Mi mujer y su amigo (III)
Me quede unos segundos observando la escena, mi mujer arrodillada, sus piernas separadas y su espalda y culo aún brillantes por el sudor de la jornada. No recuerdo que me calentó más, si su voz de puta pidiendo lechita para su boca u observar como por los pelos de su conchita semiabierta escurrían gotas de semen que caían de su culo. El primero en verme fue Jorge, quien con cara de conejo asustado se levantó rápidamente y tapó su paquete con las manos. Ella volteó lentamente, casi intuía mi presencia, pero al contrario de Jorge sus ojos no eran de temor sino de calentura.
Avancé lentamente y me senté frente a ellos pidiéndole a Jorge que también tomará asiento. Ambos trataban de darme explicaciones que yo no entendía, por lo que le dije a ella que me contara todo, desde el comienzo y con lujo de detalles. Su relato claro y exacto más el olor a sexo que se respiraba comenzaron a endurecer mi palo rápidamente. Ya al final del relato mi pantalón de gabardina evidenciaba un enorme bulto que lentamente comencé a sobajear mientras imaginaba a mi mujer gimiendo y a Jorge dándole por atrás.
Ya había desabotonado mis pantalones cuando le ordené a mi mujer que chupara la verga de Jorge. Ella, ni corta ni perezosa, dio media vuelta y comenzó a lamer. Primero fue lentamente, luego tomo la base del pene con su mano y su lengua empezó a recorrer cuidadosamente la cabeza de esa semierecta verga. Jorge se puso de pie y mi mujer con su culo apoyado en los gemelos y sus manos agarradas a las nalgas de él, comenzó ahora a chupar aquella verga que introducía solo hasta la mitad, una y otra vez.
Cuando ya me había sacado los pantalones y los boxer, Jorge afirmó con sus manos la cabeza de mi mujer y de un golpe le metió toda la verga en la boca. Ella al principio pareció atorarse un poco, pero luego prosiguió con una fuerza y velocidad que parecía que de un momento a otro se la arrancaría y empezaría a masticarla.
Me quite la camisa y me puse detrás de ella, besé su espalda y luego su cuello, mientras mis manos tocaban suavemente sus muslos y caderas. Con gran delicadeza comencé a subir por su vientre hasta posar mis manos en sus tetas, las tocaba con gran pasión deteniéndome a veces en su gran areola y sus duros pezones.
Nos levantamos y mi mujer se acostó de espalda sobre el sofá, Jorge se puso a su lado y comenzó a tocar sus tetas guiada por la mano de ella. Yo por otra parte separé sus piernas y arrodillándome entre ellas empecé a besar sus muslos. Lentamente tocaba su vientre y los límites de su triangulo de pelos, no quise tocar su conchita, solo me desplazaba por sus orillas. Jorge a esas alturas mordía alternadamente los pezones de mi mujer, mientras que ella con la voz entre cortada por sus jadeos suplicaba que le metiera mi verga en su concha.
Jorge y yo detuvimos nuestras caricias para contemplar como se retorcía y levantaba sus caderas esperando encontrar alguna verga que la penetrara. Para cumplir su anhelo la levantamos para cambiar de posición, yo me senté en el sillón mientras que ella estando de espaldas hacia mí, separó sus piernas y comenzó a retroceder. Rápidamente su conchita encontró la punta de mi pene, entonces comenzó a meterse cm. a cm. mi verga dando profundos gemidos. Luego de un par de movimientos de sus caderas nos tiramos hacía atrás para asi poder tocar mejor sus tetas y besar su cuello. Yo levantaba rítmicamente mi pelvis para penetrarla mas profundo cuando Jorge se arrodilló y comenzó a lamer el resto de la vulva. La concha de mi mujer era lamida con pasión por Jorge. Era muy excitante ver como de la boca de este salía una y otra vez ese artefacto musculoso que atacaba sin cesar el enrojecido clítoris de mi pareja. A cada embestida que yo daba a la concha de mi mujer, le seguía un lengüetazo de Jorge y tras esto un profundo y sonoro quejido de ella.
La cara de mi mujer, sus formidables movimientos y su acelerada respiración nos indicaba que pronto llegaría su orgasmo. Ella repentinamente se levantó, se volteó y se sentó a horcajadas sobre mi, metiéndose toda la verga de una vez cosa que fue muy fácil por la lubricación que tenía. En esa nueva posición posé las manos en las caderas de mi mujer y comencé a bombearla rápidamente. El sonido que producía el mete y saca la volvía loca de placer, susurrándome al oído que separara sus nalgas. Con estas separadas su orificio culón quedo listo y dispuesto para que Jorge la ensartara. El solo pensar en mi mujer siendo penetrada doblemente me hacía crecer más la verga.
Jorge avanzó hacía nosotros y puso su verga a la entrada del ano, mi visión del espectáculo era perfecta, podía ver claramente como su verga iba entrando lenta pero sostenidamente. De pronto mi mujer dejo de moverse por unos segundos y comenzó a quejarse. Eran los quejidos que daban cuenta de la total penetración de Jorge. Este comenzó a embestirla violentamente, yo no necesitaba moverme, la fuerza de sus embestidas alcanzaba para ambos. Mi mujer lejos de poner cara de dolor la tenia llena de felicidad y placer, esto me puso muy celoso por lo que empecé a darle duro y fuerte. Uno a la vez, primero él y luego yo, fue asi por casi cinco minutos.
Los gritos de mi mujer nos descordinó y ahí vino lo mejor, embestirla al mismo tiempo, sentía como su cuerpo temblaba de placer, tanto que parecía que nos tragaría a ambos. Cuando Jorge aceleró aún más sus movimientos, ella sacó su lengua para que yo se la chupara, me abrazó y comenzó a moverse aceleradamente. Yo afirme su cintura con fuerza para que resistiera el mete y saca de Jorge quien no alcanzó a sacar su verga y eyaculó copiosamente dentro de ella.
Nos quedamos quietos por unos instantes, luego Jorge sacó su verga lacia y nos miro por unos momentos. Mi mujer seguía moviéndose sobre mi, la detuve y le pedí que se fuera a duchar. Me dirigí hacía Jorge diciéndole que se retirara y que no comentara el asunto.
Después de despedir a Jorge, me dirigí al baño para ducharme junto a mi mujer. Como yo no había logrado acabar seguía con la verga erecta. Entre a la ducha y la enjaboné por todas partes, partí por sus tetas y fui rápidamente a su concha, al tocarla se quejo y me dijo que le ardía. Durante un buen rato no dijimos ni una sola palabra, el agua helada había vuelto a endurecer sus pezones y se erectaron más cuando comencé a secarlos con la toalla. Al secar su entre pierna me di cuenta que aún había rastros de semen en su ano, por lo que le pedí que entrara nuevamente a la ducha. Se dobló en 90º y separó sus nalgas con los dedos, tomé la ducha y dirigí el chorro de agua hacía su ano, acercándolo y alejándolo para variar la presión. Ella lentamente comenzó a moverse y a acariciar sus senos, pidiéndome que la penetrara pues no había logrado alcanzar el orgasmo con la penetración doble. Le dije que todavía no, que fuéramos a la pieza.
Nos tiramos desnudos sobre la cama, ella de espaldas y yo de medio lado acariciaba su vientre. Cada vez que me acercaba a la línea de sus vellos púbicos ella levantaba sus caderas. Luego de unos minutos ella empujó mi mano hacia abajo para que frotara los labios de su vulva. Mi sorpresa fue muy grande cuando al deslizar mi dedo, para tocarla entrada de su coñito, note que nuevamente estaba chorreando de jugos. Lentamente empecé a frotar su clítoris de arriba abajo, después en forma circular, primero con un dedito y luego con todas las yemas de mis dedos. De vez en cuando llevaba mis dedos con sus jugos a mi boca y luego los esparcía por sus pezones, entonces ella tomaba mi cabeza y la acercaba a sus tetas para que yo los lamiera y succionara.
Poco a poco fue guiándome hasta dejar mi boca encima de su conchita, me acomode y comencé a degustar con toda calma la vulva de mi mujer. Me quedaba un momento jugando con su clítoris y luego bajaba a su coñito, ahí introducía mi lengua lo mas profundo que podía y paladeaba cada gota que salía de su interior. Al retirar mi boca un poco de su conchita quedaba colgando unos delgados hilos, mezcla de saliva y liquido vaginal, que esparcía con mi lengua desde el clítoris hasta el ano. Mi mujer levantó las piernas para que pudiera recorrerla mejor, con cada lengüetazo la sentía estremecer, jadeaba, arqueaba su espalda y me hacia hundir la cabeza entre sus piernas.
Después de soltar mi cabeza separó sus nalgas con las manos, ahí aproveche para meter mi lengua en su ano, el gusto y placer que sentí fueron inexplicables. Sin permitir que cambiara de posición mire su ano que estaba muy enrojecido y le metí mi dedito para sentir sus paredes. Al principio contrajo su ano y sentí la presión en mi dedo, pero al cabo de unos segundos lo relajó. Acerque mi dedo a su boca y lo lamió completamente.
Enseguida puse la cabeza de mi verga en la entrada de su ano, luego pase mis brazos por encima de la parte trasera de sus rodillas y apoye mis manos a la altura de sus hombros. Después de haber introducido la punta de mi verga empuje con toda mi fuerza hacia abajo hasta no poder más. Por lo menos si no fui el primero fui el que la penetró mas profundo.
Mi mujer dio un grito de dolor y enterró sus uñas en mis caderas, junto con eso, un delgado hilo de sangre corrió por su rajita. Primero se quedo inmóvil, luego comenzó a echarse para delante y para atrás, movimiento que con el paso de los minutos se hacía cada vez más rápido. Ella comenzó a gemir muy fuerte mientras me decía:
"Uyyyy... duele un poco, pero sigue... ¡Métela mas adentro mi amor! Por favor... no pares”. Seguí el mete y saca de su culo por otro rato hasta que mi amorcito comenzó a gritar y sollozar. Casi no podía sacar mi verga de su ano, estaba muy gruesa y dura. Cuando logre hacerlo subí un poco más y le metí la verga en la boca. Ella entre los gritos de su orgasmo recibió una descomunal eyaculación que lleno totalmente su boca. Por sus comisuras caían chorritos de semen que yo con mi verga devolvía su boca. "Ahí tienes lechita en tu boca" le dije, mientras ella terminaba de limpiar mi palo con su juguetona lengua. Entonces me miro y dijo: "Gracias".
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