MI SOBRINITA SOFIA
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Tengo 40 años cumplidos y 16 de casado, sin hijos porque tal parece que no puedo embarazar a nadie.
El caso es que una sobrina política mía recién cumplió 21 años y empezó hace un mes a acercarse a mí de manera muy coqueta, cuando estamos solos, alejados de la vista de su padre (mi cuñado). Es de tez morena y muy delgadita. Sus labios son carnosos y sus ojos negros me matan, como su pelo negro lacio azulado que le llega a los hombros.
Hace una semana, mientras llovía en mi ciudad, poco antes de la noche, pasé por casa de mi cuñado. Mi sobrina estaba sola estudiando matemáticas universitarias. Cuando abrió la puerta me dedicó la mejor de sus sonrisas. Sus labios siempre me vuelven loco y había tenido fantasías nocturnas con ellos, pero en la realidad nunca intenté nada por iniciativa propia.
—Pase, tito, y me ayuda con los estudios mientras viene papi, que está retrasado y llegará en una hora —me dijo, tomándome de la mano y apretándola. Se sentía en ella un sudor helado de nerviosismo.
Me llevó directo a su cuarto adornado con fotos de cantantes y me sentó a su lado en su cama para enseñarme sus libros. Su falda corta estaba arriba de las rodillas para comodidad y su blusa tenía los botones superiores abiertos, dejando ver sus pechitos morenitos de punta negruzca, erectos sin sostén. Me sentí mareado, pero no dije nada. Intenté ver los libros, pero su mano se posó sobre mi pierna izquierda, donde se estira mi verga, que es muy grande y me ha provocado problemas. Su dedo meñique sudado tocó la enorme punta de mi verga, que estaba por explotar. Ya no hubo necesidad de iniciativas. Le tomé la mano, la puse sobre mi glande y ella empezó a acariciarlo, cerrando los ojos negros. La besé en la boca e introduje la lengua mientras aceleraba la caricia en mi pene.
El suceso me turbó tanto que olvidé partes. Recuerdo que ya estábamos desnudos y yo la besaba mientras me echaba encima a su cuerpecito delgadito, morenito pálido, con vello delineado en su pubis como de modelo, aunque sus caderas estrechas aún. Hubo juego de manos y le mamé su cosita por 5 minutos hasta que vibró en un largo orgasmo. Lloró de placer y pensé que terminaba, pero ella me tomó del brazo cuando quise irme y dijo:
—Hágame mujer, tito.
Me volví una bestia de pasión, la tomé del pelo con rabia sexual, le apreté un muslo con fuerza. Ella gemía pidiendo más, así que decidí penetrarla. Busqué una crema de manos cerca y se la unté en sus labios vaginales. Luego empecé a introducir mi enorme verga, cabezona. Gritó de intensidad y placer, pero eso me dio más ganas y le dejé ir todo adentro de su hueco, sintiendo un líquido caliente sobre mi pene. Era su excitación. La punta de mi pene parecía entrar profundo, porque se retorcía gimiendo, mientras la mantenía inmóvil halándole el pelo con furia compartida. Cuando quiso ajustar, la apreté más y seguí entrando y saliendo unas 30 veces, cada vez más profundo hasta que temí correrme dentro, lo que podría acarrear problemas. Saqué mi glande y la puse boca abajo con pasión. La sangre de la intensidad no manchaba, pero unté crema en su huequito blanquecino de ano (ella morenita, culito pálido). Puse la punta mientras halaba su cabellera. Entró con dificultad; le apreté las nalguitas delgadas y se abrió más con el trasero respingado. Abrí sus nalgas y le dejé ir todo mi sable dentro del culo. Sentí que la llenaba y escuché un sonido apretado. Logré meter todo y fui y vine con furia hasta que pareció desfallecer de placer, quedando floja. Mi verga toda adentro, un hilito de sudor por sus glúteos flacos. Descansé así hasta que se reanimó, gimiendo que le ardía “como chile”.
Mi sobrina Sofía dio un suspiro hondo cuando saqué mi enorme verga de su culo, más grande y roja. Aún no había echado mi leche, acumulada por tres semanas sin sexo. Sofiita la vio y dijo:
—Tito, ahora ni sentarme voy a poder. Me dejó toda abierta.
—Así te hago mujer —le dije con brutalidad apasionada y le apreté el pezón izquierdo con fuerza, haciendo que gimiera.
La halé sin soltarle el pezón y le puse la cara sobre mi pene, arrodillándola en la cama para lamer. Empezó tímida y le fui diciendo cómo; aprendió rápido “como una paleta”. Me dio la mamada de mi vida. A punto de reventar, la halé del pelo y la tendí boca arriba. Me senté sobre su pecho sin aplastarla (soy recio aunque no alto) y metí la cabeza en su boca. Intentó guiar con manos, pero entendió y rodeó mis nalgas, introduciendo su dedo índice en mi ano mientras movía mi verga en su boca, lados y frente hasta tocar su campanilla; dio un brinquito pero siguió, metiendo dos dedos. Entré y salí hasta explotar. La primera descarga profunda la hizo temblar, pero la guie con pasión. Entre gemidos recibió toda mi leche, como medio litro; tragó inevitablemente por la fuerza y cantidad, quedando hilitos en comisuras. Saqué mi pene, le di un beso largo mordiendo labios. Tenía su carita morena asustada-excitada llena de lágrimas, pero se abrazó desesperada pidiendo que me quedara. El timbre sonó: voz de mi cuñado sin llave.
—Quédese aquí, tito lindo, mientras vuelvo —imploró, limpiándose con sábana.
Se vistió rápido sin ropa interior, falda y se fue dificultosamente a abrir. Le dijo que tuvo riña con compañera, golpes la enfermaron y prefería dormir; él la entretuvo examinando moretones y pidiendo café. Abrí la ventana a la calle y huí como amante perdido. Esa noche no dormí de felicidad. La verga ardía con marcas de sus dientes, pero me sentí realizado. Mañana recibí su llamada:
—No me deje así, tito, venga, que estoy sola con pretexto de enferma y no fui a la uni.
Volví y vivimos aventura seria que me conmueve y angustia. Si descubren, muero o me matan; Sofiita es menos discreta, más exigente en experimentos. Ayer insinuó otro hombre para doble penetración. Me sentí celoso y agobiado. Me llama cuatro veces a oficina; mi secretario (ex amante) sospecha y sonríe maliciosa: “Lo llama su niña, señor”.
¿Qué hago? Me siento fuera de este mundo con esa niña tan bella. No sé en qué va a parar esto.
Autor: Lahechicera
