Me entregue como una Puta Sumisa
Hola, me llamo Caro, soy de Buenos Aires, tengo 44 años, profesional, divorciada, 1,62 m y de buenas formas. Tengo que contar que siempre fui una mujer muy formal en todo, con muchas fantasías para cumplir, hasta que un día, hace unos 4 años, decidí empezar a cumplirlas. Mi primera fantasía era ser sumisa y humillada; había leído mucho.
Me anoté en una página de citas de dominantes y sumisas. En una semana me llenaron de mensajes y proposiciones. Contestaba algunos y no me atrevía a mucho más, hasta que un mensaje me llamó la atención por su amabilidad y respeto para escribir. Empezamos a hablar hasta que nos pasamos el teléfono. Le cuento mis expectativas y fantasías, y era un dominante con experiencia que me dio confianza.
Al tiempo de escribirnos, me decidí y acepté encontrarnos en un bar para conocernos. Ya me había dicho que llevara una linda lencería color blanco. Una tarde nos encontramos en el bar que habíamos quedado. En principio me agradó físicamente: era bien alto y corpulento sin ser gordo, de unos 55 años bien puestos. Muy amable en la charla y todo muy normal y correcto. Me invita a ir a un telo de las cercanías y acepté. Yo me dije: “Esto es uno más que vamos a coger y nada más”. No lo veía dominante como en las charlas telefónicas.
Salimos del bar y vamos a su auto. Me abre la puerta para que yo suba, todo muy formal. Él se sienta en el auto, enciende el motor y me dice, y lo digo tal cual: “Bueno, puta, desabróchame el pantalón y chúpame la verga mientras manejo”. Ahí entré en pánico y algo raro pasaba por mi cabeza. Decidí hacerle caso, a ver. Para mi sorpresa, veo que tenía un miembro bien grande y se la empecé a chupar hasta que se pone bien dura. Mientras, él me decía de todo: puta desgraciada, un montón de cosas.
Entramos al telo, subimos la escalera de la habitación y ni me toca. Él se sienta en un sillón de la habitación. Yo voy al baño a cambiarme y ponerme la lencería que me había pedido y salgo toda linda. Sentado desde el sillón, me dice: “Sácate esos anteojos porque te voy a volar de los bofetadas que te voy a dar”. Entro en una especie de pánico y curiosidad.
Me ordena que me arrodille delante de él y le saque el pantalón. Así lo hice; nunca había recibido órdenes, pero era mi fantasía. Luego saca el cinturón del pantalón y me ata las manos en la espalda, dejándome inmovilizada y a merced de él. De rodillas, me mete su hermosa verga en la boca y literalmente me coge la boca, haciéndome hacer muchas arcadas y bofeteándome la cara. Me decía: puta y miserable.
Me ordena que me levante y me arrodille al borde de la cama. Yo, con las manos atadas en mi espalda, me arranca la bombacha rompiéndola y me mete un dedo en la cola un rato hasta que lo dilata, mientras me pegaba en las nalgas. Sentía dolor y un extraño placer. Me empieza a penetrar con su enorme pene, al menos para mí. Le pedí que me lubricara y me abofetea diciéndome que no, que me iba a romper el orto por ser su puta. Así literal me decía.
Yo gemía y gritaba de dolor; cada vez la metía más adentro mientras me agarraba del pelo tirándome la cabeza para atrás. Me sentía violada y humillada; era una sensación rara y no estaba mal. Nunca me habían hecho anal por tanto tiempo, hasta que siento que tengo un orgasmo muy fuerte. Ahí me saca la pija y me da bofetadas porque tuve un tremendo orgasmo sin pedirle permiso. Ahí sentí que tenía todo el control sobre mí; le tuve que pedir perdón para no recibir más bofetadas.
Me mete la verga en la boca y me dice que pare hasta que él acabe y me trague su semen, como una buena puta. Me desata las manos para que lo masturbe; me decía que era una puta idiota por no hacerlo acabar. Yo me esforzaba por consentirlo; ya me sentía su esclava sexual o algo así. Me agarraba de la cabeza y me hacía dar arcadas con su verga hasta el fondo de mi garganta. Yo lloraba y tenía placer, hasta que me llena de semen bien caliente y me pide que lo mire mientras me tragaba su semen.
Se levanta y se va al baño, ordenándome que vaya a la cama y lo espere. Me quedé esperándolo en la cama; todavía tenía mis corpiños puestos. Vuelve y me mete su verga nuevamente en la boca hasta que se le vuelve a poner dura. Me arranca el corpiño y me abofetea los pechos, me agarra el cuello apretándolo hasta casi ahogarme y me penetra por la vagina que estaba totalmente húmeda. Me coge mientras yo explotaba de placer. Tuve dos o tres orgasmos más.
Me pide que me vaya a duchar mientras él iba a pedir algo para tomar. Ya en la ducha pensaba: “¿Qué se viene ahora?”. Salgo de la ducha y estaba desnudo en el sillón con un champagne esperándome. Me siento a su lado y brindamos por el momento. Ya no era su puta; hablábamos, nos reíamos y me acariciaba mucho. Nos besamos, nos besamos mucho. Me trataba como a una reina, me seducía y me invita a cenar y, si podía, podíamos pasar la noche en algún hotel 5 estrellas. Más bien que acepté y tuve una noche de sexo muy linda sin ser su sumisa.
Así fue que una vez por semana nos veíamos en algún telo para ser puta sumisa. Así estuvimos unos 5 o 6 meses. Cada uno haciendo su vida.
No soy buena contando, pero esto nunca lo conté ni a mis amigas. Tuve otras experiencias, pero ya me animaré más adelante.
Caro de Buenos Aires.
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Hola que tal me gusto tu relato espero que escribes mas de tus encuentros
Hola es la primera vez que me atrevo a contar mis aventuras ,me hace bien contarlas .. ya contare mas .
gracias
Caro
Tambien me gustaria ver algunas fotos de ty me dejas tu correo?