Mi novio es muy tonto
Hola a todos, me llamo Yoli, tengo 24 años y estoy de novia con César, de 29 años, desde hace unos 8 años. Para que entiendan un poco, desde pequeña siempre fui muy caliente: me gusta tener sexo, me cogían casi todos los días o mínimo chupaba alguna verga. Hasta que conocí a César, que era lindo, trabajador y me complacía muy bien en la cama. Al comienzo de nuestra relación cogíamos como locos, casi nunca nos despegábamos. Luego de un año, me dice que me fuera a vivir con él. Alquilaba un pequeño departamento, pero para los dos era suficiente. Yo, encantada, me fui a vivir con él. Ahí cogíamos aún más: antes de que se fuera a trabajar y apenas llegaba, hasta la madrugada.
Con el tiempo, me fui aburriendo, ya que soy así: me aburre coger siempre con la misma persona, jaja. Pasamos de coger 2 o 3 veces por día a una vez al mes. Yo obviamente me masturbaba de lo lindo con el montón de juguetes que me compraba, pero aun así me fue aburriendo. Siempre sueño con vestir sexy: uso minishorts, minifaldas o vestidos muy cortos. Una vez salí a comprar verduras con un minishort que dejaba ver el comienzo de mis nalgas. Todos los hombres volteaban a verme el culo. Cuando volví al edificio, el vigilante me detuvo como siempre para coquetear conmigo. Yo me dejaba, ya que era un coqueteo inocente. Se llamaba Eduardo, un negro de unos 35 años, alto.
Eduardo: “Buenas tardes, mi amor, ¿a dónde tan bella?”
Yo: “Ay, Eduardo, ¿otra vez? Jaja”.
Eduardo: “Es que cuando te veo me enamoro más”.
Yo: “Sí, claro, enamorarte… Será que me quieres es coger, jaja”.
Eduardo: “Bueno, si eso se da, yo no me quejo, jaja”.
Yo: “Jajaja, no sé, puedes. Sabes que tengo novio”.
Eduardo: “Sí, pero seguro él no la tiene así”.
Eduardo se agarró el paquete sobre el pantalón y, Dios, de verdad la tenía bien grande. Me entró un calor al cuerpo apenas la vi.
Yo: “Jaja, ay Eduardo, ayúdame con estas bolsas que están pesadas”.
Eduardo y yo fuimos a mi departamento. Él puso las bolsas en la mesa. Yo le iba a ofrecer agua cuando de repente me dio una buena nalgada, me volteó y me besó. Dios, no me lo esperaba. Le respondí el beso mientras él me agarraba duro el culo y me afincaba su vergota. No me podía controlar, era como si mi putería se adueñara de mi cuerpo. Eduardo me arrodilló, se bajó los pantalones y salió como resorte esa enorme vergota negra, llena de venas. Dios, qué deliciosa se veía. Se la agarré y comencé a chupársela: le pasaba la lengua por la cabezota mientras lo miraba, luego me la metí hasta la garganta una y otra vez. Después me la metí hasta la base y le pasaba la lengua por las bolas, teniendo toda su vergota en la garganta. Luego me la sacó, me levantó, me bajó el short, hizo a un lado el hilo y me penetró lentamente. Dios, me partía en dos, estaba bien gordota esa verga. Cuando ya la tenía toda adentro, me comenzó a embestir una y otra vez, bien rico, bien duro. Me nalgueaba y me daba con todo.
Eduardo: “Tanto que me rechazaste y mírate ahora, maldita puta”.
Eduardo: “Yo sabía que te iba a reventar a verga” (¡PLAS!, me nalgueó).
Yo: “Sí, papi, sí, dame, dame, dame duro”.
Eduardo se reía victorioso, pero no me importaba: me estaba cogiendo demasiado rico. Me llevó con su vergota adentro a mi cuarto, me puso en cuatro en la cama y me siguió embistiendo con furia. En eso me llega una llamada: vi que era César. No iba a contestar, pero Eduardo agarró mi teléfono, contestó y me lo puso al oído.
Yo: “Oooh, hola, amor”.
César: “Hola, mi amor, ¿cómo estás?”.
Yo: “Bi-bien, mi amor”.
César: “Bien, te extrañaba y quería escucharte”.
Yo: “Ayyyy, síiii, qué lindo”.
César: “Jajaja, te amo”.
Yo: “Y-y yo a ti, amor” (tenía a Eduardo embistiéndome bien duro y sonaba PLAF PLAF PLAF PLAF de mis nalgas chocando con la pelvis de Eduardo; yo mordía las sábanas).
César: “¿Y qué es eso?”.
Yo: “Ehh, estoy… estoy matando mosquitos, amor”.
César: “Ah, ya veo, amor. Bueno, te dejo, tengo que seguir trabajando. Te amo”.
Yo: “Te a-amo, amor” (PLAF, una buena nalgada de Eduardo).
Colgué rápido. Eduardo me puso boca arriba, se montó, yo lo abracé con mis piernas y me la siguió metiendo bien duro mientras nos besábamos con lengua. Luego chupaba mis tetas mientras me clavaba su vergota hasta las bolas. Dios, qué rico. Me cogió una hora más hasta que eyaculó dentro de mí. Uff, me inundó la vagina con su leche espesa. No podía creer que le había sido infiel a César, pero Dios, cómo lo necesitaba. Eduardo se vistió, lo acompañé desnuda a la puerta, nos besamos y se fue. Dios, aún no podía creer lo que había pasado. A pesar de tremendo cogido que me pegó, lejos de estar satisfecha, estaba más que excitada.
Al día siguiente no pensaba salir porque sabía que me encontraría a Eduardo, pero a eso de las 10 tocaron a mi puerta. Miré quién era: era Eduardo. Dudé si abrir o no, pero la calentura me ganó y abrí. Eduardo pasó, cerró la puerta, me pegó a la pared y comenzó a besarme. Dios, no podía negarme. Me arrodilló y me puso a mamársela. Luego me llevó al cuarto y me cogió hasta las 2, volvió a eyacular dentro de mí.
Al día siguiente, Eduardo tenía descanso, así que no trabajaba. Cuando bajé, vi cómo los otros dos vigilantes me miraban con deseo. No sé si era que Eduardo les había dicho lo que hicimos o por cómo estaba vestida, con minifalda y blusa corta, jaja. Me quedé con la duda, pero me fui a hacer mis compras. Yo siempre voy a la misma verdulería. El señor Gomes, de unos 74 años, siempre me trata bien. Es un viejito sádico, pero calo sus coqueteos asquerosos porque me regala cosas siempre que voy, jaja.
De vuelta a casa, volvía con un par de bolsas. Saludé a Jesús y Carlos.
Jesús: “Muy buenas, señorita Yoli”.
Carlos: “¿La ayudamos con las bolsas?”.
Yo: “Tranquilos, no están pesadas”.
Jesús: “Insistimos”.
Yo: “Bueno, ya que, jaja”.
Me agarraron las bolsas y me siguieron. Podía sentir sus miradas en mi culo. Llegamos a mi depa, entraron, pusieron las bolsas en el comedor. Yo les llevé agua. Cuando regresé, ¡estaban completamente desnudos! Dios, tenían esas vergotas durísimas: una era negra como el carbón, gorda y cabezona (unos 19 cm), y la otra negra morada, algo delgada pero llena de venas (20 o 21 cm).
Yo: “¡Chicos! ¿Qué hacen desnudos?”.
Jesús: “¿No quieres esto?” (Se agarró la vergota y se la sacudía).
Yo: “Sí, saben que tengo novio, ¿no? ¡Estamos en su departamento!”.
Carlos: “Eso no te impidió comérsela a Eduardo, ¿o no? Jaja”.
Diablos, Eduardo sí les había dicho. Jesús se acercó, puso sus manotas en mis hombros haciendo presión hacia abajo, indicándome que me arrodillara. Me resistí un poco, pero al ver esas vergotas duras no pude negarme. Me arrodillé. Carlos se acercó y ambos me golpeaban la cara con sus vergotas.
Jesús: “Vamos, abre la boca, que sabes que lo deseas, puta”.
Dios, Jesús me pasaba la cabezota de su verga por los labios. La poca resistencia que me quedaba se derrumbó y terminé abriendo la boca para que entrara su enorme cabezota. Comencé a chupársela y masturbé a Carlos. Luego cambiaba: les pasaba la lengua por las cabezotas al mismo tiempo, me las metían hasta la garganta. Me llevaron al sofá. Carlos se sentó y me puso a mamársela en cuatro, mientras Jesús se ponía atrás de mí, me subía la falda, hacía a un lado el hilo y me la metió hasta el fondo. Dios, qué rico. Me nalgueó y empezó a embestirme bien duro mientras Carlos me cogía por la boca. Dios, qué sabroso. Yo tenía un tremendo orgasmo. Luego se cambiaron. Después me puse a cabalgar a Jesús y Carlos se puso atrás: me la fue metiendo por el culo hasta tenerla toda adentro y empezó a darme por el culo bien rico. Me hicieron doble penetración por 2 horas hasta que cada uno eyaculó dos veces. Me dejaron acostada ahí, desnuda en el sofá, chorreando leche por mi culo y vagina. Estaba agotada. Los chicos se fueron, me quedé dormida un rato. Al despertar, limpié todo. No podía creer que me habían cogido todos los vigilantes del edificio, jaja. Estaba pasada de puta: no había pasado ni una semana y ya me habían cogido tres tipos, y ni siquiera lo había hecho con César.
Días después, Eduardo seguía con su último día de descanso. Iba vestida con un vestido corto. Fui a la verdulería como siempre. Ese día no había nadie, era poco usual conseguir la tienda vacía, pero así fue. Agarré mis cosas ante la atenta mirada del viejo Gomes. Cuando iba a pagar, ¡vaya sorpresa! Había olvidado el dinero.
Yo: “Ay, señor Gomes, se me quedó el dinero y qué pereza ir y venir de nuevo. ¿No me lo puede anotar?”.
Gomes: “No, hija, usted sabe que yo no fío”.
Yo: “Ay, no, qué pereza 😭”.
Gomes: “Pero podemos llegar a un acuerdo y puede pagar de otra forma, si sabe a lo que me refiero 😏”.
Este viejo asqueroso, ¿cómo se atrevía a decirme eso solo por 3 bolsas? Pero ya que hizo la oferta, me iba a aprovechar. Además, es un viejo verde, seguro se la tocaba y se venía rápido, jaja.
Yo: “Mmm, bueno, solo le haré una oferta: usted vea si la acepta o no”.
Gomes: “Sí, sí, dígame”.
Yo: “Una mamada y no pago ni esto ni lo que venga a comprar por 1 semana. Tómalo o déjelo”.
Gomes: “¡SÍ, ACEPTO!”.
Jajaja, pobre viejo, lo voy a dejar en la ruina. El viejo Gomes cerró la tienda y nos fuimos para la parte de atrás. Se bajó los pantalones y el bóxer, y se sentó. El señor Gomes era un tipo moreno, bastante corpulento, y esa verga que tenía no era normal: extremadamente gorda, mediría como 6 o 7 cm de ancho. Muy, pero muy gorda. Dios, pensé, ¿cómo ese viejo podía tener esa vergota? Me puse en cuatro entre sus piernas y comencé a mamársela. El viejo puso su manota en mi cabeza; mientras se la chupaba, trataba de meterla todo lo que podía, pero era imposible, no pasaba de la mitad, era demasiado gorda. Se la chupeteé, la lamía, lamía las bolas enormes que tenía. Estaba tan concentrada chupándosela que no me di cuenta de que el viejo me estaba subiendo el vestido: ya lo tenía por la cintura y mis nalgas al descubierto. Me podía ver el hilo y empezó a darme nalgadas. Dios, esas manotas sí que dolían y me excitaban. Me las dejó bien rojas. Se la chupé como 30 minutos hasta que eyaculó en mi boca. Me lo bebí todito, sin dejar una sola gota de leche. Pues el viejo tenía buen aguante, no pensé que tardara tanto. Me dejó bien caliente ese viejo cochino. Me levanté, me acomodé el vestido, agarré mis cosas y me fui. El viejo andaba súper feliz.
Apenas llegué al edificio, le di las bolsas a Jesús y Carlos y subimos a mi depa. Me reventaron a vergazos por 3 horas. Yo gemía y chillaba como cerda, tuve como 7 orgasmos. Luego de que se fueran, no podía creer que me hubiera excitado tanto mamársela a ese viejo feo. Todos los días iba a la verdulería, agarraba mis cosas y me iba. El viejo Gomes solo me sonreía, feliz de la mamada que le di. Y cuando llegaba a casa, me reventaban a vergazos los vigilantes. Se empezó a rumorear que los vigilantes se estaban cogiendo a la del departamento XXX, o sea, yo, jaja.
Una semana después, fui a la verdulería, agarré lo que necesitaba y fui a pagar. No había mucha gente, como 2 o 3.
Gomes: “Qué rápido pasó la semana, ¿no?”.
Yo: “Sí, lastima que ya deba pagar” (lanzé una indirecta a ver si la agarraba, jaja).
Gomes: “Bueno, podemos tener otro acuerdo”.
Yo: “Me interesa, lo hablamos por mensaje”.
Le dejé mi número y me fui. En casa me cogió Eduardo. Cuando se fue, ya tenía un mensaje del viejo.
Gomes: “Hola, chiquita, te quiero coger. ¿Qué oferta me da?”.
Yo: “Mmm, una cogida y no pago más nunca”.
Gomes: “Nah, una sola? Por lo menos una semanal”.
Yo: “Una mensual y más nunca pago. Es eso o nada”.
Gomes: “Va, ven a la verdulería a eso de las 5 que ya cierro”.
Yo: “Ok”.
Dios, no podía creerlo: me estaba prostituyendo por unas verduras, jajaja. Aunque en realidad lo que quería era meterme toda esa gorda verga. Se hizo la hora y me fui. Apenas llegué, el viejo Gomes cerró todo. Ahí mismo en la barra para pagar me arrodilló y me puso a mamársela. Luego me levantó, me inclinó, me subió la falda, me bajó el hilo y me la fue metiendo poco a poco. Dios, sentía que me partían en dos. Cuando logré tenerla toda adentro, uff, la vagina la tenía expandida al máximo. Empezó el mete y saca lento, pero subiendo la velocidad hasta que ya me estaba dando duro. Me agarraba los pezones y jugaba con ellos mientras me cogía como quería. Yo gemía como perra en celo. Me cogió bien rico como 1 hora hasta que me arrodilló y eyaculó en mi boca. Me lo tragué todito, me arreglé, limpié y me fui rápido, ya que mi novio llegaba a las 7.
Pasaron 2 semanas. Yo seguía cogiendo con los vigilantes. Cada vez los rumores eran más intensos hasta que llegaron a los oídos de César.
César: “Oye, amor, una vecina me detuvo y me dijo que entendía que somos jóvenes, pero que si podíamos hacer el amor en silencio en las tardes. ¿Me puedes explicar?”.
Yo: “Ah, es que veo porno en las tardes y me masturbo. Supongo que soy algo escandalosa”.
César: “Ah, yo me había asustado”.
Yo: “¿Por cierto, quién te dijo eso?”.
César: “La del XXX”.
Yo: “La gente en este edificio es de lo último”.
La situación siguió igual unos días. Empecé a subir a mi WhatsApp y Facebook fotos un poco más sexys. No tardaron en escribir mis amigos y hasta uno que otro amigo de César. Yo coqueteaba con todos, más con el mejor amigo de César, Lucas. Con él coqueteaba casi a diario, me gustaba ese jueguito inocente.
Llegó un fin de semana: Lucas vino en la noche a beber con mi esposo y conmigo, como habitualmente lo hacíamos, aunque ya hace unos meses no lo hacíamos porque los dos suelen trabajar bastante. Pero sacaron tiempo. Estábamos bebiendo y pasándola bien. A veces había miradas de complicidad entre Lucas y yo. César, como siempre, se embriaga muy rápido y ese día no fue la excepción. Ya a las 2 de la mañana estaba totalmente ebrio. Lucas me ayudó a llevarlo a dormir. Luego seguimos hablando en la sala. Entre trago y coqueteo, nos terminamos besando. Me monté sobre él mientras me agarraba las nalgas y me nalgueaba. Yo le comía la boca. Me desnudó, se bajó los pantalones y me monté sobre él: me metí toda su vergota y empecé a cabalgarlo. Él chupaba mis tetas mientras apretaba bien duro mis nalgas. Yo me la metía entera. Dios, estaba cogiendo con el mejor amigo de César y César estaba dormido a unos metros. Me tenía tremendamente excitada toda la situación. Luego me puso en cuatro, boca arriba, boca abajo, me cargó… Me cogió en todas las poses hasta que eyaculó dentro de mí. Dios, fue una tremenda cogida. Me arreglé, me limpié y me fui a dormir.
A la mañana siguiente desayunamos todos. Obviamente había miradas de deseo entre Lucas y yo, jaja. La cosa quedó ahí por unos meses, hasta que sacó tiempo y vino una mañana a cogerme de nuevo. Ya a esas alturas había dejado de coger con los vigilantes, aunque seguía haciéndolo con el viejo Gomes. Tenía varios tipos que venían a cogerme al depa: en esos meses fueron un total de 8.
Una vez era de noche, César apenas había llegado de trabajar.
Yo: “Amor, viene un viejo amigo a quedarse”.
César: “¿Y eso, amor?”.
Yo: “Es que apenas llegó a la ciudad y como teníamos tiempo sin vernos, lo invité. ¿No te importa, no?”.
César: “No, amor”.
Yo: “Te amo”.
César: “Te amo”.
Me fui a duchar, me puse esta pijama. Apenas César me vio:
César: “Ehh, amor, ¿te vas a poner eso con tu amigo aquí?”.
Yo: “Sí, amor, ¿por qué? Mi amigo es gay, súper gay”.
César: “Ah, ¿es gay? Entonces no hay problema”.
Al rato llegó Fabián. Le abrí y César apenas lo vio dudó si le dije la verdad, jaja. Fabián era un tipo de 1.91, negro, musculoso, súper varonil, un macho en toda regla. Ya Fabián y yo habíamos cogido varias veces, y le encantó la idea de venir a conocer a César.
Fabián: “Hola, compa, mucho gusto, Fabián”.
César: “Ey, hola, mucho gusto, César”.
Fabián: “Yoli me contó mucho de ti”.
César: “Ah, sí? Espero que puras cosas buenas, jaja”.
Fabián: “Sí, obvio, jajaja”.
Empezamos a hablar todos hasta las 12.
César: “Bueno, yo ya voy a dormir, mañana toca trabajar. Feliz noche, compa. Buenas noches, amor”.
Fabián: “Buenas noches, amigo”.
Yo: “Buenas noches, mi amor”.
César se fue. Fabián y yo nos comenzamos a besar. Yo le frotaba la vergota negra sobre el pantalón. Nos besamos 10 o 20 minutos. Me levanté, fui a ver si César estaba dormido: en efecto, roncaba como siempre. Me regresé a la sala, me arrodillé y comencé a mamársela a Fabián, que abrió sus brazos como un rey disfrutando de su puta. Se la estuve mamando media hora. Luego nos levantamos, nos fuimos al cuarto de invitados y cerramos la puerta. Me desnudé, Fabián se desnudó, me puso en cuatro y comenzó a cogerme bien duro. Yo ahogaba mis gemidos mordiendo la almohada. Fabián me daba durísimo. Luego me puso boca arriba, con las piernas bien abiertas, y me taladraba con su vergota negra. Me cacheteaba, me asfixiaba, me pellizcaba los pezones. Dios, me cogió con todo hasta las 5 de la mañana. Nos quedamos dormidos; yo tenía leche en mi culo y vagina.
A la mañana siguiente me levanté a eso de las 9. Tenía varios mensajes de César:
César: “Quiero una explicación de por qué estabas encerrada en el cuarto con ese tipo”.
César: “¿Qué hacías ahí?”.
César: “¿Por qué dormiste ahí y no conmigo?”.
Yo: “Ey, cálmate, mi amigo es gay, no hicimos nada, solo hablamos hasta que nos quedamos dormidos. Además, ¿no confías en mí o qué?”.
Yo: “Si así dímelo de una vez para acabar con esto”.
César: “No, no, disculpa, mi amor, no quise decir eso. Disculpa”.
Yo: “Ah, bueno, que no se vuelva a repetir esta escenita”.
César: “Está bien”.
Luego de hablar con César y ponerlo en su lugar —¡cómo se atrevía a desconfiar de mí, atrevido!—, me puse a mamársela a Fabián, que seguía dormido. Ya su verga estaba bien dura y me puse a cabalgarlo hasta que se despertó y empezó a cogerme como quiso. El resto del día solo hablamos y pasamos el rato. En la noche, cuando llegó César, no dijo nada, solo actuó normal. Yo actué molesta. Estaba vestida con un minishort y una blusa, haciendo la cena. César estaba en la sala con Fabián. En eso, Fabián viene a la cocina, me da una buena nalgada, yo me río. César no dijo nada. Fabián tomó agua y me dio otra nalgada. Terminé de cocinar, comimos y nos fuimos a la sala a hablar. Yo me senté encima de Fabián, con César adelante. Me movía levemente encima de Fabián, que ya tenía la vergota bien dura. En eso se levanta y se ve claramente que tiene la verga durísima, súper excitado por tenerme encima. Yo me río y César no dijo nada, pero con eso confirmó que Fabián no era nada gay, jaja.
Al rato César se fue a dormir y yo y Fabián nos fuimos a su cuarto. Empezamos a coger; ya no me importaba si me escuchaba César. Yo estaba en cuatro y Fabián me estaba reventando el culo. En eso veo que mi teléfono suena mucho. Lo alcancé sin que Fabián dejara de cogerme y veo mensajes de César:
César: “¿Qué estás haciendo?”.
César: “¿Por qué te encerraste?”.
César: “¿Qué haces? ¿Por qué haces esos sonidos?”.
César: “¿Están cogiendo?”.
Yo por WhatsApp: “Por Dios, César, mi amigo es GAY, no estamos haciendo nada”.
Yo por WhatsApp: “¿Cuántas veces te lo tengo que decir? ¿No confías en mí?”.
Yo: “¡DIOS, QUÉ RICO, PAPI! ¡SÍ, DAME, DAME ASÍ! ¡DIOS, QUÉ RICO!”.
César: “Sí confío en ti, pero ¿por qué dices eso que escucho?”.
Yo por WhatsApp: “Porque estoy comiendo algo rico”.
Yo: “¡DIOS, AHHHH! ¡DAME MÁS DURO, SÍIIII!”.
Yo por WhatsApp: “Si no vas a confiar en mí, dímelo y terminamos. Si eso es lo que quieres, mañana mismo me voy y no vuelves a saber de mí”.
César: “No, amor, por favor no me dejes. Olvida lo que dije, por favor, soy un tonto, no te vayas, yo te amo”.
Yo por WhatsApp: “Yo también te amo, me duele que dudes de mí”.
Yo: “¡UFFFF, SÍÍÍ! ¡QUÉ RICO, PAPI, ASÍ, DAME MÁS DURO, DIOS!”.
César: “Perdóname, no lo volveré a hacer”.
Yo por WhatsApp: “¿Seguro? No quiero más escenas como estas. Si vuelves a dudar de mí, me voy sin pensarlo”.
César: “Te lo juro, amor”.
Yo por WhatsApp: “Está bien, te dejo, seguiré hablando con Fabián”.
Yo: “¡DIOS, PAPI, REVÍENTAME EL CULO! ¡DAME ESA VERGOTA! ¡DIOS, QUÉ RICO!”.
Empecé a gemir como perra en celo pidiendo verga, sabiendo perfectamente que César me estaba oyendo. Fabián me cogió hasta las 6 de la mañana; hasta escuchamos cómo mi esposo se fue a trabajar. Luego dormimos.
En la tarde, Fabián se fue. Ese día estaba molida. Cuando llegó César en la noche, lo besé y me puse muy romántica con él. Él no me dijo ni una sola palabra de lo que escuchó.
Al día siguiente, en la noche cuando llegó de trabajar:
Yo: “Amor, en un rato viene un amigo”.
César: “¿Fabián?”.
Yo: “No, otro, amor”.
César: “Ah, okey, amor”.
Me puse una minifalda y una blusa. Llegó el tipo que había invitado. Le dije a César:
Yo: “La comida ya está lista, amor. Me iré a hablar con mi amigo al cuarto. Te amo”.
César: “Ah, okey. Te amo”.
Apenas entramos en el cuarto, nos comenzamos a besar. Él me agarraba el culo, me nalgueaba. Me puse a chupársela y luego me cogió hasta la madrugada. Nos quedamos dormidos. En la mañana el chico se fue. En la noche volví a invitar a otro amigo, y luego al día siguiente a otro, y otro más. Un día invité a dos chicos e hicimos un trío toda la noche y parte de la mañana. Una vez que vino Fabián a cogerme, estábamos todos en la sala. Yo cargaba una batita de seda sin nada abajo. Estaba encima de Fabián y al lado estaba César. Estábamos viendo una película; Fabián y yo cubiertos por una cobija de la cintura para abajo. Fabián me estaba desnudando bien rico. Yo me levanté levemente; Fabián hábilmente se sacó la vergota y me la metí ahí mismo con César al lado. Él nos miraba de reojo, jaja. Yo me subía y bajaba lentamente. Seguimos así hasta que terminó la película y Fabián eyaculó dentro de mí. Dios, qué rico. Luego en el cuarto me cogió como una bestia.
Así pasaron unos meses. Yo cogía con todos los que quisiera: un total de 24 tipos me cogieron en esos meses. Un día había subido una foto en cuatro usando hilo al WhatsApp, pero se me había olvidado bloquear al padre de César, que recién había cambiado de número y a mí se me había olvidado por completo. Cuando vi que había visto mi foto, me asusté, pero luego me excitó. Fue bastante raro. Empecé a subir más y más fotos, pero que solo las viera él, y apenas las subía, él las miraba. Me encantaba.
Un día se dañó el interruptor de la luz y, como él era electricista, le dije si podía venir a ayudarme. Aceptó de una y dijo que iba al día siguiente. Ese día me puse un precioso microhilo y una batita que me quedaba con la mitad del culo al descubierto, ya que me quedaba pequeña. Apenas llegó y me vio, pude ver cómo se le ponía duro. Eso me calentó demasiado. Se puso a arreglar el interruptor de la sala y yo me puse a hacer yoga en la sala: hacía poses que él pudiera verme el culo bien abierto. Me ponía en cuatro, pegaba mi pecho al piso y levantaba todo el culo, me abría toda. Yo sabía que mi suegro me estaba viendo; eso me calentaba demasiado.
Yo: “Oiga, señor Raúl, ¿me puede venir a ayudar con esta pose?”.
Raúl: “Sí, como no, hija”.
Yo: “Bien, póngase atrás y agárreme de la cintura”.
Raúl me hizo caso, me agarró bien duro de la cintura. Me podía imaginar su cara al verme en cuatro, mis nalgas bien abiertas con ese diminuto hilo; se me vería hasta el alma.
Yo: “Bien, ahora agárreme los brazos, péguese bien a mí y sosténgame”.
Puse mis manos en mi espalda, él me las agarró. Pegué mis nalgotas a la pelvis de Raúl y pude sentir su vergota bien dura.
Yo: “Ay, suegro, ¿qué es eso duro que siento en mis nalgas?”.
Mi suegro me soltó.
Raúl: “Lo-lo siento, Yoli, qué pena”.
Yo: “¿Se excitó conmigo?”.
Raúl: “Sí, disculpa”.
Yo: “Pero yo podría ser su hija, señor Raúl”.
Raúl: “Sí, lo siento, mejor me voy”.
Yo: “No, no, ¿cómo se va a ir con eso así? Todo el mundo lo va a ver. Mmm, venga, yo lo ayudo, pero no le diga nada a César”.
Mi suegro ni se inmutó, no dijo nada, se quedó ahí parado. Yo, así arrodillada como estaba, me acerqué y le bajé los pantalones y el bóxer. Salió su verga bien rica y dura. Se la agarré y me la puse en los labios.
Yo: “No le dirá nada a César, ¿verdad?”.
Raúl: “N-no, claro que no”.
Apenas escuché eso, me la metí entera en la boca. Con toda su vergota en mi garganta, le lamía las bolas. Luego lo masturbaba mientras chupaba su cabeza, lo miraba mientras me la metía en la boca. Mi suegro estaba gozando de lo lindo. Me terminé desnudando y me puse en cuatro. Mi suegro me cogió súper rico: me nalgueaba y jalaba del cabello mientras me daba con todo. Hasta que, luego de 40 minutos, se vino adentro de mí. Nos fuimos a la cama y nos besamos desnudos. Al rato volvimos a coger hasta que volvió a eyacular dentro de mí.
Ese día mi suegro se quedó. A César le pareció raro verlo en la casa y más quedándose, ya que nunca se quedaba. Nos fuimos a acostar. César ya estaba acostado cuando yo me levanté diciéndole que iba por agua, pero me fui al cuarto de mi suegro y me cogió hasta las 3 de la mañana. A eso de las 9 me levanté y ya no había nadie: mi suegro se tuvo que ir temprano. Pero en la noche llegó de nuevo. Yo andaba en hilo con una blusa. César me miraba mucho pero no decía nada, dejaba que anduviera así con su padre en la casa. Mi suegro me nalgueaba sin que César viera, pero siempre oía los nalgadazos.
Estábamos en la cocina —donde solo se podía ver desde el abdomen para arriba desde la sala, donde estaba César viendo televisión—. Yo estaba haciendo la cena cuando apareció Raúl. Me dio una buena nalgada, me arrodillé rápido y empecé a chupársela escandalosamente. Se podía oír claramente que le estaba dando una buena mamada a Raúl y supongo que César lo oyó.
César: “¿Y Yoli, papá?”.
Raúl: “Me dejó a cargo de la comida, fue al baño”.
César: “Qué raro, no la vi pasar”.
Raúl: “Andas muy distraído, hijo, jaja”.
Raúl, luego de 10 minutos, eyaculó y me bebí su rica leche. Luego de comer nos fuimos a dormir, pero yo me fui a dormir con mi suegro. Le di un beso a mi esposo y le dije adiós. Pasamos cogiendo toda la noche hasta las 5 de la mañana. Mi suegro prácticamente se mudó con nosotros y me cogía todos los días, así estuviera o no mi esposo César.
Luego de unos meses, salí embarazada de mi suegro. Tenía un mes de embarazo cuando me enteré por la prueba que me hice. Mi suegro estaba muy feliz y yo también. En la noche le di la noticia a César.
Yo: “Amor, tengo que hablar contigo”.
César: “Dime, amor, ¿qué pasa?”.
Yo: “Estoy embarazada, ¡vas a ser papá!”.
César: “¿Qué? Pero ¿cómo? Si no lo hemos hecho en 4 meses”.
Yo: “Y? Se llama embarazo retardado: tu semen se quedó en mi vagina y ahora es que fecunda el óvulo”.
César: “No puede ser”.
Yo: “¿Qué insinúas? ¿Que te soy infiel?”.
César: “No, no, amor, no dije eso”.
Yo: “¿Entonces?”.
César: “Solo que me cayó de sorpresa. Wao, seremos padres”.
Yo: “Sí, amor, qué felicidad. Ahora tendrás que trabajar más, jajaja”.
César: “Sí, ya veo”.
Yo: “Igual Raúl nos ayudará con el bebé”.
César: “¿Mi papá? ¿Y por qué?”.
Yo: “Porque es su nieto, pues, ¿por qué más será?”.
César: “Ah, okey”.
Luego de eso me fui a dormir con mi suegro y cogimos hasta la madrugada. Me dio por el culo deliciosamente. Mi suegro oficialmente se mudó con nosotros y cogíamos todos los días: me chupaba las tetas y se bebía la leche de mis tetas casi a diario. Ya yo no dormía con César, ahora dormía con Raúl. Di luz a un varón hermoso. Luego de recuperarme, seguí cogiendo con Raúl, hasta que le salió un trabajo buenísimo en otra ciudad y se tuvo que ir. Pero venía dos veces al mes a cogerme y a ver a sus dos hijos. Yo, por mi parte, cogía a veces con uno que otro hombre que conocía, pero eso ya es otra historia que les contaré después. Hasta la próxima.
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