Leche fresca

By Anónimo el 03/04/11 | 33812 visitas | Descripcion: [Sexo con Maduras] Hace mucho tiempo que me atraía, era una vecina, Maria, hermosa señora, distinguida elegante, de buen trato,...
Hace mucho tiempo que me atraía, era una vecina, Maria, hermosa señora, distinguida elegante, de buen trato, con unos 55 años aparentes y casada con un señor mayor de unos 73 años más o menos. En esa época, cuando llegaron al barrio, yo tenia 19 años. Mis miradas se dirigían a ella, me saludaba con afecto y yo respondía respetuosamente, pero, no dejaba de alabar mentalmente las buenas piernas, sus caderas y sus nalgas que disimulaba con vestidos elegantes y de buen corte.

Comenzamos a ser mas que vecinos cuando me pidió le ayúdese en una campaña de educación de adultos que ella dirigía desde una fundación religiosa. Mis conocimientos de computación me permitieron colaborar con ella y acercarme mas y poder disfrutar de su cercanía. Los cursos se dictaban en un salón cercano, los dias sábados a partir de las 17 pm por lo que, cuando concluía la jornada era de noche y volvíamos caminando a casa. Mis miradas se mostraban más chispeantes cada día y el trato de ella para conmigo más amable y afectuoso. Los saludos ya eran besos en ambas mejillas y cada vez se acercaban a la comisura de nuestros labios. Mis erecciones eran frecuentes al mirarla y la verdad, yo no trataba de ocultarlas.

Una tarde de sábado, tuvimos que interrumpir las clases por falta de suministro de energía en el barrio, por lo que nos quedamos solos en el salón conversando. Era verano, hacia calor y ella se desprendió los primeros botones de su blusa dejando a la vista el comienzo de sus hermosos pechos. Si te hace calor sácate la remera, vas a estar mejor, me dijo. Yo obediente, desnudé mi torso y mi erección quedó a la altura de sus ojos solamente cubierta por mis pantalones. Ella sonrió maliciosamente y se apoyó sobre mi hombro y al tiempo que apreciaba mi musculatura decía: sois un lindo joven, Martín. El calor de su mano, mis hormonas que desbordaban me fueron quitando los temores.

Tomé su mano, la acaricié suavemente, la llevé hacia mi boca y la besé tenuemente. Vos tambien sois una hermosa señora. Su dedo jugó sobre mi tetilla y su boca se acercó a la mía. La besé y ella no esquivó el beso, al contrario, su lengua buscó la mía y su mano se aferraba a mi espalda, la apreté contra mi cuerpo y le hice sentir mi erección. Vos sabes hace cuanto tiempo que no siento a un hombre de esta manera, decía mientras su mano se aferraba a mi verga dura. La apoyé contra la pared, besé su cuello y buscaba sus pechos. Los apreté desde abajo y desde arriba los chupaba, abrí su escote, y con desesperación arranqué su corpiño, ella dijo: sois un macho con toda las de la ley, amor, asi me gustas.

Cierra las puertas, cariño, cierra las puertas, dijo ella. Lo hice y cuando volví a su lado estaba totalmente desnuda, sus pechos apretados entre sus manos y su monte de venus abierto ofreciéndome su concha aromatizada. Venid, amor, no se cuantas veces podremos hacer esto, pero, hoy quiero hacerlo y hacerlo bien. Se recostó sobre una mesa de ping-pong y abrió las piernas. Busqué su clítoris y lo chupé con pasión. Ella se removía sobre su culo y acababa como catarata. Sus jugos llenaban mi boca y ella gritaba sus orgasmos. Amor sois divino. La di vueltas, puse su abdomen sobre la mesa y su culo como en bandeja. Lo lamí al tiempo que mi saliva lo mojaba para facilitar la penetración. Primero un dedo y sus orgasmos seguían, luego dos y los gritos eran aullidos. Le puse la cabeza de la pija y ella gritó: Soy virgen por ahí, despacio..., pero, no bajó los glúteos y poco a poco la fui penetrando. Ella movía el orto aun buen ritmo y me pedía: tócame adelante. Apreté el clítoris y una teta y aceleré mi ritmo de penetración. Ella llegó a un orgasmo triunfal cuando le pregunté: Quieres leche en la colita?. Si cariño, lléname..., y asi lo hice. Llené su canal posterior de semen caliente, espeso y abundante. Sus muslos chorreaban mis jugos y ella, tambaleante me abrazó, me dio un beso pasional y me dijo: Gracias, amorcito, sois un macho divino.

Recompusimos nuestras ropas, acomodó sus lolas bajo el corpiño roto y antes de acomodar su maquillaje, me besó nuevamente, me apoyó contra su cuerpo y dijo: Me encanta sentir una verga contra mi concha. Volvimos a casa, caminando despacio, casi pegados uno al lado del otro y en la puerta de la suya me dijo: Te voy a soñar toda la noche y espero que mañana, vengas a verme, a la hora de la siesta ya que estaré sola. Dicho y hecho. El domingo, después de almorzar, el postre lo comimos juntos: Yo concha al jugo vaginal y ella pija a la leche de macho. Su explicación fue: me encanta la leche fresca.

Porno Tags: Sexo con Maduras

Mas relatos porno

7208
7801
64381
36179
70190
14397

Comentarios

blog comments powered by Disqus