De chico beta a hombre omega

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Rubén estaba viendo una peli, o lo intentaba. Al otro lado del sofá, Gabriel y Sime no paraban de comerse los morros como dos monos en celo. Al principio —hacia años— había dicho que aquello era bastante normal, porque después de todo, todo el mundo pasaba por esa fase del enamoramiento al principio del noviazgo en el que estaban pastelosos y no podían dejar de decirse cursilerías y las chorradas típicas de los enamorados, pero el caso de Sime y Gabriel, desde luego no tenía nada que ver con eso… a estas alturas… la respuesta era simplemente que eran unos cerdos. Y ya estaban más cerca de los treinta años que de los veinte.

Llevaban siendo novios unos cinco años, en realidad nunca habían dicho que fueran novios, pero se habían alquilado un piso entre los dos y se comían los morros cada vez que podían, en publico y en privado. En privado además de morrearse seguramente follaban como conejos.

Esa tarde Rubén se aburría y habían acabado los tres juntos viendo una película en el salón.

«Menudo par de cerdos, joder», pensó mientras ambos se enrollaban delante de él todavía con la ropa puesta, ignorando por completo la película. Se sobó la entrepierna sin enterarse antes de apartar la mirada y volver a centrarse en la tele.

—Eres un gran besador, cabrón —le dijo Gabriel con los ojos brillantes.

—Me encantas —le respondió Sime—. Tengo muchas ganas de que me comas la polla.

—Oh… que tierno.

Luego volvieron a morrearse.

Tampoco era que estuvieran siempre comiéndose los morros, pensó Rubén, aunque esa tarde estaban especialmente cariñosos; se ve que se iban a ir de vacaciones a Disneylandia o algo así. Y se estaban contando todas las posturas en las que se lo iban a montar en la suite de Aladdín que se habían pillado. A Rubén no le extrañaría que ya tuvieran una lista de las posturas sexuales que iban a probar en cada una de las noches del viaje mientras publicaban fotos por el día en las redes sociales pasándoselo bomba en las atracciones del parque.

Joder…

Rubén sabía que cuando las parejas empezaban a salir se ponían cariñosos y se pasaban el día mandándose mensajes y fotos y diciéndose cursiladas —a él también le había pasado, sobre todo en el instituto, con algunas de sus ex— pero esos dos… bueno, fotos se hacían, fotos normales en las que parecían la típica pareja de gays felices y tal, dándose besos y abrazos. Pero en cuanto los conocías un poco todo eran pollas, putas, chupa esto o cómeme lo otro… hacían honor a la frase de que los hombres pensaban con la polla.

En teoría esa tarde habían quedado para ver una película. Y aún quedaría una hora entera de película y esos dos no paraban de enrollarse, prácticamente se lo estaban montando ahí mismo. Él con sus novias podía haber hecho algo parecido, podía haberse besado con ellas tranquilamente en un rincón, pero esos dos se estaban comiendo los morros, metiéndose la lengua en la boca del otro hasta la campanilla. Podía verlo, joder.

Volvió a acomodarse la entrepierna, molesto.

—Voy a por un baso de agua —anunció Gabriel con una sonrisa provocando que Sime lanzase un sonido lastimero cuando se quitó de encima de él.

—Tráeme otro a mí, nene —le dijo Sime sonriente.

—Sabía que estabas esperando a que dijera que quería un baso para pedirme que te trajera otro para ti —sonrió Gabriel y Gabriel le dedicó un guiño lascivo sacándole la lengua antes de que él se largase por el pasillo—. Eres un puto esclavista.

Sime lo siguió con la mirada, como un tiburón hambriento, y apenas un segundo después, Rubén se dio cuenta de que le estaba mirando el culo.

—Pero que culazo tienes, nene —exclamó y Gabriel rió de buena gana mientras se iba por el pasillo.

Sime tenía el pelo negro y corto, el rostro ligeramente ovalado sin barba y estaba fuerte, como Gabriel. Había sido parte de los macarras del instituto.

Por un segundo Sime y Rubén volvieron a centrarse en la pantalla de la tele, aunque Rubén no podía parar de ver a esos dos enrollándose en su cabeza cada vez que parpadeaba, como si fuera un puto salvapantallas. Y los sobeteos que se pegaban cuando estaban con los amigos, como si tal cosa; a veces sobeteos muy muy descarados. Y cuando Gabriel volviera seguirían dándole al tema.

Rubén era consciente de que estaba celoso; esos dos eran fuertes y no tenían ningún problema en decirse que se adoraban mutuamente. Y pobre del pringado que se atreviera a decirles algo.

Aun así, ya no podía más. Tenía que decir algo. Y de los dos Gabriel era el más accesible para decírselo, porque era con el que tenía más confianza; a Sime también lo conocía, aunque igual le cruzaba la cara de una hostia.

—Voy a por un baso de agua —anunció levantándose para ir detrás de Gabriel.

—Sí vais a mear juntos en el baño, dile que me mande una fotopolla para el álbum de recuerdos felices —dijo Sime con voz neutra centrado en la película de la tele.

Antes de salir del salón y enfilar el pasillo Rubén se volvió, tal vez esperando pillar a Sime mirándole el culo como había mirado el de Gabriel, y sintió un ligero pinchazo de decepción cuando al girarse lo vio completamente centrado en la televisión, mostrando cero interés por su culo. Si hubiera sido Gabriel probablemente le habría silbado o dado una palmada en el culo, y él se habría reído alegremente y le habría respondido alguna cerdada antes de irse.

Y sin embargo ahora mostraba más interés en la película del que había mostrado desde que la habían puesto. En cuanto Gabriel salía de su alcance era como sí… como sí perdieran fuelle, los dos. Se comportaban como seres racionales, pero en cuanto los juntabas era como sí…, como si se dieran cuerda mutuamente, picándose y riéndose. Y entonces antes de que te dieras cuenta alguno de los dos mencionaba palabras como «polla» «cojones» «cerdo» o «puto» y la maquina de besos y lujuria se activaba en un bucle sin fin. Pero cuando se separaban eran seres racionales. O casi.

Y eso era lo que tenía que aprovechar ahora que Gabriel estaba solo. Decirle que bajaran un poco el tono, joder. Un poco ¿tan difícil era mirar una película sin meterse mano?

Enfiló el pasillo mirando la luz de la cocina, donde estaba Gabriel.

Esos dos habían empezado a salir desde que tenían quince años. Ambos estaban cachas de ir al gimnasio, y Rubén suponía que recurrían a esa camarería suya tan cerda para estar como estaban. Casi como dos putos bueyes de carga. En comparación, Rubén era un tío normalito de piel ligeramente bronceada y pelo rubio oscuro que le caía sobre la frente en un flequillo y ojos marrones, Siempre había sido delgado y aunque había intentado —como muchos otros— ganar musculo en el gimnasio, nunca había conseguido aguantar demasiado la rutina. Y no tenía nadie como Sime tenía Gabriel, y Gabriel a Sime, para que lo motivase a ir a levantar pesas. Así que esos últimos años había ganado algo de peso, y aunque no estaba gordo, la cara si que se le había inflado un poco, de forma que aunque antes había estado bien definida y le daba aspecto mono —casi lo único que tenía a su favor—, ahora empezaba a parecerse a un puto balón, y si no seguía una dieta seguramente pronto parecería un puto oso panda.

La verdad es que tenía envidia de esos dos; la forma en la que se compenetraban… en la que se entendían mutuamente, era como si tuvieran completa confianza, una confianza mucho más intima que la que tenía con amigos normales, la que se suponía que tenías que tener con tú pareja, aunque Rubén nunca había llegado a llevarse así de bien con ninguna de las novias que había tenido ¿Qué era eso? ¿Era una especie de cosa exclusiva de los gays o qué

Sabía que no lo era, pero…

Entró en la cocina y perdió el hilo de los pensamientos. Gabriel estaba de espaldas a él y Rubén se quedo embobado mirándole el culo. La verdad es que era un buen culo. Mejor que el suyo desde luego. Podía entender lo que Sime veía en él.

Solo duró un segundo y volvió a andar cruzando la cocina mientras Gabriel se volvía hacia él probablemente para controlar que no era Sime que venía a restregarle el paquete por el culo o a follárselo ahí dejándolo a él solo en el salón como a un gilipollas.

Gabriel tenía el pelo castaño y era bastante pálido, de rasgos afilados y unos ojos verdes. Y también era de constitución fuerte y solida, como Sime

—Sois unos cerdos —dijo Rubén a modo de saludo.

No lo dijo como un insulto, y aunque lo hubiera hecho para alguien como Gabriel era como un alago.

Gabriel rió divertido, para nada ofendido.

—Podríais cortaos un poco y aguantar sin sobaros un minuto, al menos mientras yo este delante.

—Ey, yo no me quejo cuando tú te pones con tus novias en plan santurrón «Oh, mi amor, ahora que te conozco las estrellas brillan con más fuerza» «Mi corazón palpita como si ardiera un sol» —recitó burlón.

Había pasado por lo menos seis meses desde que Rubén había tenido esa relación, aunque no pensaba darle ese dato a Gabriel para que supiera cuanto tiempo llevaba sin follar.

—Solo digo que podríais… relajaos —dijo él—. Lleváis juntos, ¿cuanto tiempo?

—Juntos juntos… unos cinco añitos. Follando, unos diez —añadió con una sonrisa perversa.

—¿Y todavía no os habéis hartado de darle al rabo todo el día?

Gabriel esbozó una sonrisa afilada.

—Nos conocemos bien, sabemos lo que le hace tilín al otro… Y otras cositas

—Pues cortad un poco el rollo con tanto sobeteo, ¿vale? Es incomodo. Controlaos un poquito. Entiendo que…

—¿Y qué tal —le cortó Gabriel con toda la calma del mundo plantándose delante de él— si dejas de hablar y me chupas la polla un rato?

Eso descolocó por completó a Rubén. Durante un segundo solo hubo silencio. Esperó que Gabriel riera el chiste, burlón, pero lo miraba con esa sonrisa taimada en la cara.

—¿Qué?

Pero los ojos de Gabriel no admitían réplica. Lo miraban como si lo fuera a devorar ahí mismo. Como un gato que tiene arrinconado a un ratón asustado. Se pegó más a él, invadiendo su espacio personal.

—Anda —le dijo—. Cómeme la polla un ratito. Igual así te relajas un poco, aguafiestas.

Rubén no supo porque pero cuando Gabriel le presionó sobre el hombro se puso de rodillas y cuando Gabriel se sacó la polla se quedó mirándola. Estaba flácida pero incluso así era más grande que la suya.

—Sime está en el salón —fue lo único que se le ocurrió decir, aunque no sabía si para parar eso o para que Gabriel lo tuviera en cuenta, para que tuviera en cuenta que su novio les podía pillar, y lo que eso significaría si pasaba.

—Tú deja que yo me preocupe de eso, y empieza a chupar, venga…

—P-pero yo no soy… yo nunca…

—Es fácil —dijo Gabriel; desde esa posición parecía más grande. Sus ojos verdes brillaban—. Solo tienes que abrir la boca y chupar, como las tías de los videos que ves en tu casa. Venga.

Rubén se relamió. Lo cierto era que él era bisexual, aún no había comido ninguna polla y prefería mantenerse en el lado «hetero» de la carretera, aunque tampoco era que tuviera mucha suerte con los coños.

Y en casa solía ver videos de porno, de los gays también pero… nunca había pensado… y menos con Gabriel. Eran amigos.

Y aun así…

Se relamió mirando la polla que tenía delante de su cara, sin poder evitarlo.

—Venga —le dijo Gabriel pasándole la polla por la cara, golpeándole la cara con ella—. Empieza ya, y cuidado con los dientes, o te irás sin ellos a casa. Y el que avisa no es traidor. Vamos…

No supo si fue por no llevarle la contraría a Gabriel —después de todo era más fuerte que él, le podía con facilidad—, o para acabar con todo aquello antes de que Sime entrarse los pillase así y le partiera la cara… O porque en realidad quería hacerlo, pero abrió bien la boca…

Y se metió esa polla caliente en la boca.

—Mmmmm…

La sintió seca en su boca y encargándose de mantener la boca bastante abierta y los dientes apartados de ella, empezó a comerse su primera polla.

No tardó mucho en sentir que la polla de Gabriel en su boca iba cobrando más tamaño, cómo iba creciendo y poniéndose más caliente y dura mientras él la iba mamando, y sintió una arcada cuando intentó metérsela toda en la boca de golpe, pero se retiró y siguió chupando con tranquilidad, centrado en ese rabo que cada vez estaba más grande y duro, sin dejar de mamar, y aunque Gabriel se mantenía callado y no hacía ningún ruido, pensó que el hecho de que no le diera de hostias ni lo apartara de su polla era buena señal.

—Mmmmm… Mmmmm… Mmmmm…

Al principio le dejó ir a su ritmo, y la verdad es que no se sentía nada mal, ya en su boca podía sentir que era una buena polla, por lo menos el triple que la suya. Siguió chupando como Gabriel le había pedido que hiciera, sin quejarse y sin parar, pensando que podría acostumbrarse. No se estaba nada mal. Aunque como Sime entrase por la puerta estaba dispuesto a saltar por la ventana

—Mmmmm… Mmmmm… Mmmmm… Mmmm…

—Así —le dijo Gabriel mientras le revolvía el pelo con suavidad—. Muy bien. Por cierto, eres un cabrón… deberías controlarte un poquito… mmmmm… —masculló con suavidad mientras Rubén se la chupaba.

—Mmmm… Mmmm… Mmmm.

—¿Por eso quieres que paremos de enrollarnos, porque se te despierta la polla?

—Mmmmm…

Rubén lo miró mientras seguía mamando y vio cómo él sonreía. En realidad no sabía ni que estaba haciendo, pero su polla se había despertado y le daba tirones entre las piernas mientras le chupaba la polla a Gabriel. A veces miraba hacia arriba y veía a Gabriel mirándolo como nunca antes lo había mirado, de la misma forma que solía mirar a Sime, mientras le acariciaba el pelo con suavidad disfrutando de la mamada. Había un brillo salvaje en sus ojos verdes.

—¡Oooh! —masculló Gabriel. Su mano agarró la cabeza de Rubén con fuerza y la oprimió contra su polla, provocando a que Rubén tuviera una arcada.

—¡Dagh! ¡Mmmmm..!

—¡Ooh…! —masculló Gabriel con suavidad mientras lo oprimía contra sus cojones, metiéndosela hasta la garganta.

Rubén tuvo otra arcada. No podía con tanta polla…

Gabriel volvió a gemir con suavidad, ignorando sus arcadas y sin aminorar su agarre en su cabeza, que ahora era fuerte y aplastante.

—¡Ey! —La voz de Sime llegaba desde el salón. A Rubén él corazón se le aceleró en el pecho—. ¿Venís o qué? Porque si estáis follando me gustaría mirar.

—¡Ya vamos, cabrón! —le espetó Gabriel alzando la voz aunque no aflojó el agarre sobre su cabeza, sino que apretó más—. ¡Mmmph! ¡Grrr! ¡Joder! Hostia puta…

La cadera de Gabriel empezó a moverse adelante y atrás con rapidez, metiéndole la polla hasta la taquea; podía sentirla. Hasta el fondo.

Le dieron más arcadas.

—¡¡Daagh! Mmmm… ¡Aaaahg!

Gabriel gruñó. Su cadera se movía como loca mientras Rubén apenas podía hacer algo que no fuera ahogarse sintiendo cómo esa barra de carne le follaba la boca sin parar, entrando demasiado a dentro y dándole más arcadas. Rubén tenía la cara roja, y hacía ruidos como un puto estertor, Gabriel rugía con suavidad, mientras su cadera se movía como loca adelante y atrás, follándole la boca.

Y le encantaba.

«Dios… esto es la puta hostia».

—¡MMMMMM…!

Gabriel volvió a rugir con suavidad, y su cadera se movía como loca, y Rubén pensó que iba a descargar su corrida en su garganta, y que estaba a segundos a saber a que sabía la lefa de un hombre. Y por cortesía de uno de sus amigos del insti, nada menos.

Gabriel volvió a gruñir, sujetándole bien la cabeza.

La polla le daba tirones entre las piernas. Él tampoco tardaría mucho en correrse si eso seguía; incluso sin tocarse.

Y entonces Gabriel paró. Su cadera dejó de moverse y el agarre sobre su cabeza desapareció, y Rubén pudo sacarse su polla de la boca.

—¡Aaah! —exclamó, ahora que habían dejado de follárselo, respirando por la boca mientras esa polla dura y gorda se erguía frente a su cara, completamente ensalivada y chorreando babas, con ese capullo gordo y brillante de sus propias babas que chorreteaban por esa tranca y le caían por los cojones.

Joder, acababa de hacerle una mamada a Gabriel, a quien conocía desde el instituto. Y ahora su polla estaba llena de babas frente a su cara.

Acercó de nuevo su cara a esa polla para darle otro lametón, dispuesto a hacer que se corriera, a que descargara en su garganta su leche caliente. No quería volver al salón con Sime. Quería que se corriera en su cara. Quería saber a que sabía la leche de su amigo…

Todo eso se esfumó cuando Gabriel volvió a meterse el rabo en el pantalón encerrando su polla. Quiso protestar, decir algo… pero Gabriel le tendió la mano y él se la cogió con para volver a ponerse de pie. Gabriel lo miraba con los ojos encendidos. Y él quiso besarlo, un buen morreo como los que le metía al cabrón de Sime.

—Abre la boca —le dijo Gabriel echando por tierra de nuevo todas sus fantasías. Rubén obedeció sin saber muy bien por qué; en parte quería protestar pero… Gabriel lo miraba como si se lo fuera a comer. Obedeció y Gabriel sonrió—. No te lo tragues.

Y dicho esto hizo una gárgara y abriendo los labios dejó caer un gapo desde su boca a la boca del rubio. Rubén sintió cómo el gapo caliente le caía en la lengua y le bajaba hacia la garganta.

Esa cerdada casi hizo que se corriera en los pantalones.

Gabriel con una sonrisa en la cara miró cómo su gapo se quedaba dentro de su boca, hasta que asintió con suavidad. Le agarró el cuello con suavidad; Rubén sentía su mano caliente contra su garganta.

—Trágatelo —le ordenó.

Mirándolo directamente a los ojos, Rubén cerró la boca, y tragó, como le había mandado, sintiendo cómo el gapo caliente le bajaba por la garganta, hacia su estomago. Luego abrió la boca para que Gabriel comprobara que se lo había tragado.

—¿Está rico, cabrón?

—Mucho.

Gabriel sonrió y le acarició la cara pegándose a él, y Rubén sintió su respiración en la cara. Quiso volver a besarlo. Todavía sentía la polla de Gabriel en su boca.

—Ahora arrea y mueve el culo al sofá —le dijo Gabriel cortándole todo el rollo—. Quiero volver a morrearme con Sime tranquilamente, ¿vale? Puedes mirar… y cascártela si quieres.

Aquello le chafó bastante el rollo, pero no supo que contestar, así que se calló y volvieron al salón.

—Ya era hora, joder —les dijo Sime—. ¿Qué estabais haciendo? ¿Jugando a los médicos? —sugirió mirando a su novio, divertido.

—No seas tonto, cerdo —le dijo Gabriel pasándole su baso de agua—. Estábamos hablando. Cosas de chicos, ya sabes.

—Ah, no sabía que de pronto me había cortado la chorra y tenía una vagina —bromeó Sime dándole un trago a su agua.

—Espero que no, porque afectaría mucho a nuestra relación —sonrió Gabriel malvado.

—Así que solo me quieres por mi polla.

—Es una gran polla —dijo inclinándose para darle un beso en la frente.

Sime rió pasándole su baso de agua para que lo dejara sobre la mesita de centro.

—Y me aburriría mucho si no la tuviera —dijo Gabriel sentándose en sus piernas en el sofá para seguir enrollándose—. ¿Qué me iba a llevar a la boca si no tuviera tu rabo? ¿Con que cojones iba a jugar? ¿Dónde iba a encontrar a otro cabrón como tú que me conociera tan bien? Eso es amor.

—Amor del bueno —le susurró Sime poniéndole ojitos y acercando su cara a la de él.

Rubén que apenas había podido centrarse a la pantalla sin lanzarles miraditas a esos dos, los miró mientras se morreaban, incrédulo. Le había chupado la polla a Gabriel hacía dos minutos, y ahora estaban morreándose delante de él como si nada, ¿no acababa de ponerle los cuernos a su novio, al que le estaba diciendo que quería tanto? Le había hecho comerle la polla en la cocina como si nada, y vale, ellos no eran precisamente los ositos amorosos —más bien los ositos folladores salidos—, pero eso… eso era otra nivel de guarrada.

Seguía sin poder creerse que le hubiera hecho comerle la polla.

Y ahora se estaban comiendo los morros. Otra vez.

Habían empezado besándose con suavidad, durante unos dos segundos antes de subir la intensidad y abalanzarse contra el otro como si se fueran a devorar entre ellos. Y él se los quedó mirando. Ahora ninguno de los tres estaba mirando la televisión, ellos estaban casi a punto de ponerse a follar, y Rubén no podía dejar de mirar, cachondo de ver cómo se lo montaban.

¿Les importaría si se ponía a sobarse la polla mientras miraba cómo se lo montaban? Gabriel le había dicho que no le importaba, pero no estaba seguro de si le estaba tomando el pelo o si lo había dicho en serio.

Se estaban comiendo los morros, y él no hacía más que mirar. Vio cómo uno de las manos de Sime ascendía hasta tocarle la cara a Gabriel con suavidad, ambos con los ojos cerrados, como si no se acordaran de que él estaba ahí…

Rubén estaba demasiado excitado como para preocuparse, se sentía bastante celoso e irritado por el corte que le había dado en la cocina, pero si se ponían a follar tal vez tuviera suerte y consiguiera que se lo follasen los dos a la vez, ¿no? Imagines sexuales con esos dos empezaron a pasarle por la cabeza…

Gabriel se dejó hacer, y luego le cogió la mano a Sime y la llevó hasta su propia entrepierna, sobre su polla… que él había estado chupando hace unos minutos. Eso encendió todas las alarmas de Rubén.

Por un segundo la mano de Sime se quedó ahí, acariciándole la entrepierna, y luego volvió a subir con suavidad, tranquilizando un poco a Rubén, pero esta vez no avanzó mucho antes de que Gabriel volviera a cogerle la mano y volviera a colocarle la mano sobre su paquete, otra vez.

Sime intentó volver a mover la mano y de nuevo con más insistencia —sin dejar de besarse, joder ¿Cuánto tiempo podían estar así?— y Gabriel se la volvió a colocar sobre su entrepierna y Sime pareció pillar el mensaje, porque por fin —haciendo saltar las alarmas de Rubén de una vez que giró la cabeza y fingió estar de pronto muy interesado en la tele— metió la mano en el pantalón, sin tan si quiera comprobar si Rubén estaba mirando. Sin importarle que estuviera en la misma habitación que ellos.

Por un segundo Rubén no escuchó nada, lo que le hizo pensar que a lo mejor se había librado, a lo mejor las babas de su polla se habían secado. O a lo mejor no le estaba tocando la polla, solo estaba tonteando por el calzoncillo.

A lo mejor se había librado.

—Mmmmm…

—Mmmmmm… —Ambos hacían ruido mientras se morreaban y sus lenguas jugaban…

Por un segundo respiró en paz, aunque sin atreverse a girar la cabeza, mirando la tele como si estuviera viendo lo más interesante del mundo, mientras seguía oyendo los sonidos de esos dos, besándose.

Y entonces pasó.

—Pero… ¿¡Pero que cojones…!? —exclamó Sime interrumpiendo el beso.

El corazón de Rubén pareció a punto de salírsele del pecho mientras que Sime miraba a Gabriel contrariado y este sonreía de oreja a oreja, para nada avergonzado.

—¿Qué has estado haciendo en la cocina, cabrito? —le preguntó.

Gabriel con esa sonrisa y hizo una leve inclinación de cabeza hacia Rubén, que seguía mirando la tele sintiendo cómo el corazón le taladraba el pecho, preguntándose cuantas probabilidades tenía de llegar a la puerta y salir corriendo a la calle antes de que Sime lo pillase y le partiera la cara, los brazos, las piernas y todos los demás huesos del cuerpo.

Cuando Sime sacó sus propias conclusiones sobre lo que había pasado en la cocina la contrariedad dio paso a una sonrisita traviesa.

—¿Has dejado que ese capullo te la chupe, cabrón? —preguntó y la sonrisa de Gabriel se ensanchó, admitiéndolo silenciosamente—. Pero que mamón eres…

—No, el mamón es él —ronroneó Gabriel volviendo a acercar la cara a la de él, que seguía teniendo la mano sobándole la polla por dentro de los pantalones.

—Puta —masculló Sime antes de volver a besar a Gabriel, con ganas.

Rubén estaba boquiabierto. Sime le había pillado, y le daba igual. ¿De verdad se había librado?

¿Y de verdad eran tan cerdos?

En parte estaba asustado, sin creerse que les diera igual, no terminaba de creerse que su suerte fuera tan buena.

Cuando volvieron a separarse ambos se sonreían, aunque los ojos negros de Sime miraban a Gabriel como carbones encendidos.

—¿Así que se te ha amorrado a la polla? ¿Te la ha comido? ¿Te ha gustado?

—No ha estado mal —dijo Gabriel con una sonrisa.

—Quítate de encima, cabrón. Voy a tener unas palabritas con ese hijoputa.

De nuevo todas las alarmas se dispararon, pero Rubén estaba atrapado. Para salir de ahí tenía que pasar por delante de ellos. Y si lo intentaba Sime era capaz de lanzarlo contra la televisión. Y Gabriel ya se estaba moviendo, quitándose de encima de él dejando que Sime se levantara de un saltó, y ya no parecía que pasara tanto de que le hubiera comido la polla a su novio. Podía ver el peligro en su mirada.

Él también se levantó del sofá, tal vez para poder escapar aunque no había forma a menos que atravesase la pared. La ventana que tenía detrás de tenía la persiana bajada y aunque pudiera saltar por ella, la ventana tenía rejas. Se levantó porque no podía quedarse quieto esperando a que ese tren lo reventara y le pasase por encima, ¿no? El instinto de supervivencia. Pero estaba atrapado.

«Joder —pensó desesperado, Sime estaba de pie frente a él y su mirada prometía problemas—. ¿Cómo coño me he metido en este lio?»

¿Le había molestado tanto que se comieran los morros delante de él? En ese momento daría todo lo que tenía porque Sime se olvidase del tema de los cuernos en la cocina y volviera a tumbarse en el sofá. Por él podían ponerse a comerse la polla el uno al otro ahí mismo y hacer un sesenta y nueve él no diría ni pio. No le importaba. Ya no.

Sime lo miraba amenazante, sus ojos negros lanzaban chispas.

—Espera, espera… —Rubén levantó las manos para intentar apaciguarlo pero Sime se estrelló contra él como un rinoceronte, cogiéndolo de las solapas de la camisa. Sintió que lo levantaba, y sus pies dejaron de hacer contacto con el suelo.

—Con que te gusta chuparle la polla a mi novio ¿eh, mamón?

—¡No, yo no…! —pero no se le ocurrió que más decir. Miró a Gabriel, asustado, buscando ayuda, pero este se había vuelto a tumbar en el sofá con tranquilidad y miraba el espectáculo. Sonrió a Rubén cuando este lo miró aterrorizado—. Él ha…

«Venga, joder Gabi —pensó Rubén, cagado de miedo—. Somos amigos. Ayúdame».

—¿Le has comido la polla a mi novio? —le espetó Sime volviendo a atraer su atención. Sus ojos negros relampagueaban.

—¡No! ¡NO! Sime, por favor…

—No parecía pasarlo mal —comentó Gabriel sobándose la entrepierna disfrutando del espectáculo con toda tranquilidad, usando la mano para bajarse los pantalones y los calzoncillos sacando su polla erecta a jugar.

Sime gruñó a Rubén mientras sus manos le apretaban con fuerza la solapa. Rubén no sabía ni que decir, ni que hacer. Estaba completamente acojonado.

—Con que te mola comer pollas, ¿eh? —preguntó y Rubén empezó a balbucear alguna respuesta, al borde de la histeria y de pedir ayuda a gritos. Que vinieran los bomberos, la policía, y que le quitasen a ese loco de encima. Que viniera el ejercito, joder, quien fuera.

No fue capaz de articular nada con sentido, salvo balbuceos pero no hizo falta porque Gabriel volvió a hablar, con las piernas ligeramente dobladas, sobándose la polla aun húmeda de la mamada en la cocina, volviendo a ponerse dura.

—No la chupa nada mal. Aunque necesita entrenamiento—comentó con una sonrisa.

—Puto, cabrón —le gruñó Sime dedicándole a Gabriel una mirada irritada antes de volver a centrarse en Rubén.

Rubén estaba al borde del llanto.

—Con que te gusta mamar, ¿eh?

—Le encanta chupar —confirmó Gabriel sobándose la polla con ganas y moviendo la cadera arriba y abajo mientras Rubén trataba de hablar pero solo le salían balbuceos.

Rubén miró a Gabriel de reojo, pero apenas fue un segundo, una fracción de segundo, antes de volver a centrarse en Sime que parecía estar a punto de partirle la cara.

Y Sime entonces sonrió.

—Pues si tanto te gusta chupar, chupa —le dijo.

Rubén casi ni oyó esa frase, estaba demasiado asustado, demasiado acojonado para creerse que aquello fuera real, de pronto notó que sus pies volvían a hacer contacto con el suelo y que Sime lo empujaba de cualquier manera haciéndolo caer al lado de Gabriel. De pronto volvía a tener la polla de Gabriel delante de la cara.

Gabriel lo cogió del cuello y lo guió hasta su polla, metiéndosela en la boca, y haciendo que Rubén abriera mucho los ojos, impresionado.

—¡MMMMM! —masculló mientras la presión aumentaba en su cabeza, obligándole a tragarse esa tranca de carne. A la mano de Gabriel sobre su cabeza se había sumado la de Sime que le apretó la cabeza con un gruñido salvaje, obligándole a tragársela entera hasta el fondo.

—¡Ooooh! Buen mamón… Ayúdame a relajarme… ¡Ooooh…!

—¡Mmmmm! ¡Daagh! —Rubén tuvo una arcada.

—¡Ooooh! —masculló Gabriel encantado, moviendo la cadera hacía arriba para obligarlo a tragársela toda.

—¡Traga, cabrón! —gruñó Sime presionando su cabeza con fuerza—. Y cuidado con los dientes. Como le oiga quejarse te quedarás sin ellos —prometió sonriéndole a Gabriel que le devolvió una sonrisa con los ojos entrecerrados, enormes por la excitación. Soltó otro gemido de placer mientras Sime apretaba la cabeza de Rubén con fuerza.

—Mmmmm… ¡Daagh! Mmmmmm…

Aquello era una locura. ¿Qué acababa de pasar? Todo había sido tan rápido que apenas había tenido tiempo de asimilarlo. Solo sabía que estaba mamando polla otra vez… Su segunda polla del día; nunca había tenido tanta suerte con ninguna de sus exnovias.

—Mmmmm…

—Eso es —dijo Sime—. Chupa, cabrón.

—Mmmmm… ¡Daaagh! ¡Aaag!

Rubén volvió a tener otra arcada aunque lo tenía tan firmemente agarrado que no pudo moverse.

Gabriel soltó otro gemido del gusto, follándole la boca con más suavidad que como lo había hecho en la cocina, pero volvía a sentir su polla entrando y saliendo de su garganta.

Notó que la presión en su cabeza disminuía.

—No pares, cabrón —le avisó Sime—. O te arrepentirás. ¿Te gusta, putito? —le preguntó a Gabriel.

—Aja… Mmmmm ¡Me encanta! —respondió con una sonrisa mientras su novio ponía la cara muy cerca de la suya.

—Mmmm… mmmm… mmmm —mascullaba Rubén sin dejar de mamar, escuchándolos, aunque ellos no le prestaban atención. Se miraban el uno al otro.

—Me la chupa de puto lujo, cabrón.

—Gózalo, puto —le dijo Sime devorándolo con la mirada—. Tú gózalo.

Y se besaron mientras Rubén devoraba la polla como podía.

—Me encanta verte disfrutar…—dijo Sime ignorando como a Rubén le daba otra arcada—. Me encanta.

—Es un chupapollas ¡mmmm! ¡Joder!

—Sí, más le vale.

Rubén seguía comiendo polla.

—Eso es, meacamas —le dijo Sime con una sonrisa feroz—. Sigue comiéndole la polla a Gabriel. No se te ocurra parar.

—¡Oh! —sonrió Gabriel disfrutando de la mamada—. Desde luego no creo que vaya a parar de chupármela; le pone ganas —le sonrió a su novio—. Y tiene un buen culo.

Sime lo miró mientras Gabriel notaba que Rubén se tensaba.

—No tiene un culo como el tuyo, amor; el tuyo es mejor.

—Sí, lo sé —sonrió Gabriel—. Pero en la guerra cualquier agujero es trinchera, ¿no?

—Sí que lo es, sí.

—¡Daaahg! —Rubén tuvo una arcada e intentó sacar la cabeza pero la presión sobre su cabeza solo le permitió apartarse un poco, sin llegar a sacarse toda la polla de la boca—. ¡Mmmmm! —protestó—. ¡Dagh!

—No dejes de mamar, cerdito —le ordenó Gabriel—. Que no te estamos pidiendo tu opinión.

—Mmmmm…

Divertido, Sime llevó la mano a ese culo y lo palpó con la mano, pasándole los dedos por la raja por encima de los pantalones cortos con suavidad.

—Sí que le vendría bien una follada —comentó Sime—. Para estrenarlo como toca. Además —añadió cuando Rubén empezó de nuevo a resistirse lanzando sonidos de protesta «¡MMMM…!»—, si ya ha probado tu polla en la cocina ahora que se joda y pruebe la mía también, ¿no?

—Suena bien, amor —sonrió Gabriel tranquilamente.

—¡UMMMM! —protestó Rubén cuando le dio un azote en el culo que apenas sonó.

Sime se incorporó y se encargó de apartar la mesita de centro de forma bastante brusca para que no molestase y colocarse detrás de Rubén, que seguía mamando, para acariciarle el culo. Rubén sintió un cosquilleó ante esos sobeteos.

—¡Mmmmm! ¡Mmm…!

—No tiene mal culo —comentó Sime como el que habla de una fruta.

—Y su boca sirve de mucho ¡Ooooh! —masculló presionando la cabeza de Rubén para obligarle a tragarse toda su polla. Y este tuvo otra arcada—. ¡Oh! ¡Qué bien, joder!

—¡Daaag! ¡Mmmm! ¡Daaagh!

—¡Ooooh! Cabrón.

—¡Daaagh! ¡Daagh!

—A ver… —con un suspiró de impaciencia Gabriel le cogió la cabeza a Rubén y le sacó su polla de la boca boqueando y chorreando babas—. ¿Qué coño te pasa?

—Por el culo no —dijo Rubén, suplicante—. Eso no me va.

Gabriel sonrió, burlón.

—¿Y qué te va? ¿Chupar pollas? ¿Besarlas? ¿Así honras a tu padre y a tu madre? ¿Besando pollas y llenándolas de babas?

—Lo que sea menos eso —les suplicó Rubén—. Por el culo no, por favor.

—Cagón amariconado —dijo Sime con una sonrisa. Le bajó los pantalones de un tirón—. Vamos a hacer contigo lo que nos dé la gana. Te voy a meter la polla hasta el fondo.

—Es una gran polla —sonrió Gabriel al aterrorizado cagueta.

—Y si te gusta o no, no nos importa.

La verdad es que Rubén no había tenido experiencias con tíos antes, solo con chicas, y nunca antes le habían metido nada por el culo.

—A partir de ahora eres nuestro puto personal, cabrón —le sonrió Gabriel tirando de su camisa para atraerlo hacia él, acercándoselo a la cara—. Y vamos a hacer contigo lo que nos dé la gana, ¿entendido? Tranquilo, solo es un poco de sexo anal, seguro que tu culo lo disfrutará. Ya verás como te entra de todo sin problema —le sonrió. Y le plantó un brusco beso en los labios.

—Y si no, pues habrá que hacerle sitio para mi polla, y tendré que ensancharte el culo a base de pollazos —sonrió Sime examinando esa raja depilada—. Y menuda micropolla que tienes, Rubén. ¿Ya estás cachondo? ¿Eso es todo lo que te crece? Es un milagro que hayas conseguido follarte alguna tía en tu vida. No serás virgen aún, ¿verdad?

—¿Y a quien le importa su polla? —replicó Gabriel sin hacer caso de los nervios de Rubén mirándolo con esa mirada devoradora casi idéntica a la de Sime—. Tiene una buena boca. Sí —sonrió—. Su talento esta en chupar pollas.

—Y en poner el culo —añadió Sime apartándose de Rubén para quitarse la camiseta y luego quitarse las zapatillas y bajarse los pantalones quedándose en pelotas.

Sime estaba fuerte como Gabriel de lo que coño que fuera que hicieran juntos. Su piel era pálida y tenía buenos pectorales y abdominales con piernas fuertes En el pectoral izquierdo, sobre el corazón, tenía una luna llena, un circulo enorme de tinta, y en el abdominal tenía un lobo de tinta muy trabajado que, sentado, parecía estar aullándole a la luna.

—Ya verás, micropolla —le dijo—, seguro que te encanta. En cuanto tu culo se adapte a mi polla, querrás que te preñe y te dé un hijo.

Rubén estaba acojonado. Sime era fuerte como Gabriel, y su tranca era grande y gorda, y debía de medir unos veintidós centímetros y era tan gorda como su brazo, joder. Y aunque no tenía nada que ver con los brazos de culturista que tenían esos dos le acojonaba pensar que iban a meterle eso por el culo.

—Anda, cariño —le dijo Sime a Gabriel, subiéndose al sofá de pie con la polla empalmada para que su polla quedase al alcance de su novio—. Lubrícame la polla para que el culo de nuestra nueva puta no se resienta cuando me lo folle, aunque va a acabar como un túnel de metro de todas formas. Seguro que no le han dado polla en la vida.

—¿Y para que están los amigos si no es para desvirgarles el culo a otros amigos? —le sonrió Gabriel amorrándose a su polla—. Mmmmm…

—¡Ooooh! Claro que sí, nene —masculló echándole una ojeada al culo de Rubén que seguía chupándole la polla a su novio, mientras que él le ponía con suavidad la mano sobre la cabeza a Gabriel, disfrutando del tenecito de mamadas—. La verdad es que no tiene mal culo. Y le tengo ganas desde que al parecer se la ha estado chupando a mi novio. Te lo voy a reventar, cabrón.

—Eh, que yo estaba… mmmm —empezó Gabriel pero Sime volvió a amorrarlo a su polla y abrió la boca para engullirla de nuevo mientras Sime soltaba un gemido de gusto.

—Sí, sí, ya me contarás los detalles luego, putito —sonrió guiñándole un ojo—. Tienes suerte de que me encanta que seas tan puto… ¡Aaaah! ¡Joder!

—Mmmmmm…. Mmmmm… mmmm… —masculló Gabriel sin dejar de mamar.

—Y la chupas de puta madre ¡Oooooh! Ven aquí. —Sime lo agarró de la nuca y le sacó la polla a Gabriel de la boca, y se pusieron frente a frente, mirándose a los ojos—. Cabrón.

—Pero soy tu cabrón favorito, ¿eh?

—Eso seguro —le sonrió Sime—, pero que sepas… que de alguna forma me voy a tener que cobrar que hayas dejado que este inútil te haya chupado la polla.

La sonrisa de Gabriel se ensanchó, y Sime pegó su boca a la de él, mientras Rubén seguía chupándole la polla sin parar, como si no los oyera, pero atento a todo lo que esos dos se decían; la verdad es que le ponía cachondo, oírlos hablar así, y chupó la polla de Gabriel con más ganas.

—Mmmmmm… mmmmm… mmmm…

—No lo hace nada mal —le sonrió Gabriel a Sime.

—¿Ah, no? ¿Es un chupapollas nato?

—Mmmm… Ya me imaginaba que le iban las pollas —le sonrió Gabriel.

—Pues… —dijo Sime bajándose del sofá de un saltó—. Ahora veremos cómo se le da recibir por el culo también. Porque se lo voy a estrenar. —Sime se puso detrás de Rubén y le palmeó él culo—. Hora de abrir este culo —anunció mirando a Gabriel con una sonrisa voraz.

Rubén empezó a removerse y aunque Gabriel podía haberle parado y haberle obligado a seguir chupándole la polla presionándole la cabeza, le dejó sacársela de la boca para protestar. Lo miró implorante.

—¡No, por favor! —le pidió. Sabia que su única esperanza era que Gabriel interviniera por él, porque Sime no iba a escuchar nada de lo que le dijera—. Dile que por el culo no. Por favor.

Gabriel le acarició la cara con suavidad, y miró a Sime que sonreía mientras le pasaba la mano por la raja del culo sin ser demasiado delicado. Rubén lo miró nervioso.

—Venga, Rub, no seas mariquita. Tú quieres esto. Échale huevos, anda.

—No.

—¿No? —Gabriel sonrió, levantando una ceja en una expresión de perverso disfrute—. ¿No quieres la gran polla de Sime en tu culo? Preñándote para tener un hijo.

—Nooo… ¡Aaaaaah! —gimió Rubén cuando los dedos de Sime empezaron a follarle el culo sin demasiada delicadeza.

—Mmmmm… —masculló Sime sin cortarse un pelo.

Gabriel le sujetó la cara a Rubén con suavidad para mirarlo a los ojos.

—Venga, aguanta un poco, ya verás cómo te gusta. Y luego te follaré yo. Te compartiremos entre los dos. Por la mamada que me has hecho en la cocina él te follará primero ¿verdad, cabrón?

—Pues sí —dijo Sime desde detrás de Rubén sacándole los dedos y empezando a restregar la polla cubierta de babas por su culo arrancándole otro gemido a Rubén—. No merezco menos después de que este nenaza te la haya chupado en la cocina a mis espaldas, ¿eh? Voy a desvirgarte el culo, cabrón. Así aprenderás a no pasarte de listo y a tocar lo que es de otro hombre.

Rubén miró a Gabriel, implorante pero este le sonrió y le cogió de la cabeza para acercarse a la suya y le plantó un beso.

—Tranquilo —dijo con otro beso—. Ya verás cómo tu culo aguanta bien. Seguro que puedes ser un buen culo para follar, y guardar nuestra lefa dentro sin riesgo de embarazo.

Rubén lo miro acojonado pero eso solo parecía animarlos más

—Te vamos a reventar, nenaza ¡mmmph! —gruñó Sime presionando su polla contra su culo, que empezó a entrar.

—¡Aaaah!

Gabriel volvió a besarlo para acallar sus gemidos mientras Rubén notaba cómo la polla de Sime empezaba a presionar contra su culo.

—Ggggr… Voy a reventarte, mamón hijo de puta —dijo mientras su polla se abría paso.

—¡Aaaah! —gimió Rubén cuando Gabriel se separó de él.

—Vamos a follarte a base de bien, cabrón —gruñó Sime–. Te voy a enseñar a comerle la polla a mi novio…

—¡Noo! —suplicó él.

—Seguro que a partir de ahora te hartarás de comer polla —sonrió Gabriel mirando la cara aterrada de Rubén—. Por la boca… y por el culo.

Rubén gimió en respuesta, sintiendo cómo el rabo de Sime se iba abriendo paso.

—¡Aaaaah!

—Eso es… puto mamón —sonrió Sime sin parar de meterla—. Ahora te vas a enterar… ¡vas a aprender a no tocar lo que es mío sin permiso! —con un gruñido le dio un azote en el culo.

¡PLAS!

—¡Aaaaah! —gritó Rubén.

Gabriel sonrió a Rubén y acercó su cara a la de él. A Rubén le adía el culo, donde Sime le había pegado, y si no hubiera estado tan preocupado por lo que Sime le estaba metiendo por el culo, a lo mejor habría replicado, a lo mejor habría intentado apartarse, porque morrearse con un tío… así a saco…

Pero solo pudo gemir mientras Gabriel lo miraba con esos ojos verdes de gato, brillantes…

—Aaaaah… mmmmm…

Sintió la boca de Gabriel sobre la suya, y su lengua en su boca, jugando con la suya, mientras aún sentía cómo Sime hurgaba en su culo.

—Eso es, cariño —le dijo Sime—. ¡Mmmph! Tú encárgate de que el cagón este este tranquilo. ¡Mmmph!

—Mmmmm…

Al separarse la cara de Gabriel estaba muy cerca de la suya, y cuando vio que volvía a acercarse a él abrió la boca y se puso a jugar con su lengua con tranquilidad. Eran besos suaves, bastante agradables.

—Mmmmmm… —Se miraron antes de volver a besarse—. Mmmmm… ¡Aaaaah! ¡AAAAAAH!

—¡Eso es! —rió Sime—. Voy a abrirte el culo, cagón.

—¡AAAAH! —gimió a la cara de Gabriel que estaba delante suya.

Gabriel lo seguía mirando, con tranquilidad, con ese brillo en los ojos mientras Sime empezaba a follárselo y no de la forma más delicada, eso desde luego. Se lo estaba follando como a las tías que él veía —y con las que fantaseaba— en los videos porno. Él solía fantasear con ser el chico que se las follaba… y ahora era la tía a la que se estaban follando mientras él gemía como una perra.

Gabriel lo besaba, y eso en parte ayudaba a relajarse, e iba notando que su culo se iba adaptando a la polla de Sime que era bastante bestia… y aunque estaba demasiado ocupado gimiendo y besándose con Gabriel como para si quiera pensarlo… la verdad era que le gustaba que se lo follasen así. Notó cómo la polla se le iba poniendo dura mientras se lo follaban.

—¡AAAAAH! —gritó cuando Sime lo embistió salvajemente cuando Gabriel separó la boca de la suya—. ¡JODER! ¡AAAAAH!

La sonrisa de Gabriel se afiló un poco más y Rubén sintió cómo Sime se agarraba a su hombro.

—¡Ahora sí que te vas a enterar, joder!

—¡AAAAAH! —aulló.

—No… se… juega…

—¡AAAAAAH!

—Con… mi… chico…

—¡AAAAAH!

—¡Sin permiso! —remató a Sime metiéndosela toda entera hasta el fondo.

—¡AAAAAAH…!

Rubén soltó un grito desgarrador sin poder contenerse, miró a Gabriel frente a su cara, que se estaba riendo burlón, como si se burlase de él, aunque no le importó. Necesitaba un beso para dejar de gemir cada vez que Sime se la metía. Aunque el rollo duro que tenían esos dos lo ponía bastante cachondo. Podía notar cómo su polla estaba dura como una piedra entre sus piernas.

—¡Mmmmph! —masculló Sime detrás de él, embistiéndolo.

Volvió a gemir cuando Sime lo embistió, mirando a Gabriel suplicante, pero este se limitó a recostarse en el sofá frente a él. Y a poner su mano sobre la entrepierna sobándosela delante de su cara.

—Vamos, chúpamela como lo has hecho en la cocina —dijo Gabriel mirando a su novio detrás de Rubén—. Cuando mi macho no estaba mirando.

—¡Mmph! —masculló Sime metiéndosela hasta el fondo de una embestida aunque Rubén consiguió ahogar un gemido. Gabriel lo miró, disfrutando de cómo se contraía la cara.

Con esa sonrisa Gabriel terminó de quitarse los pantalones, y le luego se puso a darle golpecitos en la cara con la chorra para llamar su atención.

Rubén no tuvo que recibir más instrucciones, y cuando Gabriel se puso a bamboleársela delante de su cara él acercó la cara, soltando un gemido bastante alto porque Sime no había parado de follarle el culo. Y cuando estuvo lo bastante cerca… la engulló.

—Mmmmmm… Mmmmmm….

—¡Ooooh, joder! —gimió Gabriel del gusto—. ¡Ooooh!

—¡Mphh! ¡Mph! ¡Mph! —Sime se lo follaba mirando ceñudo cómo le comía la polla a su novio. Gruñó volviendo a metérsela hasta el fondo.

—¡Aaaaah! —gimió Rubén sacándose la polla de Gabriel de la boca.

Sin embargo Gabriel se limitó a sonreírle con tranquilidad. Sintió cómo Gabriel le ponía la mano sobre la cabeza y le revolvía el pelo presionando su cabeza con suavidad volviendo a guiarlo hasta su polla.

—¡Aaah! ¡Mmmmmm! —masculló volviendo a llenarse la boca con el rabo de Gabriel—. ¡Mmmm….!

—¡Ooooh, sí! —sonrió Gabriel sin soltarle la cabeza—. Así… Muy bien. Así…

—Mmmmm…

—Tanta pava de mierda y tanta novia y es que no mojas porque lo que te mola son las pollas y que te follen a saco, joder… —sonrió Gabriel—. Sigue…

Rubén no contestó, pero siguió mamando con ganas.

—Mmmmm…

—¡Oooooh! ¡Grrr! —berreó Sime embistiéndolo con fuerza.

—¡Mmm!

—¡Ooooh! —gimió Gabriel del gusto—. Buen mamón.

—Mmmmmm…

Gabriel gimió y Rubén siguió mamando, aún sin creerse lo mucho que le estaba excitando comerle la polla a su amigo, mientras su novio le follaba el culo por primera vez en su vida. Joder…

—Mmmmm…

Mientras más mamaba, más aumentaban los gruñidos y las embestidas de Sime, que aunque fruncía el ceño viendo cómo a Gabriel le comía la polla otro tío, tenía la polla dura y desde luego parecía disfrutar bastante follarse a otro con su novio.

Y la verdad es que Rubén estaba disfrutando bastante de su primera experiencia gay, comiendo polla y recibiendo por el culo como una puta.

—¡Aaaaah! ¡Mmmmm!

—¡Aaaah! —gimió Gabriel disfrutando, viendo cómo su novio le daba a Rubén por el culo. Él le sonrió y gruñó satisfecho, embistiendo sin parar el culo de Rubén.

—Mmmmm… —masculló este sin dejar de mamar.

Llegó un punto en el que Rubén notaba la cadera de Sime chocando contra su culo sin parar, y se metía la polla de Gabriel en la boca, hasta el fondo, para acallar los gemidos. La cadera de Sime chocaba contra él como loco, follándoselo sin parar, gruñendo como un animal, le agarraba con fuerza…

Sabía lo que iba a pasar justo antes de que lo anunciara.

«No, joder —pensó desesperado—. Dentro no».

—¡Mmmmmm! —masculló, pero Sime gruñó.

—Joder… Hostia puta… voy a… ¡Aaaaah!

—¡MMMMMM! —masculló Rubén, pero Gabriel siguió sonriéndole acariciándole con calma la cabeza y revolviéndole el pelo, presionándole la cabeza y metiéndosela hasta el fondo.

—¡Aaaah! ¡Joder…! —gruñó Sime detrás de él.

Se movía sin parar, iba a….

—¡OOOOH!

Sime se corrió en su culo.

Rubén sintió una descarga caliente en su culo, y se imaginó la polla de Sime descargando dentro de él, en su culo, descargando sin parar. Al principio solo era algo caliente en el fondo, pero a medida que Sime gruñía él sentía que en ese calor en su culo se intensificaba.

Le estaba llenando el culo de lefa, joder.

—¡Oooooh, joder! ¡Grrr…! —gruñó Sime.

La presión sobre su cabeza desapareció y pudo sacarse la polla de Gabriel de la boca.

—¡Aaaah! —respondió Rubén sintiendo cómo su corrida le rellenaba el culo, haciéndole sentir como nunca se había sentido en su vida.

—¡Ooooh! —volvió a gemir Sime con su polla enterrada hasta el fondo.

Rubén sintió el culo caliente por dentro, y cada vez más. Nunca se había sentido así… —«¡Aaaah!» gimió débilmente— pero la verdad es que le resultó de lo más agradable.

Tenía el culo cargado de lefa, joder…

—¡Aaaah!

Sime lo descabalgó con facilidad.

—Yo ya he terminado —anunció sacándole la polla del culo—. Te toca a ti, bombón.

—¡Bien! —sonrió Gabriel y se levantó de un salto del sofá apartando a Rubén sin demasiado cuidado para reunirse con su novio y plantarle un beso en los labios—. Tengo la polla más que lista para follarle el culo.

—Hijoputa infiel —le dijo Sime con una sonrisa.

—Cerdo cabrón —le replicó Gabriel mirándolo atentamente, casi con cariño, antes de volver a morrearse.

Rubén vio cómo se morreaban escasos centímetros de él, sin cortarse un pelo y ambos se sonreían mutuamente con sus caras casi pegadas y sus pollas rozándose entre ellas.

—Parece que nuestro amigo Rubén es todo un deposito de leche —dijo Sime.

—Tengo buen ojo, ¿eh?

—Sí, cabrón —sonrió Sime—. Sí que lo tienes.

Volvieron a besarse y Rubén se los quedó mirando; el hecho de que hablasen de él cómo si ni siquiera estuviera ahí hacía que su polla se pusiera dura como una piedra, no llegaba a ser una micropolla, pero era bastante pequeña. Y que se comieran los morros mientras él los miraba, completamente desnudo, le ponía muy cachondo.

—Y no nos vendrá mal alguien que limpie un poco por aquí —sonrió Gabriel y su chico le plantó otro beso en la mejilla.

—Anda —dijo Sime—. Dale tú por el culo ahora, que ya te lo he abierto yo. Y córrete dentro para hacer compañía a mi leche, joder… igual hasta se queda preñado y nos da un bebé. Casi se podría decir que no tiene ni cojones —dijo mirando a Rubén burlón por el tamaño de su polla.

Rubén se sintió un poco ofendido, pero Gabriel rió divertido.

Intercambiaron posiciones; Sime se sentó con las piernas abiertas en el sofá, donde Gabriel había estado antes, dándole polla ahí repantigado. Y Gabriel se situó detrás de Rubén dándole unas palmadas en el culo y Rubén sintió cómo su polla empezaba a restregarse donde antes había estado la de Sime.

—No —suplicó.

—Tú calla —le espetó Gabriel.

Entonces Sime le puso la mano en la cabeza.

—Eso. Tú cierra la puta boca y límpiame la polla ¡Mmmph!

—¡MMMM! ¡MMMMM!

—Limpia, cabrón —dijo Sime echándole una ojeada a Gabriel y ambos se sonrieron—. Tú limpia que está toda pringada de leche, joder…

—¡MMMMM!

Rubén no quería, pero ¿qué más daba lo que dijera? Sabía que no tenía nada que decir al respecto, y que dijera lo que dijera estaban dispuestos a follárselo por el culo. Y le ponía cachondo.

—Mmmmm —masculló, comiendo polla sin parar, con ganas, esa polla pringada de lefa.

—Buen mamón ¡Aaaaah, joder!

Gabriel entró dentro de su culo con un gemido y Rubén ahogó una exclamación, demasiado ocupado chupándole la polla a Sime que lo trataba con bastante más rudeza que Gabriel a pesar de que él no ponía resistencia.

—Cabrón chupapollas —gruñó—, Vamos, sigue chupando, mamón.

—¡Mmmmmm! —gimió él sintiendo cómo la polla de Gabriel se movía en su culo.

Gabriel sonrió, empezando a mover la cadera.

—¡Ooooh, sí! Parece que mi chico te ha abierto bien el culo, ¿eh? —gimió mirando a su novio que le devolvió la sonrisa aún sujetando la cabeza de Rubén para que siguiera mamando.

—Rubena es una buena puta —comentó su novio viendo cómo Gabriel paladeaba ese culo.

—Ya lo creo… ¡Mmm!

—¡Mmmmmm!

—¡Ohhh! —gimió Gabriel—. Tiene el culo todo calentito y cremoso, amor. Bien rellenito de corrida… ¡Oh, sí. Buen chico…!

—¡Mmmmm!

Sime rió.

—Cosas que se hacen por amor —dijo—. ¡Y tú traga, putón! —le espetó a Rubén, con saña, presionándole la cabeza—. Así, joder… toda dentro.

—¡Mmmmm! ¡Mmmmm! ¡Mmmmm!

—Así, muy bien, joder… Déjame la polla bien limpia. Sabe a tu culo y a lefa. Eso es, joder… No la cagues.

—¡MMMMMM!

Gabriel sonrió viendo cómo su chico dominaba a Rubén, disfrutando de cómo le hablaba, como si fuera una puta; la verdad es que era un bestia…

—¡Aaaaah! —gimió feliz, sin dejar de bombear.

Le dio un azote en el culo a Rubén y empezó a bombear con más ganas, notando cómo su polla húmeda se deslizaba ahí dentro como si estuviera cubierto de mantequilla, la corrida de Sime.

—¡Mmmmm! —masculló Rubén con su cara atrapada en polla de Sime que no dejaba de presionarle para que siguiera chupando, como un esclavo.

—¡Ja! Qué buen culo tienes, Rubena —rió Gabriel mientras Sime lo miraba, burlón—. Tu culo está calentito y bañado de la corrida de mi novio. Esto te gusta, ¿verdad? Tienes un buen culo —ronroneo con una sonrisa de gato taimado—. Sí que lo tienes ¡mph!

—El tuyo es mejor, amor —comentó Sime con tranquilidad.

—Ya… ¡Aaaaah!

—¡Mmmmmm! —protestó Rubén cuando se la metió.

Y en respuesta a su protesta Gabriel le dio otro azote en el culo —«¡PLAAS!»— y Sime volvió presionar su cabeza.

—No te distraigas, coño… Puto mierdas.

—¡Mmmmmmm! —masculló, pero siguió mamando sin oponer resistencia.

Gabriel empezó a follárselo con más ganas sin parar y Rubén habría gemido, pero tenía la polla de Sime en la boca. Rubén notaba la presión de la mano de Sime en la cabeza, y el culo mojado y caliente, y algo escocido de la follada que le había metido Sime. Sentía la polla de Gabriel follándole el culo como lo había hecho Sime y la verdad era que le gustaba la forma en la que le hablaban, y lo que estaban haciendo con él; lo ponían cachondo. Era mono como mucho, y cada año que pasaba menos. Normalmente en la cama las tías no le daban más de un suficiente justito, follando no valía mucho. Y su polla era bastante pequeña.

Por lo visto lo que le iba era que le follasen el culo dos tíos y lo usaran como su esclavo personal.

—MMMMMM… —masculló sin dejar de mamar, mientras Gabriel gemía a sus espaldas.

Y la tenía dura como una piedra, oyendo cómo esos dos hablaban de él, mientras uno le follaba la boca, y el otro se encargaba de su culo… hasta que vaciaran sus cojones, encima o dentro de él. No le importaba, le gustaba.

Le gustaba mucho…

—¡Mmmmm…!

—¡Aaaah… hostia puta. Este culo esta relleno de lefa fresca… ¡Ooooh!

Gabriel se lo estaba follando con ganas y su cadera golpeaba contra su culo, provocándole latigazos de placer cuando la polla alcanzaba su punto G. Y se oía un sonido pastoso por la corrida de Sime en su culo.

—¡Mmmmm! ¡Mmmmmm!

—Eso es, tu come, perro —le dijo Sime—. Tú come. Nosotros nos encargamos de ti, mamón chupapollas. —Miró a su novio con los ojos negros brillantes, sonriente—. Te vas a enterar… ¿Te gusta su culo, amor?

—Aja… no lo hace nada mal nuestro amigo ¡Mmmmm!

—Fóllatelo, y córrete en su culo —le dijo sin soltar a Rubén que emitió un sonido de protesta—. Me encanta verte disfrutar… Sigue así… así. Vamos…

—¡Aaaah! —gimió Gabriel con un gruñido metiéndosela hasta el fondo—. ¡Oh, joder…! ¡Oooh…!

Gabriel empezó a pillar ritmo en la follada, acelerando y notando cómo Rubén reaccionaba a sus embestidas; y Rubén sentía descargas de placer cada vez que le metía la polla.

—Mmmmm…

—¡Oh, sí, nene! —Gabriel gimió sin dejar de darle polla—. Así, muy bien. No lo haces mal para ser tu primera vez.

—Sí —sonrió Sime—. ¿Te gusta tu primera vez siendo una puta, Rubén?

—¡MMMMMM! — mascullo él, mirándolo implorante. «Si me encanta. Es la mejor follada de toda mi vida, joder» se dijo mientras le comía la polla.

—Yo diría que eso es un sí —sonrió Gabriel—. Grrr…

Rubén notaba la polla de Gabriel, dura y gorda, entrando y saliendo de su culo, y el refrote en su culo, los golpes de la cadera de Gabriel contra su culo no paraban, y se volvían más rápidos e insistentes, mientras él le chupaba la polla flácida a Sime y los oía hablar de él como si fuera una puta.

Tenía la polla dura como una piedra, y notaba los cojones duros y contraídos.

Estaba cachondo perdido.

—¡Aaaaaah! —gimió Gabriel.

—Buen cabrón —le dijo Sime viendo cómo su novio disfrutaba dándole por el culo a ese mamón.

Rubén aún no sabía donde se había metido pero siguió disfrutando de las dos pollas, la que le metían por la boca, y la otra por el culo. Y la que tenía en la boca antes había estado en su culo —ese pensamiento le dio algo de asco, pero no habría podido sacársela de la boca ni queriendo—, y de alguna manera eso aún le excitó más.

—¡Oooooh! —con ese gemido alargado las embestidas empezaron a volverse todavía más frenéticas, golpeando su culo sin parar—. Aquí voy, cabrón…

—¡Oh, sí! —sonrió Sime—. Tu segunda corrida del día, cabrón. —Gabriel gimió en repuesta—. Vamos, rellénale el culo a este gilipollas.

Las embestidas de Gabriel casi dolían, pero Rubén estaba demasiado cachondo y excitado como para que le importase lo más mínimo el dolor, mientras la polla de Gabriel entraba y salía de su culo.

—Eso es, nene… —dijo Sime mirando cómo Gabriel le daba por el culo.

—¡Oooooh, joder! —gruñó Gabriel metiéndosela hasta el fondo—. ¡Aaaaaah!

—…Córrete para mí.

—¡Aaaaah! —gimió Gabriel mientras Sime no perdía detalle.

—¡MMMMMMM!

Rubén sintió un nuevo calor en su culo, mientras la segunda corrida del día descargaba en su culo, sintiendo cómo se le llenaba aún más de corrida cremosa mientras Gabriel gemía, descargando trallazos de lefa junto a la corrida de su novio dentro de él.

«Quiero repetir esto», pensó mientras la presión de la mano de Sime sobre su cabeza se desvanecía.

—¡Oooooh! —masculló Gabriel sacándosela del culo—. Qué bien, nene…

Sime le sonrió

—Parece que hemos conseguido un buen deposito de esperma.

—Ya lo creo, nene —sonrió Gabriel para luego ver cómo el culo abierto de Rubén que rezumaba corrida que le caía por el pirineo y le hacia cosquillas en los cojones—. Aunque tendremos que acostumbrarlo un poquito.

Cuando ambos hubieron descargado los cojones en su culo, él estaba tan cansado apenas pudo mascullar nada. Gabriel le metió los dedos en el culo, y lo siguiente que sabía era que estaba sentado a su lado y que lo cogía por el cuello para obligarlo a incorporarse hasta poner la cabeza a la misma altura que la suya.

Rubén no sabía lo que quería pero se dejó llevar; Gabriel era más delicado que Sime, por lo menos.

Sus caras quedaron muy juntas, y pensó que puede que le besara ahora que tenía la leche de su novio en la boca. Puede que le diera un beso, pero no lo hizo.

Gabriel levantó la mano con los dedos pringados de corrida de su propio culo, y Rubén entendió lo que pretendía; nunca habría accedido a eso, siempre había pensado que eso de comer corrida era una asquerosidad. Pero estaba demasiado cansado y cachondo como para decir que no, o resistirse. Además, aunque dijera que no tampoco iba a servirle de mucho.

Abrió la boca dócilmente.

—Vaya, desde luego estás aprendiendo rápido —dijo Gabriel y le metió los dedos en la boca, y Rubén los lamió con ganas, cachondo con tanto cerdeo y guarradas.

—Oh, eso es —dijo Gabriel complacido—. Muy bien.

Rubén lo miró implorante y lamió los dedos con más ganas. «Si, soy tu puta. Soy tu puta. Haz conmigo lo que quieras. Lo que sea. Los dos.»

Sus dedos sabían a corrida fresca. Y recién salida de su propio culo, joder. Toda la boca le sabía a lefa. Y sentía el, culo relleno de lefa. No sabía nada mal.

Cuando Gabriel le sacó los dedos de la boca sus caras seguían estando muy juntas, y le plantó un beso en los labios, y Rubén bebió de ese beso y jugueteó con la lengua de Gabriel mientras Sime los miraba recostado en el sofá con una sonrisa en la cara y los ojos brillantes, complacido.

—Mmmmmm… mmmmm…

—Mmmmm… pero que buen cabrón eres —dijo Gabriel antes de volver a pegar su boca a la suya—. Mmmmm…

—Pero que buen par de hijos de puta —dijo Sime, y en el ultimo momento tiró de Gabriel para apartarlo de Rubén y atraparlo entre sus brazos—. Dame algo a mí también, cabrito… Mmmmmm…

De pronto Rubén era el que estaba viendo cómo ellos se besaban con toda tranquilidad, desnudos, sin importarles que él estuviera delante, mirándolos.

Sime y Gabriel se besaron delante de Rubén. Y luego ambos miraron a Rubén que estaba ahí plantado.

—Te dije que era una puta —sonrió Sime tras ese beso.

—Y no ha puesto muchos reparos a comerme la polla en la cocina —añadió Gabriel con una sonrisita—. Creo que hasta me tenía ganas.

—Hijo de puta —exclamó Sime y escupió a un lado—. Puto de mierda.

—Creía que el puto era yo.

Sime se giró hacia él y le sonrió.

—Sí, desde luego. Tú eres todo un puto. Y me encanta.

—Y el puto te dijo que este mamón mamaría polla en cuanto se las acercáramos a la cara. —Le sonrió pegando su frente a la de Sime—. ¿Verdad que te lo dije?

—Sí, claro —dijo haciéndole gestos a Rubén para que se acercara y cuando estuvo lo bastante cerca le dio unos golpecitos en la cara—. Acabas de convertirte en nuestro esclavo personal, mamón. Así que más te vale comportarte. A partir de hoy tendrás que hacer muchas tareas nuevas.

Rubén no supo que decir a esto, pero tampoco habría importado porque empezaron a comerse los morros con él delante sin esperar ninguna respuesta.

Luego se levantaron y se fueron de allí, dejándolo desnudo en el sofá. Los vio irse por el pasillo, y meterse en su habitación sin molestarse en cerrar la puerta, y al poco volvió a oír los gemidos de Gabriel y Sime.

Seguían follando entre ellos.

*—-*

Rubén no esperaba que aquello fuera más que una cosa puntual, un caso aislado —«Eres nuestro esclavo personal» había dicho Sime—, palabrería. Pero todo cambió dos días mas tarde cuando quedó con Gabriel en el piso. Al principio todo fue normal, ni rastro de pollas ni sarcasmos… Gabi se estaba comportando, y estaban solos en el piso. Por un rato solo estuvieron viendo la tele.

Y entonces…

—Chúpame la polla —le dijo con tranquilidad sin mirarle abriendo las piernas.

Rubén pensó que podría negarse. Todo había ido con total normalidad hasta que dijo esas palabras, ya empezaba a pensar que aquello no iba a volver a repetirse. Simplemente harían como que nada de eso había ocurrido y ellos dos seguirían a lo suyo.

Después de la follada en ese mismo salón, en ese mismo sofá, ellos habían seguido con la fiesta en la habitación, y él se había vuelto a vestir y se había ido a su propio piso para cascarse un señor pajote pensando en el pedazo polvo que acababan de meterle, con las piernas abiertas, sobándose los huevos, y metiéndose los dedos en el culo para seguir saboreando las corridas de esos dos que tenía en su culo; al principio fue bastante abundante, pero cuando terminó sacaba los dedos totalmente limpios de su ano, señal de que al parecer ya no quedaba más leche para comer.

Y cuando Gabriel le había llamado para quedar, había vuelto a acudir. Estaban solos Gabriel y él; y todo había sido normal, y hasta se había sentido decepcionado de estar en el sofá —en el mismo sofá en el que se lo habían follado— viendo la puta tele.

Cuando dijo eso. Por un segundo pensó en negarse. Podía decir que no, para ver que pasaba; Sime no estaba allí.

—Rubén —dijo Gabriel con calma sin apartar la mirada de la tele—. No me hagas repetírtelo.

Una parte de él quería decir que no, aunque solo fuera de forma juguetona, por llevar la contraria. Pero la otra parte…

Rubén se puso a ello, podría haber dicho que no, negarse, pero lo quería, disfrutaba mamándole la polla, así que se puso de rodillas en el suelo y se puso a mamar mientras Gabriel le follaba la boca con toda tranquilidad. Se removió intranquilo cuando empezó a oír unos sonidos y al mirar hacía arriba vio que Gabriel le estaba haciendo fotos con el teléfono.

Gabriel sonrió al notar que Rubén se removía incomodo.

—Tranquilo, nena, solo son fotos para mí y Sime. No se las enseñaremos a nadie más. Te fías de mi palabra, ¿no?

Rubén no se sentía tranquilo, pero siguió chupando polla sin vacilación.

—¡Ooooh! Se nota que estás cogiendo el gustillo a esto de comer pollas, ¿eh?

—Mmmmm…

La verdad es que desde la ultima vez había visto unos cuantos videos gays y… la verdad es que no estaba nada mal, mejor de lo que pensaba. Ahora le gustaba más recibir que dar.

Cuando estaban con los amigos Sime y Gabriel se portaban como siempre, aunque igual un poco más sobones de la cuenta con él. Aún no sabía cómo funcionaba aquel nuevo rollo en el que se había metido, pero básicamente consistía en asentir, cerrar la puta boca, hacer lo que le dijeran, y disfrutar.

—¡Ey, Rube! —lo saludó Gabriel abrazándolo un plena calle una tarde—. ¿Cómo va eso?

—Bien —contestó él aunque Gabriel seguía abrazándolo y notó deslizó la mano hacia abajo y en plena calle, empezó a sobarle la polla con toda tranquilidad.

Rubén no pudo evitar comprobar que ahí no había nadie, aunque Gabriel le sonreía agradablemente mientras su mano le sobaba los cojones.

Las mamadas y folleteos estaban a la orden del día, y pronto quedó claro que lo del polvo y lo de ser el nuevo juguete de esos dos no había sido solo palabrería sino que de verdad se había convertido en su nuevo esclavo.

—Ey, Rub —dijo Gabriel una tarde cuando estaban solos en el baño de un bar, los dos solos—, tengo la polla seca. Hazme una mamada, anda.

—No… —probó él aunque la palabra no sonó demasiado convencida.

—¿No? —sonrió Gabriel pegándose más a él—. ¿Cómo que no? No puedes decir que no.

—Pero… estamos en un sitio publico, tío —dijo él acojonado—. Puede entrar alguien. Los demás están ahí fuera… —Gabriel lo cogió con fuerza de cuello para pegarse más a él, mirándolo con esos ojos verdes con toda tranquilidad—. Podrían… pillarnos.

—Pues será mejor que te des prisa —replicó él mirándolo con toda tranquilidad y pasándole las manos por el culo—. O tendré que follarte el culo aquí.

Solo sabía que Gabriel le había puesto de rodillas y que al segundo siguiente tenía su polla contra la cara y él se había puesto a mamar, con ganas, como si su vida dependiera de ello, notando cómo la polla se le ponía dura y sintiendo la mano de Gabriel sobre la parte de atrás de su cabeza.

—¡Oooh!

—Mmmmm…

—Buen puto —sonrió Gabriel mirándolo—. ¡Aaah! Cada vez mamas mejor…

—Mmmmm…

La mamada no había durado mucho y Gabriel no llegó ni a correrse, pero cuando por fin le dio permiso para parar le había plantado un beso en los labios que a Rubén se la puso dura.

—Si que habéis tardado —comentó Richard, uno de sus amigos, cuando volvieron a la mesa.

—Ya no se puede ni hablar —dijo Gabriel sonriente y sarcástico, sentándose encima de Sime en la misma silla mientras Rubén volvía a su sitio.

—¿Y de que tenéis que hablar? —preguntó otro.

—Cosas de chicos —contestó Gabriel con una sonrisa.

A Rubén no le pasó desapercibido el toque que Sime le daba a Gabriel en la cara y cómo se sonreían mutuamente mientras sus amigos reían, de buena gana. Al poco se habían olvidado de lo del baño y estaban hablando de cualquier otra chorrada aunque Rubén no podía parar de pensar en la mamada que le había dado en el baño. Y no le pasó desapercibida la mirada que le dirigió Sime.

Al final de la noche había esperado que le llamaran o irse con ellos a algún sitio donde pudieran estar los tres, y terminar lo que había empezado en el baño, pero no le llamaron ni le dijeron nada y Rubén pensó que estarían follando ya que hacia el final de la noche esos dos estaban muy cariñosos; tuvo que conformarse con cascársela como un mandril pensando en lo del baño, hasta correrse.

*—*

Al principio las quedadas eran bastante esporádicas, apenas un par de veces por semana, y normalmente hacían su vida sin él aunque cuando tenía algún mensaje suyo en el móvil —«Vente aquí, cabrón»— acudía sin rechistar, muchas veces se limitaban a follar sin cortarse un pelo, mientras él miraba y se la cascaba.

—¡Aaaah! —gemía Gabriel mientras Sime gruñía y le follaba el culo en la cama—. Fóllame fuerte, cabrón hijo de puta ¡Aaaah!

Y mientras tanto él se la cascaba sentado en una silla en el rincón, y normalmente cuando terminaban de follar se iba a casa.

Al principio solo se limitaban a follar con él delante, y también se lo follaban cuando les apetecía una mamada esporádica, o metérsela por el culo.

Normalmente cuando estaban con el resto de su grupo de amigos mantenían las distancias y se comportaban como siempre, más o menos.

—Ey, Rub —le dijo Gabriel una tarde que Rubén se había puesto a hablar por el móvil y se había quedado atrás con el grupo. Rubén sintió la mano de Gabriel en su culo, tocándolo descaradamente aunque Gabriel seguía sonriendo—. Que te quedas atrás.

Poco a poco la frecuencia de las quedadas fue aumentando y aunque Sime se mostraba bastante frío y autoritario eso también le gustaba, mientras que Gabriel era más juguetón y provocador aunque también sabía manejarlo a su antojo.

Luego empezaron a pedirle que les hiciera los baños, que les fregase el suelo del salón —«Rubén, friega los platos y cuando acabes hazme una mamada»— y cosas así, nada demasiado complicado y la verdad es que lo hacía con gusto y lo más rápido que podía. A veces le decían que se quitase la camiseta —«Cabrón, quítate la ropa y barre las habitaciones» «Friega los platos desnudo mientras te la meto por el culo»— para mirarlo mientras fregaba, y antes de darse cuenta… Joder, se había convertido en la puta chacha del apartamento. Y encima gratis. Bueno, gratis no. Le pagaban en carne.

Decir «no» no era una opción, si no se quería que la cosa se pusiera dura o le metieran una hostia —«Estás aquí para obedecer, hijo de puta. Así que obedece»—, por eso cuando una tarde lo llamarón y al llegar le dijeron que se pusiera un uniforme de criada femenino, ni si quiera los cuestionó, y aunque al principio se sintió ridículo con la falda y la cofia, no tardó en descubrir que se lo follaban con o sin el uniforme, metiéndosela por el culo mientras desempolvaba una estantería o amorrándolo a sus pollas cuando se ponía a su alcance. Pronto dejó de llevar calzoncillo, porque si les estorbaban cuando querían follarle el culo, se los rompían de un tirón. Y a él no podía importarle menos.

—¡Mmmmm! ¡Mmmmm! ¡MMMM! —mascullaba el en el salón, mientras Sime le reventaba el culo sin piedad.

—¡Grrr! ¡Grrr! GRRR… —gruñía Sime con el ceño fruncido y una mueca salvaje en la cara, follandole el culo de pie tras él—. ¡Toma, cabrón!

—¡MMMM!

Rubén tenía la boca ocupada, chupándole la polla a Gabriel que también estaba desnudo y le presionaba la cara contra su polla para metérsela hasta la garganta.

—¡Aaaaah! ¡Me encanta esto! Mmmmm…

—Grrrr….

Ambos descargaron, en su culo y en su boca, y cuando terminaron se limitaron a ignorar a Rubén que casi no podía ni andar de la follada que le habían metido, ellos se miraban el uno al otro, como si se hubieran olvidado por completo de él.

Y se besaron.

Esa noche se quedó a dormir en el sofá, el piso tenía una segunda habitación, pero no estaba seguro de si podía usarla, y acabó masturbándose mientras miraba al techo, ahí tumbado, todavía recordando la follada que le habían metido esos dos.

*—-*

Rubén estuvo como un mes entrando y saliendo del piso, compaginando su vida normal con sus tareas de esclavo para Sime y Gabriel y las folladas. Iba a trabajar, luego iba al apartamento de Gabriel y Sime y se dedicaba a limpiar y hacer distintas tareas —a comer polla y poner culo—, lo que fuera que le mandasen. También le pusieron una dieta en la que ya no tomaba cerveza, aunque cuando se la impusieron a veces le dejaban tomarse una si se la mamaba bien o después de dejar que se corrieran en su culo. Pero luego dejaron de permitirle beber cerveza, y la verdad es que su cuerpo se lo agradeció.

—Múdate aquí —le dijo Gabriel una tarde de finales de mes. Estaban en la cama desnudos y acababan de recuperarse de follarle el culo entre los dos hasta correrse dentro—. Si partimos el alquiler entre tres será más barato, tenemos una habitación libre, y así no tendrías que moverte tanto de un lado al otro.

Rubén aceptó. No solo porque quería sino porque había aprendido a saber cuando le daban ordenes, y desde luego eso no era solo una sugerencia. Además, tenía todo el sentido del mundo, implicaría moverse menos, y seguramente entre los dos le darían polla tres o cuatro veces al día. Su actual compañero de piso lo veía tan poco desde que había sido ascendido de amigo a follachacho de esos dos que cuando le dijo que se iba no le hizo muchas preguntas al respecto.

Además, quería mudarse. Quería que le dieran polla por donde quisieran a cualquier hora del día. Y tal y como había pensado desde luego esos dos se portaban.

Un día estaba limpiando una estantería, cuando Sime se le acercó por detrás y se la metió por le culo, sin vacilar.

—¡Aaaaah! —gimió, dejándose hacer.

—¡Oh, joder…! —gruñó Sime a su espalda, empezando a follárselo—. Joder…

Rubén gimió.

Y cuando estaba con Gabriel más de lo mismo, se lo follaba por el culo, o le decía que le comiera la polla en el sofá, y él lo hacía con dedicación.

—¡Buen chico! —masculló una tarde mientras le comía la polla.

El sexo estaba a la orden del día, y estaba follando más de lo que había follado en toda su vida, sirviendo a esos dos en todo lo que le dijeran… Aquello le encantaba. Normalmente se quedaba en solo en el piso mientras ellos iban al gimnasio y si no le mandaban que hiciera algo podía descansar, aunque normalmente cuando volvían sudados del gym solían follárselo sin mediar palabra, y él se dejaba hacer encantado; abría las piernas y ofrecía el culo y la boca para su diversión.

—Rubén, ven aquí y ayúdame a ducharme —le dijo Gabriel una tarde cuando llegaron del gimnasio.

Eso terminó con ambos dentro de la ducha, Rubén con toda la ropa mojada, de rodillas, comiéndole la polla y luego poniendo el culo para que se lo follara contra los azulejos de la ducha.

—¡Oooooh, joder…! —gemía Gabriel con tranquilidad sin dejar de follarle el culo haciendo gemir a Rubén.

Cuando terminó de correrse la puerta de la ducha se abrió y Sime entró, a él le echaron, y Gabriel y Sime desnudos se pusieron a montárselo ahí dentro mientras él los miraba con su pollita dura como una piedra. Ahora era Gabriel el que gemía y Sime gruñía. No les importaba que los mirase follar, y si no querían que estuviera le ordenaban que se largase a la mierda, y él obedecía.

Eran los mejores compañeros de piso que había tenido nunca.

*—*

Una tarde Gabriel aprovechó que le llevaba una Coca-Cola fría y cuando quiso darse cuenta estaba sentado sobre él mientras él miraba la tele, brincando sobre su polla

—¡Ooooh! —masculló Gabriel repantigado en el sofá mientras Rubén sentado sobre su polla se auto penetraba y él miraba la tele distraídamente—. Buen cabrón ¡Ooooh!

—¡Aaaah! —gimió Rubén por lo bajo, para que no lo molestara y pudiera oír la tele.

—Mierda… —Sime entró a la carrera en el salón, desnudo y con la polla tiesa—. Joder…

—¿Qué…? —empezó a preguntar Gabriel, pero Sime ya estaba delante de Rubén, tapando la tele.

Antes de que Rubén pudiera entender lo que quería, Sime ya le había cogido por la cabeza y con un gemido había obligado a Rubén a amorrarse a su polla.

Por un segundo Rubén sintió la polla dura de Sime en su garganta, toda dentro, y pensó que, querría correrse en su boca, como tantas otras veces. Empezó a notar cómo la corrida caliente entraba en su garganta, de esa polla… había un montón. Normalmente sus corridas eran abundantes pero esta no paraba de fluir.

—¡Aaaah, joder! —gimió Sime sin aflojar su agarre.

Joder… pensó Rubén. Aquella corrida era de las gordas, tan caliente y abundante…

—¡Aaaah! —suspiró Sime, aliviado.

Y entonces lo entendió. Aquello no era corrida, era meada. Estaba meándose en su boca.

—¡MMMMM! —masculló Rubén; sus ojos marrones se abrieron como platos. Intentó recular y sacarse la polla de Sime de la boca, pero Sime lo tenía bien agarrado—. ¡MMMMMM…!

Rubén miraba a Sime, suplicante, pero Sime lo ignoraba y miraba a Gabriel con una sonrisa traviesa en la cara.

—¡Uuuf! Joder… creía que no llegaba.

Gabriel lo miraba sin entender lo que pasaba, y Rubén volvió a mascullar sintiendo el sabor salado de la meada en su boca. El pis estaba caliente, más caliente que la corrida. Y Sime se estaba meando en él, metiéndole toda su meada en las tripas.

—¡MMMMMM! —volvió a insistir, por apartarse, pero la presión no aminoró y Sime soltó un gemido alargado.

«Bueno —pensó Rubén, resignado, mientras Sime volvía a gemir con suavidad—. Si me saco su polla de la boca me meara encima y tendré que fregar el desastre y luego ducharme».

Sentía la meada en su boca, su sabor salado, y ya sin hacer esfuerzos por zafarse del agarre, empezó a tragar.

—Mmmmm… Mmmmm… Mmmm… —Mientras tragaba volvió a comerse la polla de Sime hasta los cojones—. Mmmm… Mmmm…

La presión sobre su cabeza aminoró: Sime le acariciaba el pelo pajizo. Y también empezó a sentir a Gabriel detrás de él acariciándole la tripa con tranquilidad. También había entendido lo que su novio estaba haciendo.

—Eso es… buen mamón.

Lo curioso es que esas palabras le hicieron sentirse mejor. Y siguió bebiéndose su meada caliente, salada y dorada, imaginando cómo le impactaba en la garganta y bajaba llenando su estomago.

—Mmmm… mmmm… mmmm…

Sime volvió a gemir, satisfecho y tranquilo ahora que su esclavo se había rendido a él. Rubén se lo bebió todo, hasta que finalmente el chorro de meada se fue reduciendo.

Cuando Sime se apartó de él, fue bastante brusco y Rubén tosió y un pequeño charco de meada salpicó el suelo, pero Sime ya se había apartado para que no le salpicase. Al final, cuando se recuperó del ataque de tos levantó la mirada y vio que Sime se estaba sacudiendo la polla, echándole las ultimas gotas de la meada encima.

—No te olvides de limpiar eso —dijo Sime pasando por su lado para salir del salón.

—Y no te olvides de mí, cabrón —dijo Gabriel a sus espaldas, volviendo a repantigarse en el sofá como si no hubiera pasado nada.

Lo curioso del tema es que beberse la meada de Sime lo había puesto cachondo, y volvió a gemir, sentado sobre Gabriel, dejando que su polla siguiera follándole el culo.

Rubén volvió a gemir por lo bajo mientras se ensartaba en la polla de Gabriel y este miraba la tele.

Le volvía loco tanta cerdada.

*—-*

Una vez le dijeron que en su día libre se levantara temprano para prepararles el desayuno, y cuando ya estaba vestido y preparado el desayuno; estaba poniéndolo en la mesa Gabriel lo agarró por detrás y empezó a follarle el culo de forma bastante brusca, gruñendo y haciéndolo gemir.

—¡Aaaah!

—¡AAAAAH! JODER… GRRR… —masculló Gabriel sin dejar de meterle la polla.

Rubén apenas se enteró de cómo ocurrió, solo supo que notaba los tirones de Gabriel en el vestido de criada, y que con un gruñido Gabriel le rasgó el vestido por detrás y luego se lo arrancó por completo, dejándolo completamente desnudo sin dejar de follárselo.

Y Rubén se siguió dejando hacer hasta que se corrió en su culo con un gemido alargado.

—Parece que se ha acabado el rollo del uniforme —comentó Sime entrando y mirando los restos del vestido de criada que estaban en el suelo, destrozados.

—Pues nada —dijo Gabriel—. Tendrá que pasearse en pelotas por la casa.

—Que remedio —respondió Sime con una sonrisita.

Hablaban como si ni si quiera tuviera opinión en el asunto, y lo mejor es que Rubén pensó seriamente en comprar otro, solo por el morbo de sentir cómo le levantaban la falda para follárselo por detrás. Y tenía ir a comprar productos de limpieza, porque ya no quedaba ni limpiacristales ni lejía.

*—-*

Un día Gabriel se lo estaba follando por el culo en la cama cuando la puerta de la habitación se abrió y Gustavo, el padre de Sime, entró en la habitación y se los quedó mirando. Gabriel había dejado de follarse el culo de Rubén y Rubén tenía el corazón en un puño viendo al padre de Sime ahí plantado. Era un chico de metro noventa, pelo corto y sin barba, ojos marrones que los miraban depredadores, y a parte de su cara cada centímetro de su piel estaba cubierto de tatuajes que le recorrían cada centímetro de piel a la vista. Era más grande que Sime.

—¿Cómo va eso, chicos? —preguntó aún con Rubén flipando, desnudo y rojo como un tomate.

Rubén miró a Gabriel que dejó su cara de «pillado» para sonreír con toda tranquilidad y decir:

—De lujo, papi.

«¿Papi?» pensó Rubén que seguía flipando por la pillada que les habían metido. Gabriel volvo follárselo por el culo con total tranquilidad.

—¡Aaah! —gimió Rubén sin poder aguantarse. Había descubierto que le gustaba que le follasen el culo. Volvió a gemir a medida que Gabriel iba follándoselo con más ganas—. ¡Aaaah!

Como pudo miró al hermano de Sime que seguía ahí mirando la escena con total tranquilidad, como si aquello de encontrarse a su cuñado follando fuera de lo más normal.

—¡Aaaah!

—Así que este es el esclavo del que me han hablado —comentó mirando a Rubén.

—Sí —contestó Gabriel dándole un azote en el culo haciendo que Rubén soltase un gemido—. Lo estamos entrenando a base de bien. Nos lo follamos entre los dos y él nos limpia el piso… —dijo mientras le daba por el culo.

—¡Aaaah! ¡Joder! ¡Aaaah! —gimió, pero sintió el peso de Gabriel en su espalda y Gabriel le tapó la boca con la mano chistándole en el oído.

—Calla, cabrón. Que estamos hablando los adultos. Se un buen puto.

Rubén no pudo sino ahogar un gemido.

—Sabrás tú lo que es ser un buen puto —sonrió Gustavo con descaro a Gabriel—. Dadle toda la polla que podáis. Que quede claro que sois vosotros los que ponéis las reglas y que él esta ahí para complaceros en cuanto chasqueéis los dedos.

—Mmmmmm…

Rubén ahogó otro gemido, le ponía cachondo que hablasen de él como si no estuviera delante, como si en ese momento la polla de Gabriel no estuviera dentro de su culo, follándoselo.

Joder…

—Claro que sí, papi —masculló Gabriel moviendo la cadera para seguir follándoselo, aún encima de él—. Está aprendiendo bastante rápido ¡Aaah!

—¡Mmmph!

El hermano les sonrió. Tenerlo ahí delante, mirándolos mientras Gabriel se lo follaba a cuatro patas en la cama… ¡Oooh! Notaba la polla dura entre las piernas.

—¡Mmmmph! —masculló mientras Gabriel seguía follándole el culo con total tranquilidad.

Gustavo se acercó a Gabriel y le acarició el cuello con los dedos, mirándolos desde arriba mientras ellos follaban; era una versión de Sime más adulta. Ojos marrones, con perilla, más músculos y más tatuajes que su hermano pequeño, por todo el cuerpo, como un puto mural; cada centímetro de su piel estaba cubierto de tinta. Era fuerte y dominante. Gabriel le sonrió sin dejar de follarse a Rubén.

—¿Es un buen esclavo? —preguntó.

—Bueno… —dijo Gabriel como si se lo estuviera pensando— está aprendiendo. Pero ya va pillando cómo van las cosas, y cual es su trabajo.

Gustavo hizo un sonido de asentimiento con sus dedos acariciándole el cuello al novio de su hermano.

—Voy a preparar algo para almorzar —dijo—. ¿Quieres un café, encanto?

—Me encantaría —sonrió Gabriel—. Gracias.

«Papi».

—Mmmmph —masculló Rubén ahogando un gemido por la mano de Gabriel que le tapaba la boca «Ahí ha faltado papi, al final de esa frase».

¿Era posible que esos dos estuvieran follando también? No. ¿A espaldas de Sime? ¿O tal vez Sime lo sabía? No había tenido mucho problema con que Rubén le chupase la polla a su novio, pero con su propio hermano…

Gustavo siempre había sido el hermano mayor macarra, una versión más adulta de Sime que pasaba por completo de ellos. ¿Y ahora se estaba follando al novio de su propio hermano? Gabriel era un cabrón, pero… ¿Y cómo coño había entrado? Tenía que tener una llave del piso.

Parte de esa idea le resultaba muy atrayente, pero su sentido común le decía que no era posible; conocía a Gabriel y Sime desde el instituto ¿Desde cuando eran tan cerdos? ¿Y que posibilidades había de que el hermano de Sime también estuviera en el ajo? Imposible.

Gustavo esbozó un sonrisita.

—No tardes mucho en salir, ¿vale?

—Claro —respondió Gabriel tranquilamente.

Y salió de la habitación.

Rubén pensó que Gabriel lo descabalgaría y se la sacaría, tal vez dejaría el polvo para más tarde, puede que cuando Gustavo, que los conocía desde primaria, se fuera, pero siguió follándoselo con calma destapándole la boca para que pudiera gemir.

—¡Aaaah! —gimió.

Siguió follándoselo con ganas, dándole azotes en el culo —«PLAS»«PLAS»— hasta el punto que Rubén pensó que acabaría corriéndose solo de la follada que le estaba metiendo. Las manos de Gabriel le agarraban el culo con fuerza, mientras se lo follaba.

—¡AAAAH! HOSTIA PUTA! ¡AAAAH! JODER…. —rugió Gabriel mientras oía a Rubén gemir mientras le follaba el culo.

Rubén pensó que iba a correrse de la follada que le estaba metiendo, sin tan si quiera tocarse la polla. Gabriel iba a correrse en su culo.

Y quería que lo hiciera. Lo quería mucho.

Gimió más alto.

Y entonces Gabriel paró, se detuvo, y Rubén apenas tuvo tiempo de pensar que era imposible que se hubiera corrido ya cuando Gabriel ya estaba de pie en el suelo, completamente desnudo.

—Venga —le dijo a Rubén que lo miró confundido—. Quiero almorzar.

Rubén no entendía nada, pero obedeció; después de todo él no era más que un esclavo.

Ambos salieron en pelota picada de la habitación y fueron al comedor donde una mesa en la que comían. Había una taza de café humeante en la silla de la cabecera, y Gabriel agarró a Rubén por los hombros.

—Ahora ponte de rodillas debajo de la mesa y chúpame la polla hasta dejármela bien limpia ¿vale, mamón?

Rubén asintió, y cuando Gabriel se sentó se metió bajo la mesa para ponerse a mamar la polla que le había estado follando el culo hacia un momento.

Así que se puso a chuparle la polla con ganas, mientras Gabriel gemía tranquilamente y se tomaba el café con calma, sintiendo la lengua de su esclavo lamiéndole la polla, disfrutándolo y suspirando. Le gustaba el sabor de su polla.

—¡Ooooh! Muy bien… —masculló dejando la taza de café sobre la mesa, ya vacía, mientras notaba la lengua de Rubén comiéndole la polla.

—Mmmmm… mmm…

—Muy bien. Vamos… —masculló Gabriel colando la mano por debajo de la mesa para sujetarle la cabeza a su esclavo y sujetar con fuerza metiéndosela hasta el fondo…

—¡DAAAHG! —Rubén tuvo una arcada—. ¡DAAAAGH! MMMMM….

—OOOOOH ¡Qué bien! Mucho mejor, joder… date caña —masculló Gabriel ante las arcadas de Rubén recostándose más en la silla—. Traga, cabrón.

Rubén respondió con una nueva arcada.

—Tú traga Mmmm… ¡Ooooh! Muy bien…

Y empezó a mover la cadera arriba y abajo, sujetándole la cabeza. Adelante y atrás, adelante y atrás, adelante y atrás… follándole la boca a ese cabrón, sin tregua ni piedad.

Rubén tenía los ojos abiertos como platos mientras la polla le entraba y salía sin parar de su garganta, provocándole más arcadas.

—¡Daaaag! ¡DAAAGH! ¡Mmmmm! ¡DAAAAHJ!

—¡OOOOOOH…!

Le estaba follando la boca sin parar. Se oían las arcadas de Rubén, los sonidos de disfrute de Gabriel y su culo golpeando la silla.

—¡Daaaahgh! ¡DAAAAGH…!

Rubén ya lo veía venir, a Sime y a Gabriel les gustaba el folleteo bastante fuerte, y cuando lo tenían a él cerca le machacaban bastante y no tenían mucha piedad a la hora de follárselo, aunque la verdad es que le ponía cachondo.

Siguió mamando aunque le daban más arcadas, y Gabriel parecía disfrutar con eso. Su cara de placer se había contraído y ahora tenía el entrecejo fruncido y se le marcaban los tendones de la mano y las venas del brazo de lo fuerte que le estaba apretando la cabeza para que siguiera chupándole la polla.

—¡Traga, cabrón…! —masculló con el ceño fruncido—. ¡TRAGAA…!

—Mmmmm… mmmm… mmmmm… —A Rubén le dio una pequeña arcada, justo cuando sintió la lefa de Gabriel descargándole en la boca, disparando lefa en su garganta.

Sintió la lefa descargando en su garganta y su boca, caliente y espesa.

Un ultimó momento de presión acompañado de un gruñido de Gabriel, y luego por fin su cadera volvió a caer en la silla y Rubén sintió cómo la presión desaparecía de su cabeza cuando Gabriel lo soltó.

—¡Ooooh! —masculló Gabriel feliz y relajado, mientras acariciaba el pelo rubio pajizo de Rubén jugueteando con los mechones de su pelo. Rubén seguía teniendo su polla en la boca y notaba como ahora ya no era tan grande y le daba pequeños lametones—. Buen cabrón. Sigue así.

Rubén siguió como le habían enseñado, y siguió lamiendo con tranquilidad, pequeñas lamidas en esa polla que acababa de correrse en su boca, para dejarla bien limpia. Para eso sí que servía.

Gabriel dejó escapar el aire repantigándose en la silla y disfrutado de los mimos que el rubio le estaba dedicando a su polla. No le haría ascos a un cigarrillo, pero estaban en la habitación, y tampoco podía mandar al esclavo a buscarlo, no quería que parase de hacer lo que estaba haciendo.

Gustavo salió de la cocina y se dirigió hacia Gabriel que lo miró divertido, acercándose y pasándole el brazo por detrás para acariciarle los hombros desnudos.

—¿Ya te has corrido, chiquitín? —le preguntó el hermano—. ¿Cómo va ese café?

—Mmmm estaba muy rico, papi.

—¿Ya has descargado? —preguntó alegremente con una sonrisilla que parecía quitarle diez años de encima. Gabriel respondió con un sonido afirmativo—. ¿Quieres leche con el café? —preguntó entonces llevándose la mano para sobarse la entrepierna.

—Eso suena muy bien, papi.

Eso hizo que Rubén se atragantara y que se sacase la polla de Gabriel de la boca, ¿De verdad Gabriel estaba follando con el hermano de Sime? Estaba casado, y Sime tenía una hermana. Y era el hermano de Sime, pensó en bucle. Joder… ¿Pero qué puñetas…?

—¡Eh! —la voz de Gabriel lo sobresaltó—. ¿Quién te ha dicho que dejes de chupar? —le dijo Gabriel y Rubén volvió a lamer la polla de Gabriel, de los huevos hasta la punta antes de engullir su polla sin vacilar.

—Mmmmm… Mmmm… Mmnn…

Gustavo miró a Rubén que seguía comiéndole la polla a Gabriel.

Rubén era amigo de Gabriel desde hacía años, con Sime no tanto, pero era el novio de Gabriel y no es que se llevase especialmente bien con el hermano de Sime —casi no habían tenido trato desde que lo conocía—, pero oírle hablar así… en la vida.

Podía notar los movimientos de Gabriel, cómo acariciaba la entrepierna del hermano de Sime por encima del pantalón y luego este se la sacaba.

—¿Desde cuando te follas a este? —le preguntó Gustavo.

—Desde no hace mucho —dijo Gabriel—. Pero tiene un buen culo, nuestro amigo —añadió con una sonrisa—. Y de paso nos limpia el apartamento gratis.

—No parece gran cosa —comentó Gustavo mirando a Rubén bastante serio.

—Lo estamos entrenando, dale tiempo.

Gustavo sonrió, divertido, y miró al novio de su hermano.

—¿Ah, sí? ¿Y va bien ese entrenamiento?

—Hasta ahora no se queja…

—Aja —masculló acercando su cara a la de su cuñado.

—Y más le vale no hacerlo —sonrió—. También le dejamos que mire mientras follamos tu hermano y yo, para que aprenda y se la machaque hasta correrse.

—Mmmmm —masculló Gustavo acercando su cara a la de Gabriel.

Se besaron delante de Rubén y aunque esa imagen sorprendió a Rubén, le puso muy cachondo, viendo cómo Gabriel y el hermano de Sime, al que veían entrar y salir cuando iban a casa de Sime de adolescentes, se morreaban y sus lenguas jugaban.

—Pues vamos a darle una buena clase de follada —sonrió Gustavo—. Para que vea cómo es una buena relación entre hombres de verdad ¿mmmm?

—Mmmmm…

La sonrisa de Gabriel debió de ser bastante respuesta porque tiró de la silla hacia atrás, y antes de que Rubén podía reaccionar la polla de Gabriel escapó de su boca y Gustavo, el hermano de Sime, lo estaba levantando en brazos.

«¿De verdad va a…?».

Gustavo puso a Gabriel sobre la mesa a cuatro patas y le metió la polla en la boca y Gabriel comió con dedicación chupándole la polla a su posible futuro cuñado mientras este le sujetaba la cabeza con dulzura.

—Ooooh sí. Que encanto… Me encantan estas mamadas entre cuñados —decía Gustavo mientras disfrutaba de su mamada y le sujetaba la cabeza con cariño. Y entonces le dedicó a Rubén una mirada bastante dura como las de Sime—. Deja de estar ahí plantado sin hacer nada y cómele el culo y prepáralo para mi polla. Haz algo útil.

Oírle hablar así le recordó bastante a Sime, hasta su forma de mirarlo era idéntica, aunque los ojos de Gustavo eran marrones, no negros, como los de su hermano.

Rubén podría haber sonreído, pero no lo hizo; Gustavo le acojonaba más que su hermano. Tampoco tenía que pedírselo dos veces para que lo hiciera.

Se subió a la mesa mientras Gabriel se la chupaba al hermano de su novio mientras este gozaba de la mamada y acercó la cara a ese culo; no iba a follárselo —dudaba que nadie de esa habitación estuviera interesado en su minipolla cuando era la más enana del garito. No, su función era limpiar casa, limpiar culos con la lengua, pollas en su boca, y ser un buen deposito de esperma para que se corrieran en su culo todo lo que quisieran.

Una colleja le hizo volver a la realidad.

—Espabila, gilipollas —le espetó el hermano macarra—. Trabájate ese culo antes de me cabree, joder ¿O no sabes hacer ni eso? ¿Este inútil sabe cómo se prepara un culo? —le preguntó a Gabriel pero este estaba comiéndole la polla con ganas.

—Mmmmm… mmmmm… mmmm…

Cohibido por cómo el hermano de Sime acababa de hablarle —no es que nunca hubiera sido precisamente amable, ahora que lo pensaba, pero esto…— era increíble lo mucho que se parecían los hermanos. Debía de ser cosa de familia.

Rubén no perdió más tiempo y centrándose en el culo de Gabriel que tenía frente a su cara enterró la cara en él y empezó a lamerle la raja a Gabriel, un poco asustado de que volvieran a arrearle otra colleja.

Se puso a lamer esa raja con ganas, entera y lamiendo de arriba abajo, sin parar y con ganas, para que Gustavo viera que se lo curraba y que no volviera a arrearle otra hostia, Gabriel y Sime podían ser algo duros, sobre todo Sime, pero no solían darle hostias.

La lamía con ganas y sin parar, dispuesto a hacer un buen trabajo.

—Mmmmm… mmmm… mmmm… —mascullaba Gabriel que no dejaba de mamarle la polla al hermano de su novio, cómo le había visto mamársela a Sime.

—¡Oooooh, joder! ¡Pero qué bien la chupas, nene! —exclamó Gustavo, echando la cabeza hacia atrás—. Si mi hermano no acaba casándose contigo es que está loco —comentó poniendo la mano sobre la cabeza de Gabriel y acariciándola con cariño mientras le comía la polla hasta el fondo—. ¿Dónde iba a encontrar a un cabrito que la mame tan bien como tú?

—Mmmmm…

Los ojos de Gabriel sonreían sin dejar de mamársela a su cuñado y este gozaba de tal manera que Rubén podía fácilmente acordarse de su hermano. Y pensó que, desde luego eran hermanos, ¿no? Desde luego en el folleteo eran muy parecidos.

—Mmmmmm…

—¡Oooooh! Sí, putito. Así, muy bien…

—¡Mmmmmm! ¡Aaaaah!

Gabriel se la sacó de la boca cuando su futuro cuñado lanzó un gemido, y Gabriel aún con la cara pegada a la polla de su cuñado le lamio los huevos y se los comió con ganas, gozando de esa polla.

—¡Oooooh! Cómo me pones…

—Mmmmmm…

Su cuñado volvió a gemir cuando Gabriel volvió a engullir su polla para seguir comiendo rabo con ganas.

—Así, muuuuy bien… ¡Oooooh! ¡Jodeeer…! —masculló Gustavo llevando una mano por la espalda de Gabriel, para alcanzar su culo y pasar su dedo por la raja, Rubén tuvo especial cuidado en apartarse un poco para darle espacio, no estaba dispuesto a recibir otra colleja y lamió los huevos de Gabriel para darle espacio a su cuñado para maniobrar—. Te quiero tanto, nene ¡Ooooh!

—Mmmmmm….

Rubén siguió trabajándose esos cojones aunque no tocó la polla, no fuera que Gustavo se cabrease.

—¡Así, nene, así! —dijo Gustavo frotando el dedo por esa raja y alcanzando el agujerito para meterlo por ahí—. Así… muy bien… ¡Ooooh!

—Mmmmm… Mmmm…

Rubén siguió comiéndole los huevos a Gabriel, sin perder de vista la manaza de Gustavo. Esperó a que retirase un poco el dedo de la raja para escupir en el culo de Gabriel y meter la lengua por el ano, trabajándoselo con ganas, para que Gustavo no se impacientase con él. También estaba cachondo por estar cumpliendo por su papel, que era prepararle el culo a Gabriel para la gran polla de Gustavo, y ver cómo esos dos machos follaban, y nada más. Y estaba haciendo un buen trabajo.

—Mmmmmm…. —Gabriel siguió mamando polla mientras Rubén lubricaba ese culo con ganas. Puso las manos sobre sus cachetes y volvió a escupir a ese agujerito antes de volver a enterrar la cara y sacar la lengua—. Mmmmmm…

—¡Ooooh! —gimió Gustavo, disfrutando de la mamada—. Qué bien la chupas, nene ¡Oooooh!

Rubén sonreía.

Gustavo volvió a gemir del gusto disfrutando de su mamada.

—Aparta ya de ahí joder —dijo dándole un empujón a Rubén, apartándolo del culo de Gabriel—. Este culo esta para que se lo follen hombres de verdad, no mamones como tú.

La forma en la que le habló descolocó a Rubén por completo aunque también le excitó; lo aceptó porque Sime también le hablaba de forma bastante parecida; era como ver a un Sime del futuro, algo más mayor.

—Ven aquí, encanto —le dijo Gustavo a Gabriel mientras este se volvía hacia él—. Trae aquí este dulce pastelito al que me voy a follar —gimió—. ¿Cuándo fue la ultima vez que mi hermano se corrió aquí dentro?

—Anoche, papi —le informó Gabriel sonriéndole a Rubén con los ojos brillantes—. Le encanta follarme el culo y correrse dentro.

—Y a mí también —sonrió Gustavo—. Será un rollo familiar, ¿eh?

—Joder, ya lo creo —respondió Gabriel mirando a Rubén con los ojos brillantes.

—¡Ooooh! —gimió Gustavo cuando Gabriel puso el culo al alcance de su polla y empezó a tantearlo con su polla para empezar a follárselo—. Aún recuerdo cuando venías a casa y cerrabais la puerta; y te oía berrear cuando mi hermano te la metía… que envidia, joder…

—Tu hermano me folla mucho —dijo Gabriel—. Y me encanta recibir pollas dentro del culo.

—Claro que sí, nene, claro que sí ¡Ooooh! —sonrió él—. Mi padre y yo sabíamos lo que hacíais ahí dentro, con la puerta cerrada… joder… ¡Nos poníais burrísimos pensando que guarradas hacíais!

—¡Aaaaaah! —gimió Gabriel del gusto, entrecerrando los ojos, cuando la polla de Gustavo empezó a entrar en su culo.

—¡Oooooh! ¡Amo este culo!

Rubén no pudo evitar preguntarse desde cuando estarían follando. Sabía que Sime y Gabriel llevaban años saliendo —si es que a lo que ellos hacían se le podía llamar «salir»—, pero nunca había llegado a salir el tema desde cuando exactamente habían estado follando, y no eran los típicos novios que se pasan el día diciéndose cuanto se quieren en plan cuento de hadas. Siempre habían sido muy íntimos, desde que se conocieron, y no le sorprendería que a los catorce o quince hubieran empezado “a jugar a los médicos y a explorar”. Siempre habían sido unos cerdos.

Pudo verlos a los dos con quince o dieciséis años, comiéndose los morros en la cama, y las manos de Gabriel deslizándose por el cuerpo desnudo de Sime para agarrarle la polla, sonriéndose, y retándose a ir más lejos.

¿Cuánto habrían tardado en ponerse a follar? Probablemente ni una semana después de empezar a morrearse. ¿Y Gustavo? ¿Cómo se habría dado cuenta de esa relación que compartían? ¿Lo habría visto con esa intuición que tienen los gays, solo mirándolos y viendo lo bien que se llevaban, o habría llegado a casa una tarde se los habría encontrado desnudos en la cama, y se habría sentado a mirar el espectáculo?

Podía verlo con tanta claridad… La polla le dolía de la excitación «Seguid, chicos, no es cortéis. Yo me siento aquí y me la casco mientras veo cómo mí hermano te folla el culo. Hay confianza, ¿verdad que sí, Gabriel? Pequeños hijos de puta… Eso es, hermanito, fóllatelo con ganas, joder. Dale bien».

Con esa escena mentar casi se le volvía a empinar. Joder…

—¡Aaaaah!

El gemido de Gabriel le sacó de sus ensoñaciones.

—¡Aaaaah! —gemía Gabriel mientras su casi cuñado le metía la polla—. Sí, papi. ¡Me encanta tu polla! ¡Aaaaah!

—¡Mmmmm…! ¡Adoro este culo…! —gruñó Gustavo con una sonrisa.

—Sí, nene, y a mí me encanta que te encante —sonrió su casi cuñado dándole un azote en el culo.

—¡Aaaah! Joder… ¡Aaaah!

Gabriel le estaba mirando, y sus ojos verdes parecían enormes, de lo cachondo y excitado que estaba…

Y le estaba mirando…

Invitándolo.

Rubén vaciló; no quería arriesgarse a que le metieran otra hostia.

Pero Gabriel le estaba mirando, mientras gemía y le daban polla por el culo —«¡Aaaaah! ¡Hostia! ¡Aaaah!»— y su cuñado gruñía del gusto sin dejar de follarle el culo sobre la mesa del comedor.

Notó que la polla le daba tirones de la excitación, dura como una piedra.

—¡Aaaaah! Joder…

—Joder… —gruñó Gustavo—. Adoro tu culo.

—¡Aaaah!

Le estaba mirando.

Por fin, algo vacilante, Rubén se acercó a él, lentamente, mientras veía cómo Gabriel recibía polla del hermano de Sime sin parar. Se acercó, lentamente, hasta que las caras de Gabriel y la suya quedaron una frente a la otra.

—¡AAAAH! —gimió Gabriel, y estaba tan cerca que Rubén lo sintió contra su cara—. ¡Aaaaah! ¡MMMMMM!

En cuanto Rubén había acercado la cara a la de él, Gabriel había puesto su boca sobre la de él con un gemido y de pronto Rubén empezó a sentir su lengua en la boca, jugando con la suya, mirándolo con los ojos entrecerrados mutuamente. La barba de Gabriel le acariciaba la cara.

—Mmmmm…

—¡Ooooh! —masculló Gustavo sin dejar de follárselo—. Joder… ¡Oooh!

Al separarse hilos de saliva temblorosos unían las bocas de Rubén y de Gabriel, y Gabriel sonreía complacido mientras Rubén se lo quedaba mirando sin saber que hacer, mientras Gabriel volvía a gemir escandalosamente rompiendo los hilos de saliva que los unían.

—¡AAAAAH! ¡OOOOH! ¡MIERDA! —gimió con ganas—. ¡SIGUE ASÍ JODER! ¡AAAAAH! ¡CUÑADITO! ¡Aaaah!

Gustavo gruñó satisfecho sin dejar de follárselo, y aumentó el ritmo de las embestidas, haciendo que Rubén se apartase dando un brinco mientras Gabriel gemía como un gato en celo y el hermano de su novio gruñía dándole por culo con ganas.

—¡AAAAAAH! ¡JODEEEER! ¡AAAAAAH!

Gabriel gemía fuera de control. Como gemía tanto Rubén no pensó que fuera a dejarle que volviera a besarle, de hecho igual le mordería si lo intentaba porque apenas podía contenerse de la follada que le estaba metiendo, así que optó por bajarse de la mesa, desnudo, y sentarse en una silla —no le habían dicho que se fuera— viendo cómo ambos gruñían y gemían desde cerca. Tenía la polla dura. Se puso a manoseársela, y los cojones mientras esos dos gozaban de la follada.

—¡Oooooh! ¡Este culo me vuelve loco, nene! —le gruñó—. Si fueras una pava entre mi hermano y yo te habríamos hecho unos nueve bombos ya… ¡Aaaaah!

—¡Aaaaah! ¡Fóllame, papi! ¡Aaaah! Hazme un hijo… —pidió entre gemidos.

—Eso es, nene ¡Mmmph! ¡Ooooh, tu culo me encanta!

—¡A tu hermano también, papi! ¡Aaaaah! Me lo come y me lo folla hasta tiene la lengua fuera, colgando como un perro… ¡Aaaah!

—Mmmm… Suertudo hijo de puta —rió Gustavo y con los ojos llameantes le dio otro azote en el culo, arrancándole otro gemido—. ¡Aaaah!

De ver cómo Gustavo se follaba a Gabriel ponía a Rubén a mil… Tan fuerte, sobre la mesa…

Aceleró el ritmo de la paja.

Empezó a sentir cosquilleos y respirando agitadamente su polla empezó a escupir una tímidas gotas sobre su bajo vientre.

Se había corrido.

—¿Ya te has corrido? —dijo Gustavo mirándolo burlón—. Y sin tan siquiera participar… Mindundi de mierda —le espetó chulito.

Rubén no supo que hacer pero Gabriel gimió y le sonrió mientras su cuñado volvía a centrarse en él y en su culo.

—Solo es un deposito de esperma, papi… ¡aaaah!

—Y más te vale que no me entere de que dejas que esta mamón te la meta ¡Mph!

—¡Aaaah! Tranquilo, papi —dijo soltando otro gemido para girar la cabeza sonriéndole al hermano de su novio lascivamente—. Ya sabes que a mí me molan las pollas grandes y gordas. Como la tuya, y la de tu hermano. Y la de tu padre… Los hombres de esta familia me follan como quieren ¡Aaaaah!

Eso le sacó una sonrisa a Pablo.

—Ya te digo, nene —dijo metiéndosela hasta el fondo y arrancándole a Gabriel otro gemido—. Y más te vale no olvidarlo.

—¡Aaaah!

—¡Mmmmph!

—¡Aaaah! ¡Hostia puta! ¡Ooooh! ¡JODEEEER!

Gustavo aumentó el ritmo de la follada, al parecer poniéndose serio, aumentando aún más el ritmo de la follada, y Gabriel gimió más alto. Rubén se fue recuperando de su recién liberada corrida sin dejar de mirar, sin poder apartar los ojos de la escena, pensando en lo diferente que era lo que estaba ocurriendo de ver un puñetero video en el ordenador o en el móvil. Aquello era real. Estaba ocurriendo de verdad. Y aquello era infinitamente mejor.

Aquello era la hostia.

—¡Ooooh! JODER, qué culito… —rugió Gustavo con sus ojos negros abiertos de par en par antes de sacársela del culo a Gabriel con un gruñido más suave—. ¿Quieres tocarte mientras te follo, putito? ¿Sí? Ven aquí. Date la vuelta, encanto —dijo abrazándolo por detrás con un gruñido, atrayéndolo más hacia él—. Para que pueda ver cómo te la cascas mientras te follo. Síiii…

Gabriel rió y se volvió hacia Gustavo, poniéndose en posición con una sonrisa en la cara, levantando el culo mientras él le sujetaba las piernas y se las ponía en los hombros para seguir follándoselo por el culo.

—¡AAAH! —gimió Gabriel agarrándose su propia polla—. ¡JODERR! ¡Papi! ¡AAAAAH!

Rubén veía cómo la polla Gustavo entraba y salía sin parar de su culo, y cómo la mano de Gabriel se movía como loca cascándose su propia polla como loco, moviendo la mano sin parar con la respiración acelerada. Ambos gimiendo y gruñendo como animales. Rubén habría deseado que le invitasen a acercarse, pero estaban demasiado centrados en la follada como para acordarse de que él seguía ahí, y seguramente si lo intentaba le caería otra colleja.

—¡Ooooh, joder! —gruñó Gustavo con fuerza, como un toro. Se le marcaban las venas por todo el cuerpo, en ese mural cubierto de tatuajes y tinta.

Gabriel respondió con un gemido, cascándose su propia polla como loco.

—¡MMMMMMM!

—¡AAAAAH!

Con un gemido alargado Gustavo se corrió en su culo. Su polla empezó a escupir lefa caliente al tiempo que la polla de Gabriel empezaba a escupir trallazos de corrida sobre su abdomen duro, y su hermano descargaba su leche en su culo mientras ambos se miraban y sonreían mientras descargaban sus cojones casi al mismo tiempo, en perfecta sintonía.

—¡Aaaaah! —gimió Gabriel sintiendo cómo la leche de Gustavo le llenaba el culo.

—Aquí tienes tu desayuno, nene —sonrió Gustavo, disfrutando de cómo actuaba al recibir su corrida—. Leche rica en proteínas y nutrientes. Toda para ti.

—¡Aaaah!

—¡Síii!

Gabriel ya se había corrido pero la polla de Gustavo seguía escupiendo lefa sin parar, lefa caliente, dispuesto a rellenarle el culo con ella.

Al terminar, aún con la polla metida en el culo de Gabriel, Gustavo acercó su cara a la de él. Y le besó en los labios. Cuando se separaron ambos sonreían.

—Ooooh joder, me encanta un buen cabrón. Desde luego mi hermano no ha podido elegir a un puto mejor con el que encamarse —sonrió Gustavo.

Gabriel le devolvió la sonrisa y se volvieron a besar, y aunque Rubén ya se había corrido hacía rato no podía apartar los ojos de esos dos, y si se le hubiera puesto tiesa se habría marcado otra paja a la salud esos dos. Esa follada era digna de verse.

Rubén se había masturbado en una silla y tenía la zona del bajo vientre pringada de lefa fría y semitransparente, y Gabriel sonrió a su cuñado desde encima de la mesa.

—Me encanta cómo me follan los hombres de esta familia…

Rubén no podía sino mostrarse de acuerdo, desde luego los ambos sonreían muy satisfechos y contentos después de semejante follada. Menudo desayuno…

Gabriel, que tenía el culo ahora lleno de la lefa de su muy posible futuro cuñado, se pegó más a Gustavo, y se besaron en los labios, muy complacidos.

Con todo ese rollo familiar con el hermano de su novio y hasta su futuro suegro —« Mi padre y yo sabíamos lo que hacíais ahí dentro, con la puerta cerrada… joder… ¡Nos poníais burrísimos pensando que guarradas hacíais!»— , Rubén no sabía en que clase de tinglado se había metido, pero desde luego le gustaba. Y estaba dispuesto a seguir explorando la vida de sus amigos, y hacer lo que fuera que le pidieran. Limpiar, fregar, hacerles de deposito de esperma, que lo bañaran como a un perro en la ducha… lo que fuera, joder. Cualquier cosa.

Vio cómo yerno y cuñado se sonreían, y el tatuado le acariciaba la cara al cabrón de su cuñado con cariño, sonriéndole.

—Mí hermano tiene suerte de tener a alguien como tú, cabrón.

—Me encanta cuando me das tu leche para desayunar, papi —sonrió Gabriel, y luego se pego más a él para seguir besándose tranquilamente.

«Oh, sí —se dijo Rubén, mirándolos—. Definitivamente esto es la puta hostia».

*—–*

Joder…

Aparte de limpiar y mantener el piso ordenado también empezaron a mandarle que hiciera diferentes tipos de ejercicios, como flexiones y abdominales «Haz diez flexiones —le decía Gabriel una tarde cuando entraba en el salón después de lavar los platos— luego quince abdominales». Eran ejercicios que se podían hacer en casa y que ocupaban poco tiempo. Le obligaban a hacer más y más cada vez. Al principio llevó la cuenta y aunque no tardó en perderla ya había hecho más de sesenta flexiones y más de cincuenta abdominales diarias, y eso era más de la gimnasia que había hecho desde que dejó el instituto.

—Rubén, friega el suelo, y quítate la ropa y quédate en pelotas —le decía Gabriel una tarde—. Que se vea bien el culo. Y haz veinte flexiones.

—Micropolla, ahora cuando me vaya haz veinte abdominales, asegúrate de que el piso este de puta madre cuando vuelva —le decía Sime—. Que se pueda comer en el suelo, porque igual es donde acabas comiendo, como el perro que eres.

—Quítate la camiseta, haz treinta abdominales y quita el polvo de la estantería.

Haz diez flexiones, veinte sentadillas, quítate los calzoncillos, desnúdate, haz veinte flexiones…

Para cuando acabó la primera semana le dolían hasta las pestañas; los brazos y las piernas como si tuviera mil agujas clavadas, el culo le dolía de las folladas que le metían, sentía la garganta como si fuera un túnel y no habría podido correrse ni queriendo de todas las pajas que se estaba haciendo viendo cómo follaban esos dos o recordando todas sus guarradas pajeándose en su habitación. ¡Dios! Nunca había sufrido tanto haciendo gimnasia, en ese punto ya habría abandonado y habría dejado de ir al gimnasio. Pero decir «no» no era una opción, se recordó. Y con las folladas que le metían, las cerdadas, verlos follar, Gustavo… Estaba teniendo más sexo del que había tenido en su vida, incluso con sus novias.

En apenas unos meses el cambio fue evidente.

Gracias a la abstinencia de la cerveza, la dieta que le habían impuesto, toda el agua que bebía, y las folladas que le metían estaba ganando fuerza. Y parecía que había dejado de crecer a lo ancho. Empezaba a notar los músculos más grandes y fuertes, más de lo que había conseguido antes en sus intentos fallidos de ir al gimnasio. En esta ocasión rajarse no era una opción. Tampoco estaba seguro de que ni aunque quisiera le hubieran dejado largarse. Los músculos de los brazos y el abdomen le crecieron en pocos meses y con la dieta, la abstinencia de cerveza y alcohol y el ejercicio constante que le obligaban a hacer —y el que él hacía por su cuenta porque lo del ejercicio le estaba resultando extrañamente adictivo— estaba bien encaminado para ser como Gabriel y Sime. Aún no le hacían ir con ellos al gimnasio, él se quedaba en casa limpiando y fregando… pero imaginaba que pronto le dejarían ir con ellos para poder sobetearlo entre ejercicios y follarle el culo en las duchas; igual hasta se lo ofrecían a algún tío mazado para que le reventara al culo como quien presta una toalla… Ese pensamiento hizo que la polla se le pusiera dura.

—Mmmmm —le sonrió Gabriel un día una semana después cuando hicieron una competición entre los dos a ver quien terminaba antes de hacer quince flexiones. Obviamente Gabriel ganó—. Mira que fuerte estás ya, nene. —le dijo con una sonrisa sobándole los pectorales.

—¿Sí?

—Sí —confirmó Gabriel.

—Me gusta —comentó mientras Gabriel le sobaba los músculos con suavidad. Ya había hecho cerca de sesenta flexiones ese día y las agujetas eran cosa del pasado—. Me siento fuerte.

—Ya lo creo…—sonrió Gabriel pasándole la mano por el pecho—. Vas a hacerte todo un toro, cabrón.

Todavía no estaba muy fuerte, y ni comparación con Gabriel y Sime, llegar hasta su nivel le costaría años seguramente.

—Sí —dijo Gabriel—. Vas a ser un buen cabrón.

Y lo besó. Y Rubén bebió de ese beso con ganas y luego terminaron en el sofá donde Rubén puso el culo como una buena y servil puta y dejó que se lo follara por el culo hasta correrse.

A pesar de que estaba más fuerte de lo que nunca antes había estado gracias a los ejercicios caseros Rubén seguía siendo un esclavo, nada más que eso; había descubierto que ese estilo de vida le ponía mucho, y si a esos dos les apetecía empezar a llevarlo al gimnasio en pelota picada y con un collar de perro y correa no replicaría. Había descubierto que ese estilo de vida le ponía mucho y estaba follando más de lo que había follado en su vida.

Gustavo se pasaba por el piso por lo menos unas dos veces a la semana, Rubén tenía la misión de ser un buen contenedor de esperma, pero a él ni lo tocaba, se limitaba a follarse a Gabriel mientras le encargaba prepararlo y luego le ordenaba sentarse en una silla y masturbarse viendo cómo follaban y cómo Gustavo le daba rabo a Gabriel como si no hubiera un mañana, entre gruñidos y sin piedad, como solía hacer Sime, y este lo gozaba como un autentico cabrón, gimiendo sin control.

—¡AAAAAH! ¡AAAAAH! ¡AAAAH! —gemía Gabriel mientras Gustavo gruñía y movía la polla como loca petándole el culo.

Los gemidos de Gabriel quedaron acallados cuando Sime puso su polla delante de él y empezó a mamarle la polla.

—¡MMMMMM…!

—Eso es, nene —le dijo Sime a su novio. Los ojos verdes de Gabriel brillaban—. ¡Aaaah! Te adoro.

—¡Mmmmmm!

Ambos hermanos se lo follaban, completamente compenetrados, y Rubén también estaba allí, en el lado opuesto del sofá, masturbándose, viendo cómo ambos hermanos se lo follaban, sin decir nada. Las cervezas que les había llevado seguían sin tocar sobre la mesita; luego le tocaría limpiar la marca que iban a dejar en la mesa.

—¡Aaaaah!

—¡Ven aquí, cariño! —le dijo Gustavo y lo volvió para comerle los morros y luego amorrarlo a su polla—. ¡Mph!

—Mmmm… mmmm…—masculló Gabriel comiendo rabo como loco—. Mmmmm…

Rubén notó cómo la mano de Sime lo agarraba con brusquedad de la nuca y lo amorraba a su polla, y antes de poder decir nada le estaba comiendo la polla a Sime mientras este miraba cómo su hermano se follaba a su novio otra vez por el culo, y este gemía como un cerdo.

—¡Aaaah! ¡Aaaah!

La mano de Sime sobre su cabeza le dolía, pero estaba tan cachondo que le daba igual, y le chupaba la polla como si no hubiera cosa mejor en el mundo. Le encantaba. Y los gemidos de Gabriel le ponían a tope.

—¡Aaaah! Joder…—gemía Gabriel encaramado al hermano de su novio mientras se lo follaba salvajemente por el culo—. ¡Me encanta que me folles, papi! Fóllame. ¡Aaah!

—¡Papi está en casa joder…! ¡Buaaaah! —gruñó Gustavo levantando a Gabriel y follándole el culo—. Par de cabrones… ¡Oooooh!

—¡Aaaaah! Joder…

Todo aquello era surrealista, joder. Al nivel de una peli porno: Los dos hermanos follándose al novio, y él comiéndole la polla a uno mientras el cuñado le reventaba el culo a su futuro cuñado.

Joder… Y menudas folladas le metían.

Ahora estaba más cachas de lo que había estado nunca y follaba —o se lo follaban a él— por un tubo. La gente empezaba a decirle que tenía mucha mejor pinta aunque cuando le preguntaban a que gimnasio iba decía que solía hacer gimnasia en casa. Y la verdad es que no tardó en cogerle el gustillo, se dijo una tarde que apenas estaba cansado después de hacer cuarenta flexiones. Aquello empezaba a gustarle.

—¿Sabes? —le dijo una tarde a Gabriel mientras hacía abdominales y Gabriel llevaba la cuenta; era verano hacia calor y llevaban pantalones cortos que les llegaban por las rodillas—. Hay una tía…—exhaló al descender y volvió a incorporarse— que creo me está tirando los tejos.

—Normal —sonrió Gabriel divertido—. Estás hecho un buen cabrón. En cuanto te salgan más músculos y un par de cuernos en la cabeza serás todo un señor toro —dijo y Rubén sintió que dejaba de sujetarle los pies para meterle la mano por la pernera del pantalón y sobarle la cara interior del muslo y los cojones—. O mejor dicho, los cuernos le saldrán a ella.

Rubén se quedó mirándolo cuando volvió subir, sonreía de buena gana, y la cara de Gabriel estaba muy cerca de la suya mientras la mano dentro de los pantalones llegaba a sus cojones.

—Porque nosotros vamos a seguir follándote ¿verdad, mamoncete? —preguntó Gabriel con una sonrisa traviesa. Sus ojos verdes brillaban; esa pregunta no era una pregunta.

—Claro —respondió él sin vacilar devolviéndole la sonrisa.

—Colegas antes que putas.

—Colegas antes que putas —confirmó él y la sonrisa de Gabriel se acentuó—. Y vosotros sois más que colegas —añadió.

—Así se habla, cabrón. Eres un buen esclavo. Y estás para comerte —dijo Gabriel y lo besó—. Ahora ven y hazme una mamada antes de que llegue Sime del trabajo. Quiero que vea algo bonito cuando entre por la puerta, y correrme en la boca que tu futura novia va a besar —añadió—. Para que note el sabor de mi polla, el sabor de la lefa de tu amo, cuando te bese.

Aquella declaración le puso la polla como una piedra.

No, desde luego no pensaba dejar de ser el juguete de esos dos solo por echarse novia. En su vida había disfrutado tanto.

Aquello era una puta locura, se dijo.

Y le encantaba.

FIN

Bueno pues un proyecto más finiquitado y entregado ¿Qué? ¿te ha parecido lo bastante cerdo? ¿Te ha gustado? Espero que sí.

Comentarios, valoraciones, lecturas y mensajes a [email protected] son bien recibidos y muy agradecidos, gracias.

Un abrazo y que tengas una buena primavera.

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