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Los mejores polvos (i)

By Anónimo | 18 de febrero del 2011 | Añadir a Favoritos Ctrl + D

Los mejores polvos, simplemente ese era el tema de conversación entre nosotras, no la primera vez, no la iniciación, no solamente cual fue el mejor polvo o coito, en que situación de que manera lo sentimos para recordarlo. ¿Con quien?, ¿Donde?, ¿Como?, ¿Cuantas acabadas?, ¿Por qué?. Eran las preguntas que nos hacíamos, de esas charlas nacen los relatos que publicare una serie cuyo titulo es: "Los mejores polvos”.

Por eso empezare relatando el mío, de ese coito que me permitió enfrentar muchas situaciones, de ese momento que me hizo ver en el sexo, un instrumento de satisfacción, que hace que me sienta viva y gozar del momento. Por supuesto que fue con mi amante, ese señor que entro a mi vida de manera tal, que creo nunca podré olvidar, el profesor.

Esa noche habíamos quedado encontrarnos en el departamento que me alquila, eran las 20 horas aproximadamente temprano, siempre era así porque el se iba a su casa, llego cansado, problemas, complicaciones, con olor a cigarrillo en su ropa, me beso en la boca y me pidió un café, puse la cafetera a trabajar y me senté con el en living, me extraño su postura, porque anteriormente siempre íbamos directo a la cama, se levanto nervioso lo abrace y trabaje en su espalda un masaje relajante que me había enseñado Clara, poco a poco se fueron eliminando los nudos, lo senté puso su cabeza entre sus brazos sobre la mesa y contemple la humanidad de ese hombre. No pude resistirme de darle besos en el cuello, dio vuelta la cabeza buscando mi boca y me dio un hermoso y cariñoso pico.

Me llevo en brazos a la cama y nos desnudamos, lamí su pene remolón ya erecto me puse sobre él, entro todo y fue especial, fue en un camino de deseos mutuos, en el cual fui entregándome en caricias y besos, él me tomaba los senos con cuidado y presionaba haciéndome entrar en clímax, poco a poco, cada caricia se estiraba en mi piel y mi mente se ponía en blanco, como un sueño feliz que da esa paz que no queremos cambiar, relaje mente y cuerpo fundiéndonos en un solo ser, buscaba el roce de su falo en mis labios, pasaron los minutos, pero nunca pesaron sobre mi acabe una y otra vez, no podía dejar de gozar, necesitaba más y más y ahí estaba el dándome todo su ser y yo recibiendo.

Mi sumisión era total pero su dominación, era suave y firme, cariñosa y vigorosa, no sé si pueden entender era lo que siempre quise, sentirme deseada y gozar de eso, nada brusco sobre mi piel, nada fuera de lugar, todo caricias, todo mi ser con el.

Al ducharnos nos enjabonamos mutuamente, despacio, como nunca, nos sentimos uno a otro, fue él quien jugaba con la pastilla de jabón en mis partes púdicas, todo fue hermoso, mis caricias en su pene eran de cariño no en busca de otro coito, todo era despacio y sentido, pero lo más relevante para mí fue cuando vimos la hora, eran las dos de la mañana, el tiempo había volado, tuvo que llamar a su esposa que estaba yendo a no se que cliente, yo no aguantaba mi risa de alegría por el momento, además lo iba a tener toda la noche, fue el polvo más especial porque no hubo dudas que perdimos la noción de todo y cada segundo estuvimos unidos, la prueba era la hora y como me sentí.

Nos amamos nuevamente a la mañana, no fue lo mismo, siempre busco ese momento con él, si bien hemos estado cerca, creo jamás habrá otro igual.

En los próximos contare los de mis amigas espero no se los pierdan.


Tags: grandes series

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