Amigo con derechos

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Hola chicos, hoy les voy a compartir mis aventuras con un amigo con derechos, por decirlo así.

Les voy a contar sobre Sergio, un viejo amigo que conocí en una temporada trabajando en McDonald’s. Un hombre alto de 1.80, blanco, complexión normal. Él tenía 26 años, era mayor; yo, menor por 10 años. Mi relación con él era genial, nos llevábamos muy bien y él me llevaba a fiestas de gente con ambientes de su edad. Las personas que nos veían juntos creían que éramos pareja, pero siempre fue una amistad de solo amigos. Él sí me insinuaba que me quería estrenar, pero yo jamás accedí, ya que consideraba que él ya estaba bastante experimentado en su vida sexual y yo quería que fuera con alguien inexperto como yo.

Fiesta a la que íbamos, nos metíamos a una habitación a besarnos, solo eso, pero los que nos veían creían y aseguraban que yo ya había sido suya, que Sergio ya me había cogido. En cada ocasión Sergio intentaba llegar a más, pero jamás se lo permití y él siempre respetó esa decisión. Lo dejé de ver por un tiempo debido a que yo ya tenía novio, pero volví a coincidir con él unos años después. Yo ya tenía 20 y él 30. Me invitó y fuimos a una fiesta como en aquellas veces.

Me fui vestida con unos jeans azules muy ajustados que hasta marcaban mi pepita dejando ver mi pata de camello, un top con encaje negro ligeramente escotado, una tanga de encaje negro y mi bra negro de encaje también, y unas botas de piel largas. Estábamos bailando y él ponía sus manos sobre mis nalgas y yo no le decía nada, pues ya tenía esa confianza con Sergio. Estuve tomando bastante, era vodka, una de mis bebidas favoritas. La tensión sexual era obvia: arrimones subidos de tono en cada baile, me abrazaba frente a él y yo me pegaba bien hacia su bulto.

Como acostumbrábamos en nuestras salidas, nos fuimos a besar a una habitación. Yo ya iba con la idea de que era el momento de dejarlo llegar al siguiente paso, ya que yo ya había estado con algunos hombres y ya había probado un par de vergas. Mientras me besaba, me empezó a tocar mis tetas por encima de mi blusa un poco suave y yo gemí para dar mi aprobación. Así lo entendió y dirigió su mano hacia mi cintura, metiéndola por debajo de mi tanga. Lo hizo lento pensando que lo detendría como las otras veces; mas sin embargo, me acomodé abriendo ligeramente las piernas para que tocara bien mi vagina abierta. Se notaba súper excitado en su respiración. Sentí tres de sus dedos darse gusto sintiendo mis labios vaginales. Su mano estaba muy adentro de mi pantalón e introdujo su dedo medio como si rascara, abriéndose paso dentro de mí. Yo gemía suave exhalando mientras lo besaba. Empecé a mover la pelvis al ritmo que me masturbaba, metí la mano en su pantalón para sentir su verga y masturbarlo un poco. Empecé a levantar su playera quitándola por completo, desabroché mi pantalón mientras quitaba mi blusa, me lo quité mientras Sergio hacía lo mismo. Se quitó su pantalón con todo y su bóxer; su verga parecía trampolín al salir del bóxer. No me lo imaginaba, pero tenía una verga enorme a diferencia de las que me había comido, unos 22 centímetros, no muy gorda pero nada delgada, estaba rasurada y súper dura. Quité mi bra y le acerqué su cara a mis tetas para que las besara. Chupó mis pezones uno a uno y eso me puso como loca. Me quitó mi tanga de un tiro hacia abajo, chupó sus dedos y me los unió y metió por mi vagina ya mojada. Me tomó con ambas manos de la cintura y me dirigió hacia la cama, me dio un leve empujón para quedar recostada. Le dije si traía condón, me dijo que así lo hiciéramos. Me negué e insistí, parecía molesto pero logré que se lo pusiera. Lo jalé a la cama y lo acosté para montarme sobre él. Me acomodé para sentarme, pero tuve que levantarme un poco más de lo habitual ya que su verga era más grande de las que me había introducido en mi pequeña vagina. Con mis dedos tomé su verga desde la cabeza para guiarla hacia la entrada de mi vagina, procedí a sentarme sobre la verga de Sergio. Sentía como si fuera entrando por capas en mí, sentía unos clic cada centímetro que entraba. Me la metía un poco y me levantaba hasta que sentí sus bolas indicándome que ya la tenía totalmente adentro. Colocó sus dos manos sobre mis tetas y empecé a mover mi pelvis de adelante hacia atrás. Sentía todo su trozo en mi vientre moviéndose, me mojé súper rico y entonces me coloqué en posición de aguilita y empecé a dar unos sentones que se escuchaban muy fuerte por lo mojada que estaba toda mi entrepierna. Esta posición nunca la había hecho, ya que en otras ocasiones se salía la verga que me metían, pero con Sergio yo sentía que me levantaba demasiado para volverme a sentar y no se salía su verga. Los mejores sentones de mi vida, eran muy amplios esos sentones. Volteé la mirada hacia abajo para ver como entraba ese gran trozo en mí. Mis piernas se cansaron de inmediato, quemaban por la resistencia en esa posición, pero se sentía tan rico que aguanté lo más que pude. Sergio gemía muy rico (eso es encantador en los hombres) y me dijo: “No manches Dani, eres bien cachonda, quién diría que con esa carita tan inocente eres bien puta en la cama”. Yo sonreía sin parar de gemir y repetirle lo rico que era su verga. Me comentó las ganas que ya me tenía desde hace mucho y que placer que ya había sido suya. Me dijo: “Le conteste: yo sí quería que me cogieras, qué rico”.

Empecé a sentir un orgasmo que hasta me hizo hacer squirt. Reduje el ritmo que llevaba por la sensibilidad dentro de mi vagina. Sergio lo notó y me tomó de las nalgas dejándome en el aire para así él darme con tanta fuerza y velocidad que intensificó mi orgasmo y él terminó con un grito apasionante. Grité con un clímax asombroso quedando totalmente exhausta empapada en sudor. Cuando retiró su verga de dentro de mí por un momento pensé que el condón de Sergio se había roto ya que había mucho líquido y creí que era de él; sin embargo eran jugos míos. Jamás me había venido de esa manera, un líquido blanco y baboso un poco más líquido que el semen.

Me perdí totalmente en mi sueño y no supe más. Desperté y nos retiramos. Me sentí mal ya que Sergio se despidió de mí de una manera muy cortante y supuse que ya no le interesaba pues ya me había hecho suya.

Pasando unos días me escribió para volvernos a ver, directo a un hotel para ir a coger. Obviamente accedí.

Llegamos al hotel. Fui preparada pues traía puesto lencería de encaje rojo, un mayón azul marino, una blusa de botones blanca.

Entramos a la habitación, me abrazó por la espalda besando mi cuello provocando que mi piel se erizara. Mis piernas se derretían, me di media vuelta para besarlo, desabroché mi blusa y mi bra, el cual traía el broche enfrente, dejando mis tetas al aire ya con mis pezones bien duros. Me las empezó a chupar apretando bastante, se notaba muy caliente. Le quité su playera y besé todo su torso, hasta bajar hacia su pantalón donde desabroché y quité todo colocando su verga en mi cachete mientras besaba sus muslos. Me desnudé toda y me acosté. Sergio se acercó por un costado de la cama directo su verga a mi cara, jaló mi cabeza para que le chupara su verga. Me coloqué de lado y dejé que guiara su verga hacia mi boca. No me cabía toda así que coloqué mi mano hasta donde mi garganta llegaba, pero Sergio quería meterla toda. Empujaba pero yo hacía el típico gesto de ahogo y lo retiraba. Insistió más intenso y la empujaba con fuerza, yo me ahogaba y mis lágrimas ya brotaban pero eso le excitaba y no se detuvo. Yo cada que podía la sacaba para chupar su cabeza y volver a meter hasta el fondo de mi garganta. Mi baba ya estaba muy espesa y babosa, le estaba chupando su verga completa. Mi mandíbula ya se estaba adormeciendo. Por su expresión supe el momento cuando estaba por venirse, sentí unas pulsadas de su verga y un chorro inmenso de su leche caliente. Yo no estaba acostumbrada así que no pude tragarla, escupía la mayoría sobre la orilla de la cama y su verga para masturbarlo. Respiré con alivio jalando aire. Esta vez él tomó la iniciativa de ponerse el condón sin que yo le dijera. Me tomó de las manos y me dijo: “Ponte como la perra que eres”. Yo me chivé un poco y procedí a ponerme en cuatro, con la cola un poco salida y mis piernas abiertas con las tetas tocando la cama. Volteé un momento a verlo y estaba observando mi culo totalmente abierto, contemplaba mi vagina mojada y abierta con mi anito aún cerrado. Les menciono que soy de vagina rosada y virgen del ano. Entonces vi a Sergio echarse saliva en su verga y procedió a meterla poco a poco por mi vagina. Primero me metía solo la mitad supongo yo, la sacaba y la metía cada vez metiendo su verga más a fondo hasta que la metió toda. Me tomaba de las caderas y tocaba mis nalgas, se quedó quieto para que yo solita lo culeara. Yo gemía demasiado con un poco de dolor. Me nalgueó un par de veces y me decía: “Qué rica estás Dani, qué culo te cargas”. Me dio más duro para acabar. Sentí un orgasmo, no tan intenso como la vez pasada pero muy excitante. Me colocó las manos en las nalgas y me las abrió a todo lo que pudo mientras se venía en un grito. Me dolió pues sentía como se me estiraba todo mi culo. Retiró su verga y se acostó a un lado, tiró el condón ya con menos leche ya que ya lo había secado con la mamada anterior. Yo temblando me acosté sobre su pecho y subí mi pierna sobre Sergio, acomodando mi vagina sobre su cadera y mis tetas sobre su torso. Me dormí.

Pasando un rato me despertó, se puso otro condón y me dijo: “Súbete”. Sonreí y procedí a montarme en él. Esta vez me monté dándole la espalda, encajada en su verga con las piernas abiertas sobre él. Me la colocó en mi entrada de mi vagina y lo ayudé a dirigir su verga hacia dentro. Volvió a doler ya que mi vagina ya estaba cerrando de lo abierta que me la había dejado, pero entró hasta el fondo sin problemas. Coloqué mis manos sobre sus tobillos y empecé a mover la pelvis de atrás a adelante. Se sentía una sensación muy estimulante. Colocó sus manos sobre mi cintura y me seguía el ritmo. Gemía muy fuerte nuevamente con puro movimiento de la pelvis. Di lo mejor de mí dándole una culeada solo moviendo el culo. “Oh sí Dani”, me decía, se notaba muy excitado. Pasé mis piernas hacia enfrente para quedar sentada sobre su verga y me incliné hacia él con mis piernas bien abiertas y su verga adentro. Movía mi pelvis en varias direcciones buscando excitarlo. “Qué rico bates mi verga Dani”. Con la cabeza inclinada hacia Sergio, una mano en mi teta y con la otra me daba a lamer mis jugos mientras me tocaba mi vagina a tres dedos y su verga entrando y saliendo, tuve otro orgasmo que me hizo cerrar mis piernas y apretar. Paramos un momento, me dejó caer sobre la cama, tomó mis piernas las subió a la altura de mi cabeza. Yo estaba doblada con la cola parada, se colocó sobre mí e introdujo su verga nuevamente. Se sentía asombroso hasta que la metió toda. Me dolía mucho, sentía como se movía todo dentro de mi vientre y me estaba dando muy duro. Empecé a llorar, me estaba dando durísimo. Yo gemía llorando, era un dolor muy fuerte pero agradable cada vez un poco más. Se me hizo una eternidad esa posición hasta que se vino dándome las envestidas finales lo más profundo que pudo. Me dolía todo, así que me quedé tumbada en la cama. Sergio tiró el condón por un costado y se recostó.

Me decía: “Pinche Daniela, coges bien rico, quién te viera”. Le contesté: “Tú me coges bien rico, no manches Sergio”.

Esta vez al dejarme en mi casa nos despedimos con un beso muy apasionado. Esta vez fue diferente.

Esta fue la última vez que lo vi ya que me enteré que ya estaba casado y yo no lo sabía, así que ya no quise continuar con lo nuestro.

Espero que les guste mi anécdota, comenten por favor. Besos…

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Dany
Dany

@daniiixx69
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