Soy una yegua - Relatos xxx

Autor: Andres | 22-Feb

Gays
Soy una Yegua (1)
Desde muy temprana edad supe de mi debilidad por someterme a otro a su voluntad, nunca he podido explicar mi pasividad infinita, mi entrega total y sin condiciones por ser poseído y dominado en su totalidad y el placer inexplicable que eso me produce.

Desde pequeño disfrutaba ya de los juegos sexuales con mis amigos de mi edad, aun sin malicia y perjuicios, disfrutando metiéndome en la boca sus pipis y huevitos, chupándoselos con esmero y dedicacion, en todos esos momentos disfrutaba sin poder explicármelo y tenerlos dentro de mi boca era delicioso, nunca senti reacción alguna de sus pipis, por lo que terminábamos nuestros juegos siempre yo acostado boca abajo y abriéndoles mis nalguitas, les pedia que se acostaran sobre mi, metiéndome sus cositas, nunca hubo penetración alguna por supuesto pero sentirlos sobre mi era mas que suficiente, estos juegos fueron el principio de mi pasividad actual.

Con el pasar de esa edad y con el despertar de mi libido en mi preadolecencia, comenze a descubrir mi cuerpo, en especial mis nalgas, pudiendo constatar que gracias a herencia genética, se convirtieron en el mayor atributo de mi cuerpo por su protuberancia y redondes y con muy poco bello corporal y los que me salieron en mis genitales y entre las nalgas desde temprano me los he rasurado como un bebe. Esto fue el despertar que me incito a provocar a mis amigos cuando los invitaba a mi cuarto y con la excusa que necesitaba cambiarme de ropa, me desnudaba sin pretextos delante de ellos, esto lo hacia todavía sin tener completa conciencia de mi actos.

Fue en una de esas tardes cuando me la metieron por primera vez, cuando solo en mi cuarto con Fernando le ofreci mis nalgas sin reparo alguno, me acuerdo que apresurados para que no nos agarraran, me baje los pantalones y ya con ellos en los tobillos me abri las nalgas con las manos para que Fernando me la metiera, al mismo tiempo que yo me asomaba por la ventana del cuarto como si no estuviera pasando nada, recuerdo que solo después de varios intentos por penetrarme y con la ayuda de su saliva, sentí por primera vez con cierta molestia y gusto al mismo tiempo, como su pequeña verga vencer la resistencia mi cerrado esfínter y adentrarse dentro de mi, seguidamente fue todo tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos se corrió entre mis nalgas con su semen precoz, ya que sentí me subi los pantalones, como algo húmedo me corria entre las nalgas y me mojaba el calzoncillo.

Desafortunadamente Fernando me fallo en su palabra y un tiempo mas tarde fue diciendo lo sucedido entre nosotros a todos los amigos, hasta que llego a confrontarme frente de ellos que si no era cierto que me la había metido, esto termino por confirmar lo que ya se sabia pero nadie tenia prueba de ello, que yo era un marica, cosa que era cierta y denotaba mi inclinaciones, episodio que cambio para siempre mi proceder, afortunadamente nunca he sido amanerado, de manera que me converti en un loca de armario.

Ya en mi pubertad y en la soledad de mi cuarto buscaba satisfacer siempre mis nalgas de cualquier forma, eran una ansias incontrolables por introducirme cualquier objeto fálico en mi apretado y rosado ano, hasta que un buen dia encontré por causalidad en el bano de mis padres un vibrador, me acuerdo que corriendo y temblando de miedo me encerre en mi cuarto y lubricandolo con abundante crema, me lo introduje entre las nalgas con un deseo absoluto mientras me miraba en un espejo, ya embobado e invadido por un placer infinito, sintiéndolo y viendolo desaparecer entre los cachetes gruesos de mis redondas nalgas, era una visión divina, mas aun cuando me lo sacaba y volvia a meter, sintiendo cada centrimetro de su longitud y como mi interior lo recibia a gusto y generosamente, hasta venirme en chorros de semen interminables, esto fue un descubrir maravilloso para mi corta edad.

Despues llegaron una sucesión de episodios embarazosos pero que me dejaban mareado y confundido en emociones, peleando con mis demonios internos, como cuando una tarde escapado de la escuela con mis amigos en la playa y jugando dentro del agua, uno de ellos me toco las nalgas por encima del calzoncillo, primero me quede helado pensando que era un accidente, pero a la segunda vez que sentí sus dedos sobre mis nalgas otra vez, me percate que no era ningún accidente, sin poder mirarlo a los ojos segui jugando como si no hubiera pasado nada, hasta que solo el y yo dentro del agua y haciéndose el buceador me volvió a tocar, esta vez me introdujo su mano debajo de mi calzoncillo metiendo sus dedos entre mis nalgas, en ese momento me quede quieto, petrificado y sin voluntad alguna, dejándolo apretar mis nalgas a su antojo, fueron solo unos minutos pero a mi me parecieron eternos, hasta que no pude mas y huyéndole a sus dedos invasores sali corriendo del agua, el resto de la tarde no hiso otra cosa mas que convidarme al agua, pero con gran esfuerzo lo rechace todo el tiempo.

El otro fue un dia cuando en unas de esas veces que disfrutaba con el vibrador entre mis nalgas, no me percate que el jardinero de mi casa me espiaba por la ventana de mi cuarto que daba al patio interior, apresurado trate de esconderme en el armario, reacción tardia porque ya estaba en evidencia y apartir de ese momento no hice otra cosa que escabullirme cada vez que me convidaba a jugar a la pelota, hasta que llego un punto que no pude evadirlo mas, me acuerdo que jugamos a la pelota primero y después me propuso si quería ver un nido grande de hormigas que había en el callejón de nuestro patio, sin poder excusarme lo segui ya en el callejón me comento que me había visto por la ventana, sentí el mundo dar vueltas y muerto de angustia le rogué que no le dijera nada a nadie, cosa que me juro en ese momento, todavía con vergüenza y dispuesto a irme, me dijo si quería verle la verga y sin esperar mi respuesta se la saco enseguida de unos pantalones sucios de trabajo, quedándome anonadado e hipnotizado con ese miembro medio erecto que asomaba su cabeza entre el prepucio, fuera del pequeño pene de Fernando, nunca había visto a uno de ese tamaño, en ese momento me parecio enorme, sorpresa que el aprovecho convidándome si quería tocársela, muerto de angustia y deseo no alcanze a contestarle, pero alargue mi mano agarrándosela, la sentí suave, caliente y dura, sin decirme nada puso su mano sobre la mia y me guio a masturbarlo, todavía mudo movia mis dedos hacia arriba y bajo de su miembro, viendo con facinacion como la cabeza aparecia y desaparecia un poco, ya mojada con sus jugos seminales, era divino sentirla crecer y endurecerse entre mis dedos y ya sin esperar sus ordenes, me arrodille frente a el y llevándola a mis labios, me la meti en la boca, tenia un sabor agrio pero no desagradable, de manera que empeze a chupársela lo mejor que pude por mi corta experiencia, hiriéndolo finalmente con mis dientes hasta que sacándomela de la boca, me dijo que quería metérmela, todavía embobado con su verga y ya sin fuerzas para oponerme, me baje los pantalones cortos de deporte y dejándolos a un lado, me di la vuelta y dándole la espalda le ofreci con mucho deseo y orgullo mis respingadas nalgas, abriéndomelas con las manos, le deje ver el capullo prieto y rosado de mi perdición, sin esperar un minuto sentí su dura verga lubricada ya con mi saliva, presionando con fuerza mi esfínter hasta sentirlo abrirse camino en mi estrecho recto, sin poder contenerme deje escapar un gemido de dolor, pero ya resuelto sentía como ese pasillo se abria por completo a ese grueso invasor al mismo tiempo que sentía mi pequeño pene medio flácido por el dolor inicial pero goteando de placer, era maravilloso, seguidamente y apurados para que no nos agarraran, el me empezó a bombear mas rápido con su piston de carne, chocando sus caderas contra mis indefensas nalgas hasta sentir sus dedos agarrarme con fuerza la cadera y correrse dentro de mi, tan pronto me la saco sentí los chorros de su semen correr por mi piernas temblorosas y en un intento por quitar la evidencia trate en vano de limpiarme con el calzoncillo, terminando por tirarlo y poniéndome de vuelta mi pantalón corto sali del callejón sin decirle una palabra, en cierta forma avergonzado de mi proceder. Al cabo de uno días ya estábamos en las mismas, pero esta vez aprovechaba cada vez que mis padres salían de la casa, para recibirlo poniéndome en cuatro sobre mi cama, ofreciéndole mis nalgas cada vez que el quisiera, fueron unos meses fogosos y de experiencia, ya que aprendi a hacer lavados en mi interior para evitar molestias avergonzantes en nuestros encuentros sexuales.
Despues llegaron un par de veranos de abstinencia, creados por los rumores que circulaban de mi persona, hasta que con mucho recelo y miedo pero sin poder contener mis ansias locas por volver a sentir otra vez una verga entre mis nalgas, tuve la gran oportunidad de conocer en unas vacaciones al mensajero de la oficina de mi papa, el era mayor que yo por lo que mi papa le pidió que si hiciera cargo de mi durante los diferentes mandados fuera de la oficina, cosa que acepte sin protestar y solíamos caminar por el centro de la ciudad haciendo las vueltas correspondientes, mi papa le daba plata para que me invitara a refrescos y con el pasar de los dias se convirtió en mi confidente, contándole mi mas guardado secreto.
Hoy no recuerdo como, pero solo me puedo imaginar que tuve que ser yo después de sentirlo tan receptivo, que le propuse que me gustaría que me metiera su verga entre las nalgas y el único lugar que se nos ocurrio disponible era el bano publico del piso de la oficina, no habían pasado muchos días de mi revelación, cuando aun temor a que nos agarraran nos metimos de prisa al bano y apresurado me acuerdo que me baje los pantalones y agarrándome del lavamanos, me incline y le ofreci mis nalgas sin pena y con deseo de ser penetrado, el ya la tenia parada, tenia una verga grande y oscura, coronada con una cabeza grande y brillante, nunca antes había visto algo igual, seguidamente se escupio en la mano y humedeciendo su hermoso miembro, me abrió las nalgas y guio su mástil al centro de mi orificio, en el apuro empujo con fuerza y logro meterme la cabeza, instintivamente por el dolor trate de huirle pero el me tenia bien agarrado por las caderas, enseguida y después de vencer la resistencia inicial de mi ano, pude sentir el enorme placer de mi recto abrirse y milímetro a milímetro recibir a ese miembro duro y caliente, aceptándolo todo enseguida en su entera longitud, fueron segundos maravillosos sentirme completamente lleno, empalado y violado, después fue una secuencia rápida de metidas y sacadas y embates a mis nalgas, fuertes y con prisa, nunca se pudo correr dentro de mi como yo hubiera deseado, porque de pronto escuchamos oir abrir la puerta del bano y nos todo deshacernos de nuestro delicioso acto y correr cada uno a su cubículo, yo impedido por mis pantalones en los tobillos, creo que logre llegar a tiempo antes que nos vieran, después asustados salimos corriendo del bano y por temor a que esa persona pudiera habernos visto, mis visitas a la oficina acabaron desgraciadamente.
Despues ya en la adolecencia y hasta ya pasados mis veintes y manteniendo una apariencia hacia fuera, me abstuve de cualquier acercamiento con algún hombre, pero eso no evitaba que en solitario siguiera disfrutando con mucho placer, al introducia toda clase de objetos fálicos entre las nalgas, hasta que compre mi primer vibrador, grande y grueso y con una cabeza de bombero, que lubricaba a monton con vaselina e introduciéndolo entre los cachetes gruesos de mis nalgas, lo empujaba hasta sentirlo completamente dentro de mi y viéndolo aparecer y desaparecer entre mis nalgas, provocaba que me corriera copiosamente en oleadas interminables.
Ya graduado y debido a viajes por trabajo en Europa y lejos de la gente que me conocia, empeze a frecuentar bares gays, buscando verga para mis nalgas y mi orificio goloso e insaciable, hasta que una noche venciendo mis temores y después de unas cervezas para envalentonarme, me fui al bano de uno de ellos y al rato de estar orinando otro hombre entro y colocándose a mi lado me miro mi pequeño pene y mostrandome el suyo, me insinuo con la mirada que lo siguiera a uno de los cubículos y cerrando la puerta me lo ofrecio, sin pensarlo dos veces y todavía con miedo, me sente en el inodoro y agarrándoselo me lo lleve a la boca y se lo chupe con un enorme placer, tenia un sabor a orina pero sin importarme me propuse darle la mamada de su vida, si bien es cierto que tengo poca experiencia chupando vergas, me propuse satisfacer la verga de este desconocido, metiéndomela en la boca gimiendo de placer, no era grande pero larga y delgada, se chupe con toda las fuerzas de mi boca, pasándole la lengua a lo largo de su tallo hasta la mata de pelo de sus genitales que le aparecían por la cremallera del pantalón, mientras el me agarraba por el pelo y me obligaba a tragármela toda, produciéndome nauseas que aguante hasta sentir sus lechazos en lo profundo de mi garganta, atragantándome pero disfrutando de ese semen salado y pegajoso, hasta chuparle hasta la ultima gota, tan pronto me saco su verga de la boca, se la metio dentro el pantalón y salio dejandome en el cubículo medio vencido y con la boca cansada, magullada pero enormemente satisfecha.
Esto lo sigo repitiendo todavía, con la diferencia que ahora ya soy yo el que pido después de una corta chupada, que me cojan allí mismo y dándoles la espalda me bajo los pantalones y les ofresco mis nalgas como un trofeo, sin importarme lo incomodo que es al tratar de abrir mis piernas y mis nalgas con mis pantalones en los tobillos y el inodoro en el medio, pero al venir con mi ano pre lubricado y dispuesto, les facilito que me desfloren entre las nalgas sin misericordia alguna, me gusta que me cojan duro, quiero someterme a sus deseos y ser poseído como una Yegua que es lo que soy realmente.
La historia continua.

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