Una madre con muchas dudas (madre/hijo)
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Soy una mujer de 40 años, que me quede viuda hace dos años, por razones que no vienen al caso, tengo un hijo de 19 años y una niña de 11 años.
Mi hijo trabajaba en otro país, hacía un año que no lo veía y ahora recientemente ha vuelto a trabajar en nuestra ciudad y lógicamente a vivir con nosotros.
Vivimos en un apartamento de tan solo dos dormitorios, con lo que el duerme en uno y mi hija duerme conmigo en el otro.
Mi hijo es el sostén económico de la familia, cuando estaba fuera nos mandaba el dinero y ahora estando aquí el es el que se hace cargo de todos los gastos de la familia, tiene un buen trabajo y gana buen dinero.
Mi hijo siempre ha sido un joven fuerte, sale a su padre, yo ya estaba acostumbrada a verlo así, pero desde que volvió aún lo vi como más hombre, era todo un hombreton de 19 años, con un cuarpazo de 180 cm de altura y creo que sobre 80 kg. de peso.
Comparado conmigo que mido 160 cm y peso unos 55 kg., pues os lo podéis imaginar, mi hija con 11 años, está casi tan grande como yo, porque también ha salido a la familia de su padre.
Y bueno, pues conviviendo en un apartamento tan pequeño el roce y las situaciones imprevistas se dan de continuo y yo de ver a mi hijo con el pecho descubierto, que tiene unos pectorales impresionantes, pues empecé a ponerme nerviosa.
No sabía que me pasaba, pero empecé a verlo más como hombre que como hijo y aunque trataba de quitarme esos pensamientos de la cabeza, no lo conseguía.
Así buscaba todas las ocasiones para verlo con la menos ropa posible y cuando lo veía con tan solo sus slips, que es como dormía habitualmente, pues no podía apartar mi vista del enorme bulto que tenia en ellos.
Mi hijo no era ningún exibicionista y no se paseaba por la casa en calzoncillos, tanto por respeto a mi, como a su hermana.
Era yo la que buscaba la manera de verlo así, yendo a su dormitorio con cualquier escusa, como a recoger su ropa para lavarla o a llevársela una vez limpia y planchada.
Y por supuesto también aprovechaba cuando estaba duchandose para entrar al baño a llevarle toallas y recoger su ropa y veía su silueta desnudo a través del cristal satinado de la ducha.
Todo esto, evidentemente, a mi hijo no le pasaba desapercibido y en algún momento tomó la decisión de… Digamos… «Facilitarme las cosas»…
Y así, un día que entré al baño cuando estaba terminando de ducharse a llevarle la toalla limpia, lo pillé ya fuera de la ducha, totalmente desnudo y aunque tenia su pene relajado, pude ver lo hermoso que lo tenia y me lo imaginé como seria cuando lo tuviera duro… Ufff
Este fue el momento a partir del cual perdí el control de mis pensamientos y comprendí claramente que sentía una fuerte atracción sexual por mi hijo.
Esta conclusión creó en mi mente una lucha entre la responsabilidad que tenía como madre y el, cada día, más fuerte deseo que sentía por mi hijo, como mujer.
El era mi hijo y mi responsabilidad como madre no solo me obligaba respetarle y educarle en valores, sino a respetarme a mi misma y no perder el respeto de mis hijos, ya que no podía olvidar que tenia también una niña en la casa.
Todo esto me llevó a buscar en Internet todo tipo de información sobre relaciones incestuosas, vi videos de sexo entre supuestas madres con sus hijos, y aunque todos ellos eran muy poco creibles, a mi me calentaban mucho y terminaba teniendome qué másturbar para tranquilizarme.
Luego descubrí los relatos Eroticos y me centré exclusivamente en los que contaban experiencias de sexo de madres con sus hijos y algunos aseguraban qué se basaban en experiencias reales.
Lo cierto es que algunos ya si eran más creibles y en muchos casos contaban situaciones muy parecidas a la nuestra.
Me centré en los que publicaba un determinado autor porque en alguno de sus relatos, supuse que para hacerlos más creibles, los presentaba como que el había ayudado a los protagonistas a conseguir hacer realidad sus fantasias y terminaba los relatos incluyendo su correo electrónico, supuse que por si algún lector se quería poner en contacto con el.
Le mandé un correo contándole mi caso y para mi sorpresa me contestó.
Me pidió el correo de mi hijo y su nombre, yo se lo facilité, se puso en contacto con el y después del intercambio de varios correos, en los que, al parecer, mi hijo no creía que fuera cierto nada de lo que le estaba diciendo, por fin lo convenció, mandándole la copia de uno de los correos que yo, previamente, había intercambiado con el, en el que le decía expresamente lo mucho que deseaba tener sexo con mi hijo.
Una vez convencido mi hijo que era cierto todo lo que le estaba diciendo, aceptó sin dudarlo, tener sexo conmigo.
A través de Tomas, que así se llama nuestro intermediario, quedamos en que, una vez que se durmiera mi hija, yo iría al cuarto de mi hijo para hacer realidad mi fantasía de tener sexo con el.
Y, sobre la una de la madrugada, con muchas dudas aún, pero también con muchas ganas, finalmente me atreví a ir al dormitorio de mi hijo, tal y como habíamos quedado.
Entré al cuarto muy nerviosa, él me estaba esperando con tan solo su slips y mis ojos, sin poder evitarlo, se fueron directamente al enorme bulto que tenia en ellos.
Solo se me ocurrió decirle, intentando justificar mi presencia allí, que me sentía muy sola.
El se acercó a mi, me abrazó y comenzó a darme besos por el cuello mientras me susurraba al oido:
– No te preocupes, mamá, que yo estoy aquí contigo y te daré todo el amor que necesitas.
Esto a mi me relajó y el con mucho cuidado me tumbó sobre la cama.
Se quitó su calzoncillo y su pene duro y tieso salió como disparado, apuntando al techo.
¡Dios mio!, era aun más grande de lo que yo había imaginado…
Con delicadeza me quitó las bragas y yo me despoje del camisón qué llevaba puesto, quedándome totalmente desnuda.
Los dos estábamos desnudos dispuestos a entregarnos a nuestros deseos.
Mi hijo comenzó por comerme el coño, eso me volvió totalmente loca y no tardé mucho en tener mi primer orgasmo y correrme en su boca.
Luego me penetró y me folló en la posición del misionero, yo volví a tener otro orgasmo, el también lo tuvo y se corrió por primera vez dentro de mi.
Luego seguimos follando en distintas posiciones, yo no paraba de tener orgasmos y mi hijo se corrió otras dos veces más dentro de mi.
Finalmente nos quedamos dormidos, totalmente agotados y cuando me desperté eran las 7 am.
Me levanté, me fui al baño a asearme y por mis muslos escurría el semen de mi hijo, qué brotaba de mi vagina cual manantial.
En ese momento fui consciente de que mi hijo no había utilizado preservativo y que, por lo que estaba saliendo de mi vagina, me había metido dentro una enorme cantidad de semen.
Ahí me asusté, porque yo ya llevaba mucho tiempo sin tomar ningún tipo de precauciones, dado que no tenía pareja y, en la noche, con el calenton qué teníamos ambos, no habíamos reparado en ese «pequeño detalle».
Luego me fui a la cocina a preparar el desayuno para cuando se levantaran mis hijos, el uno para irse a trabajar y la otra para irse al colegio.
Y ahí surgió otra nueva preocupación, sin duda mi hija se habría dado cuenta de que no dormí con ella y además, seguro que nos habría escuchado, porque aunque intentamos hacer el menor ruido posible, los gemidos y suspiros en el silencio de la noche y en un apartamento tan pequeño es muy difícil no escucharlos.
Mis hijos se levantaron, desayunaron, se arreglaron y ambos salieron de casa juntos, cada uno a su tarea.
Ninguno mencionó nada de lo ocurrido en la noche, mi hijo solo sonreía al mirarme y mi hija nos miraba como si esperara que alguno de los dos la dijera algo.
Cuando me quede sola, me senté y comencé a darle vueltas en mi cabeza sobre lo que habia pasado y sobre que hacer ahora.
Mi conciencia me decía que lo que sucedió no debía de haber sucedido nunca, me había dejado llevar por mis deseos, sentía que había fallado como madre y emocionalmente me sentía fatal.
Para tratar de animarme saqué una botella y comencé a tomarme unos tragos, me sentía la peor madre, incluso rompí a llorar.
Me seguía sintiendo emocionalmente mal y seguía pensando que eso no debía haber sucedido.
Pero, por otra parte, siendo sincera conmigo misma, tenía que reconocer que lo disfrute mucho mientras sucedió, mi hijo me trató con mucho cariño en todo momento y me hizo sentir mucho placer, hacía mucho que no tenía a un hombre y en los brazos de mi hijo me volví a sentir mujer.
Ambos teníamos la adrenalina a tope, sentiamos los gemidos y el choque de nuestros cuerpos y era algo tan fuerte que no pudimos conseguir parar, ni pensar, solo entregarnos por completo.
Pero, ahora, en esos momentos tenía un mar de sentimientos encontrados.
Nicolás no uso condón y me dejó cantidad de semen dentro mio y eso me preocupaba, me sientia emocionalmente mal, porque podía haberme embarazado.
Por otra parte mi hija seguramente lo escuchó todo y no sé que la voy a decir.
Y por si todo esto fuera poco, estaba segura que Nicolás va a querer tomarme otra vez y de que yo no iba a ser capaz de negarme.
Finalmente, lo único que tenía claro era que, la culpable de todo lo que había pasado era únicamente yo, yo lo inicie todo, por no ser capaz de controlar mis deseos por mi hijo y ahora tenía que afrontar las consecuencias.
Así que decidí hablarlo todo con mis hijos.
Con mi hija hablaría después de comer y con mi hijo en la noche cuando volviera de su trabajo, puesto que el no viene a comer a casa.
Y así lo hice, después de comer le dije a mi hija que quería hablar con ella.
Empecé diciendola qué se habría dado cuenta de que no había dormido con ella.
Me dijo que sí y que también sabía que me había ido a dormir con Nicolas.
Ahí yo la pregunté si estaba enfadada conmigo por haber hecho eso, a lo que ella me contestó que no estaba enfadada, porque Nicolas también era mi hijo y podía dormir con el cuando quisiera igual que duermo con ella, que ahora el también está en casa y tiene el mismo derecho que ella a dormir conmigo.
Eso me tranquilizó en principio, pero quería estar segura de que mi hija sabía lo que pasaba entre su hermano y yo y que lo aceptaba, para quedarme tranquila definitivamente, así que le dije:
– Gracias cariño por ser tan comprensiva, pero también habrás oído el ruido que hacíamos.
– Pues claro mamá, pero me imagino que eso es algo normal entre personas mayores.
– Pues sí cariño, eso es normal entre personas mayores, pero no entre madre e hijo y no debes comentar con nadie que Nicolás y yo dormimos juntos porque la gente no lo entendería y lo vería mal.
– Por eso no te preocupes mamá, yo no comento con nadie nada de lo que pasa en nuestra casa, a nadie le importa, son cosas solo nuestras.
La madurez de mi hija me sorprendió y por primera vez me sentí mucho mejor.
Mi hija me había quitado un gran peso de encima y me abría el camino qué yo, a pesar de todas mis dudas, era el que deseaba, poder seguir teniendo sexo con mi hijo, todos los demás prejuicios dejaron de tener importancia para mi.
Ya totalmente decidida fui a una farmacia, compré la píldora del día después, pastillas anticonceptivas y preservativos, para usarlos hasta mi próxima regla.
Cuando llegó mi hijo, mi hija estaba haciendo los deberes en el comedor, así que me fui a su cuarto y le conté lo que había hablado con su hermana y todo lo demas.
Mi hijo se puso muy contento, me abrazó y me dijo:
– Pues vamos a estrenar los preservativos ya mismo.
Y dicho y hecho, nos desnudamos, me puse a cuatro sobre su cama, mi hijo se puso un preservativo y en esa posición me penetró y me dio una follada rápida pero muy rica.
Los dos nos corrimos sin meter mucho ruido, para no molestar a la niña.
Desde ese día mi hijo asumió el papel de marido conmigo y de padre con su hermana y se convirtió de hecho en el hombre de la casa.
