Relatos eroticos – Mi sobrino ha crecido, esta bien lindo

Me encariñé de mi sobrino Juanito, de 19 años, a quien yo misma le regalaba dinero para sus polvos. La confianza entre él y yo se hizo tan profunda que nos necesitábamos día a día. A veces se ponía de hombro a hombro conmigo y me decía: “Tía, muy pronto te alcanzo para estar a la misma altura que tú”. Notaba que su imagen de niño había desaparecido, su voz sonaba más grave y sus abrazos empezaban a interpretarlos de otro modo, porque él se había fijado en mí.

Ya cogía, porque me lo contaba, y un día llegó donde yo estaba, se sacó la verga y me dijo que todas se habían tragado su buen pedazo. Me asusté al principio y le dije que se la guardara dentro del pantalón, pero al ver su miembro desarrollado, mis hormonas despertaron de inmediato y me mandaron directo a la regadera.

Dejé que el agua me cayera por la cabeza y llevé mi mano a mi coño para saciar los deseos que mi sobrino me había provocado. Escuché a Juanito tocar la puerta del baño para entrar. Pensé si debería dejarlo, sabiendo que me la metería por todos lados, pero mi cuerpo me pedía que sí. Al final, me corrí intensamente y recuperé la compostura.

Salí del baño y él ya no estaba; se había marchado. Llegué a mi cuarto y busqué en el gavetero unas de mis bragas, atenta por si Juanito regresaba y me encontraba semidesnuda, presa fácil para él. Con las bragas en la mano, el teléfono sonó: era mi esposo, que después de siete años en el exterior me llamaba por primera vez. Se armó la conversación llena de reclamos míos por su abandono.

De pronto, sentí que me tomaban de la cadera. Miré hacia atrás: era Juanito, susurrándome al oído que continuara platicando sin importar su presencia. Me había agarrado sin bragas, me tocaba por todos lados, besaba mi nuca —mi punto débil— y me quitaba las bragas de la mano. Mi esposo me preguntaba si estaba bien, mientras Juanito me acariciaba las piernas desnudas con su verga erecta. Sus manos eran profesionales; se puso de rodillas y empezó a lamerme la raja de mi chocho.

“¿Quieres sentarte en mí, tía? ¿Me dejas cogerte?”, me retó mirándome directo a los ojos, ya desnudo. “¡Sí, Juanito, métemela ya, te deseo tanto!”, respondí con el teléfono aún en el oído. Me bajé despacio y me senté en su verga hasta el fondo, sin saber ya qué hablaba con mi esposo. Le dije que no regresara jamás. Juanito me tenía de las dos nalgas y me movía hacia atrás y adelante, cogiéndome con fuerza.

Entré en ánimo y le di lo mío como mujer: una buena cogida. El calor era insoportable, hasta el viento que entraba por las ventanas se sentía caliente, pero Juanito y yo estábamos trabados, cogiendo como dos locos. Pocas veces cogimos después, porque me tocó decirle adiós. Juanito me ha escrito estos días y dice que aún mira ese cuarto donde me la metió por primera vez.

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El Sabio
El Sabio

Amante de un buen culo y creativo con las manos

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