mágica de la selva que atraía a los hombres con su belleza y luego los mataba en una batalla de sexo, decía que cuando estaban con ella ante tanta pasión todos querían huir de su irreal belleza y que entonces ella les chupaba todos sus jugos y se quedaba con sus vergas y testículos.
No creí a ciegas el relato pero tomé nota, la mujer me dio algunas señas del posible lugar en el que habían sido hallados los cuerpos. Al día siguiente renté un Jeep y me fui rumbo a la selva de los Tuxtlas en el estado de Veracruz.
Viajé por varios días hasta que el terreno ya no permitía entrar al transporte, entonces lo dejé y me fui andando. Me interné en la selva, el paisaje era bellísimo pero se sentía una extraña presencia en el ambiente. Me interné por varios días, acampando por las noches donde me agarraba la oscuridad.
Al tercer día, cuando ya no había ninguna presencia humana cercana, empecé a caminar entre los árboles, comenzó a bajar una extraña niebla que parecía que iba conmigo, empecé a sentir que alguien me seguía o me observaba pero no se veía ni escuchaba nada, aún así la sensación era cada vez más clara.
Luego de caminar un buen rato entre la selva, salí a un claro, era increíble, estaba iluminado como por una luz especial y en el centro ahí estaba ella, su belleza era de otro mundo, muy alta, de piel morena, cabello largo, negro y lacio, iba desnuda, pies pequeños y hermosos, limpios como si ni caminara sobre la tierra, sus piernas eran largas torneadas y ahí entre ellas una vagina deliciosa, apenas rodeada por una pequeña mata de vello, con unos labios ardientes que parecía que querían decir algo, su cintura pequeña enmarcaba una cadera amplia con unas nalgas grandes, redondas paradas, sólidas, sus senos eran otra visión, redondos, firmes con un par de pezones al centro erguidos como si estuvieran floreciendo, brillaban, su cuello sostenía su cara, hermosa de suaves facciones, unos labios carnosos sin ser demasiado grandes, voluptuosos, húmedos, rojos, nariz y ojos eran un poema, aguileña la nariz y unos ojos oscuros que brillaban como si estuvieran encendidos.
Yo me detuve en seco, dejé caer mi mochila y solo pude verla y admirarla, no sabía si moverme, quedarme quieto, lanzarme sobre ella, interrogarla u otra cosa.
Finalmente ella abrió sus labios y pronunció -que bueno que viniste a verme, al fin me has encontrado, ya me hacía falta un hombre, este cuerpo necesita ser saciado- Yo no podía hablar, solo me fui acercando a ella, parecía irreal, no me atrevía a tocarla, le di la vuelta, admirando todo su cuerpo y al quedar de nuevo frente a ella, abrió los brazos como llamándome a que la abrazara. No quería ni podía oponerme, casi sin voluntad me acerqué a ella, entré en sus brazos y mi cuerpo de inmediato se sintió prisionero en un fuego que me abrazaba, mi piel ardía mis manos la tocaban por todas partes, no podía dejar de palpar su cuerpo, mi boca iba de sus pezones a su cuello, subía a su boca que en verdad me devoraba, entonces empecé a sentir como si muchas manos me palparan y fueran desnudándome, me quitaron zapatos y la ropa y en segundos quedé completamente desnudo, mi cuerpo era una llama, mi verga solo quería entrar en ella, soltar su leche hasta morir, entonces sucedió algo que mi razón no entendía pero que ya no me importaba, algo que aunque vi no quise creer pasó, de su cuerpo salieron ramas que me tomaron y levantaron en vilo, me llevaron hacia ella que tenía las piernas abiertas por completo, me empujaron hacia su vagina mi verga entró en ella pero yo sentía que todo yo estaba en su interior, sentía que yo era como una enorme verga que la estaba poseyendo, mi cuerpo se movía a una velocidad que no puedo entender era como un remolino, al mismo tiempo mis manos la tocaban por todos lados, sus nalgas eran presa de mis dedos, su culo sintió el embate de éstos al ser penetrado, mi boca prácticamente se tragaban sus pechos y pezones. Ahí cambió algo, sus brazos y piernas empezaron a abrazar todo mi cuerpo como si fueran muchos más que dos brazos y dos piernas, salieron múltiples ramas que me tocaban, acariciaban, oprimían, sus manos ramas abrieron mis piernas al máximo y empezaron a hurgan entre mis nalgas, lejos de sentir algún dolor cuando me penetraron, el placer se intensificó, yo sentía que era puro sexo, puro placer, yo entraba y salía de sus deliciosos labios vaginales, su botoncito cobraba vida propia y se frotaba contra mi verga y entre más me la cogía, la besaba, penetraba su culo, oprimía sus nalgas, mi cuerpo más era penetrado, apretado, rasguñado, parecía que aquello que yo le hacía se revertía contra mi cuerpo, simplemente mi cerebro ya no razonaba, solo sentía. En un momento ella levantó mi cara, fijo sus ojos en mí y con mirada fría y voz acerada me dijo -tu también me vas a dejar?- al tiempo que sus ramas me apretaban cada vez más.
Yo en un atisbo de lucidez recordé lo que había dicho la mujer de que los hombres querían huir y ella los mataba, pero, yo estaba sintiendo un placer tan grande que aunque fuera irracional aquello no quería en realidad dejarla. La miré y dije, -no te dejaría nunca, déjame tomarte y sigue tomándome hasta que muera si eso quieres. Las ramas aflojaron su presión y solo siguieron haciéndome gozar. En realidad no puedo decir cuanto tiempo seguimos amándonos, por extraño que parezca parecía que por sus ramas mi cuerpo era alimentado para que no desfalleciera por el esfuerzo.
Poco a poco sentí que mi cuerpo y el suyo se amalgamaban, de pronto empecé a ver como se iba iluminando ella, comenzó a resplandecer pero en determinado punto el brillo y resplandor me fue tomando, yo también brillaba y resplandecía al punto que nos íbamos haciendo uno solo, nuestros sexos eran uno, en su vagina algo saltó y entró en mi pene, sus ramas penetraban cada orificio en mi cuerpo, era una locura, una deliciosa locura, mi cuerpo estaba a punto de estallar, empecé a tensarme, parecía que estaba convulsionando y exploté, no fue algo normal, no solo mi verga soltó su leche, su semen, parecía que cada poro en mi piel eyaculaba y que cada poro del suyo me exprimía ese semen, abrí la boca y de ésta salió un grito ansioso gutural primitivo -toooomaaammeee, mátame, hazme uno contigo- Su cuerpo y ramas se estremecían igualmente que mi cuerpo, solo sentía la forma en que mi cuerpo sacaba y sacaba semen, leche, líquido vital y del suyo la sabia de su cuerpo me introducía, me inundaba, me nutría, mi cuerpo se sentía más vivo que nunca. Como entre sueños la escuché decir -eres mío y debes volver a mí, me llevas dentro y dentro de mí estás tú, eres mi sabia y soy tu semen, pero no debes hablar de ello.
La luz se hizo tan brillante que sentí que estábamos desapareciendo y de hecho lo hicimos, la luz estalló.
Cuando tuve conciencia de mí mismo estaba en el suelo de la selva, recostado en las raíces de un enorme árbol, cuyas ramas parecía que me estaban protegiendo. El árbol tenía la forma de una mujer y en lo que parecía una cara, claramente vi lo que sentí que era una sonrisa.
No se como es que llegué al Jeep pero lo hice, tomé ropa y me vestí, manejé a la ciudad, había perdido más de cinco kilos, mi piel tenía un reflejo verde, brillaba, sentía que mi sangre fluía con mayor velocidad y la sentía correr en las venas, mis manos fluían con una soltura que me hacía sentir extraño.
Me quedé a vivir en esa zona, trabajaba como cronista de la ciudad pero cada tanto me internaba en la selva para volver a estar con la Dama de la Selva.
Espero que esta historia de ficción les haya gustado.
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