Dos amigas muy hermosas de solo 17 añitos

By Pendejopajero el 05/01/17 | 34159 visitas | Descripcion: Con la persona que más hablo es con Alba, una buena amiga que, aunque no vamos juntas al insti, quedamos...
Me llamo Sandra, tengo 17 años y vivo con mis papás a las afueras de la ciudad, en una urbanización de lo más tranquila. Estoy en el instituto y no se me dan del todo mal los estudios así que tengo bastante tiempo para mis entretenimientos como el cine, la música, salir en bici y, en general, todo tipo de deportes.

Aunque estoy un poquito gordita, sobre todo de la tripa, siempre he considerado que tengo un físico normal y, según me dicen, con una cara preciosa, pelo liso, ojos marrones y muy risueña .... estoy todo el día riéndome, soy una chica muy feliz, aunque he pasado unos años un poco deprimida y metida en casa debido a ese ?problemilla? de la gordura. Pero yo creo que ya lo tengo superado.
Una cosa es cierta y es que no tengo muchas amigas. Tengo muchas compañeras y compañeros en el insti, pero sólo se quedan en eso; se pueden contar con los dedos de una mano, y me sobran, las verdaderas amigas. Eso sí, me encanta la informática y paso horas en la habitación hablando con mi gente a traves del ordenador. La verdad es que es un vicio que tengo.

Con la persona que más hablo es con Alba, una buena amiga que, aunque no vamos juntas al insti, quedamos bastante ya que ella vive en mi mismo edificio. Alba es una tía exageradamente tímida así que, el primer día que coincidimos, hace ya un año, cuando vino a vivir aquí, noté que había una química especial que no había tenido con nadie hasta ese día ya que, al ser yo una persona extrovertida y ella todo lo contrario, era fácil que hubiese un acercamiento.

- Hola, soy Sandra .... me presenté dándole dos besos... Soy tu vecina de al lado, bienvenida.
- Hola... yo Alba ... gracias.
Se puso coloradísima, seguro que no se esperaba aquello. En un primer vistazo vi que era una chavala guapísima, con el pelo corto y rizado, pelo castaño y ojos marrones, como los míos. Igual de altura pero mucho más delgada ... parecía que tenía alguna enfermedad, porque partes de su cuerpo eran extremadamente delgadas.
Cuando llegó la primavera del año siguiente, en una de las conversaciones de mi mamá con la suya, le dijo que dentro de dos fines de semana, Alba cumplía los 18 años. Intuí que lo que quería era invitarnos así que me fui al cuarto y me puse a chatear con ella. Allí estaba y empecé a preguntarla por su cumple.
- Hola Alba, qué haces...
- Aquí estoy pasando la tarde. Estoy escribiendo en Word unos poemas... ya sabes cómo soy yo....
- Me encanta tía .... a mí me pasa lo mismo, cuando me aburro me meto en Internet y me pongo a buscar chorradas, tengo un montonazo de páginas web... Por cierto, me he enterado que cumples 18 dentro de nada ¿no?
- Sí, el 25 de este mes. Lo celebraremos solos en casa, mis padres y yo... no va a venir nadie... esta época es muy mala para que la gente se meta en las casas, ya sabes, con el calorcito que está haciendo...además, no tenemos mucho contacto familiar.
- Pero mis padres y yo si que podremos ir...
- Vale... además sabes que me caes genial...eres la única que se lleva bien conmigo en el tiempo que llevamos aquí.
- Tú también me caes de puta madre tía, eres un cielo. Además el 26 es mi cumple ... podríamos hacer una fiestecilla, mis papás se van ese finde a Pamplona a ver a unos amigos.
- Vale tía, pero ¿a quién vamos a invitar? Yo no tengo más amigas ... ya sabes que hay varios tios del cole que van detrás de mí... pero yo paso de quedar con ellos.
- No hay problema .... te tengo que dejar...me voy a cenar...ya hablamos... chao.
- Adiós.
El día de su cumple llegó, comimos las dos familias y a media tarde se fueron mis padres para ir preparando el viaje del día siguiente. Alba y yo nos metimos en su cuarto y estuvimos charlando de nuestras cosas, cateando y escuchando musica. Hacía verdadero calor esa tarde. Alba estaba tumbada en su cama leyendo un comic mientras yo seguía en su ordenata. En un momento me giré y la ví allí tumbada, con sus piernas tan largas... la verdad es que estaba realmente guapa y pensé en qué hubiera pasado si en vez de yo hubiera estado uno de esos tíos de su cole que tanto la acosaban.
Al siguiente día, era mi cumple y mis padres se habían ido de viaje. Me levanté de la cama y directamente fui hacia el ordenador para ver si estaba conectada mi amiga. Y así fue.
- Buenos días.
- Muy buenas y ... ¡felicidades! Te caen los mismos que a mí. ¿Has pensado qué vamos a hacer hoy?
- Claro que sí, ayer te lo quería haber dicho, pero te quedaste dormida y me vine a casa.
- Perdona tía pero es que fue un día muy movidito para lo que yo estoy acostumbrada... dime, dime
- Quiero que te vengas a casa. Mis papás no están y quiero que sea un día muy especial, además te quiero enseñar algo que hice anoche. Pasate, pero no les digas a tus padres que estás aquí.
- Vale... en cinco minutos estoy ahí. Me encanta la idea de estar escondida y no decir a mis papás dónde estoy ... nunca lo he hecho
Y así fue. Alba toco con sus nudillos a la puerta y yo llegué corriendo a la puerta para abrirla enseguida. Me había descalzado y le dije que también lo hiciera para que no se oyeran nuestras chanclas andando por la casa. Alba estaba como si tuviera 10 añitos, super nerviosa.
- Sandra, vámonos a tu cuarto... me dijo al oido... allí estaremos más escondidas.
- Claro, pasa. Mira lo que me hice anoche tía.
Yo estaba con una camiseta de tirantes y un tanga blanco. Me lo bajé para que viera que me había depilado todo el pubis. Alba se había quedado sin palabras y coloradísima...
- ¿Qué te pasa, no te gusta?
- Claro tía ... pero es que yo... nadie me había enseñado su cuerpo tan íntimamente como tú. No me lo esperaba .... pero me encanta, te queda genial.
- Ah, gracias. Me lo hice porque antes que tú vinieras a vivir aquí, yo estaba saliendo con un chico y un día, hablando de sexo, me dijo que a los tíos les pone un montón los coños pelados... que les da mucho morbo... que es como si estuvieran con su primita de 12 años. La verdad es que es muy bueno tener a alguien en quien confiar los secretos y saber que puedes hablar con esa persona de mil cosas. Esa era mi intención con Pedro y nos pasábamos las tardes charlando de nuestros secretillos de adolescentes, pero al final me defraudó. Empezó a decirles esas cosas a sus amigotes y cortámos. Pero surgiste tú, tan vergonzosa y callada que me animó a estar contigo. Tenía el presentimiento que lo que le contara a una buena amiga, nunca me defraudaría. Y eso es lo que creo que nos está pasando. Puedo hablar contigo de lo que sea, me encuentro super cómoda
- A mí me pasa lo mismo, tía. Te lo juro. Nunca había estado con alguien que confiara tanto en mí.
Y las dos nos fundimos en un largo abrazo. Estábamos verdaderamente felices. Alba estaba realmente bonita. Se había presentado en casa con una minifalda que dejaba ver sus largas piernas y una camiseta ceñida que, aunque estaba muy delgada, contorneaba su espléndida figura.
Empezamos a revolcarnos encima de la cama haciéndonos cosquillas y riéndonos como unas posesas. Al final quedé sentada encima de Alba sujetándola por los hombros. Nuestros cuerpos estaban sudados y, con la lucha ella se había quedado sin su faldita. Así lo noté porque notaba debajo de mis nalgas sus braguitas. Fundimos nuestras miradas y acerqué mis labios a los suyos para darle un besito. Alba no se quitó y apretó mi cabeza empujando para que no me pudiera escapar. Nuestras bocas se abrieron y nos estuvimos comiendo la una a la otra. Mi lengua iba penetrando por todos los rincones de su boca y chocaba una y otra vez con la suya. Era hermoso. Nunca pensé que estar con una chica me podía proporcionar esas sensaciones. Pero era lógico, las chicas sabemos lo que verdaderamente nos gusta y en qué momento.
Me quite la camiseta y le quité la suya. No tenía puesto el sujetador así que pude ver sus pechitos, pequeños en volumen pero con grandes pezones que comence a chupar. Estaban duros como una piedra. Alba mientras tanto me quitó la camiseta que tenía sudada y empujó mi espalda con sus manos contra ella. Fui bajando por encima de su tripa, besando toda su piel hasta que llegué al coño peludo que comencé a comer, separando suavemente con los dedos los labios de su vulva y metiendo mi lengua dentro de su sexo. Los gemidos de Alba eran cada vez mayores. Yo no podía parar. Me quité el tanga y quedé a cuatro patas, momento que aprovechó para acariciar con sus pies mi ano apretando sus deditos hacia mi agujero negro. Me moría de placer viendo su carita en el espejo que tenía en la pared al lado de la mesilla. En ese momento me recosté a su lado, Alba abrió sus piernas en el instante que yo aproveché a meterle primero uno después dos y hasta tres dedos por su raja. Estaba empapada de sus flujos vaginales. Así estuve un buen rato masturbando su precioso coño hasta que, al final dando un gran gemido se volvió a correr. Yo ya me había vuelto a tumbar hacia arriba, con los ojos cerrados, cuando noté que Alba me estaba chupando los pies, metiendo su lengüetita entre los dedos uno por uno. Era una delicia... siempre había pensado que alguien me diera un masaje en los pies y aquello me hacía gozar. Se puso enfrente entrelazando las piernas con las mías hasta que su chocho comenzó a frotarse contra el mío. Estábamos sudando y aquello me puso más cachonda
- Me encanta...no puedo más .... dale, dale cariño, le dije a Alba
- No puedo parar tía...
- Ven aquí, cielo mío que te voy a enseñar algo... vamos ha hacer el 69.
Y me puse encima quedando mi culo a la altura de su boca. Seguí comiéndole todo y Alba chupando con su lengua todo mi clítoris además de ir introduciendo sus dedos en mi culo, que a esas alturas ya tenía super relajado. Después de un rato saqué de la mesilla, mientras ella me seguía mamando y absorbiendo todos mis flujos, un juguetito de 20 centímetros que enseguida metí en su vulva, arriba y abajo hasta que comprobé, por sus grandes gemidos y porque había empapado las sábanas, que Alba se había corrido de nuevo. En aquel momento ella me quito el consolador y me lo introdujo por el ano hasta la mitad. Me hacía daño, porque además no controlaba, estaba desatada. Era normal...llevábamos horas las dos dejando a nuestra imaginación hacer todo lo que siempre habíamos soñado... todo lo que nos producía placer. Acabábamos de cumplir
los 18 años, nos quedá-
mos desnudas encima de
la cama y nada nos podía
parar.

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