MI AMIGUITO ATREVIDO

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Tenía 19 años cuando conocí a una pareja de hermanos que acababan de mudarse al barrio. Nos hicimos muy cuates, a pesar de que uno tenía 21 y el otro 19, igual que yo.

Una tarde me invitaron a ver películas XXX, aprovechando que sus padres trabajaban. Llegué, nos acomodamos y preparamos todo. Pusimos la película, que era muy caliente. Después de un rato, cada quien tenía una erección. En confianza, nos bajamos la ropa y empezamos a masturbar-nos para calmar la excitación. Noté que mi amigo de 19 me miraba disimuladamente. Sentí algo raro, pero la lujuria me ganó. Me masturbé de forma que apreciara mejor mi verga. El mayor se apenó, no quería venirse delante de su hermano y se metió al baño con una revista.

En cuanto desapareció, mi amiguito me miró descaradamente. Me levanté y se la puse cerca de la boca. Quería experimentar y saber hasta dónde llegaba. Volteó al baño y luego me miró. “Mejor vamos al patio, ¿sí?”, dijo nervioso. Excitado, lo seguí.

Salimos y cerró la puerta, trancándola. Se arrodilló y se metió mi polla en la boca. La chupó como barra de caramelo, estremeciéndome de placer. Cerré los ojos para gozarlo. Mamó con avidez, y por lo excitado acabé en su boca. Casi se ahoga, pero se bebió todo.

Regresamos y disimulamos. La tarde siguiente vino a buscarme para un aventón a las canchas en mi moto pequeña. Apenas nos alejamos, sentí su mano entrar en mis shorts, acariciando mi pene y testículos. Comprendí su idea. Me desvié a una zona despoblada, entre matorrales, y me detuve.

De inmediato me bajó el short y empezó a mamármela, suspirando goloso. A los 19 todo sexo es rico. La puso dura y erecta; me excitó tanto que perdí la cabeza. Lo levanté y lo apoyé boca abajo sobre la moto. Nervioso, se dejó hacer. Le bajé los shorts y vi sus nalgas rosadas. No me contuve: froté su ano con mi verga. Tembló. Lubriqué con saliva mi polla y su culo, luego se la metí lentamente.

Gritó al principio; lo callé y pregunté si la sacaba. “¡NO!”, respondió, mordiéndose los labios. Con enorme placer, lo desfloré. Qué sensación deliciosa. Después de unos 15 minutos, se movía solo, ensartándose con gusto. Le avisé que eyacularía. “¡Hazlo dentro de mi culo!”, pidió. Lo complací, derramándome hasta que la leche escurría por las orillas de su ano.

Después repetimos varias veces. Fue toda una experiencia.

Autor: joseneto

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