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Confesión de un precoz

Ya he contado la historia de mis primeros cuernos con mi actual esposa Isabel, es por ello que en esta ocasión me nace el poder confesar, de donde surgió la necesidad de ser cornudo, pues esta experiencia fue el parte aguas de lo que hoy soy. Mi nombre es Pedro, un hombre de 46 años, 1.82. m. de estatura, moreno claro, de complexión esbelta pues me mantengo en forma, casado por segunda vez, la confesión de esta ocasión es de mi primer matrimonio, con Gabriela, por lo que requiero ponerlos en contexto de mi vida en la juventud y adolescencia.

Desde chico, fui muy precoz, el hijo menor de 3 hermanos, curioso por naturaleza, siempre revisando cajones y gavetas, donde mis hermanos mayores guardaban sus revistas y videocasetes pornográficos, sobre todo en aquellos momentos en los que me quedada solo en la casa, los veía a escondidas y aprovechaba hacer mis primeros intentos de masturbación, todo esto lo compartía con mi amigo Javier, de mi misma edad, por lo que también aprovechábamos las oportunidades para masturbarnos juntos, para mi fue un trauma desde un inicio, ver aquellas vergas erectas de los actores porno y comparar que la mía era solo un pequeño trozó de carme de unos 8 cm.

Incluso la de mi amigo Javier era mucho mas grande que la mía, todo esto me llevo a considerar que quizá si me la jalaba con más frecuencia, esta adoptaría un tamaño mayor, por lo que lo hacía, todos los días, mas la triste realidad fue otra, ya que por el miedo a ser descubierto apuraba siempre la sensación de la eyaculación y una vez que logre tenerla, esta practica se convirtió en un vicio, a tal grado de que con tan solo pensar en sexo me provocaba la erección y esto a su vez, al tocarme y darle un pequeño masaje, de inmediato tenía la eyaculación.

Mi primera experiencia sexual ya con una mujer, fue a os 18 años con una prostituta, era tanto mi nerviosismo que cuando me estaba colocando el condón termine, después de algunas otras experiencias más con resultados similares, logre penetrar a una de ellas, más después de un par de empujones, pasaba lo de siempre, por otra parte cuando mis amigos preguntaban yo siempre inventaba experiencias fuera de lo normal, donde yo era un semental y todo eso, un diestro en el sexo, transcurrido el tiempo, a mis 24 años conocí a quien fue mi primera esposa, una chica de 19 años, recatada y de familia muy conservadora, nunca podíamos estar solos, por lo que nunca paso de algún beso a escondidas, así llegamos al matrimonio después de 2 años de relación, la noche de bodas fue fatal, ella inexperta, pero con una ansia de experimentar su sexualidad y yo precoz, siempre busque la manera de justificar mi eyaculación antes de tiempo, estas muy buena, te mueves muy rico, cosas por el estilo, lo único cierto es que nunca logre satisfacerla.

En verdad que estábamos enamorados, ella siempre me apoyo en ese sentido, buscamos alternativas como preservativos o cremas retardantes, mas no siempre funcionaban, yo buscaba también alternativas para saciar su instinto por lo que se nos hizo costumbre el sexo oral, pero a ella le faltaba sentir una verga erecta en su interior, compramos juguetes y así lograba por lo menos saciar un poco su instinto sexual.

Vivíamos en un pequeño conjunto habitacional de unas 12 casas, repartidas en pares, todas ellas similares, de dos plantas, pero lo peculiar de ello era que contaban con un ventanal amplio en la fachada, nuestras cortinas eran muy ligeras para permitir ampliamente la entrada de la luz, directo al comedor, en cierta ocasión, llegue ya un poco tarde a casa, muy tomado, al llegar vi al vecino de a lado, quien vivía solo después de su divorcio, según tenia entendido, se encontraba fuera de su casa, estaba sentado, escuchando música ligera y tomando unas cervezas, solamente lo salude y entre a mi casa, sabía que mi esposa buscaría sexo y yo no estaba en condiciones de ello, me quede en la sala, prendí la televisión para generar un poco de iluminación, a los pocos minutos de mi llegada, bajo mi esposa, traía puesta una bata larga y ligera, transparente, debajo de ella totalmente desnuda, en sus manos traía el consolador que utilizábamos para darle placer y gel lubricante.

Al llegar a mi lado, dejo caer la bata y se abalanzo sobre de mi a besarme, yo lo único que quería es que terminará lo mas pronto posible, me levante y me desnude rápidamente, la lleve hasta el comedor y la recosté sobre la mesa, le abrí las piernas y comencé a darle lengua en su rajada, en un momento que me separe un poco para tomar aire, logre ver una silueta que se escondía en el marco del ventanal asomando ligeramente la cabeza para apreciar lo que estábamos haciendo, era mi vecino que había logrado escuchar los gemidos de mi esposa al darle lengua en su panocha, en ese momento me entro una oleada de sensaciones que jamás había experimentado, mi pequeña verga palpitaba a lo máximo, aventando un chorro de leche al piso, fue ahí donde decidí darle un espectáculo al mirón de mi vecino.

Me incorpore, tome la bata de mi esposa, la hice una tira y le vende los ojos, la incorpore de la mesa y la lleve al otro extremo, recostándola totalmente, nuevamente en la mesa, pero al abrir sus piernas y doblarlas su panocha quedaba totalmente expuesta hacia donde se encontraba el mirón, moví sillas para despejar el espacio y me trepe sobre de ella en un 69, mi verga ya estaba fláccida, así que le dije que me metiera un dedo en el culo mientras me mamaba para poder pararla nuevamente, mientras yo, tome el consolador, coloque lubricante y me di a la tarea de comenzar a pasarlo por su rajada empapada, apoyado sobre mi mano, dejando una visión clara de cómo le metía el pene plástico a mi esposa, primero de forma sutil hasta introducirlo en su totalidad y después acelerando las penetraciones, ella se arqueaba y no dejaba de gemir, de vez en vez, levanta mi mirada de forma discreta para apreciar si aun estaba mi vecino, dándome cuenta de que no perdía detalle, por el estímulo que recibía, mi verga se erecto nuevamente, pero como siempre exploto de forma inmediata, no dejaba de meterle el pene plástico a mi esposa hasta que ella llego también al orgasmo.

Después de un momento de reposo, nos incorporamos y nos fuimos a dormir, fue hasta el día siguiente, que le comenté a mi esposa lo que había pasado y lo que había disfrutado, ella se lleno de pena, pero de igual forma le gusto, tanto que me decía que teníamos que repetirlo, que le excitaba saberse observada.

Ahí fue donde comenzó una serie de eventos, que quizá más delante les comente, ya que también fue parte del porqué de nuestra separación.

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