Mi sobrino acaba cogiendose a la puta de mi novia

Hace como dos años, fui a la boda de un primo con toda mi familia, e invité a mi novia, así que fuimos todos. La boda era en una ciudad a dos horas de donde vivo, así que hicimos maletas para pasar el fin de semana allá.

Llegamos la misma noche de la fiesta, nos cambiamos rápido y fuimos al salón del hotel. Todo estaba bien planeado: ya teníamos apartada nuestra mesa con unos primos mayores y sus hijos, mi sobrino Toño de 22 años, y sus hermanas Verónica de 20 y Carla.

La fiesta estuvo genial, con alcohol de sobra, baile y toda la diversión. Mi novia baila mucho y yo no, así que ella se fue a la pista con mi sobrino y otros familiares. Yo me quedé bebiendo y platicando, entretenido con mi sobrina Verónica, a quien no veía desde hacía cinco años. Me sorprendió su desarrollo: había crecido mucho, con piernas largas que mostraba con su minifalda, pechos pequeños pero antojables, aunque su cara no era lo mejor.

Mi novia bailaba, sudaba y tomaba, disfrutando a full. Cuando acabó un baile, se acercó a la mesa, tomó una cuba con mi sobrina y notó cómo la miraba. Se molestó y me dijo que no le importaba que fuera mi sobrina, que no le gustaba mi mirada. Ya tomado, me puse terco, discutimos fuerte y ella se salió del salón hacia el cuarto. Me quedé orgulloso un rato, pero luego salí a buscarla. No estaba en el cuarto, así que la busqué por el hotel.

La vi de lejos, con la cara recargada en una mesa de ping-pong en la sala de juegos, su pecho apoyado y las manos en el cabello, gimiendo de placer. Me acerqué sigiloso y me quedé frío de excitación: tenía el vestido volcado hacia adelante, zapatos y pantaleta a un lado, y mi sobrino Toño la penetraba con fuerza por detrás, tomándola por la cintura. “¡Sí, Toño, más duro, me encanta!”, gemía ella entusiasta, moviéndose al ritmo. “Estás deliciosa, ¿quieres que siga?”, le preguntó él, y ella respondió: “¡Claro que sí, fóllame toda la noche!”. Yo no entendía del todo, pero el espectáculo era perfecto y me excitó al instante.

Siguieron un buen rato hasta que él se vino adentro, gimiendo los dos de placer. “Límpiamelo con la lengua, amor”, le dijo él sonriente, y ella, arrodillada, se lo metió en la boca con ganas hasta que recuperó la erección. La acostó de lado, le alzó una pierna, abrió sus nalgas y se la empujó en el culo despacio. “¿Te gusta en el ano, verdad?”, preguntó. “¡Sí, métemela toda, es mi favorito!”, contestó ella apretando con placer, estirando los pies mientras gemía y se contorsionaba de éxtasis. Bombeó duro hasta que acabaron juntos.

Después, mi sobrino la llevó a su cuarto, donde seguro la siguió disfrutando toda la noche. Al día siguiente, nos regresamos como si nada. Claro que aún pienso en cómo desquitarme, y mientras planeo algo, buscaré la manera de tirarme a mi sobrina Verónica.

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El Sabio
El Sabio

Amante de un buen culo y creativo con las manos

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