Cumpliendo el deseo de Marité
Durante los meses que fuimos novios con Claudio, luego de lo acontecido con la llegada de su amiga Rosa, continuamos nuestra vida. Me quedaba en su casa tres días a la semana. Teníamos buen sexo y buen diálogo. Comenzaba a sentirme su mujer en todo momento. Mi preocupación era entonces que Claudio quisiera tener sexo con una chica. Él había estado casado.
Se me antojó la idea de ofrecer nuestro servicio sexual para cumplir fantasías a otras personas y ganar unos pesos. Subimos nuestro ofrecimiento a una red social: “Claudio y Roberto te ayudan a cumplir tu fantasía. Escríbenos…”.
Recibimos infinidad de mensajes: algunos ofensivos, otros graciosos, también de los irrealizables. Iniciamos diálogo con Hugo, que parecía sincero. Él quería cumplirle el deseo y fantasía a Marité, su pareja. Ella deseaba estar tomando un baño turco y sufrir un corte de luz. En ese momento, entrarían tres hombres desnudos y abusarían de ella sin cuidado de lastimarla.
Acordamos que los tres hombres seríamos Hugo, Claudio y yo. Concertamos el arancel por nuestro servicio y fijamos el día que conoceríamos a Marité. La pareja vivía en una casa muy amplia con sector de sauna turco incluido.
Marité y Hugo nos recibieron a desayunar el mismo día que debíamos prestar nuestro servicio. Ella es una mujer delgada, de estatura similar a la mía. No tiene caderas prominentes, tetas y culo medianos. Su piel es blanca y el cabello corto, color castaño. Vestía un vestido blanco casi transparente hasta sus tobillos. Debajo del vestido no llevaba ninguna prenda. Sonreía por momentos, pero nunca mencionó nada sobre el juego que estábamos a punto de comenzar. Hugo no lograba ocultar sus nervios o la ansiedad por comenzar. Claudio transmitía serenidad en sus gestos.
Al cabo de una hora de charla y café, Marité dijo: “Permiso, los dejo solos. Debo tomar mi baño turco para quitar las calorías ingeridas”. Diez minutos después, Hugo dijo: “¡Vamos!”.
Llegamos a lo que sería la puerta del recinto (baño turco). El sector estaba muy iluminado. Hugo comenzó a quitarse la ropa y dejarla sobre un sillón. Nos indicó hacer lo mismo. Los tres en bolas, bien rasurados. El porte de mi pene se veía vergonzoso para ese juego, pero la pareja, en ningún momento, pidió ver nuestros penes. Antes de apagar la luz, Marité nos había confirmado verbalmente su consentimiento total para la fantasía: “Estoy lista, hagan lo que quieran en la oscuridad, confío en ustedes”.
Claudio, tomando mis hombros, me enfrentó a la puerta del baño. Parado por detrás, tocaba mis nalgas con su verga que comenzaba a despertar. Detrás de Claudio, Hugo se apoyaba en su espalda. Se apagó la luz. La oscuridad se hizo total. Abrí la puerta y me golpeó una ola de vapor de agua caliente y húmeda, envolviéndonos en un calor sofocante. Avancé con los brazos extendidos, buscando la cabeza de Marité, pero llegué a sus piernas y las besé. Llegué con mis labios hasta su vagina, separé un poco sus labios con mis dedos y mi lengua encontró su botoncito. Ella gimió tres veces hasta que una verga llenó su boca.
Una mano recorrió mi espalda y llegó con un dedo hasta mi ano. Sin dudas, era Claudio… Conozco su forma de tocarme. Él ocupó mi lugar. Desplacé mis manos en el cuerpo de Marité, llegando a sus tetas. Mis labios se apoyaron en sus pezones y chupé con fuerza, sintiendo el vapor intensificar el aroma salado de su piel mojada. Ella agitaba los brazos, plegó sus piernas (o alguien las hizo plegar). Sus rodillas tocaron mi cabeza. Su cuerpo se movía con el ritmo propio de estar siendo penetrada, al compás de los sonidos chapoteantes de cuerpos húmedos chocando en el vapor espeso.
Hugo juntó su boca a la mía para comer sus tetas. Le cedí lugar y me paré detrás de la cabeza de Marité, que casi colgaba del banco. La sostuve, ayudándola a mantenerse sobre el banco resistiendo los envites que le propinaba Claudio con su oscura y gruesa verga. Ella gemía y, por momentos, lamía mis bolas mientras Claudio y Hugo exploraban las puertas de su intimidad. Muchos minutos gimió, estallando en orgasmos, suspirando en el aire cargado de humedad.
Marité cambió de posición: de rodillas sobre el banco y apoyada en sus codos, con el cuerpo mojado, respirando en ese ambiente vaporoso y caliente. Recibía verga desde atrás. Yo oía el sonido rítmico y húmedo que provocan los cuerpos mojados al chocar, chapoteando con fuerza, lo que me llenaba de ganas femeninas, pero debía ser masculino.
De pronto dijo: “¡Basta!”. Todo se detuvo y se encendió la luz. Los cuatro estábamos con la cara roja, empapados de cabeza a pies por el vapor y el sudor. Marité se envolvió en una toalla y se alejó diciendo: “Tomaré un baño frío para equilibrar la energía de mi cuerpo”.
Los hombres nos miramos. Hugo dijo: “Roberto, puedes bañarte en aquel baño, es la puerta blanca a la derecha”. Luego de una ducha fría, salí para vestirme. Luego pasó al baño Claudio; su pene ya no estaba erecto, colgaba semi dormido. El último en bañarse fue Hugo.
Pasamos a la sala y nos sirvió un trago fresco. Minutos después ingresó sonriente Marité, cubierta con un vestido largo de gasa color té, sin ropa interior. Besó a Hugo y dijo: “¡Gracias por el regalo, amor!”. Luego nos besó a Claudio y a mí en las mejillas. Sonrió y dijo: “Son maravillosos, chicos. Jugaron muy bien”.
Ya de regreso en casa, volvimos a bañarnos. Entonces le dije a Claudio: “No me sentí cómodo haciendo de hombre. ¿Tú disfrutaste el juego?”. Claudio me respondió: “Les cumplí el deseo a los dos. Cuando la penetraba a Marité, él me lamía las bolas. Luego, estando Marité en cuatro sobre el banco, Hugo tomó mi verga, la salivó con su boca y la apoyó en el ano de ella. Ya estaba dilatado, quizás él le había metido dedos. No sufrió dolor. Ella es muy experimentada en sexo anal… Y cuando fuiste a bañarte, Hugo pidió chupármela y que le terminara sobre el ano. Luego, con sus dedos, intentó hacer entrar mi semen en su orificio”.
“Déjame abrazarte y apoyar mi cabeza en tu pecho”, le pedí a Claudio, sintiendo un poco de celos por Hugo, que lo hizo eyacular chupando su pene.
Roberta
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