Dominaciones | 10.399 lecturas |

Una prueba de amor con un hombre dominante

Una prueba de amor con un hombre dominante 2

Hace un año que conocí a Ricardo. El es doce años mayor que yo y tenía mucha más experiencia en esto del sexo. Mientras, podría decirse que yo prácticamente era virgen, el había estado con muchas mujeres y lo había probado todo, o eso creía él hasta que me conoció. Tal vez fue mi inexperiencia y curiosidad por saberlo todo lo que le hizo a él investigar nuevas cosas.

Le gustaba que yo fuese obediente en todo momento y que no protestase ante ninguna cosa que me hiciera. Y estoy hablando tanto de sexo como de la vida cotidiana. Por muy descabelladas que fuesen las cosas que me pedía yo debía obedecerle. Dejé de llevar sostén, sólo llevaba bragas si él me lo permitía, tenía que dormir desnuda (yo vivía con mis padres, y eso es un riesgo), no me dejaba tener pelo en el coño y tuve que acostumbrarme a llevar faldas (prenda que no era de mi devoción) para que me pudiese follar cómoda y rápidamente en cualquier momento. Yo acepté todas estas normas sin rechistar, aunque al principio me costaba un poco acostumbrarme, y me llevé algún que otro castigo, principalmente latigazos y azotes. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que practicábamos el sadomasoquismo, y nos encantó a los dos. Él era el amo y yo la sumisa esclava que debía complacerle en todo, incluso llegué a firmar un contrato de sumisión.

No sé si fue él quien me emputeció o simplemente sacó la puta que ya llevaba dentro. Practicábamos sexo duro, sin nada de ñoñerías ni romanticismo porque, como a él le gustaba mucho decir, esa sumisión ya era una prueba de amor. Y parte de esa relación sado fue saliendo de nuestra vida sexual para meterse en nuestra vida cotidiana. Ya no era sólo obedecer sus extrañas peticiones, sino que tenía que soportar sus humillaciones públicas. Con mucha frecuencia empezaba a reñirme e insultarme en la calle o ante amigos sin venir a cuento. Yo tenía que saber reaccionar y pedirle perdón por mi conducta, no podía en ningún caso replicarle. Llegó a escupirme a la cara y a hacerme llorar de vergüenza. Podía insultarme tanto porque estaba contenta como porque estaba triste; porque llevaba una falda larga o porque la falda era corta; porque había mirado a un amigo y me estaba insinuando para fallármelo; incluso una vez nada más llegar a una cita me insulta por haber cobrado tan poco a un cliente. Todo eran riñas inventadas, pero yo tenía que tragar. Me daba un punto de rabia y excitación que me hacían desearle más. Pero a donde quiero llegar, es a una humillación física.

Un día me citó en un hotel para parejas a las afueras de la ciudad donde solíamos ir. No vi nada extraño en ello. Es un hotel donde cada habitación es una casita independiente con garaje, todo muy aislado.

Cuando entré en la habitación había tres personas, entre ellas no estaba Ricardo. Me quedé muy fría, hice ademán de irme pero antes pregunté si estaba allí Ricardo. Ellos me llamaron por mi nombre Paloma, y me dijeron que no me fuese ni me preocupase por Ricardo. Me quedé de piedra. Nunca habíamos practicado el sexo en grupo, aunque habíamos fantaseado mucho con esa idea. Les miré. Llevaban un rato en la habitación bebiendo y viendo el canal porno. Eran unos tíos del montón, mas bien feos y no muy jóvenes. Me dio la impresión de que eran unos viejos verdes que no les habían echado un buen polvo en años y que soñaban y se pajeaban con ello todas las noches. Me dieron hasta asco. Uno de ellos se acercó a mí y me dio un sobre. Lo abrí. Había un papel que ponía “¿Me quieres?” Era la letra de Ricardo. Un juego más.

Yo me quedé quieta y temblorosa. Sabía lo que iba a suceder pero no quería dar el primer paso. Esperaba que alguien dijera que era una broma o que apareciese Ricardo y se arrepintiese de compartirme. Pero nada de esto sucedió aunque lo deseé en cada segundo que pasé en esa habitación. Ricardo les había dado instrucciones de lo que podían hacer conmigo, es decir, todo.

El gordo que se había acercado a mí para darme la nota me empujó sobre la cama. Abrieron una cerveza y me la hicieron tragar a la fuerza. Mientras uno me sujetaba la cabeza con las manos otro se subió encima de mí par a inmovilizarme y sujetarme los brazos y el tercero me daba la cerveza. Yo la habría bebido sola sin ningún problema, pero ya veía que les interesaba más el hecho de forzarme. También agradezco a Ricardo que les hubiera dicho que me emborrachasen, porque así estoy más cachonda y soy menos consciente de lo que hago. Pude ver cómo el que me daba la cerveza tenía un enorme bulto en los pantalones, estaba muy cachondo y con ganas de follar, al igual que los otros dos.

Cuando acabé la cerveza me soltaron y empezaron a desnudarme con brusquedad. Además parecía que se peleaban entre ellos por hacerlo. Quedaron muy sorprendidos cuando al quitarme las bragas vieron mi coño desnudo, sin pelo y se empujaban para tocarlo y lamerlo. Cuando pasó la novedad y ya totalmente desnuda y bien manoseada, me forzaron nuevamente a beber otra cerveza. Como ellos también llevaban bebido lo suyo, a el que estaba sobre mi cuerpo le entraron ganas de mear. Se desbrochó los pantalones y me meó en la cara, mientras bebía la cerveza. Tragué de todo. A los otros dos les hizo gracia y cuando acabé de beber se desnudaron y me llevaron al baño, me arrodillaron en el suelo y allí me mearon por la cara, el pelo, las tetas. Uno me abrió la boca y metió su polla. Quería que me lo tragase pero al sentir mi aliento se le puso tan dura que no pudo soltar ni gota. Cuando ya habían echado todo fuera me dijeron que me duchase. Me metí en la bañera y me frotaba por todo el cuerpo y la cara con la pastilla de jabón para quitarme toda esa porquería y mal olor. Cuando me di cuenta los tres estaban mirándome y con las manos en la polla. Para mi sorpresa aquellos despojos de la sociedad tenían una buena polla. Si los hubiera visto vestidos hubiera pensado que tenían un micropene.

No me dio tiempo a secarme cuando me cogieron y me llevaron en volandas hacia la habitación. Por el camino ya había uno intentando meter su polla en mi coño. Me colocaron sobre la cama con las piernas bien abiertas y se fueron turnando para meter su polla en mi coño, que, aunque con el primero se resistió, cuando llegó la segunda polla y empujó hasta el fondo de mis entrañas, ya estaba bien húmedo. Esta segunda polla era muy gorda, mas de lo que nunca había probado, y sentí gran placer cuando intentaba abrirse camino, con pequeños empujoncitos, hasta que se cansó de miramientos y …zas, hasta el fondo. Me llenó todo el coño con su polla. Cuando se había saciado de follarme, llegó el tercero, aunque apenas lo noté dentro de mí, pero no paraba de cogerme las nalgas y estrujarlas con fuerza, llegando a arañarme. Tenía a este manoso todavía encima cuando se acercó una polla a mi cara. Pude ver aquella gran polla que apenas cabía en mi boca, pero tuve que meterla a la fuerza. Al cabo de unos segundos no tenía espacio en la boca para la saliva y me estaba atragantando, intenté apartar al tipo con las manos, pero me cogió de la cabeza y apretó su polla contra mi boca. Me estaban dando arcadas al sentirla tan adentro. Y el otro poniéndome rojo el culo con sus arañazos. Cuando no podía mas me dejó respirar al bombear en mi boca. Me dolían las mandíbulas. Hubo otro cambio de turno. El manos largas acercó su polla a mi boca cansada. Me obligó a tener la boca abierta y dejó salir su leche, que cayó en todas partes menos en mi boca. Creo que este hizo un gesto para que los otros también se corriesen en mi cara, pero uno de ellos dijo que no, que quería follarme por el culo.

Yo intentaba limpiarme la leche de la cara con las manos porque apenas podía abrir los ojos. Me dieron la vuelta, y arrodillada sobre la cama uno me dijo que abriese bien el culo. Así que yo agaché la cabeza para apoyarme a la vez que me limpiaba en las sabanas y con las manos abrí las nalgas para mostrarle su nuevo agujero de diversión. Estuve en esa posición todo el tiempo que me follaron el culo. Al parecer les hizo gracia y no querían que cambiase. Así además podían cogerme de los brazos para apretarme más fuerte contra su polla. Mi ano debía ser más estrecho que mi coño y pude sentir que le daba más placer. De hecho éste, que fu el primero en follarme, le dedicó más tiempo al culo que al coño. Se recreó bastante metiendo y sacando su polla, castigando bien mi esfinter que se relajaba unos segundos y enseguida tenía que dejar paso a la polla. Notaba también como metía a veces sólo la puntita y la movía dentro del culo. Oí que gemía de placer y se corrió dentro. Esto me vino muy bien, porque así ya tenía el culo lubricado para lo que me quedaba por venir. La superpolla entró al ataque. Creo que se dio cuenta de la diferencia de tamaños y sólo metía la puntita de la polla, lo que ya me provocaba bastante dolor. Así poco a poco se abrió más y más y creo que acabó por meterla entera, también se recreó bastante y me cogía con fuerza de los brazos para bombear. Pero cuando ya estaba a punto de correrse la sacó y se acercó a mi cara. Me levantó la cabeza del colchó y otra vez abriendo la boca a mas no poder se corrió dentro de mí. Como no podía ser de otra forma me tragué hasta la última gota de su leche.

El primero en correrse, el araña culos, volvió a la acción cuando yo pensaba que todo había acabado. El culo ya estaba abierto y no iba a desaprovecharlo. Así que otra vez a sentir una polla extraña dentro de mi culo. Ya estaba bastante grande y esta polla, aunque tenía un buen tamaño, no era como la anterior, pero aun así fue el peor polvo de mi vida. Tenía el ano tan escocido que me producía un dolor espantoso. Además estando bombeando a cada poco se le salía la polla y otra vez a dentro, sin descanso. Notaba como los fluidos salían de mi culo y arrollaban por todo mi sexo. Este debió correrse también dentro de mi culo. Yo lo no sentí, y si no lo hizo, no sé a donde fue a parar su leche.

Y así todo acabó. Se vistieron y se fueron. Yo me fui a la ducha a limpiarme todo aquello. Tenía los brazos doloridos, la mandíbula desencajada, el coño irritado, y me sangraba el culo. Cuando aun estaba en la ducha llegó Ricardo. Me estiró la toalla y me secó. Me puse a llorar como una niña. No podía parar. Me cogió en sus brazos y me llevó a la cama. Me abrazó hasta que me quedé dormida.

Le quería muchísimo. Y todavía le sigo queriendo.

Scroll al inicio