Mamá fue cogida en público

Thiago y Silvia nos habían invitado para ir con ellos a pasar una tarde en la playita nudista.

La invitación era para Gregory, mi mamá y yo.

Programamos para el día sábado.

Esta vez mamá ya no puso excusas para no ir. Sería su segunda vez.

Gregory la animaba diciendo que seríamos cinco. Y podríamos disfrutar sin involucrar a desconocidos.

Llegado el día y la hora, nos reunimos para viajar. Silvia debió suspender su día por estar resfriada y con dolor de garganta.

¡¡¡Qué pena!!! Deseaba conocerla. Dijo mamá.

Los cuatro ascendimos al ómnibus que nos llevó por 50 minutos.

Luego de ingresar, tras caminar un kilómetro.

Nos quitamos la ropa junto al sector de duchas. Nos refrescamos un poco. Nos mojamos de cabeza a pies.

María (mamá). Calzó su sombrero caribeño. Anteojos para sol y ojotas.

Nos aplicamos aceite bronceador unos a otros, metiendo mano casi en demasía entre bromas y risas.

Cargando nuestros pequeños bolsos con nuestras pertenencias, comenzamos a caminar sobre la línea donde el mar moja la arena.

Mamá y yo caminábamos delante de ellos.

Por momentos ella me tomaba por la cintura y yo a ella.

Intuía que ellos iban mirando nuestros culos… Imaginar que les generaba erección me excitaba.

El sol a pleno, sin nubes, nos enardecía la piel.

Mamá y yo nos detuvimos y los miramos. Estaban transpirados.

Sus gruesos miembros oscuros colgaban como badajos de campanas.

—Dejemos nuestras pertenencias sobre la arena y entremos al mar —dije mirándolos a la cara.

Tomada a la mano de ella, enfrente la primera ola. Nos tambaleamos.

Gregory me sujetó entre sus brazos para evitar mi caída.

Thiago contuvo a mamá con su pecho. Ella se volvió para agradecerle y chocó sus tetas en él.

Thiago la aprisionó con sus robustos brazos, haciendo chocar no solo sus tetas. También su vientre y pelvis.

María lo miró a los ojos y sonrió.

Chocamos, nos abrazamos, reíamos y nuestras manos hurgaban intimidades propias y ajenas.

Por momentos me sentía atrapada entre los dos robustos cuerpos de Thiago y Gregory. Sus penes semilevantados me tocaban vientre y glúteos. Haciendo movimientos sensuales, intenté escapar de sus brazos. Pero me dejaban libre si les daba un beso. También acorralaban a María. Ellos con sus brazos sumergidos la mantenían prisionera.

Ella se reía y brincaba dentro del encierro hecho de brazos y piernas peludas. Salimos del mar.

Decidimos acostarnos sobre las lonetas para exponernos al sol.

María y yo fuimos a desempacar las lonetas sobre la arena.

Nos seguía Gregory, balanceando su pene un poco engrosado.

Más atrás lo seguía Thiago procurando bajar su erección.

Vayamos a tendernos allá cerca de las rocas. Aquí es demasiado transitado y van a tropezar con nosotros. Dijo Thiago señalando un montículo de piedras y comenzó a caminar. Lo seguimos casi en fila, María (mamá), Gregory y yo.

Quizás, él caminó delante para ocultar su erección.

Llegamos al final de la playita y estiramos las lonetas detrás de un montículo de piedras y arena.

Volvimos a mojarnos en el mar.

María y yo nos estiramos sobre la lona y entrecerré los ojos.

Thiago nos habló, estando de pie a nuestro lado. Hermosas meninas, ¿pueden hacer lugar para nosotros o tendremos que apoyar el culo en la arena?

Abrí los ojos y miré. Mirando desde el piso, aprecié cuán grandes son sus huevos. En la base de su verga, lucía el escroto redondeado y oscuro.

En el centro de la lona extendida, mamá y yo nos juntamos mirándonos. A mi espalda se acomodó Gregory. Por detrás de ella se acostó Thiago.

Aunque recibíamos un poco de sombra proyectada por una gran piedra. Comencé a transpirar por la temperatura ambiente y la proximidad de los cuerpos.

Pronto, Thiago rodeó con un brazo las tetas de María y su mano jugaba con sus pezones.

Gregory acariciaba suavemente mi vientre y mantenía su verga apoyada entre el nacimiento de mis piernas.

Algunas personas que llegaban caminando hasta nosotros se volvían. Otros simulaban no vernos y quizás alguien se apostó escondido para presenciar nuestros movimientos y pajearse.

Thiago estaba muy pegado a la espalda de mamá. Y la rodeaba con un brazo por sobre sus pechos.

Invité a Gregory para mojarnos en el mar. Él aceptó y caminamos hasta el agua.

Con el agua hasta mitad de sus muslos, Gregory miraba hacia el agua infinita. Yo frente a él, arrodillado y mirando hacia la playa; comencé a lamer la salada cabeza de su pene. Pronto logro tener una erección formidable y continúe pajeando su miembro con mi boca.

Su verga hizo contracciones y me llenó de leche.

Gregory me acariciaba la cabeza. Yo miraba a Thiago y mamá que tenían más lugar para estar cómodos sobre la lona.

Pero estaban muy juntos, con las piernas entrelazadas. Hasta que cambiaron de posición. Thiago se estiró mirando el cielo. Ella lo montó y comenzó a moverse. Él magreaba sus tetas. Por momentos juntaban sus rostros.

Detrás de las rocas vi asomarse tres cabezas que disfrutaban la tremenda cogida al aire libre. Los envites de Thiago la levantaban.

Quizás gritaba cuando la ensartaba, pero yo no la oía.

Roberta

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Roberta
Roberta

Me llamo Roberto, Tengo 23 años, mi estatura 163. peso 58 kilos. blanco, lampiño natural. Me inicié (pasivo) hace 5 años. Me siento mujer. Me gustaría conocer chicos como yo y hombres que gusten de los mariquitas ( putitos Gracias por leer los relatos sobre mis vivencias. [email protected].
Besos

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Un comentario

  1. Conozco Rio. Sé que hay muchos que gustan de exponerse a ser vistos teniendo sexo. El riesgo es ser filmado y subido a internet. Bizarra tu mamá.

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