TERREMOTO SEXUAL CON MI HERMANA

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Puede estar mal que lo diga: “no hay mal que por bien no venga”, y debido al terremoto del 85 en la ciudad de México, mi hermana la menor aún soltera que para entonces tenía 17 años, “por temor a que se repitiera otra tragedia mayúscula”… por eso mejor me entregó el culo para sentir lo bonito que sentían sus amigas que ya habían probado el sodomismo, pues ella por la vagina se metía desodorantes, zanahorias, pepinos y todo lo que le recetaban sus amigas las más putitas, pero como que a mi hermana Maribel ya no la divertía, y lo que quería era tener una verga destapándole y rellenándole el recto.

La mañana del terremoto Maribel se estaba bañando para irse a la escuela ya que estudiaba para educadora, y a la hora del temblor se estaba enjuagando por lo que nomás se encimó una batita de toalla colot óxido y bajó lo más pronto que pudo con los cabellos goteando por las escaleras; yo estaba en el patio a que saliera mi madre de la cocina y alcancé a ver la entrepierna desnuda y sobreada de mi hermana.

Pero bajo esas circunstancias ni lo tomé en cuenta, salimos y nos colocamos a media calle, el sarandeo para los lados para arriba y para a bajo no cesaba hasta que poco a poco se fue calmando, había muchos vecinos en la calle, y unos borrachos que ni sintieron el temblor, estaban en la esquina hasta haciendo vizcos viendo las preciosas piernas de cedro de mi hermanita, que conforme la mini bata fue absorbiendo el agua se plegaba a sus carnes, las voluminosas y divididas nalgas se remarcaban claramente; fue cuando advertí que estaba semidesnuda y lucía impresionante tanto como una modelo de algún anuncio: entonces la tomé del brazo y junto con nuestra madre nos metimos respirando aliviadamente; y yo volví a ver las lindas piernas de Maribel y el borde de las redondas mejillas de sus posaderas.

Al otro día apenas entrando la noche mi hermana y yo íbamos hacia la panadería del mercado, ella llevaba un mallón de jersey amarillo tenue que de por sí lo usaba sin braga, y tenía una cadera en forma de pera pero de las injertadas, la blusa blanca era ligera y corta destacando los pechitos respingados, caminábamos agarrados de la mano y con el torso de mi mano sentía el exquisito roce de su duro muslo.

Y exactamente frente al mercado, una réplica del sismo anterior aunque con menos intensidad, inmediatamente mi hermana y yo nos abrazamos fuertemente, casi era de mi estatura yo mido 1.66 y ella como 1.64; un temblor se hace eterno pero conforme se fue apaciguando el temblor: “sentí su cálido monte de Venus y mi pene se fue levantando hasta alcanzar la modesta dimensión de 17 centímetros y buen grosor, seguimos abrazados a la vez que con discresión nos empezamos a frotar, nos miramos a los ojos tiernamente y vinieron los besos y los te quiero, pero pronto nos fuimos a la panadería.

Ya como a media noche que nuestros padres dormían hasta el fondo de la planta baja, yo toqué la puerta de Maribel que estaba a 2 pasos, ella enseguida quitó el seguro y me recibió colgándose a mi cuello con sólo una camiseta verde aceituna, luego para estar mejor aseguró la puerta y nos tiramos sobre de la cama completamente desnudos, entonces hicimos lo que hace cualquier pareja que se desea y ama: “chupé su pulpa, chupó mi camote, succioné sus moquitos y succionó mi crema, hicimos el (69) que todas las parejas saben de memoria, y por fin nos abalanzamos hacer lo que los dos queríamos.

Antes de que se acabe el mundo, manito, métemelo por atrás por lo que más quieras.

Eso es lo que siempre he querido, destaparte el caño ser el primero.

Sí manito, desflórame el culo es todo tuyo.

Te huele bien rico y tu cajetita está muy dulce mi reina.

Y mientras le chupaba el culito ella hasta se retorcía de placer, le pellizcaba las nalgotas, le daba recias nalgadas, luego aceite de oliva y unas buenas dedeadas y por fin ya dilatado su anillo de oro, abrío más las piernas y como una puta perra recibió en su orto la primer estocada… dio algunos pujiditos y suspiros pero ayudándome abrir sus nalgas con sus palmas, mi pene que palpitaba aceleradamente se fue deslizando en su apretado recto, el cual aprisionaba cada centímetro de mi verga, pero con la buena voluntad de los dos pronto estuvimos mete y saca hasta el peloteo de mis huevos, y hasta que me exprimió hasta la última gota de semen.

Ese fue el empiezo de varios terremotos de incesto y culeadero, hasta que ella formó un hogar y quedamos en paz, ella y yo más que agradecidos de haber sido hermanos y habernos “conocido” a fondo.

Autor: anónimo

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Sjesuseloy
Sjesuseloy
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