Con mi vecinito mientras mi marido y mi hijo ven fútbol

Visitas: 477,669

El día que sucedieron las cosas, mi marido y mi hijo estaban, como casi siempre, embobados viendo fútbol y programas por cable; mi hija había salido con su noviecito. Decidí salir a hacer compras al Walmart y distraerme, sabiendo que tenía horas por delante.

Me puse jeans ajustados, playera polo negra y zapatillas. Caminé a la esquina para un taxi (mi camioneta no circulaba) y me encontré con Kevin, amigo de mi hijo (misma edad que él, unos 20 años; moreno claro, ojos café, 1.69 m, pelo negro estilo mohicano y cuerpecito marcado). Iba a buscarlo para ir al mercado, ya que su mamá estaba de guardia en el hospital y le encargó víveres. Le dije que mi hijo probablemente no iría por el fútbol, y le ofrecí comprar lo suyo.

Se quedó callado y me miró de arriba abajo. “¡Guau! No había notado lo bien que se ve, señora”, dijo recorriendo mi figura. Me incomodó un poco su descaro, pero le informé que me iba y pregunté si quería que le comprara. Sorprendentemente, se ofreció efusivo a acompañarme. No me agradó mucho, pero su aire pícaro y simpático me convenció; fuimos juntos.

Desde subir al taxi fue caballeroso: abrió la puerta (para verme nalgas, claro). Un cosquilleo me recorrió; me excitó su atrevimiento decente. En el trayecto charlamos agradable, pero no perdía chance de mirarme piernas (yo las cruzaba coqueta). Al bajar, igual abrió puerta y ofreció mano; alcé nalgas para mejor vista, emocionada.

Contagió su juventud: hicimos compras entusiastas. Me halagaba constante, rozaba nalgas “accidentalmente”; yo correspondí acercándolas. Mi falta de sexo me impulsaba, aunque me sentía extraña.

En taxi de regreso paramos en su casa (no arriesgarme con familia). Abrió puerta; alcé nalgas planeado, pasando bolsas, sonriéndole sensual. Notó taxista baboso; se enojó celoso: “¿Y al taxista por qué no le dijo? Me molestó que le viera todo”. “¿Sería celoso?”. “No te enojes, quería que solo tú vieras”, respondí dulce. Sonreímos cómplices; me invitó a pasar. Quise negarme, pero su sonrisa tierna-maliciosa ganó. No me gustan jóvenes, pero lo prohibido me llevó.

Casa amplia con jardín. En sala, su hermano jugaba Xbox encerrado (fortuna). Noté su erección marcada. Atrevida: “¿Te gustó lo del taxi?”. “Sí, mucho”. “¿Más que el taxista?”. “Sí”. Pegando senos a su pecho: “¿Te gustaría verme completamente las nalgas?”. “Sí”. Me quité sudadera, giré contoneándome; ojos saltones.

Se acercó acariciando piernas, metiendo manos en jeans sobre cacheteros, apretando nalgas. Desesperado, su virilidad contra mí venció mi moral. Lo aparté fingiendo: “¡Estate en paz! ¡Tu hermano!”. Pero jadeaba. “Perdón, desde taxi quería tocarte”. “¡Y nalgas, verdad?”. “Sí, es la mujer más bonita”. Acaricié su miembro sobre pantalón; bajó cierre. “¡Aquí no!”. Me llevó sigiloso a su cuarto, cerró pasador.

“¡Quítate la ropa!”, ordené sugestiva. Obedeció; volteé para desnudarme pudorosa. Tiró cachetero, besó/mordió/lamió nalgas exquisito. Me incliné en cama, parando glúteos; abrió posaderas, lengua hurgando. Esposo nunca así.

Se puso de pie, rodeó cintura, frotó pene tieso entre nalgas (no penetraba, pero erizaba piel). “¡Quítate brasier!”. Desabrochó besando espalda. Frente a mí, besó/succionó senos, mordiendo pezones al delirio. De rodillas, lengua en vulva con dedito; transportó al paraíso, vagina escurría.

Detuve: mi turno. Arrodillé, chupé su miembro tieso experta, testículos; quejidos placer. Sujetó cabeza, pero paré: quería más. Acosté en cama; montó, abrió piernas, penetró con dificultad. ¡Tremendo placer! Movimiento rítmico, flexioné piernas cruzándolo.

“¡Aaahhh! ¡Así! ¡Más rápido! ¡Fuerte!”. Cambié: boca arriba, monté acomodando pene, caderas zumba (adelante-atrás, arriba-abajo). Sudaba; él tocaba nalgas/senos/cintura. Vagina contrajo, temblor: orgasmo potente, mordí labios gritando ahogado. Caí sobre él, lagrimitas felicidad.

Sin tregua, misionero otra vez; embestidas poderosas. “¡Papito, no vayas dentro!”. Vano: aumentó fuerza, eyaculó inundando vagina palpitando. Agotados, sudados, abrazados.

“¿Por qué lloró? ¿La lastimé?”. “Lagrimitas placer; me hiciste feliz”. “Pensaba en esto siempre”. Besos juguetones; se hacía tarde. “Ni palabra; me voy”. Vestí apresurada. Pidió cacheteros recuerdo; negué (sin llegar sin ellos), prometí otros bonitos. Cumplí días después: tanga roja encaje con moño; prometí modelarla.

Al salir: “Me hiciste feliz; no digas nada”. “No. ¿Otra vez?”. “¡Sí!”. Corrí a casa; remordimientos vanos (esposo infiel). Orgasmo interminable por prohibido. Aseé sin que notaran aroma sexo. Escalofrío embarazo: pill anticonceptiva emergencia (otra historia).

No única madura con jóvenes; contacten para opiniones/amistad.

Autor: AngelicaAceves

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨

Un comentario

  1. ¿Por qué modificaste el relato?

    Antes estaba perfecto y ahora hasta tiene faltas de ortografía. Por cierto, yo estaba esperando una parte 2.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *