Mi hijo me está poniendo nerviosa

Duración estimada de lectura: 6 minutos

Visitas: 1,888

Reconozco que siempre he sido una madre muy preocupada por mi hijo, influye mi carácter que es hijo único y encima el curso pasado sufrió acoso escolar con todo lo que eso conlleva.

Me llamo Ana, tengo 38 años, soy de baja estatura, algo de barriga aunque haga ejercicio, dos buenos pechos aún duros y el culo sobresale de mi físico.

Mi esposo Andrés tiene 40 años, algo gordo y más bajo que yo, y encima no está para muchos trotes.

Mi hijo tiene 18 años y se llama Gonzalo. Está en esas edades difíciles.

Hace tres meses, al acostarme, le digo a mi esposo que estoy preocupada por el niño, pues tiene dolores en todo su cuerpo, sobre todo en sus testículos, y voy a llevarlo al médico.
Andrés, como con todo, se ríe y me dice que son cosas de la edad y que aprenda solito a salir del cascarón, como hicimos todos.

Gonzalo, por todos sus problemas y timidez, no tiene amigos y está siempre en su habitación jugando, estudiando y últimamente llorando, lo cual me tiene preocupada.
En esa fecha noto a mi hijo muy cariñoso conmigo, se pega a mi culo y me abraza por detrás, rozándome los pechos, sobre todo cuando ando en camisón por casa sin sujetador.
Un día entró en el baño mientras me duchaba, llorando mucho otra vez con sus testículos y dolores, pero mientras lo consuelo desnuda como siempre, noto una mirada distinta a mis pechos y vagina.

Esa noche lo vuelvo a comentar con mi marido y él, metiendo mano dentro de mi braga, se ríe y dice que todo es normal, que lo ayude y ya está.
Me sigue tocando y riéndose hasta que él sabe que tengo un punto en que me vuelvo algo loca. Me pongo de lado mientras él aparta mi braga y me penetra primero suave y cada vez más rápido.
Yo me toco un poco mi clítoris y tengo mi orgasmo mientras él se corre dentro, toda su leche, pues tomo pastillas y no hay problemas.

Pasaron unos días y una tarde que estaba llorando Gonzalo en su habitación, entro muy preocupada y con decisión de solucionar esto.
Mi marido llega de su trabajo a las ocho, así que me doy unas horas para arreglar esto.

Entro en la habitación y sigue con los dolores. Entonces, guiándome por el consejo de mi marido, lo pongo de pie a mi lado y le pido que se baje los pantalones y calzoncillos.
Después de un rato de vergüenza lo hace y yo le toco sus testículos a ver dónde le duele. Empiezan mis nervios cuando veo que su pene se pone erecto y al fijarme alucino con el tamaño y grosor. No lo recordaba así y se nota que ha crecido.
Le hablo de masturbaciones y eyaculaciones de su edad y niega.

Más nerviosa aún y diciendo que esto es cosa de su padre, le pongo su mano en el pene e le indico los movimientos que tiene que hacer. Es torpe y no hay manera, así que pongo yo su mano sobre su enorme miembro y le doy velocidad. En estas, cuando lo oigo dar gemidos, retira su mano y me deja a mí masturbándolo. No queriendo que sufra más, le doy un rato más rápido hasta que una enorme cantidad de semen salta al suelo y me llena las manos.
Le doy un beso y le digo que ya está mientras limpio todo. Él me dice: gracias, mami.

Estoy en el aire con el tema y en la cena vuelvo a notar esos cariños y su miembro duro pegado a mi culo. También, con mucho disimulo, me roza un pezón que son grandes y se notan en el camisón.
Me acuesto nerviosa y después de esperar un rato le digo a mi marido que estoy cachonda y me pongo boca abajo. Él se sube y me penetra de golpe. Yo no podía esta vez dejar de emitir sonidos fuertes. Cuando al virar mi cabeza veo la sombra de mi hijo pegada a la puerta, pero yo ya no puedo parar y, diciendo a mi marido que me dé más duro y fuerte, me corro entre gritos.
Al volver a mirar ya no había nadie.

Casi todos los días los llantos porque no podía, y yo cada vez más nerviosa a masturbarlo hasta que se corría y siempre me daba las gracias.
Un día fue a más, pues estando ya en camisón me metió la mano a mis tetas y las sobaba mientras le hacía la masturbación. Al preguntarle qué le hacía a su mami, me dijo que necesitaba aprender.
Me pone al apretarlos los pezones enormes y muy duros, teniendo que ir al baño a masturbarme al acabar.
Ahora siempre lo masturbaba mientras mi hijo me acaricia mis pechos durante un buen rato.

Nervios es la palabra que tenía, pues ese miembro grande me tenía hipnotizada. Y como pasa siempre, llega otro día una negación rotunda mía a su petición hasta que, después de llantos y penas, me vi comiendo esa gran polla y él corriéndose en mi boca, cosa que no le dejo hacer a mi marido.

Y yo no sé qué hacer y cómo vamos a acabar, hasta que otra vez, pero hace una semana y de forma forzada me tumba en la cama boca arriba. Me toca de manera agresiva y pasional por todo mi cuerpo mientras intento zafarme, pero toda fuerza se me va cuando me toca bruscamente mi vagina por dentro de la braga. Me mete dedos rápidos sube y baja y me da golpes en el clítoris sin saber el que me está matando de placer.
Me abre de piernas y rompe mis bragas, haciendo que me dañe mi cadera, y mete su cabeza dentro de mi vagina.

Qué locura pienso, pero cada vez me noto más húmeda. Él come sin saber, pero al hacerlo tan fuerte y por todos los lados logra que grite mientras se quita su ropa interior y sube entre mis piernas.
Algo torpe de nuevo, pero yo con mi mano lo guío hasta que me pega una clavada profunda de un solo golpe que tengo que gritar nuevamente.
Me golpea de manera brutal y noto ese grosor que me llena y al ser larga me toca algo dentro que hace que me corra y sin tocarme como jamás en mi vida. Él, con respiración agitada y gemidos, se corre dentro de mí.

Y hoy lo escribo, mañana no sé qué haré.

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
Muchacho69
Muchacho69
Artículos: 5

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *