Mi esposo y sus dos amigos
Hola, saludos a todos. Les contaré lo que pasó hace un año, en diciembre de 2024 para ser exactos. Primero me presento: me llamo Alexa, tengo 24 años, mi esposo tiene 34, llevamos 6 años juntos y somos del sur de México. Tenemos una vida sexual muy intensa: hemos agregado a tercer@s para tríos HMH y Hmh; digamos que nos encanta el sexo.
También hemos querido interactuar con parejas, pero sinceramente o son perfiles falsos o no hay gusto de mi parte, así que decidimos cancelar. Físicamente, soy delgada, mido 1.60 m, voy al gimnasio desde hace cinco años, por lo que tengo buenas piernas y buenas nalgas; de pechos soy talla 36. Mi esposo es de peso promedio: no es delgado, pero tampoco gordo; digamos que somos de buen ver (motivo por el cual le cancelé a ciertas parejas). Hemos querido interactuar con algún single, pero pasa casi lo mismo: o son curiosos, o creen que tienen que pagarles todo. En lo personal, me da miedo incluir a alguna amistad mía y que cuente las cosas, por eso mejor con mis amigos nada. Los amigos de mi esposo son de su edad, un año más o un año menos; desde que los conocí, me he dado cuenta de que me ven diferente. Me imagino que al ser 10 años más chica hay cierto morbo, y aparte suelo vestir con shorts cortos, licras y ropa interior pequeña.
Las convivencias con sus amigos y esposas se hacen en diferentes casas, se turnan. En esas vacaciones de diciembre preferimos quedarnos en casa. Mi esposo quería convivir con sus amigos, pero de todos solo confirmaron dos: Marcos y Juan, compañeros de trabajo, pero sin sus esposas porque ya estaban vacacionando. Así que decidieron venir a la casa: beber cervezas, jugar barajas y pláticas de hombres. Mi esposo es de beber cerveza, yo prefiero mezcal o whisky.
Una noche antes de que fueran a la casa, nos pusimos cachondísimos, así que le hablamos a nuestro amigo para un trío HMH, pero andaba de vacaciones. Al final terminamos ocupando un plug. Entre el cachondeo, mi esposo me dice: “¿Y si mañana buscamos la forma de integrar a Marcos y Juan, así cumples tu fantasía de un gangbang?”. Al empezar a imaginarlo tuve un orgasmo fenomenal; me saqué el plug y mi esposo me empezó a coger por atrás. Terminó adentro, pero fue bastante: me chorreaba.
Ese comentario nos excitó a los dos. Ya más relajados, le pregunté si se atrevía a integrarlos o solo fue el momento de la calentura. Me dijo que podría ser, ya que aparte de ser compañeros de trabajo, cuando eran solteros vivían cerca de la casa y se conocen desde niños. Buscamos formas para lograr esa fantasía sin que lo tomaran a mal o pensaran que ya lo teníamos planeado.
Al siguiente día todo normal. Una hora antes de su llegada, me di un buen baño, me depilé, etc. Me puse una tanguita roja, falda arriba de la rodilla, playera corta y decidí no usar bra, ya que era algo tranquilo. Llegaron los dos y al entrar a la sala yo simulé que estaba acomodando unas cosas, así que sin mostrar demasiado me agaché para que se dieran un buen taco de ojo. Se acomodaron en los sillones y yo me senté en el de una pieza, enfrente de los tres.
Empezaron a beber y mi esposo me ofreció mezcal; le dije que sí, y cada que ellos destapaban una cerveza, a mí me servían más. Cuando ya llevaba seis caballitos de mezcal, mi esposo en tono de juego me dijo que si quería más o hasta ahí, ya que tomada me ponía cachonda y ellos iban a tardar. Me empecé a reír y le dije: “Pues que se queden jugando y me bajas la temperatura en el cuarto”. A lo cual Marcos dijo: “No se vale porque van a comer delante de los pobres”. Juan completó: “Llevamos una semana sin nada, ya nos urge una buena y rica sesión de sexo”.
Por el mezcal y la plática anterior con mi esposo, les dije: “Yo encantada de ayudarles con ese tema, pero no quiero que después vayan de chismosos y se arruine su amistad”. Hubo un silencio y al mismo tiempo se empezaron a reír. Marcos fue el que respondió: “No has oído la frase: ‘lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas'”. Juan, un poco serio, fue más directo al decir que poniendo las reglas sobre la mesa todos salimos ganando. Me empecé a reír, me serví un mezcal y me lo tomé rápido, y les dije: “Pues piénsenlo, aprovechen que estoy tomadita y puedo decir que sí a todo lo que me pidan”. Me serví otro mezcal y me fui a la recámara.
Me acosté; obviamente estaba excitadísima y bien mojada, pensando en que había salido mejor de lo que esperaba. Solo faltaba que ellos decidieran. A los minutos entró mi esposo; me levanté y nos empezamos a besar. Inmediatamente me hincé y se la empecé a mamar. Me levantó, me puso en cuatro, hizo a un lado la tanga y me la empezó a meter, diciéndome que ya habían llegado a un acuerdo. Por la excitación se vino rápido y me dejó todo adentro; solo atinó a decir: “Perdón, es que estaba muy caliente”. Le dije: “Cuál perdón, dile a Marcos que venga en 10 minutos y cuando salga que venga Juan. Quiero que sea uno por uno”.
Me metí al baño a asearme. Salí y me quedé desnuda. Por los mezcales ya me estaba dando sueño; me recosté y a los minutos sentí que me empezaban a tocar los pechos. Abrí los ojos y era Marcos. Me empezó a besar y tocar por todos lados, luego me acostó y se metió entre mis piernas. ¡Wow! Me dio uno de los mejores orales que he recibido. Se levantó y me dispuse a devolverle el favor; se quitó la ropa y sacó su verga, que por cierto es del mismo tamaño que la de mi esposo (17 cm), pero un poco más gruesa. Hice mi mejor esfuerzo, casi la metí todita. Después me levantó y me acomodó para cogerme en misionero; agarró su verga y la pasó por mi vagina, y de una sola estocada metió toda. Empezó con el mete y saca; después me volteó para ponerme de perrito y de nuevo a metérmela. Ahí sí la sentía más, me sentía completamente llena. Me puso de nuevo en misionero, pero esta vez me daba unos besos muy ricos. Así estuvo un rato y ya cuando se iba a venir, la sacó y me la acercó a mi cara. Simplemente abrí la boca y empecé a tragármelo todo sin desperdiciar nada.
Me levanté y me fui a asear; él solo se vistió y se fue. Al regresar a la cama, Juan ya estaba esperándome, desnudo y agarrando su verga. La verdad me sorprendió un poco, ya que él es más delgado y más pequeño de estatura a comparación de Marcos y mi esposo. Me acerqué y agarré su verga: es más grande, como unos 20 cm y más gruesa. Hice lo mejor para hacerle un buen oral, pero sí me era imposible metérmela toda. Le dije que se acostara y lo empecé a montar; estaba mojadísima, así que no costó mucho. Cuando la tuve toda adentro, empecé a subir y bajar a mi ritmo. Juan no perdió el tiempo y empezó a mamarte las tetas. Después él empezó a marcar el ritmo; no pasó mucho cuando tuve un orgasmo delicioso y largo. Me puso de lado y me la metía delicioso; puso mis piernas en su hombro y siguió bombeándome. Se acomodó para abrazarme y cargarme, y así de pie me seguía dando sin bajar la intensidad. Me puso en misionero y me preguntó dónde quería que se viniera; sin dudarlo le dije: “Adentro”. Me dio mucho más rico; ahí tuve mi segundo orgasmo. Al acabar sentí como su verga se hinchaba y empezó a llenarme de su leche. La sacó y por inercia me hincé para mamársela hasta dejarla limpísima. Su erección había bajado, pero aún se veía deliciosa. Me puso de perrito y me empezó a bombear; así estuvo por un rato cuando volví a sentir que su verga se empezaba a hinchar y palpitar, así que se volvió a venir adentro. Después de eso caí rendida; se empezó a vestir y salió.
Después de esos dos orgasmos intensos pensé que con eso tenía, pero no: la verdad seguía caliente. Así que me volví a asear, me puse una tanguita blanca y salí con ellos. Al verme se quedaron callados; sin decir nada me acerqué, les dije que se la sacaran y se las empecé a mamar. Masturbaba a dos y se la chupaba a otro, y así me la pasé turnándome. Juan se acostó y me subí en su rica verga; entró toda con más facilidad. Marcos puso su verga en mi boca y empezaron a darme. De repente sentí que mi esposo me untaba lubricante en mi ano; sin perder tiempo acomodó su verga y la metió de un solo golpe. Y ahí estaba yo con una doble penetración y otra verga en la boca. Juan se vino adentro sin avisar; solo empecé a sentir cómo punzaba su verga. Después Marcos se vino en mi boca y al final mi esposo me dejó la cola llena de semen.
Se sentaron ya sin vestirse; yo me fui a asear de nuevo, regresé con ellos desnuda pero ya tranquila. Ellos siguieron jugando barajas y platicábamos de lo rico que estuvo y todo eso. Les dije que contaba con su discreción. Juan dijo que ya habían platicado y que la discreción iba a ser el motivo para futuros encuentros. Marcos igual dijo que aquí perdían todos, y que si se volvía a repetir iba a ser en momentos iguales. Obviamente yo dije que sí quería repetir, ya sea uno por uno o juntos.
Siguieron jugando sin vestirse, y pues yo tampoco me vestí. Me pidieron cervezas; fui y al entregarlas aprovecharon para tocarme, besarme o chuparme una teta. En las siguientes cervezas mi esposo me besó y me dijo que se las chupara de a ratos, y así me la pasé de verga en verga. Después me daba de sentones; ya empezábamos a calentarnos de nuevo. Me levanté y me fui a mi sillón, me puse de perrito y les dije: “Hagan fila y métanmela”. Y así estuvieron turnándose; me vine otras dos veces, y esta vez los tres se vinieron adentro. Ahí sí ya les dije que me retiraba.
Me fui a la habitación, me acosté y al poco tiempo quedé dormida. No sé en qué momento, sentí que me estaban cogiendo; yo solo me dejé hacer, estaba muy cansada. Lo curioso es que lo sentí dos veces. Lo que sí es que fue la mejor noche: me sentí y me porté como una verdadera puta, o putísima. Lo bueno de esto es que la relación entre ellos o entre nosotros se fortaleció. A mí nunca me insinuaron nada o que se hayan querido aprovechar, y cuando hay convivencias con todos los amigos actúan normal, como si nunca hubiera pasado. Nos tratamos con el mismo respeto, pero al estar solos es diferente. Lo que sí es que ha sido complicado volver a estar con los tres, ya que como lo dijeron, no van a arriesgar lo que tienen por una calentura, y en eso estuvimos de acuerdo. A veces me cogen mi esposo y Marcos, o mi esposo y Juan. En los encuentros ya hay más confianza: ya los besos son más ricos o en cualquier momento, como cuando llegan los recibo con un buen beso. Eso sí, siempre con mi esposo y en la casa.
Espero les haya gustado.
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