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Eran mis vacaciones de verano y como otras veces estaba en casa de mi hermana, pasando unos días. Un día, después de haber ido a la piscina del pueblo, mi hermana y yo, por la tarde volvimos a casa. Mi cuñado no pudo venir, porque trabajaba esa noche y estaba durmiendo.
Al llegar a casa, mi hermana saludó a mi cuñado que se estaba vistiendo y le preparó la cena para que se la llevara al trabajo, pues es vigilante de seguridad en una urbanización. Cuando mi cuñado se fue, nos quedamos mi hermana y yo viendo la tele y después de cenar, como siempre, tomamos varios cubatas. Ya tarde me preparó el sofá cama y ella se quedó en el otro viendo la tele y tomamos un último cubata. Luego fui al baño y al regresar, mi hermana se había quedado dormida en el sofá. Me quedé observándola, con su pantalón de pijama y la camiseta de tirantes. Estaba boca arriba y las tetas casi se le salían por las tirantes de la camiseta.
No me había fijado en que el pantalón corto, el elástico estaba muy dado de sí, y se le había bajado un poco, que casi se le salían el principio de los pelillos del coño, pues no usa ropa interior cuando está en casa. Eso me puso a 100. Estaba un poco adormilada y al sentirme, se incorporó y nos volvimos a echar otro cubata. Ya bebidos, mi hermana se acostó en el sofá y yo en el sofá cama. Su postura fue ponerse de lado y de cara al respaldo del sofá, dejando todo su culo en pompa, y como ya he dicho, el elástico estaba dado de sí, se le había bajado un poco el pantalón y se le empezaba a ver la rajita del culo. Me quedé mirándola, excitado, pero sin tocarla, esperando a que estuviera plenamente despierta y cómoda.
Un rato después, ella se movió, me miró y me sonrió. Le dije en voz baja que me había quedado embobado con su cuerpo y ella rio, un poco sonrojada. Me acerqué a ella y le pregunté en voz baja si estaba de acuerdo con algo más íntimo y me respondió que sí, que también se sentía extrañamente atraída. Entonces le bajé un poco más el pantalón, descubriendo su culo, lo besé con suavidad y lo acaricié, separando sus nalgas y besando el hueco. Noté que se estremecía, pero no se apartaba, así que continué con calma, sintiendo cómo ella se abría y respondía a mis caricias.
Luego me bajé el pijama y me acerqué a ella, frotando mi verga contra su raja, pero sin penetrar, disfrutando de la sensación de piel y calor. Me detuve un momento y le pregunté si quería que lo hiciera más despacio o un poco más fuerte, y ella me dijo que continuara como yo sintiera. Me excitó su respuesta y, tras un rato de roce, me corregí para no terminar demasiado pronto. Me separé un poco, la ayudé a ponerse de rodillas y, con suavidad, me lo metí en la boca mientras ella me masturbaba con la mano. Me corrí entre sus labios y su mano, y luego le limpié el rostro con cariño, sonriéndome.
Pasadas las 1 de la noche, mi hermana se despertó, pues sonó el móvil y fue a su habitación a hablar, pues era mi cuñado. Fui al servicio y al salir, mi hermana se había quedado dormida en la cama con el móvil en la mano. Estaba boca abajo en la cama, en ropa interior y su delicioso culo se le transparentaba a través de la tela de sus braguitas. Entré para quitarle el móvil de la mano y colocarlo en la mesilla. Me quedé un rato observándola y notando cómo mi polla se endurecía por momentos. Era una delicia observar ese cuerpo en ropa interior.
Antes de tocarla, me acerqué a la cama y la llamé suavemente. Ella abrió los ojos, me miró y me sonrió, como si supiera lo que iba a pasar. Le cogí la mano y le pregunté si quería que continuáramos lo de antes, y ella asintió con un susurro. Puse mi mano en su cuerpo, subiendo por sus piernas, hasta llegar a su culo y acariciarlo. Al notar que no había rechazo, acaricié sus nalgas con las manos, sintiendo su suavidad. Le bajé las braguitas despacio, sin prisas, y al quedárselas fuera acaricié su culo desnudo, besándolo y separándolo para pasar mi lengua por el hueco, haciéndole un beso lento y profundo.
Se movió y se puso boca arriba. La observé durante unos segundos y puse una mano sobre uno de sus pechos, acariciándolo suavemente. Al no notar resistencia, seguí acariciándola con las dos manos, una en cada teta. Poco a poco tiré del sujetador para subirlo y dejar sus pechos desnudos. Se veían deliciosos con las dos aureolas rosadas, coronadas por dos erectos pezones. Volví a acariciarlas, sintiendo su suavidad entre mis manos y la dureza de sus pezones mientras los pellizcaba con mis dedos. Me incliné y acercando mi boca se los empecé a besar y a lamer, haciendo círculos en sus aureolas y alrededor de los pezones, que metí entre mis labios, mamando de ellos.
Seguí besándola bajando por su vientre, hasta llegar al elástico de las braguitas, del cual comencé a tirar despacio y bajándolas mientras besaba cada centímetro que iba descubriendo. Le saqué las braguitas, desnudándola, y como pude separé sus piernas. Conforme las separaba iba apareciendo su coño entre sus muslos. Subí besándola por las piernas y cuando llegué a su coño, separé los labios vaginales para meter mi lengua entre ellos e introducirla en su cueva del placer, follándola con mi lengua y lamiendo su clítoris mientras le metía dos dedos en su coño. Mi polla casi reventaba mi bóxer, por lo que me lo quité.
Me coloqué encima de ella, colocando mis brazos a cada lado para no aplastarla, y empecé a rozarla por su coño, siguiendo la abertura de sus labios vaginales, hasta que apunté y la inserté despacio, hasta el fondo, chocando nuestro vello púbico. Estuve unos segundos sintiendo el calorcito de su coño en mi polla y cómo me la apretaba. Me centré y comencé el mete y saca jugando con mi lengua en sus tetas y mamando sus pezones. Se despertó entre gemidos y colocando sus piernascarita alrededor de mi cintura y abrazándome. Yo seguí con el bombeo hasta sentir cómo su cuerpo se convulsionaba con el orgasmo. Yo seguí un poco más y cuando sentí que iba a correrme, empujé clavándosela hasta el fondo y soltando mi semen en su interior, sin problema, está operada. Esperamos un poco para recuperarnos y fuimos al servicio para lavarnos el uno al otro.
Regresamos a la habitación desnudos, nos tumbamos en la cama y después de un rato, empecé a acariciarla de nuevo, por todo el cuerpo. Ella se incorporó y me colocó su coño en la cara para hacer un 69. Mientras le comía su coño, sentía sus labios subir y bajar por mi polla. Después de un rato con el 69, me incorporé y la dejé en posición de perrito y volví a insertar mi polla en su coño, agarrándola de las caderas para que la penetración fuera más profunda. Después de un buen rato de bombeo y caricias en su clítoris, nos corrimos juntos entre gemidos. Nos tumbamos uno al lado del otro para descansar y después de un beso apasionado, nos vestimos y yo me fui al salón a dormir.
