Continuación después del trio con mi cuñado
Al día siguiente, durante toda la mañana, no dejaba de pensar en la gran noche que pasé con mi esposo y su hermano. Tenía unas ganas enormes de repetir esa sensación de estar con mi cuñado. No paraba de imaginar lo rico y excitante que me cogía.
Durante el día, me animé a decirle a mi esposo que quería estar a solas con su hermano. Le mandé un mensaje:
Jessi: Hola, amor. No quiero quitarte mucho tiempo, pero me gustaría pedirte si me dejas esta noche estar a solas con Dan. Me gustó todo lo de anoche, no he dejado de imaginar qué pasaría hoy.
Mi esposo: Amor, sabes que siempre me ha gustado complacerte en todo. Claro que puedes, solamente que sean cuidadosos, ya que hoy no llego a casa por un viaje de trabajo.
Jessi: Muchas gracias, amor. Sí tendré cuidado y te amo. Te espero mañana. Besos, amor.
Mi esposo: Gracias, amor. Te amo.
Después de eso, le mandé un mensaje a mi cuñado:
Jessi: Hola, disculpa. No he podido dejar de pensar en lo de anoche y me gustaría repetir algo esta noche. Ya hablé con mi esposo y está de acuerdo. ¿Qué dices?
Dan: Hola, cuñadita. ¡Claro que sí! Sabes que siempre has sido mi deseo y tenerte es algo que nunca negaré. Hace años que me gustabas, pero te ganaron y te quedaste con mi hermanastro. Si está bien, nos vemos en la casa. Por cierto, quiero que te pongas tu short corto y tu blusa transparente, sin nada de ropa interior. Siempre me ha gustado verte así en la casa.
Jessi: Siempre me daba cuenta de que me mirabas mucho con esa ropa. Claro que lo pondré. Te veo en la casa, ¿qué te parece a las 3 a.m.?
Dan: Pues sí, está bien esa hora, ya que mis papás se duermen. Puedes ir a mi cuarto.
Jessi: Ok, te veo a esa hora.
Durante el resto de la tarde me alisté: me depilé bien y busqué la ropa con la que él quería verme. Él llegó a la casa a las 10 p.m., se bañó, cenamos todos, pero evitábamos vernos. Aunque estar cerca de él me daba una sensación muy excitante que me empezaba a mojar.
Acabamos la cena, me fui a mi cuarto y me acosté a dormir un rato. A la 1 a.m. me levanté, fui al baño, me duché y me cambié. Vi que mis suegros estaban durmiendo y no aguanté más: me fui a su cuarto.
Entré en el cuarto. Él estaba acostado en la cama. Al acercarme, se asustó y me dijo:
Dan: ¿Qué haces aquí tan temprano? Se ve que ya tienes ganas, ¿verdad?
Jessi: Me dejaste muy prendida. Ya quiero volver a tenerte dentro de mí.
Dan: Acuéstate.
Me acosté en la cama. Me empezó a besar mientras con sus manos buscaban mis nalgas y me las apretaba. Sentía cómo me iba mojando cada vez más.
Ya tenía ganas de tener su pene en la boca. Le fui desabrochando el pantalón. Al sacarle su pene, ya estaba súper erecto. Lo empecé a chupar despacio: pasaba mi lengua por todo su glande y bajaba hasta sus huevos. Me encantaba sentir lo caliente que estaba.
Lo metía despacio en la boca y trataba de tragármela toda, pero era más grande y sentía que me ahogaba. No quería dejar de meterla hasta el fondo. Mamaba esa rica verga con desesperación. Él me decía:
Dan: Cuñadita, sí que eres una experta. Siempre he querido tenerte así.
Jessi: Aquí estoy y soy tuya.
Él no dudó más: me bajó mi blusa y estuvo chupando mis tetas con tantas ganas que me hacía gemir. Fue bajando hasta llegar a mi cintura, me desabrochó el short y me lo quitó. Empezó a chupar mi conchita como nunca antes me lo habían hecho. Estaba muy excitada, gemía, pero me aguantaba para no hacerlo más fuerte.
Estando ya demasiado mojada, le dije:
Jessi: Ya méteme la verga. Quiero que me hagas tuya, mi amor.
Él se quedó acostado. Me monté y sentía cómo me entraba toda. Me fui moviendo cada vez más rápido. Él me apretaba las nalgas mientras con su dedo buscaba la entrada de mi ano. Eso me ponía más caliente y me hizo tener un orgasmo en cada movimiento. Sonaba como estaba empapada de mis fluidos.
Me puso en cuatro y me empezó a dar duro. Ya sentía cómo me abría la concha. Estaba tan caliente que no me importaba si gemía fuerte. Cambiamos de posición: me arrinconó a la pared donde está la ventana que da hacia la calle. Mientras me penetraba, me agarraba de los barrotes de la ventana.
Le decía:
Jessi: Sí, papi, dame lechita. Quiero que me dejes llena.
Él sonrió y dijo:
Dan: Claro que te lo dejaré dentro. Eres mi puta.
Mientras me jalaba del cabello, un orgasmo me hizo temblar. Él se descargó dentro de mí. Se separó, abrí las piernas y empezó a salir el semen, tan caliente. Me viré y le mamé la verga hasta dejarla limpia.
Después de eso, nos fuimos a acostar. Me abrazó, pero escuché un ruido y me quité mejor, porque pensé que se habían despertado mis suegros.
¿Te gustó este relato? descubre más relatos calientes en nuestra página principal.

Me dejas tu coreo?
[email protected]
Excelente tu relato hay más relatos rikos