Desviando levemente el espejo retrovisor hacia abajo

By Historiaxxx el 25/12/16 | 21013 visitas | Descripcion: Mi chica se sentó atrás y yo en el asiento del copiloto. Ella nos cebaba mate a ambos y conversábamos...
La ruta estaba menos concurrida de lo que esperábamos. Acabábamos de pasar el peaje de Samborombón para distraernos por unos días en la costa atlántica.

Javier era el piloto de su propio vehículo, lo conocimos hacía un par de años atrás por un amigo en común, si bien nos llevaba un poco más de 12 años de edad a nosotros, su actitud y su físico no delataba esa diferencia. Ya anochecía y la ruta 2 comenzaba a poblarse por todos aquellos que, al igual que nosotros, querían huir de la ciudad ese fin de semana largo y aprovechar el calorcito que se avecinaba en alguna playa bonaerense.

Mi chica se sentó atrás y yo en el asiento del copiloto. Ella nos cebaba mate a ambos y conversábamos animadamente. No pude evitar darme cuenta que Javier había desviado levemente el espejo retrovisor hacia abajo. Ella se había vestido muy informal con una mini de jean y una camiseta bastante holgada. Cuando me cedió el segundo mate y giré para tomarlo, entendí el porqué del espejo retrovisor. Ella estaba sentada en el centro, con sus piernas abiertas. Hablamos de todo y de todos y, como suele suceder, nunca supe ni cómo ni por qué, el tema sexual sale a flote. La cuestión fue que mi mujer blanqueó con él (y con lujo de detalles) aquel encuentro en el que masturbó a su compañero delante de mí (ver ?Tan solo es una paja?). Luego de la anécdota y de que Javier se lamentara (medio en broma y medio en serio) de que no lo hayamos tenido en cuenta, nos quedamos un rato sin decir ni una palabra. Finalmente fue nuestro amigo quien rompió el silencio.

-¿Y no se animan a dar un paso más? ?nos preguntó sin sacar sus ojos de la carretera.

-¿Qué sería ?un paso más?? ?respondió con otra pregunta mi chica, mientras yo los miraba a ambos con cierta inquietud.

-Un paso más sería animarse a hacer algo un poco mas jugado que lo que me contaron ?comenzó a argumentar Javier ?Vos te animaste a masturbar a un amigo ante los ojos de tu esposo ?le dijo a mi mujer ?Y vos a ver a tu chica pajeando a otro ?me miró con los ojos bien abiertos ?Bueno, un paso más podría ser una mamada en lugar de una paja, por ejemplo? -dejó esa frase flotando en el ambiente y con su vista fija en la ruta.

Nos miramos con ella hasta que noté que en sus labios se dibujaba una sonrisa. La verdad es que no estaba preparado para dar ?un paso más? y ni siquiera lo había pensado aún, pero viendo el entusiasmo que comenzaba a vislumbrarse en ellos, decidí acompañarlos sin objeciones en esa aventura.

Javier frenó el auto unos kilómetros más adelante, y nos cambiamos de asiento con mi mujer. Cuando el vehículo retomó la marcha, inmediatamente nuestro amigo la invitó que comenzara con lo pactado.

Ella desabrochó el pantalón y bajó la cremallera del jean de Javier, luego metió su mano dentro del calzoncillo, yo la veía moverse y buscando la verga de nuestro amigo. Una vez que la agarró, la sacó. Aún no estaba del todo rígida, él manejaba concentrado en la ruta. Ella masajeó un poco la pija para que comience a inflarse. Cuando creció unos centímetros, ella se agacho y hundió su cabeza entre las piernas de él. Yo miraba desde el asiento trasero, pero la escaza luz del atardecer y los vidrios polarizados más la incomodidad del auto no me permitían ver demasiado. Veía la cabeza de ella subiendo y bajando en el regazo de nuestro compañero, oía el ruido de su boca succionando aquella pija que seguramente ya estaría bastante hinchada entre sus labios y escuchaba la respiración entrecortada de Javier. Pasaron algunos minutos así, por momentos ella sacaba ese miembro de su boca y lo lamía, él le corría el cabello de la cara para poder verla pasar su lengua por el glande morado. Lo pajeaba, lo chupaba, lo lamía y lo besaba. Su verga fue ganando tamaño y su excitación también fue aumentando. Finalmente decidió que era muy riesgoso seguir conduciendo ya que había algo de tráfico y se salió de la carretera por un camino de tierra que nos dejó en una arboleda a unos 15 metros de la ruta. Detuvo allí el auto, se bajó, lo rodeó y abrió la puerta del acompañante, su verga se mantenía erguida saliendo de su pantalón. Ella se sentó con las piernas hacia afuera del auto, le bajó por completo los pantalones y comenzó nuevamente a chuparle la pija. Yo bajé del auto y me acomodé del otro lado de la puerta abierta del acompañante, bajé la ventanilla y me agaché para ver más de cerca. Su cabeza estaba justo a esa altura y ahora podía apreciar todo lo que ella le hacía. Veía su rostro con los ojos cerrados disfrutando de aquel pedazo de carne. Su boca bien abierta, sus labios presionando sobre la piel de esa verga caliente que entraba y salía de su boca. Por momentos ella se la introducía toda, veía como su garganta se inflaba e incluso le provocaba alguna arcada, luego la sacaba totalmente húmeda para volver a metérsela. Su lengua recorrió y lamió cada milímetro de esa pija, jugó con su glande y chupó sus testículos. Javier se aferraba con fuerza a la puerta, podía ver sus dedos blancos por la gran presión que ejercían. Su respiración se aceleraba, ella lo miraba desde abajo, sin sacar su verga de la boca, sabía que el final se aproximaba. Javier cerró sus ojos y tiró su cabeza hacia atrás, como mirando el cielo, sus piernas se doblaron y un sutil temblor le recorrió todo el cuerpo, se esforzó bastante por contener el orgasmo y sus fuerzas lo abandonaban en medio de una explosión de placer. Yo me debatía entre la angustia y la excitación. Tenía una erección monumental, pero no sabía si estaba preparado para ver lo que sucedería. Quería frenarlos, gritarles ?Basta, hasta acá llegué?, pero a la vez quería ver el final. El resultado de esa paradoja era más y más excitación.

Mi mujer, sabía? sentía?. Lo que estaba por venir. Esa verga había crecido y se había endurecido mucho más dentro de su boca, sus labios podían percibir sus venas repletas de sangre circulando a gran velocidad. Me dedicó una última mirada, ella sabía lo que me estaba pasando, yo traté de sostenerle la mirada, pero no pude y desvié mi vista por unos segundos en el rostro de Javier. Cuando la volví a mirar, ella estaba con sus ojos cerrados, su boca generosamente abierta a unos escasos centímetros de la verga de nuestro amigo. Ella lo masturbaba enérgicamente, deseaba que él acabara? pero aún se resistía. Javier estiró su mano hacia la cabeza de mi chica, la apoyó suavemente sobre su cabello, eso era una señal o quizás quería empujarla para introducirle una última vez su verga hasta la garganta, pero ya no le quedaban fuerzas. Ella abrió bien los ojos lo miraba fijamente, deseando que Javier se rindiera de una vez, su mano seguía sacudiéndose sobre su pija. Javier bajó su cabeza, y sus miradas se cruzaron unos segundos, pude distinguir una incipiente sonrisa en la boca abierta de ella. Javier tomó aire, lo retuvo por unos instantes, esos segundos fueron eternos, yo sentía que mis piernas también se aflojaban. Casi con el mentón apoyado en la ventanilla abierta de la puerta me detuve a contemplar y disfrutar (y padecer) el final.

Javier lanzó un ahogado grito, inmediatamente su verga hinchada y caliente lanzó su primer disparo contra el rostro de mi chica. Esa primera explosión caliente de placer impactó en los labios y mejillas de ella. Mi mujer no pestañaba, lo seguía mirando con deseo, quería más. Una segunda descarga fue directamente hacia su garganta. Desde mi cercana posición pude ver ese chorro espeso, caliente, viscoso y abundante perderse por completo dentro de la boca de ella que lo acumuló sobre su lengua unos segundos, lo saboreó con los ojos entrecerrados y luego lo tragó. Mientras la leche de nuestro amigo recorría la garganta de mi mujer, un tercer disparo de semen se desparramó entre la nariz y los labios de ella. Su lengua se asomó y recorrió todo el entorno de su boca y limpió la leche que la cubría. Javier siguió eyaculando un poco más, ayudado por la presión de la mano de mi mujer en su pija, que lo ordeñaba. Su jugo siguió saliendo de la punta de su glande morado, para desparramarse entre los dedos de ella que me miraba sonriente y extasiada. Yo no aguanté más, sin dejar de mirarlos, me desabroché el pantalón, saqué mi verga y me masturbé. No duré ni un minuto, estaba muy caliente y acabé de inmediato. Toda mi leche se desparramó entre la puerta y el piso. Por unos instantes me distraje de ellos para ver si no me había manchado el pantalón en la vorágine de la excitación, cuando levanté mi vista, ambos me miraban casi riéndose de mí. Era la primera vez que me pajeaba de esa manera ante alguien (incluyendo mi chica).

-¿Te gustó, eh? ?preguntó Javier, pero me llevó unos segundos entender que me preguntaba a mi y no a ella.

-Ehhh? Todavía no lo sé ?dije conmocionado por todo lo que había pasado.

-Dale, te re-gustó ?me dijo ella siempre sonriente. En su rostro todavía quedaban rastros de leche.

-Estuvo bueno ?traté de poner orden en mi cabeza ? Pero no sé si me gustó, tengo un lío en la cabeza? -dije mientras me abrochaba el pantalón y me incorporaba. Había terminado casi en cuclillas. Javier también se subió y abrochó su pantalón, cuando lo hizo mi mujer, noté que en su escote también había algunas gotas de semen, además de las de su cara que las limpió con su mano. La descarga había sido mucho más abundante de lo que suponía. Ella se sacó la remera y se terminó de limpiar, luego tomó otra musculosa del bolso y continuamos el viaje sin hablar del tema.

Pero eso no quedaría allí.

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