Los dos hombres de mami

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Me llamo Esther y tengo 48 años. Soy lo que se dice una mujer de medidas normales, pero algo caídas. Llevo casada desde joven con Ezequiel, que es más joven que yo y tiene 40 años. Tenemos un solo hijo llamado Josué, de 19 años, que está ahora en fase de exploración.

La verdad es que nunca he sido muy intensa en esto del sexo. Prefiero un relato a una película porno, y encima esta premenopausia me tiene seca abajo y sin libido ninguna. Mi marido, aparte de ser más joven, siempre ha sido un hombre pasional. Si lo dejas, quiere todos los días. Encima me pide que levante los pies a sus hombros, de cuatro patas y todas esas cosas para las cuales ya no me veo, ni de joven vamos.

Después de tenerme loca durante meses con eso de innovar y abrir el matrimonio, accedí a una petición. Un viernes noche, con cena, vino y risas, fuimos a uno de esos sitios donde los hombres sacan su pene por un agujero y nosotras elegimos. Al llegar me dio la risa al ver todo eso colgado, pero mirando me fui poniendo a la salida.

Ver a chicas jóvenes chupar y a mujeres logrando que las penetraran me dio alas para animarme, pues era la primera vez que veía otro pene. Elegimos y me pedí el más gordo y grande, doblaba el de mi marido. Me puse de rodillas, lo tomé y al principio despacio, pero más tarde lo chupaba y lamía como una loca. Aquello me llenaba la boca y no me cabía casi.

A indicaciones de mi esposo, le puso un preservativo a tremendo pene y me puso de espaldas a él. Me subí la falda, bajé las bragas e incliné mi culo hasta colocarme eso en mi entrada. La verdad es que una polla grande y gorda es importante, pues me llenaba toda y en cada espacio me daba placer. Me moví bastante y no me importaron las personas que había. Me fui como una zorra salvaje.

Mi hijo Josué es muy noble y algo parado. Ganas tengo de que tenga novia y lo espabile, pero no hay manera. El padre le dice si ya se masturba o eyacula, pero él nunca dice nada. Yo sí sé por qué. Hace poco, en mis bragas de encaje de los viernes, había unas manchas aún calientes, claramente de semen. Otro hombre, pensé.

Algún día, como siempre, se queda dormido en mi cama viendo series mientras mi marido está de fútbol y cervezas con los amigos. Al llegar, ve el panorama y se acuesta en la habitación del niño. Hace unos sábados, ya de madrugada, noto que tengo una teta por fuera y la chupan. Me iba a despertar del sueño y en ese segundo, de dormida a despierta, veo la cabeza de mi hijo chupando sin parar. Ese sueño pasó a ser sueño erótico y en él decía: pobre hijo, yo soy su única mujer.

En ese sueño, mi hijo me metía mano en las bragas con las que dormía, rozaba mi clítoris y metía algún dedo dentro de mí cada vez más fuerte. Yo gemía cada vez más y me sentía húmeda. En ese sueño, mi hijo me abría de piernas y, apartando mi braga, me penetraba. Esa polla que sentía era como la del chico del glory hole, pues me llenaba toda y me tocaba el fondo. Me penetraba cada vez más fuerte y profundo mientras yo gozaba en mi orgasmo, hasta que notaba gemidos de joven y una gran cantidad de semen dentro.

Al despertar, ya mi hijo estaba con la Play y yo, al ir a orinar, noté algo que bajaba de mi interior a mis bragas.

Pasaban los días y mi marido seguía pesado con las posturas y las innovaciones. Me habló de doble penetración y casi lo mato del golpe que le di. Yo he practicado sexo anal con él bastante y después de un rato me empieza a gustar, pero tener dos pollas dentro me da miedo. Esa noche lo dejé por mi culo y se corrió dentro de él.

Otro viernes y otra cena, fuimos a otra innovación para el matrimonio: era el mismo agujero, pero con mujeres. Nada más llegar y pasear ya me gustó. Se veían muchas vaginas de mujeres jóvenes y los hombres penetrándolas me daba morbo desconocido. Mi esposo eligió una y me dijo algo que nunca había pensado, pero me ponía como una burra. Bajé mi cabeza y me comí y lamí esa vagina como si fuese el fin del mundo. Al tomar su clítoris, la traté como si fuese el mío. Ella se humedeció en mi boca y, al rato de seguir yo con mucha pasión, sus pies se movieron y se escuchaban gemidos. Mi marido la penetró y no tardó un minuto en correrse en el preservativo.

Observaba a mi marido y a mi hijo muy juntos y de bromas, lo cual me gustaba, pero pensé que tramaban algo de sorpresa para mi cumpleaños. Y llegado el cumpleaños, nos fuimos los tres a una cena con vino y sonrisas. Cuando mi hijo se despidió, pues esa noche se quedaba en casa de un amigo a un torneo de Play y ya mañana lo íbamos a buscar. Nosotros tranquilos a casa, cerramos puertas bien y nos dirigimos a la cama con una botella de champán. Ambos desnudos en la cama, las burbujas más la alegría de mi cumple me pusieron algo guerrera.

Levanté las piernas como dice mi marido y me penetró con ellas a sus hombros. Le chupé su polla hasta dejarlo a punto. Sacó un pequeño paquete y me vendó los ojos, dejándome a oscuras. Me puso unas esposas y se acostó boca arriba, tocando mi brazo para que lo montara. Mientras yo, excitada más aún con ese juego, lo montaba despacio, de repente sentí unas manos abriendo mis nalgas y me quedé frenada y con nervios. Mi marido solo dijo: confía en mí. Lentamente me puse a cabalgar, pero muy excitada por la situación.

Unos dedos con mucho lubricante entraron en mi culo y empezaron a moverse, entrando y saliendo. Yo ahora notaba que nunca había sentido nada igual. Cuando noté en la entrada del culo la cabeza de una polla, no un dildo de una mujer como pensaba. Esa polla estaba bien lubricada y, mientras mi esposo y yo estábamos ahora parados, con un solo empujón entró la cabeza. Yo grité entre dolor y placer. En cada movimiento entraba algo más del tallo de la polla. La notaba muy gorda y esperaba que no fuese larga, pero eso no resultó, porque tras muchos minutos entró entera y me partía en dos. Sus huevos chocaban en mis nalgas cuando ya empezó a meter y sacar, mientras yo, entre gritos muy fuertes, no me reconocía. Empecé a cabalgar y sentir un placer único. Costó coger el ritmo, pero cuando lo tuvimos fue sublime. Al final era alguien golpeando mi culo, yo cabalgando duro y mi esposo con su polla llenando mi vagina. Justo nos venimos todos.

Después de respirar y quitarme la máscara y las esposas, ya el hombre del culo no estaba, pero me gustó la experiencia y seguro la iba a repetir. Al día siguiente no hizo falta ir a buscar a mi hijo, pues dormía en su habitación.

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Muchacho69
Muchacho69
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