De a tres es mejor
Mi nombre es Pablo y vivo en una ciudad del interior de Uruguay, por ser del interior hay que tener mucho cuidado en mostrar cuales son las inclinaciones que se tienen con respecto al sexo. En mi caso, soy bisexual, pero hasta el momento en que ocurrió lo que les voy a contar ahora, solamente había tenido experiencias con una sola persona por vez.
Después de mucho tiempo sin vernos, volví a encontrarme con una chica que había estudiado junto conmigo, y ella seguía tan deseable como antes. Cuando fuimos compañeros yo no me había atrevido a tener relaciones con ella, porque era casada y yo no quería complicaciones (en ese momento era muy atado y no sabía divertirme como ahora). Comenzamos a frecuentarnos y volvieron los mismos juegos de seducción de antaño, con la diferencia de que ahora yo sí estaba dispuesto a pasármela de puta madre con ella (Como dicen los españoles). Fue así que ninguno de los 2 tuvo ningún drama en que empezáramos una aventura, al tiempo que el marido de ella me trataba como a un amigo y yo no tenía siquiera remordimientos de conciencia.
Un día, estábamos ella y yo en su casa, y comenzamos a juguetear. Yo le dije que era muy riesgoso hacerlo allí, pero ella me convenció de que justamente por ese motivo, era más excitante. Comenzó a besarme suavemente como ella sabía hacerlo, primero en la boca, luego en el cuello, comenzó a desprenderme la camisa y llevó sus labios a mis tetillas, a las que besó con placer, terminó de quitarme la camisa y agachándose comenzó a besar mi ombligo. El lugar hizo que yo estuviera más excitado que nunca. Se apartó de mí por un momento y comenzó a desnudarse, en cuestión de segundos estuvimos totalmente en pelotas.
Me lancé sobre ella con la intención de poseerla, pero ella me dijo que no fuera impaciente, que quería seguir jugando como hasta ese momento. Volvió a agacharse y a besar mi ombligo, luego bajó un poco más, besándome el vientre, y luego se apoderó de mi miembro, que no es por nada, pero no está nada mal, no es largo, pero son 18 cm de carne maciza, que comenzó a lamer suavemente, primero en la punta y luego por los costados hasta llegar a su base. Estuvo un rato así, hasta que decidió meterse la cabeza en la boca y comenzar a chupar. Fue metiéndosela cada vez más adentro, hasta que la tuvo completamente en su boca. Ella sabía que yo adoraba que me la chuparan, y me lo hacía con total dedicación, procurando darme todo el placer posible, y sí que lo lograba.
Luego fue mi turno, besé su boca, su cuello hasta llegar a sus hermosos y erectos senos. Allí me detuve y los besé con pasión por un buen rato, luego fui bajando, besando su vientre y finalmente llegué a su concha, aquel agujerito ávido de ser lamido, se abrió de par en par, recibiendo mi boca, mi lengua que comenzó a penetrarlo, sintiendo ese sabor maravilloso, así como una calentura impresionante, comenzó a dilatarse cada vez más, hasta que mi verga no aguantó más de deseos de entrar en ella, se tendió entonces totalmente sobre la cama y abrió sus piernas de par en par, me sujeté la verga y busqué su agujerito caliente y dilatado, entró sin ningún tipo de problemas, entonces comencé el mete y saca. Era maravilloso sentir mi verga en aquella cueva húmeda y caliente, al tiempo que entraba y salía. Primero lo hice suavemente y luego comencé a acelerar los movimientos, ella gemía y me pedía que se la metiera más adentro, pero a mí me gustaba hacerla desear, por lo que no me apuraba demasiado, quería extender aquel momento maravilloso a toda la eternidad. Menuda sorpresa nos llevamos cuando sentimos una voz a nuestras espaldas.
– Así los quería agarrar.
Salí inmediatamente de adentro de Silvia y giré para ver a su esposo, Ricardo que nos observaba.
– Ricardo, yo… – balbuceamos Silvia y yo al unísono.
En lo único que pensé en ese momento, era que Ricardo es policía y que tenía un arma en su casa. Entonces no comprendí nada, porque el sonrió ampliamente.
– No se asusten, quiero ver como sigue esto.
– Qué? – preguntó Silvia, tan sorprendida como yo.
– Que sigan cogiendo, eso me excita, si lo dudan miren esto – dijo, llevándose una mano a su paquete, en el que se veía un gran bulto, mucho más grande que de costumbre (Ya que yo muchas veces lo había mirado disimuladamente).
Aún dudando volví a ponerme sobre Silvia y a penetrarla, a pesar del miedo, la excitación era mucho mayor, coger a su mujer, teniendo a Ricardo como espectador, era genial. De pronto, nos dijo que quería que lo hiciéramos de pie, por lo que le hicimos caso, yo estaba contra la pared, y Silvia se montó en mi, para que la penetrara mejor, entonces él trajo un pote de crema y comenzó a untarle el culito a su mujer.
– Eso no – gimió Silvia.
Pero él no le hizo caso y continuó haciéndolo, metiéndole primero un dedito, luego dos y finalmente tres. Silvia gemía como nunca la había oído antes, entonces Ricardo no lo dudó más y le metió su pija en el culo, sin muchas contemplaciones, arrancando un quejido de la boca de su mujer. Aquello era sin dudas muy excitante, yo besaba en la boca a Silvia, mientras miraba a Ricardo, notando la lascivia que lo dominaba y lo hacía cada vez más deseable, entonces no aguanté más y por sobre el hombro de Silvia lo besé en la boca, para ella fue una gran sorpresa, en cambio él, me siguió el juego, uniendo su lengua con la mía. Decidimos entonces cambiar de posición.
Me salí de mi lugar y los dejé cogiendo tal cual estaban, entonces tomé el pote de crema y comencé a untar el culito de Ricardo, le metí un dedo lentamente y vi que entraba sin problemas, por lo que decidí meterle otro dedito, tampoco hubo dramas, la cosa se complicó cuando le metí el tercero, se quejó y me dijo que tuviera cuidado, yo comencé a jugar entonces, metía y sacaba mis dedos con mucho cuidado, hasta que vi que estaba lo suficientemente dilatado, entonces, puse un poco de crema en la punta de mi verga y se la introduje suavemente, pero aún así Ricardo sintió algo de dolor, porque no pudo evitar gemir. Comencé a empujar lentamente, hasta que en cierto momento se la metí hasta el fondo, entonces mis movimientos se hicieron un poco más rápidos, entraba y salía de él con mucho placer, al mismo tiempo que el enculaba a su esposa. No demoramos mucho en corrernos, mientras los tres gritábamos todo tipo de incoherencias.
Nos tiramos los 3 sobre la cama, extenuados, pero aún así, nos besábamos y acariciábamos, Ricardo y yo no tardamos mucho en estar erectos, y entonces pude ver por primera vez, aquella hermosura en toda su extensión, eran los 21 cm más hermosos que hubiera visto jamás, tenía una gran cabeza, y un tronco más fino y suave, que terminaba en dos hermosas bolsas enormes, cubiertas de pelo. No pude resistirme y me lance sobre él y comencé a lamerle la pija, de la misma forma en que Silvia me lo hacía a mí, y agregándole alguna que otra cosita (Los hombres sabemos lo que le gusta a los hombres).
– Quiero penetrarte – me dijo.
Me acosté boca arriba en la cama y abrí mis piernas, no necesité crema, porque con la excitación estaba totalmente dilatado, de todas formas el me lamió el culo por un rato y cuando creyó que era el momento indicado, me la metió, lo hizo con mucho cuidado en un principio, pero luego fue aumentando el ritmo y la profundidad, creí que me la iba a sacar por la boca. Silvia, no se quedo satisfecha y entonces comenzó a chupármela otra vez.
Era hermoso tener a Ricardo bombeándome por el culo y a Silvia, devorando mi verga. Creí que iba a morir de placer. En cierto momento, Ricardo gritó que se venía y me la sacó, dándome una enorme sensación de vacío en el culo, entonces derramó toda su leche sobre mi pecho, ya que Silvia retiró su cabeza a tiempo, yo también me corrí y nuestras leches se mezclaron sobre mi cuerpo. Silvia y Ricardo no lo dudaron y se lanzaron sobre mí, bebiendo todo lo que había sobre mí, claro que luego me besaron compartiendo todo ese néctar conmigo. Desde ese momento, los 3 nos hicimos inseparables, e incluso Ricardo y yo tuvimos alguna que otra experiencia sin Silvia, pero eso es para otro relato.
Autor: Anónimo
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