Fantasia de un trío, con mi esposa

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Llevamos 20 años de casados y de compartir la vida. Como en la mayoría de los hogares, nuestro matrimonio ha tenido altos y bajos, pero en la intimidad siempre nos hemos llevado bien. Mi esposa ha sido muy complaciente; aunque las obligaciones del hogar y el cansancio a veces limitaban su disponibilidad —algo totalmente comprensible, dado que yo siempre he tenido una energía sexual muy alta—, el balance de estas dos décadas ha sido por etapas de un disfrute intenso. Al principio de nuestra relación me hubiera gustado cogerla todos los días, incluso dos veces por jornada, pero nos adaptamos a un ritmo de tres o cuatro veces por semana que sabíamos aprovechar al máximo.

Con el paso de los años, cuando ya llevábamos unos tres años de casados, se nos ocurrió empezar a conversar sobre nuestras experiencias antes de conocernos. Lo que comenzó como una simple curiosidad pronto se convirtió en una herramienta de morbo puro. Me contaba sus aventuras y yo le narraba las mías. En lugar de darme celos o juzgarla por su pasado, escucharla me encendía de una manera tremenda al conocer cómo había cogido, le preguntaba pormenores de sus encuentros al principio le daba algo de vergüenza, pero luego terminaba accediendo y complaciéndome, comentándome como, donde y con quien lo había hecho; esto lo hacíamos mientras cogíamos o mientras ella me hacia una paja, mientras cogíamos o mientras me regalaba una yo me imaginaba esas escenas me llenaba de mucho morbo catapultándome directamente a un gran orgasmo, a tal punto de venirme con muchísima fuerza dentro de ella y con abundante leche. Sin embargo, apenas terminaba el acto, una pesada losa de culpa caía sobre nosotros. El recargo de conciencia y la vergüenza nos hacían sentir que habíamos cruzado una línea moral, así que durante un tiempo decidimos enterrar el tema porque más que nada a mí me resultaba incómodo.

A pesar de las pausas, el morbo siempre encontraba un resquicio por donde colarse. Aprendimos a canalizarlo a través del juego y la fantasía: jugábamos a ser desconocidos mediante mensajes de texto, encendiéndonos con palabras antes de llegar a tener relaciones sumamente apasionadas. Siempre buscábamos el espacio para fantasear. Cuando le preguntaba por sus fantasías más ocultas, al principio evadía la respuesta; en ocasiones me decía que no le preguntara algo que después me iba a arrepentir de conocer, lo que me dejaba sumamente intrigado por un lado quería conocer por el morbo q causaba en mí y por otro lado me daba temor lo que me podía contar. Cuando me tocaba a mí, yo le confesaba que, aunque mi segunda fantasía era estar con ella y otra mujer al mismo tiempo, la número uno —la reina de mis pensamientos— era un trio HMH, verla disfrutar y empoderarse con dos pollas al mismo tiempo, pero que solo era una fantasía.

Yo de apoco seguía insistiendo en que me revelara sus fantasías, prometiéndole que no iba a juzgarla, trataba de darle la confianza necesaria, diciéndole q solo era una fantasía de esas que solo se quedan en la mente. Finalmente, rompiendo el caparazón del qué dirán, me confesó lo que guardaba en silencio: ella también fantaseaba con los tríos MHM interactuar con más personas, ver mientras cogen y que nos vean cogiendo, y estar con dos hombres al mismo tiempo. Escucharla decir eso me volaba la cabeza; aunque mi mente educada en el machismo y la moral tradicional intentaba frenarme, mi cuerpo reaccionaba con una firmeza implacable, llevándome a orgasmos brutales.

Cuando estábamos caliente hablábamos de un sanduche, (ella penetrada al mismo tiempo por dos pollas). En pocas ocasiones mientras cogíamos, mientras ella me cabalgaba, bastaba con que yo le dijera al oído: «imagínate que es la verga de otro hombre la que te estas comiendo», para que ella cerrara los ojos y se moviera frenéticamente, con una fuerza y velocidad salvajes, hasta estallar en un orgasmo intensísimo. Aquello era la prueba evidente de que muy en el fondo, el deseo era mutuo. Incluso en mis ausencias por motivos de trabajo, las llamadas nocturnas se convertían en sesiones eróticas donde jugábamos a ser otros, masturbándonos a la distancia mientras nos devorábamos con la voz contándonos fantasías desde la perspectiva de otros.

Años después, cuando cumplimos más de una década juntos, quise dar un paso más allá. Estando fuera de la ciudad por trabajo, le propuse crear un perfil en una página de contenido sexual con fotos suyas (cuidando siempre que su rostro no saliera). Las subimos y, durante unos siete días, las reacciones y los halagos de otros hombres hacia su hermosa figura llovieron sobre la cuenta. Lejos de incomodarnos, a mí me llenaba de orgullo y excitación saber que otros la deseaban, y ella misma me confesaba que leer esos comentarios la ponía profundamente cachonda.

Mi ausencia de casa y viajes de trabajo, alimentaban el morbo, nos dábamos tiempo para platicar por wasap y calentarnos, dando rienda a conocer más detalles de nuestras fantasías, una vez le pregunte que si hacíamos el trio HMH, ella se dejaría coger por detrás por la otra persona, ella me respondió muy abiertamente que si, que no dejaría pasar la oportunidad de que otra verga le parta el culo, mi mente bolo a mil por lo que escuchaba; yo también le confese que me gustaría mamarle la vagina mientras le partían el culo, algo que a ella le encanto.

Ella en nuestras platicas por wasap me había como debía ser el hombre con el que le gustaría compartir nuestra cama: tez canela, de un metro setenta y cuatro de estatura delgado, de entre 25 y 35 años, y con un miembro de buen grosor, tentando la curiosidad de probar algo más grueso que el mío, las medidas del pene entre los 15 o 16 cm, (del mismo tamaño que el mío). Sin embargo, con el transcurso de los años la vida se encargó de poner pausa a las fantasías, ya que el tiempo y las circunstancias terminaron por distanciarnos físicamente como pareja.

Hoy en día mantenemos una relación muy estrecha como amigos, padres y cómplices. Y es precisamente en esa zona gris donde la pasión se ha revitalizado.

Esporádicamente, cada quincena o tres semanas, seguimos encontrándonos para hacer el amor con la misma intensidad de antes.

En esas charlas recientes, despojados ya de los temores del qué dirán y sintiendo que al no estar formalmente juntos como pareja tradicional ya no tenemos nada que perder, la conversación sobre el trío ha vuelto a la mesa. Al preguntarle ahora ella pone el listón en hombres de 30 a 40 años y con un miembro de grosor considerable. Mientras nos entregamos a la pasión en estos reencuentros, las palabras fluyen sin filtros. Me ha confinado con absoluta naturalidad cómo se imagina la escena perfecta: que la masturben otro hombre mientras me ve sentado en un sillón, posterior que ese mismo hombre le mame la vagina, q le dé duro. Le pregunte que si nos aguantaría a los 2, me aseguró que está más que lista para aguantarnos a los dos con fuerza y rapidez. Le pregunte sobre la doble penetración, contestándome ella que si le gustaría las 2 vergas por la vagina. Esta platica la manteníamos mientras cogíamos, ella recibiendo mi envestida patas al hombro, mientras el morbo nos consumía. La puse en 4 recordando los viejos tiempos de locura, introduje unos pedacitos de hielo en su vagina, al penetrarla en posición de perrito se sentía muy delicioso lo caliente y helado de su vagina, así estuvimos un par de minutos hasta colocarnos en posición del 69 ella sobre mí, fue fabuloso mamarle la conchita y tragarme todos sus jugos mientras me devoraba la verga, luego me dijo que me acostara, se sentó en mi verga y comenzó a moverse muy rico hasta tener el primer orgasmo, luego siguió moviéndose frenéticamente hasta q vi que se venia otra vez, lo que me éxito y solté mi chorro de leche dentro de su suave y cálida vagina, terminando los 2 al mismo tiempo.

A sus 40 años, mi esposa sigue conservando un cuerpo esculpido que me obsesiona: una estatura de 1.52 m, unos pechos medianos y firmes que me fascinan, unas piernas arrebatadoras, un trasero perfecto y una vagina cálida y sumamente complaciente, coronada por unos labios exquisitos que disfruto besar y saborear en cada encuentro.

Mirando el camino recorrido, entiendo que durante años frenamos nuestros impulsos por culpa de una moral rígida y del remordimiento posterior, conformándonos con usar nuestras fantasías solo como combustible para encendernos. Pero hoy la perspectiva es distinta. La madurez, la complicidad que compartimos y las ganas que aún nos tenemos han transformado el viejo tabú en una posibilidad real. El terreno está listo, la complicidad es absoluta, y la puerta para materializar esa vieja fantasía está más abierta que nunca.

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Angel
Angel

Pareja, con deseos de conocer

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