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Me masturbe mientras él me miraba

By Susana | 01 de enero del 2012 | Añadir a Favoritos Ctrl + D

Llegué a casa sobre las 21h. Había sido un día bastante duro en el trabajo, estaba agotada, necesitaba relajar mi cuerpo, disfrutar de él. Mi marido me había llamado diciéndome que llegaría a casa sobre las 23h, estaba en una reunión y tenía para rato.

Me dispuse para darme una ducha caliente, estaba tensa y necesitaba relajar mis músculos. El cuarto de aseo de mi casa tiene una ventana que conduce a un patio interior. Vivo en una cuarta planta y encima de mi piso no tengo a nadie, pero si frente a él. Me adentré en el cuarto de aseo, abrí el grifo y lo dejé correr. Mientras comencé a desnudarme para introducirme en la bañera. Tenía la ventana entreabierta. Cuando me dispuse a cerrarla vi una sombra quieta en la ventana que tenía frente a mí. Una luz cálida (sería de una lámpara de sobremesa), un visillo por cortina de color beige y detrás un cuerpo. Me quedé pensativa. Por un momento quise pensar que era casualidad. Era casualidad que mi vecino estuviera detrás de la cortina mientras yo me metía en la bañera. Decidí dejar la ventana entreabierta y ver si era casualidad o si mi vecino era un mirón.

Comencé a regar mi cuerpo con un agua caliente que me estaba poniendo los vellos de punta. El agua se deslizaba por cada centímetro de mi piel, mi pelo, mis pechos... de vez en cuando deslizaba la vista hacia la ventana para ver si mi vecino seguía ahí. Allí estaba. Su figura se dibujaba a través del visillo. Él solamente podía apreciar a través de mi ventana mi cara y mis hombros. Mientras me enjabonaba comencé a fantasear con la posibilidad de masturbarme en mi dormitorio para que él me viera... mmmmm... la idea me fascinó. Me fascinó imaginar a mi vecino pajeándose mientras su vecina se daba placer en su dormitorio, me fascinó imaginar la cara que él pondría cada vez que me cruzara con él en las escaleras.

A medida que mi cabeza fantaseaba, mi coño palpitaba. Tenía un deseo animal, carnal, la idea de ser poseída por aquel vecino mirón hizo que mi coño no solo palpitara, sino que chorreara. Me imaginé por un momento follando con él, lo imaginé diciéndome que era su puta, su zorra, lo imagine diciéndome que podría hacerle todo lo que una zorra le haría a un hombre, lo imaginé diciéndome que deseaba follarme, que deseaba poseer mi coño, que deseaba metérmela en la boca y que yo sintiera su polla palpitando dentro de ella, sentir el calor de su polla, sentir el sabor de su corrida. Imaginaba su polla dura y mis labios lamiéndola de arriba a abajo, lo imaginé con su polla dentro de mí, empujándome con sus caderas de una forma bestial, lo imaginé follando mi culo, imaginé su polla ajustándose a mi agujero, penetrándolo. Lo imaginé chupando mis tetas, lamiendo mis pezones, tirando de ellos, asfixiando su polla entre mis tetas, lo imaginé recorriendo cada centímetro de mi cuerpo con sus labios y con sus manos.

Con solo pensar en todo ello mi coño chorreaba y a la vez deseaba que mi vecino se bebiera esos chorreones de flujo que estaba desprendiendo mi coño. Me puse muy caliente solo de imaginarlo, así que decidí hacerlo. Decidí masturbarme para él. Me enjuagué a toda prisa, me sequé con la toalla, peiné mi pelo, lo dejé mojado y me fui corriendo para mi cuarto. Tenía la persiana abierta, pero la cortina echada, así que la corrí como sino supiera que él estaba ahí mirándome. Me senté en el borde de la cama, tomé unos de los taburetes que tenía en mi habitación y coloqué mis piernas sobre él.

Allí estaba yo, completamente desnuda y con mis piernas abiertas para que mi vecino pudiera contemplar mi cuerpo y mi coño. Comencé a tocar mis pechos, rodeaba mis pezones con mis dedos, los pellizcaba... estaban duros, erectos, quizás por la idea de que eran sus dedos los que lo hacían, quizás por la idea de que estaba mirándome. Tomé uno de ellos con mi mano y lo llevé hasta mi boca... deslicé mi lengua húmeda por mi pezón, lo mordí, mis pechos estaban duros como piedras, estaban mojados por mi saliva. Mi respiración comenzó a acelerarse. Mientras que con una mano tocaba mis pechos, me llevé la otra hasta mi coño. Comencé a frotar mi clítoris imaginando que era su lengua la que por él se deslizaba... más y más deprisa, mi espalda se arqueaba, mi cabeza se echaba hacia atrás, mis gemidos se hacían más intensos, mi coño lubricaba más y más, mis dedos se deslizaban divinamente por él.

Levanté la cabeza y desplacé mi mirada hacia la ventana de mi vecino. Había corrido el visillo y estaba desnudo, frente a mí, machacándose su verga. Una verga enorme, con un capullo que estaba muy rojo... dios como me puso verlo así, tan excitado, con la cara desencajada, mirándome como un obseso, pajeándose con mi masturbación.

Metí dos de mis dedos dentro de mí, comencé a moverlos como si fuera su polla la que estaba allí dentro follándome, comencé a retorcerme, a jadear como una perra, a morder mis labios, a recorrerlos con mi lengua, a mirarlo con cara de zorra para excitarlo aún más... le hacía gestos con mi lengua, con mis ojos, mientras una de mis manos estaba sobando mis tetas y la otra estaba follando mi coño. Comencé a darme prisa, a mover mis dedos más rápido, era increíble como se deslizaban, mi coño estaba chorreando y más chorreaba de verlo a él tocándose esa polla enorme, de ver como ese maldito obseso no paraba de machacársela y de mirarme.

Empecé a jadear con más fuerza, mi orgasmo se acercaba, notaba algo dentro de mí que me iba a llevar al séptimo cielo. Un río de flujos invadió mis muslos mientras mis dedos hacían las últimas penetraciones y mientras mi orgasmo daba sus últimos coletazos. Mi cuerpo cayó rendido hacia atrás, en la cama. Necesitaba recuperarme, necesitaba controlar mi respiración. Cuando pude me incorporé. Mi vecino aún seguía pajeándose, seguía moviendo su polla con su mano, sus movimientos eran muy rápidos, debía estar a punto de descargar. Yo mientras estaba sentada en mi cama, mirándolo, ahora era yo la que iba a contemplar como descargaba ese chorro de esperma caliente, era yo la que iba a imaginar que ese chorro descargaba en mi boca.

Me llevé de nuevo una de mis manos hasta mi coño mirando fijamente a mi vecino, deslicé uno de mis dedos por mi coño, le enseñé el dedo a mi vecino y lo acerqué hasta mi boca. Pasé mi lengua por él, saboreando mi corrida, entonces fue cuando pude ver la corrida de mi vecino, una corrida bestial, con gran cantidad de semen, saliendo a borbotones, mientras su orgasmo iba disminuyendo. Me levanté de la cama, bajé la persiana y me fui de nuevo al cuarto de baño a tomar una ducha, pero esta vez de agua fría.


Tags: voyerismo

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