Depilador de vaginas calientes y humedas 15 en la casa de yaky

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Después de aquel nuevo juego de dominó, recuerdo bien cómo funcionaba: el que agarrara una ficha con más puntos ganaba en la recogida, pero si no agarraba ni una mula, esas fichas no tenían valor. Aquellas chicas frente a un juego con tres mulas, y yo saqué tres mulas. Gané la partida con el menor número de puntos, pero con tres mulas era el que decidía.

Le dije a Yaky que me dejara comerle la vagina mientras la dejaba y acariciaba lo que yo quisiera, y a Stefany le dije que se clavara toda mi verga en su vagina, y arriba se besaban y se acariciaban con sus manos. Obedientemente hicieron caso. Eran bisexuales. Cogimos rico hasta la madrugada. Quiero decirles que se siente rico cogerse a dos hermanas juntas y que ellas estén complacidas siempre.

Me desperté al otro día, miércoles, y vi a una chica de un cuerpazo lindo, morena, acostada junto a mí. Cuando la miré bien, era Mary. Había llegado a las 6 a.m., según me contó después. Yaky y Stefany no estaban ahí conmigo. Estaba desnuda porque Yaky le había dicho que esa sería mi regla: como una leona joven estaba ahí a mi lado descansando.

Miré el frasco de pastillas azules y algunos Red Bull. Me tomé uno con dos pastillas azules. Me quedé recordando cuando conocí a Mary con un short leggins bien pegadito, se veía riquísima. Aquello que ellas habían tramado estaba tomando forma seriamente. Ella fue la primera que depilé y ahí estaba conmigo. Era mía y de nadie más. Si yo quería, me la cogía en ese preciso momento, pero decidí acurrucarla a mi pecho.

Ella abrió poquito los ojitos, como cansadita, y me sonrió. Me dio un beso y me dijo suavemente: “Si me quieres coger, cógeme, pero no podré responderte porque me acabo de tomar unas pastillas para dormir. Si quieres, dormida, cógeme. Al fin que te tengo una noticia, pero te la doy cuando despierte, negrito bello”.

Le di unos besos y le pregunté: “Mary, ¿me amas?”. Y respondió: “Te amamos, negrito bello”. Y se durmió por el efecto de la pastilla. Me quedé pensando si me la cogía o la dejaba descansar. Y me decidí por voltearla boca abajo y meterle entre la cintura tres cojines. La había dejado con las nalguitas hacia arriba, y como ella tenía unas nalgas también sabrosas, le abrí las piernas y ahí estaba esa vagina depiladita, linda y muy bella.

Empecé a pasar mi lengua: “Mmm, lammmguuuuushhhhh, lammmguuuuushhhhh”. La lamía rico, le metía mi lengua por su culito. Mi dedo estaba en su trasero para dilatarlo. Miré alrededor para ver si había aceite; no había más que uno que decía “Menen para bebé”, el que usaba Yaky en su piel para tenerla tan suavesita como la tenía.

Empecé a mirar aquel culo, se removía. El aceite tenía una reacción y provocaba una sensación de que se quemaba, porque en una parte era caliente. Y cuando vi que ese culo como que se cerraba y se abría queriendo ser penetrado, entonces me subí encima y como el perro me monté a Mary. Ahí estaba cogiéndomela. Miré el cuarto y hasta ese día vi bien al techo y estaban unas cámaras en la habitación. Tenían un puntito rojo, la luz de que alguien estaba observando o grabando. No me importó, me la estaba cogiendo.

Ella solo levantaba un poco el culo y yo le daba más. Saqué mi verga y le mamé la vagina. Mis labios empezaron a sentir como fuego, era el aceite. Me fui a lavar la boca porque me estaba quemando un tanto los labios y la lengua. Entonces volví, me puse aceite en mi verga y aquel aceite quemaba, pero me la paró rico. Me ardía el glande, pero la verga estaba más rígida de lo común. Así le dejé ir mi verga a mi Mary.

Se retorcía, pero era por lo caliente. Aunque ella estaba inconsciente, yo pensaba que se retorcía porque estaba gozando en su vientre mi verga. Luego reflexioné y pensé que como me quemaba a mí la verga y la lengua, ella por dentro se sentiría que se quemaba y por eso reaccionaba de esa manera. Terminé de cogérmela como a las 9 a.m. y lo que hice fue quitar aquellos cojines y ponerla boca arriba. Sus senos ahí estaban, eran majestuosos.

Me gustaban, los mamé, los estrujé, los lamí. Le hice un chupetón en cada uno de ellos para que se acordara de mí. Me masturbé frente a ella y ella estaba dormida. Le eché mi semen en sus pechos y abdomen y me volví a subir encima de ella. Sentía mi semen en mi cuerpo, me monté otra vez y le metí otra vez mi verga por su vagina. La llené de leche y me quedé medio recostado en su hermoso cuerpo.

Me quedé dormido sobre ella. Sentí que su mano me estaba acariciando la cabeza, me rascaba suavemente y me dijo: “Gracias, negrito. Sé que te excitas más cuando estamos inconscientes, pero no me tomé nada”.

Le dije: “Me engañaste, Mary”. Y ella me respondió: “Al contrario, no te hubieras venido tres veces en un ratito. Porque a ti te excita cuando una mujer no se mueve ni se defiende. Te gusta cogerlas cuando están profundamente dormidas, negrito”.

Pero la verdad, excepto por lo del aceite que me ardió el culo y la vagina porque no es para intimidad, y de una vez te digo, negrito: las chicas vieron todo por las cámaras allá abajo en el gym. Y me dijo: “Chicas, vengan todas”. Y me dijo: “Ya vas a ver que ya van a aparecer”.

Me fui al baño, me metí y después se metió Mary. Miré a la cámara y les dije: “Chicas, quiero que vengan bañadas y manden a alguien para que arregle”. En eso llegó una chica con un cuerpaso y me dijo: “Buenos días, señor”. Le dije: “Buenos días”.

Le pregunté: “¿Cuál es tu nombre?”. Y ella respondió: “Me llamo Yuly, señor”. Cuando miré a Yuly, no miento, quise cogérmela, pero me esperé a ver qué reacción hacía. Le dije: “¿Para qué te contrataron?”. Y Yuly respondió: “Para todo lo que usted quiera o necesite, pero ahora tengo que limpiar porque me dijeron que estaba todo desordenado y que querían ordenarlo. Cuando termine lo que usted me pida, se lo daré”.

Le pregunté de nuevo: “¿Todo lo que yo te pida?”. Y Yuly respondió: “Exactamente como usted escuchó. Yo formaré parte del grupo de mujeres también, solo que yo cuando termine mis quehaceres, después lo que usted guste”. Y salió Mary del baño y le dijo: “Hola, Yuly, ¿cómo estás?”. Y Yuly respondió: “Bien, Mary”.

Y yo les dije: “¿Es que ustedes se conocen?”. Y ella me dijo: “Sí, ella es una confidente y participante nuestra. Se la íbamos a llevar a un señor de 80 años para que Yuly siempre lo divirtiera, pero cuando ella te vio hacer todo lo que haces con nosotras, entonces dijo: ‘Prefiero coger con Riky que con ese viejo de 80. No me importa si sigo siendo trabajadora’”.

Y yo le dije: “Aquí todas trabajarán y tú serás una más como ellas. Una a la comida, otra lavará ropa, otra tenderá camas, otra llevará el control de quién sigue, otra llevará los autos a sus funciones y así”. Y ella me dijo: “Gracias”. Entonces le dije: “Ven, acércate a mí”.

Y ella se acercó. Traía una faldita medio olgada, pero las nalgas eran deslumbrantes. Le metí mi mano por enfrente de su vagina y sentí una vaginota. Y ella se rio y me dijo: “Jajajaja, Riky, esta sí es vagina”. Yo le llamé la madre de todas las vaginas en este clan y nos sonreímos.

“Permíteme hacer algo”, le dije. Le metí mi dedo entre medio de su tanga y le metí mi dedo por su vagina. Se me paró la verga y le dije: “Mejor te dejo, porque si no te cojo en este preciso instante…”. Los dejo porque no duermo bien y me estoy cabeceando de sueño, y tengo que manejar una hora de camino. No me vaya a dormir al volante. Besos, nenas. Después les cuento cómo le dediqué esa noche a Yuly. Me gustan sus piernas, sus nalgas, su abdomen, está bien rica.

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